🌙 EL PRÍNCIPE SIN MEMORIA — PARTE 2

🌙 EL PRÍNCIPE SIN MEMORIA — PARTE 2

 

👑 El príncipe sin memoria — Parte 3

La pregunta de Hae-Rin quedó suspendida en el silencio de la pequeña casa.

Afuera, los soldados continuaban registrando las viviendas de la aldea.

Tae-Jun permanecía junto a la pared, intentando ordenar los fragmentos que
comenzaban a regresar a su memoria.

Un palacio.

Un trono.

Un hombre al que llamaba padre.

Y una vida completamente diferente a la que había conocido durante los
últimos días.

Hae-Rin lo miraba sin saber si debía tener miedo del hombre que había
escondido en su casa.

EL HOMBRE QUE NO RECORDABA SER PRÍNCIPE

Hae-Rin se acercó lentamente a Tae-Jun.

Hae-Rin: Dime la verdad.

Tae-Jun levantó la mirada.

Tae-Jun: Creo que soy el príncipe.

Hae-Rin respiró profundamente.

Hae-Rin: ¿Crees?
Tae-Jun: Recuerdo muy poco.
Hae-Rin: Entonces todavía no estás seguro.
Tae-Jun: No.

Hae-Rin cruzó los brazos.

Hae-Rin: Perfecto.
Tae-Jun: ¿Perfecto?
Hae-Rin: Porque si fueras realmente un príncipe,
probablemente ya estarías acostumbrado a que todos te obedezcan.

Tae-Jun soltó una pequeña sonrisa.

Tae-Jun: Tú nunca me obedeciste.
Hae-Rin: Ni siquiera sabía quién eras.
Tae-Jun: Tal vez por eso me gustaba estar aquí.

Hae-Rin dejó de sonreír.

La frase había sido demasiado sincera.

LA BÚSQUEDA CONTINÚA

Afuera, los soldados terminaron de registrar las primeras casas.

Uno de ellos se acercó a la vivienda de Hae-Rin.

Ella miró hacia la puerta.

Hae-Rin: Tienes que esconderte.
Tae-Jun: ¿Dónde?

Hae-Rin abrió una pequeña puerta de madera detrás de unos sacos.

Hae-Rin: Ahí.

Tae-Jun la miró sorprendido.

Tae-Jun: ¿Y tú?
Hae-Rin: Yo me encargo.
Tae-Jun: No.
Hae-Rin: ¿No?
Tae-Jun: No voy a esconderme mientras tú te enfrentas
a los soldados.

Hae-Rin lo observó.

Hae-Rin: Tú todavía estás herido.
Tae-Jun: Y tú no sabes pelear.

Hae-Rin levantó una ceja.

Hae-Rin: ¿Quieres comprobarlo?

Tae-Jun sonrió.

Tae-Jun: Definitivamente eres peligrosa.

LA PUERTA SE ABRE

Alguien golpeó la puerta.

Soldado: ¡Abran!

Hae-Rin se acercó lentamente.

Tae-Jun finalmente entró en el pequeño espacio detrás de los sacos.

Hae-Rin cerró la puerta y colocó los sacos delante.

Después abrió.

Tres soldados estaban frente a ella.

Soldado: Buscamos al príncipe.
Hae-Rin: Ya registraron mi casa.
Soldado: Queremos hacerlo otra vez.

El soldado entró.

Miró alrededor.

Se acercó lentamente a los sacos.

Hae-Rin lo observaba sin moverse.

El soldado levantó uno de los sacos.

Debajo no había nadie.

Tae-Jun permanecía escondido en el espacio oscuro detrás de la pequeña
puerta.

El soldado finalmente salió.

Hae-Rin cerró la puerta.

EL PRÍNCIPE SALE DE SU ESCONDITE

Tae-Jun salió lentamente.

Tae-Jun: Gracias.
Hae-Rin: No me agradezcas todavía.
Tae-Jun: ¿Por qué?
Hae-Rin: Porque si eres realmente el príncipe,
escondiéndote aquí estás poniendo en peligro a todos.

Tae-Jun bajó la mirada.

Tae-Jun: Lo sé.
Hae-Rin: Entonces debes regresar.

Tae-Jun levantó inmediatamente la cabeza.

Tae-Jun: ¿Quieres que me vaya?

Hae-Rin no respondió inmediatamente.

Hae-Rin: Quiero que estés vivo.
Tae-Jun: No es lo mismo.

Hae-Rin lo miró a los ojos.

Hae-Rin: No.
Hae-Rin: No lo es.

EL SENTIMIENTO QUE NINGUNO QUERÍA ADMITIR

Durante los días siguientes, Tae-Jun permaneció en la aldea mientras su
memoria regresaba poco a poco.

Recordó su infancia.

Recordó a su padre.

Recordó las largas horas estudiando política.

Recordó las reuniones del palacio.

Pero también recordó algo que no pertenecía al palacio.

Hae-Rin riéndose mientras preparaba comida.

Hae-Rin discutiendo con él.

Hae-Rin sentándose a su lado cuando tenía fiebre.

Y aquella noche en la que ella había permanecido despierta para asegurarse
de que respiraba.

Tae-Jun comprendió que se había enamorado de ella antes de recordar que
era príncipe.

Tae-Jun: Hae-Rin.
Hae-Rin: ¿Sí?
Tae-Jun: Si yo no fuera un príncipe…

Hae-Rin lo miró.

Tae-Jun: ¿Te quedarías conmigo?

Hae-Rin guardó silencio.

Hae-Rin: No sé quién eres cuando recuerdas tu vida.
Tae-Jun: Yo sí sé quién soy cuando estoy contigo.

Hae-Rin bajó la mirada para esconder la emoción en sus ojos.

LA LLEGADA DEL CAPITÁN

Al amanecer, un grupo de soldados apareció nuevamente en la aldea.

Esta vez estaban dirigidos por Choi Dae-Su, capitán de la guardia real.

Dae-Su desmontó frente a la casa.

Entró acompañado de dos soldados.

Al ver a Tae-Jun, inmediatamente cayó de rodillas.

Choi Dae-Su: ¡Alteza!

Hae-Rin quedó inmóvil.

Tae-Jun cerró los ojos.

En ese instante, todos sus recuerdos regresaron.

El palacio.

Su padre.

Su título.

Sus responsabilidades.

La razón por la que había salido del palacio.

Y algo todavía más importante.

Había descubierto que alguien dentro del palacio estaba preparando un golpe
contra la familia real.

Tae-Jun: Dae-Su…
Choi Dae-Su: Pensamos que había muerto.
Tae-Jun: ¿Quién atacó mi carruaje?

Dae-Su dudó.

Choi Dae-Su: Todavía no lo sabemos.
Tae-Jun: Sí lo sabes.

El capitán levantó la mirada.

Tae-Jun: Lo veo en tu cara.

Dae-Su respiró profundamente.

Choi Dae-Su: Hay personas dentro del palacio que
no quieren que usted regrese.

LA ELECCIÓN

Tae-Jun miró hacia Hae-Rin.

Ella permanecía en silencio.

Sabía que aquel momento llegaría.

El hombre que había cuidado ya no era simplemente Tae-Jun.

Era el príncipe heredero.

Choi Dae-Su: Alteza, debemos partir inmediatamente.

Tae-Jun no respondió.

Choi Dae-Su: Su padre lo espera.

Tae-Jun miró a Hae-Rin.

Tae-Jun: ¿Y si no quiero volver?

Dae-Su quedó sorprendido.

Choi Dae-Su: Usted es el heredero.
Tae-Jun: Eso no responde mi pregunta.

Dae-Su guardó silencio.

Tae-Jun se acercó a Hae-Rin.

Tae-Jun: Cuando no recordaba nada, era libre.
Tae-Jun: Nadie me llamaba príncipe.
Tae-Jun: Nadie esperaba que fuera perfecto.

Hae-Rin tenía lágrimas contenidas en los ojos.

Tae-Jun: Pero tampoco quiero abandonar mi responsabilidad.
Hae-Rin: Entonces tienes que volver.
Tae-Jun: ¿Y tú?
Hae-Rin: Yo pertenezco aquí.
Tae-Jun: No quiero perderte.
Hae-Rin: Entonces no me prometas que vas a quedarte.

Tae-Jun la miró confundido.

Hae-Rin: Prométeme que vas a volver.

EL ÚLTIMO MOMENTO ANTES DE PARTIR

Tae-Jun tomó las manos de Hae-Rin.

Tae-Jun: Volveré.

Hae-Rin negó lentamente con la cabeza.

Hae-Rin: No.
Tae-Jun: ¿No?
Hae-Rin: No me prometas algo que quizás el palacio no
te permita cumplir.

Tae-Jun quedó en silencio.

Hae-Rin: Solo recuerda quién eras aquí.

Tae-Jun sonrió con tristeza.

Tae-Jun: El hombre que se enamoró de una campesina.

Hae-Rin finalmente sonrió.

Hae-Rin: Ese hombre me gusta más que el príncipe.

Tae-Jun se alejó lentamente.

Subió al caballo que Dae-Su había traído para él.

Antes de partir, volvió a mirar hacia Hae-Rin.

Ella permaneció frente a su casa.

Los dos se miraron durante varios segundos.

Finalmente, Tae-Jun emprendió el camino hacia el palacio.

EL PALACIO NO ERA COMO LO RECORDABA

Horas después, Tae-Jun atravesó las enormes puertas del palacio.

Todos los soldados se inclinaron ante él.

Pero algo se sentía diferente.

Los guardias estaban demasiado tensos.

Los funcionarios evitaban mirarlo.

Y su padre no salió a recibirlo.

Tae-Jun entró al salón principal.

El rey estaba sentado en su trono.

Rey Han Seong: Hijo.
Tae-Jun: Padre.

El rey se levantó.

Rey Han Seong: Pensé que te había perdido.
Tae-Jun: Casi.

Tae-Jun observó a todos los funcionarios.

Tae-Jun: Quiero saber quién atacó mi carruaje.

Nadie respondió.

Entonces Tae-Jun vio a un hombre al fondo del salón.

Era un consejero que recordaba perfectamente de antes del accidente.

El hombre sonrió.

Pero había algo extraño en aquella sonrisa.

Tae-Jun recordó de repente una conversación que había tenido antes del
ataque.

Una conversación en la que aquel mismo hombre hablaba con alguien sobre
eliminar al heredero.

LA VERDAD QUE CAMBIA TODO

Tae-Jun comprendió que su accidente no había sido un accidente.

Alguien había intentado matarlo.

Y probablemente esa persona seguía dentro del palacio.

Pero había algo todavía peor.

El príncipe recordó que, antes de perder la memoria, había descubierto un
documento secreto.

Un documento relacionado con una orden para eliminar a alguien de una
pequeña aldea.

Una aldea que ahora sabía exactamente cuál era.

La aldea de Hae-Rin.

EL SECRETO DE HAE-RIN

Esa noche, Tae-Jun entró en sus antiguos aposentos.

Buscó entre sus pertenencias.

Encontró un pequeño documento escondido dentro de una caja.

Lo abrió.

La orden tenía una fecha de quince años atrás.

Tae-Jun leyó lentamente el contenido.

El documento no ordenaba simplemente destruir una aldea.

Ordenaba encontrar a una niña específica.

Una niña que había sobrevivido.

El nombre estaba escrito claramente.

EL NOMBRE

Tae-Jun sintió que el corazón se le detenía.

Volvió a leer el nombre.

No había ningún error.

La niña que el palacio había ordenado encontrar quince años atrás era:

Yoon Hae-Rin.

Tae-Jun quedó completamente inmóvil.

La mujer que había salvado su vida.

La mujer de la que se había enamorado.

La mujer que había dejado atrás en la aldea.

Había sido buscada por el palacio durante quince años.

Pero todavía faltaba descubrir por qué.

Tae-Jun apretó el documento entre sus manos.

Tae-Jun: ¿Qué eres realmente, Hae-Rin?

En ese mismo momento, muy lejos del palacio, Hae-Rin encontró una pequeña
caja escondida debajo del suelo de su casa.

Dentro había una antigua carta que pertenecía a su padre.

Hae-Rin comenzó a leerla.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Porque la primera frase decía:


“Si algún día descubres quién eres, nunca confíes en la familia real.”

Hae-Rin levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez comprendió que el hombre que amaba podía ser parte de
la misma familia que había estado persiguiéndola desde que era una niña.


Pero la pregunta más peligrosa todavía no tenía respuesta:
¿por qué quería el palacio encontrarla con tanta desesperación?

Tae-Jun había recuperado su memoria.

Había regresado al palacio.

Pero ahora descubría que la mujer que amaba escondía un secreto que podía
cambiar el destino del reino.

Y Hae-Rin acababa de descubrir que su propia identidad podía estar
relacionada con la familia real.


El príncipe había regresado a casa.
Pero quizá su verdadero hogar estaba junto a la mujer que el palacio
llevaba quince años intentando encontrar.