😂 El noble que aprendió a respetar — Parte 2
Detrás de ella, Park Ji-Hwan permanecÃa inclinado, intentando recuperar la dignidad que acababa de perder frente a sus propios guardias.
Durante unos segundos nadie se atrevió a hablar.
Hasta que uno de los guardias soltó otra carcajada.
—¡Perdón, mi señor! —dijo mientras intentaba contener la risa—. Es que… nunca habÃa visto a alguien enseñarle modales de esa manera.
Los demás guardias comenzaron a reÃr nuevamente.
Ji-Hwan levantó lentamente la cabeza.
Su rostro estaba completamente rojo.
—¿Les parece gracioso?
Los cuatro guardias dejaron de reÃr inmediatamente.
—No, mi señor.
—¿Entonces por qué están sonriendo?
—Es… una costumbre de los campesinos —respondió uno, tratando de inventar una excusa.
Ji-Hwan lo miró con desconfianza.
—Quiero saber quién es esa mujer.
Uno de los guardias señaló discretamente hacia el final de la calle.
—Se llama Han Soo-Rin. Vive cerca del bosque. Vende telas y algunas hierbas medicinales.
Ji-Hwan entrecerró los ojos.
—Quiero su nombre completo.
—Han Soo-Rin, mi señor.
—¿Familia?
—No sabemos mucho.
Ji-Hwan respiró profundamente.
Su orgullo habÃa sido herido, pero habÃa algo más que lo molestaba.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien habÃa hablado con él como si fuera un hombre común.
No como un noble.
No como el hijo de una familia poderosa.
Simplemente como Park Ji-Hwan.
Y aquello le resultaba insoportable.
La conversación que nadie esperaba
Mientras tanto, Soo-Rin habÃa llegado a la pequeña tienda de su familia.
Su madre, Han Mi-Sun, estaba acomodando unas telas cuando la vio entrar.
—¿Por qué tienes esa cara?
Soo-Rin dejó una cesta sobre la mesa.
—Porque acabo de enseñarle una lección a un hombre que la necesitaba.
Su madre levantó una ceja.
—¿Qué hombre?
—Park Ji-Hwan.
La sonrisa desapareció inmediatamente del rostro de Mi-Sun.
—¿El hijo del señor Park?
—Ese mismo.
—Soo-Rin…
—Mamá, él creyó que podÃa acercarse a mà y tocarme simplemente porque es noble.
Mi-Sun dejó lentamente la tela que tenÃa en las manos.
—¿Y qué hiciste?
Soo-Rin respondió con total tranquilidad:
—Le expliqué que no.
Su madre suspiró.
—Eso ya me preocupa.
—Después tuve que explicárselo de una manera que entendiera.
Mi-Sun la miró fijamente.
—¿Qué hiciste?
Soo-Rin sonrió.
—Digamos que ahora camina un poco más despacio.
Su madre cerró los ojos durante unos segundos.
—Hija…
—Él se lo buscó.
—Lo sé. Pero ese hombre pertenece a una familia poderosa.
—¿Y eso significa que tengo que permitirle faltarme el respeto?
Mi-Sun no respondió.
SabÃa que su hija tenÃa razón.
Pero también conocÃa el peligro de enfrentarse a una familia noble.
—Prométeme que tendrás cuidado.
Soo-Rin asintió.
—Te lo prometo.
La inesperada visita
Al caer la tarde, un carruaje negro apareció frente a la tienda.
Los habitantes del pueblo comenzaron a observarlo con curiosidad.
Dos soldados descendieron primero.
Después apareció Park Ji-Hwan.
Esta vez no llevaba la expresión arrogante de aquella mañana.
Su ropa estaba perfectamente acomodada y su cabello cuidadosamente peinado.
Entró en la tienda sin pedir permiso.
Soo-Rin estaba doblando una tela.
Cuando levantó la mirada y lo vio, dejó escapar un suspiro.
—¿Otra vez tú?
Ji-Hwan mantuvo la calma.
—Necesito hablar contigo.
—Yo no necesito hablar contigo.
—Será breve.
Soo-Rin cruzó los brazos.
—Entonces habla desde ahÃ.
Los soldados intercambiaron miradas.
Ji-Hwan respiró profundamente.
—Lo que ocurrió esta mañana no debió suceder.
Soo-Rin respondió inmediatamente:
—Correcto.
Ji-Hwan la miró sorprendido.
—No me entendiste.
—Creo que sÃ.
—Quiero decir que tú no debiste atacarme.
Soo-Rin soltó una pequeña risa.
—Ah. Entonces no aprendiste nada.
Ji-Hwan apretó la mandÃbula.
—Soy un noble.
—Y yo soy una mujer.
—Eso no tiene nada que ver.
—Tiene todo que ver.
Soo-Rin dio un paso hacia él.
—Tu tÃtulo no te da derecho sobre mi cuerpo. Tu dinero tampoco. Tu familia tampoco. Y mucho menos tu orgullo.
Los soldados permanecieron completamente callados.
Ji-Hwan no encontró una respuesta inmediata.
Por primera vez, alguien estaba diciendo en voz alta algo que nadie se atrevÃa a decirle.
—Solo querÃa acercarme a ti —dijo finalmente.
—Entonces debiste preguntar.
Silencio.
—¿Y si hubiera preguntado?
—Te habrÃa dicho que no.
—¿Por qué?
Soo-Rin lo miró directamente.
—Porque no me interesas.
Los soldados bajaron la cabeza para ocultar sus sonrisas.
Ji-Hwan abrió los ojos.
—¿No te intereso?
—En absoluto.
La respuesta golpeó su orgullo más fuerte que cualquier otra cosa.
El desafÃo
Ji-Hwan dio media vuelta para marcharse.
Pero antes de salir, se detuvo.
—Un dÃa vas a arrepentirte de haberme tratado asÃ.
Soo-Rin no se intimidó.
—Y tú algún dÃa vas a agradecer que alguien te haya dicho la verdad.
Ji-Hwan salió de la tienda.
Uno de sus guardias lo siguió rápidamente.
—Mi señor…
—¿Qué?
—Creo que ella tiene razón.
Ji-Hwan se detuvo.
—¿Quieres conservar tu empleo?
—SÃ, mi señor.
—Entonces no vuelvas a decirlo.
El guardia hizo una reverencia.
—SÃ, mi señor.
Pero otro guardia se acercó y murmuró:
—Aunque… también creo que ella tiene razón.
Ji-Hwan lo miró.
El hombre inmediatamente se quedó callado.
Una noticia inesperada
Al dÃa siguiente, Soo-Rin estaba en el mercado cuando escuchó a varias personas hablando.
—Dicen que el señor Park regresará esta tarde.
—¿Otra vez?
—SÃ. Pero esta vez viene con una propuesta.
Soo-Rin frunció el ceño.
—¿Qué propuesta?
Nadie lo sabÃa.
Horas después, un mensajero llegó hasta ella.
—Han Soo-Rin.
—¿S�
—Tengo una invitación del señor Park Ji-Hwan.
Soo-Rin tomó el papel.
Lo abrió y leyó.
Su expresión cambió lentamente.
—¿Qué quiere este hombre ahora?
El mensajero respondió:
—Dice que desea ofrecerte un trabajo dentro de su residencia.
Soo-Rin soltó una carcajada.
—¿Un trabajo?
—SÃ.
—¿Después de todo lo que ocurrió?
El mensajero asintió.
—Dice que necesita a alguien como tú.
Soo-Rin volvió a mirar la invitación.
HabÃa algo extraño.
Ji-Hwan no era un hombre que pidiera ayuda a una campesina.
Mucho menos después de haber sido humillado públicamente.
—Esto no me gusta —murmuró.
Entonces apareció su madre.
—¿Qué sucede?
Soo-Rin le entregó la carta.
Mi-Sun la leyó.
Su rostro cambió.
—No vayas.
—¿Por qué?
—Porque algo no está bien.
Soo-Rin observó nuevamente la carta.
—Yo también lo siento.
Pero justo cuando estaba a punto de romperla, escuchó una voz detrás de ella.
—Si yo fuera tú, aceptarÃa.
Soo-Rin se giró.
Era Ji-Hwan.
HabÃa llegado solo.
—¿Por qué?
El noble la miró seriamente.
—Porque no quiero vengarme de ti.
Soo-Rin levantó una ceja.
—Entonces, ¿qué quieres?
Ji-Hwan guardó silencio unos segundos.
Finalmente respondió:
—Quiero aprender.
Soo-Rin quedó sorprendida.
—¿Aprender qué?
—A tratar a las personas como personas.
Por primera vez, Soo-Rin vio algo diferente en sus ojos.
No arrogancia.
No rabia.
Vergüenza.
Pero antes de que pudiera responder, Ji-Hwan añadió:
—Y necesito tu ayuda porque mañana tendré que enfrentarme a mi padre.
Soo-Rin frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver tu padre conmigo?
Ji-Hwan la miró fijamente.
—Mucho más de lo que imaginas.
Soo-Rin se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
Ji-Hwan dio un paso atrás.
—Mañana lo sabrás.
Y se marchó.
Soo-Rin observó cómo desaparecÃa entre la multitud.
Entonces miró a su madre.
Mi-Sun estaba completamente pálida.
—Mamá…
—No preguntes todavÃa.
—Pero tú sabes algo.
Mi-Sun apretó los labios.
—Hay cosas del pasado de nuestra familia que nunca quise contarte.
Soo-Rin sintió un escalofrÃo.
—¿Qué cosas?
Su madre miró hacia la calle para asegurarse de que nadie estuviera escuchando.
Después susurró:
—Tu padre conoció a la familia Park mucho antes de que tú nacieras.
Soo-Rin quedó en silencio.
Y por primera vez comprendió que aquel encuentro con Park Ji-Hwan quizá no habÃa sido una simple casualidad.
HabÃa algo detrás de aquella familia.
Algo que su madre habÃa escondido durante más de veinte años.
Y al dÃa siguiente, Soo-Rin estaba a punto de descubrirlo.
