🩸👑 LA NOVIA SE BURLÓ DE LA CAMPESINA… Y TERMINÓ ARRODILLADA ANTE ELLA — PARTE 2

🩸👑 LA NOVIA SE BURLÓ DE LA CAMPESINA… Y TERMINÓ ARRODILLADA ANTE ELLA — PARTE 2

 

🩸👑 LA NOVIA SE BURLÓ DE LA CAMPESINA… Y TERMINÓ ARRODILLADA ANTE ELLA

PARTE 3 — LA CARTA QUE CAMBIÓ EL DESTINO


La plaza quedó completamente en silencio.

Nadie se atrevía a decir una palabra después de escuchar al general Kang Ji-Won.
La carta que Yun Hye-Rin había intentado esconder llevaba su propio sello.
Y, según sus palabras, él jamás se la había entregado.

Ji-Won sostuvo el papel entre sus dedos y volvió a mirar a su prometida.

—Hye-Rin… te hice una pregunta.

Ella tragó saliva.

—Yo… la encontré.

So-Yeon levantó ligeramente la mirada.

—¿La encontró?

Hye-Rin asintió rápidamente.

—Sí. Estaba entre unos documentos que llegaron a mi residencia.

Ji-Won frunció el ceño.

—¿Y por qué la escondiste?

Hye-Rin no respondió.

Los aldeanos comenzaron a mirarse entre ellos. La misma mujer que unos minutos
antes había arrojado monedas a los pies de So-Yeon ahora parecía incapaz de
sostenerle la mirada al hombre que pretendía casarse con ella.

La pregunta que nadie esperaba

Ji-Won abrió nuevamente la carta.

Sus ojos recorrieron las primeras líneas y su rostro cambió.

—Esta carta no llegó a mi residencia.

Hye-Rin permaneció inmóvil.

—¿Cómo lo sabe? —preguntó ella.

Ji-Won levantó lentamente el papel.

—Porque yo mismo la escribí.

Un murmullo recorrió toda la plaza.

So-Yeon bajó la mirada por un instante.

Aquella carta era la razón por la que todo había comenzado.

Días atrás, Ji-Won había escrito en secreto a So-Yeon. No era una carta
cualquiera. En ella le había pedido que se encontraran lejos del pueblo porque
necesitaba hablar con ella sobre un asunto que podía cambiar su vida.

Pero So-Yeon nunca recibió aquella carta.

Alguien la había interceptado.

La verdad comienza a salir

Ji-Won miró directamente a Hye-Rin.

—¿Cuándo la recibiste?

—Ya te dije que la encontré.

—Eso no responde mi pregunta.

Hye-Rin empezó a perder la seguridad que había mostrado frente a todo el
pueblo.

—No hice nada malo.

So-Yeon habló por primera vez.

—Entonces no debería tener miedo de contar la verdad.

Hye-Rin giró hacia ella.

—¡Tú cállate!

So-Yeon no retrocedió.

—Hace unos minutos dijiste delante de todos que yo intentaba seducir al
general. Ahora resulta que tú tienes una carta privada que él escribió para mí.

Nadie se rio esta vez.

Hye-Rin apretó los puños.

—¡No significa nada!

Ji-Won respondió con voz firme:

—Para mí significa mucho.

Hye-Rin lo miró, sorprendida.

—Ji-Won…

—Yo escribí esa carta para So-Yeon.

El silencio fue absoluto.

La humillación cambia de lado

Hye-Rin recordó entonces lo ocurrido unos minutos antes.

Recordó las monedas que había lanzado al suelo.

Recordó las risas.

Recordó cómo había llamado inferior a So-Yeon.

Y ahora todo el pueblo estaba observándola.

So-Yeon, en cambio, permanecía tranquila.

Ji-Won caminó hacia ella y le entregó la carta.

—Debiste recibirla hace tres días.

So-Yeon tomó el papel.

—Ahora entiendo por qué nunca llegó.

Hye-Rin sintió que todos la observaban.

—No tienes derecho a hablarme así —dijo con la voz temblorosa—. Yo soy tu
prometida.

Ji-Won la miró fijamente.

—Y precisamente por eso esperaba honestidad de ti.

Hye-Rin comenzó a llorar.

—Yo solo quería proteger nuestro compromiso.

So-Yeon respondió:

—No. Querías impedir que él supiera la verdad.

Hye-Rin bajó la cabeza.

El último golpe

Ji-Won miró nuevamente la carta.

—Hay algo que todavía no entiendo.

So-Yeon levantó los ojos.

—¿Qué cosa?

Ji-Won señaló el reverso del papel.

—Esta carta tenía una segunda marca cuando salió de mis manos.

Hye-Rin levantó rápidamente la cabeza.

—¿Qué marca?

Ji-Won la observó.

—Una marca que solo podía haber sido puesta después de que alguien abriera
la carta.

Hye-Rin quedó completamente pálida.

So-Yeon entendió inmediatamente lo que significaba.

—Entonces no solamente la interceptaron…

Ji-Won terminó la frase:

—Alguien la abrió, la leyó y después la volvió a cerrar.

Los aldeanos comenzaron a murmurar.

Hye-Rin retrocedió un paso.

—Yo no fui.

Ji-Won se acercó lentamente.

—Entonces dime quién lo hizo.

Hye-Rin abrió la boca, pero no pudo responder.

Finalmente cayó de rodillas frente a So-Yeon.

La misma mujer que minutos antes había intentado humillarla ahora estaba
arrodillada delante de ella, mientras todo el pueblo contemplaba la escena.

So-Yeon la miró sin orgullo ni burla.

—Levántate. No quiero que te arrodilles ante mí.

Hye-Rin levantó los ojos llenos de lágrimas.

—Entonces… ¿qué quieres?

So-Yeon sostuvo la carta contra su pecho.

—Quiero saber por qué alguien estaba tan desesperado por impedir que yo
recibiera esta carta.

Ji-Won miró hacia el camino que salía del pueblo.

A lo lejos, un jinete apareció entre la neblina.

No llevaba los colores del ejército.

Tampoco pertenecía al pueblo.

El hombre se detuvo en lo alto del camino y observó directamente a So-Yeon.

Ella sintió un escalofrío.

Ji-Won llevó lentamente la mano hacia su espada.

—So-Yeon… ¿conoces a ese hombre?

Ella miró al desconocido durante varios segundos.

Y entonces susurró:

—No.

El jinete comenzó a acercarse.

Pero antes de llegar a la plaza, So-Yeon reconoció el símbolo que llevaba
grabado en el cinturón.

Su rostro cambió por completo.

Porque aquel símbolo pertenecía a una familia que, según todos, había
desaparecido muchos años atrás.

Y esa familia estaba relacionada con el secreto que So-Yeon había pasado
toda su vida intentando olvidar.

🔥 CONTINUARÁ…

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