La campesina que hizo arrodillarse al rey — Parte 3
Durante unos segundos, nadie se atreviĂł a respirar.
El patio principal del palacio habĂa quedado completamente en silencio despuĂ©s de las palabras del anciano consejero.
El rey Kang Tae-Won seguĂa mirando a Han Soo-Rin. La joven campesina permanecĂa frente a Ă©l, confundida por todo lo que estaba ocurriendo.
HacĂa apenas unos minutos habĂa llegado al palacio escoltada por soldados.
Todos esperaban que fuera castigada.
Ahora, el propio rey habĂa declarado que nadie podĂa tocarla.
Y acababa de descubrirse que alguien llevaba años buscándola.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó Tae-Won al consejero.
El anciano se acercĂł y bajĂł la voz.
—Majestad, encontramos el sĂmbolo que aparece en los registros antiguos.
El rostro del rey cambiĂł inmediatamente.
—¿Dónde?
—En la aldea donde vive ella.
Soo-Rin observĂł a ambos hombres sin comprender.
—¿De qué están hablando?
Tae-Won se volviĂł hacia ella.
Por primera vez desde que la habĂa reconocido, parecĂa realmente preocupado.
—Soo-Rin, necesito que me respondas algo.
—¿Qué cosa?
—¿Alguna vez alguien te ha preguntado por tu familia? ¿Por tus padres? ¿Por el lugar donde naciste?
Soo-Rin frunció el ceño.
—Mi madre siempre me dijo que no debĂa hablar de mi padre.
Tae-Won se quedĂł inmĂłvil.
—¿Por qué?
—Nunca quiso explicármelo.
El rey intercambiĂł una mirada con el consejero.
Entonces Soo-Rin comenzĂł a recordar.
Desde pequeña habĂa escuchado la misma frase.
“Hay cosas del pasado que es mejor no recordar.”
Durante años habĂa pensado que se trataba simplemente de una tragedia familiar.
Pero ahora comenzaba a sospechar que habĂa algo mucho más grande detrás.
—¿Qué sabe usted de mi padre? —preguntó.
Tae-Won no respondiĂł inmediatamente.
—TodavĂa no lo sĂ© todo.
—Entonces dĂgame lo que sabe.
—Sé que durante la guerra hubo personas que desaparecieron sin dejar rastro.
—¿Y mi padre era una de ellas?
—No estoy seguro.
Soo-Rin dio un paso hacia él.
—Majestad, durante toda mi vida he vivido creyendo que mi familia era una familia de campesinos. Si hay algo que usted sabe, tengo derecho a conocerlo.
Tae-Won la mirĂł fijamente.
Su carácter firme volvĂa a aparecer.
Era exactamente la misma valentĂa que habĂa visto en aquella pequeña niña quince años atrás.
—Tienes razón.
El rey se volviĂł hacia los guardias.
—Preparad un carruaje.
El capitán Dae-Hyun levantó la cabeza.
—¿Para regresar a la aldea?
—SĂ.
—Majestad, ¿usted piensa acompañarla?
Tae-Won lo mirĂł con frialdad.
—No te estoy pidiendo tu opinión.
El capitán inclinó inmediatamente la cabeza.
—SĂ, majestad.
Mientras los soldados preparaban el carruaje, Soo-Rin se quedĂł junto a una de las columnas del palacio.
TodavĂa tenĂa el pequeño colgante de madera entre sus dedos.
Lo habĂa conservado durante quince años.
Jamás habĂa imaginado que aquel objeto insignificante terminarĂa llevándola directamente hasta el rey.
Pero habĂa algo que la inquietaba aĂşn más.
El recuerdo del hombre que habĂa salvado de niña estaba regresando poco a poco.
Un joven herido.
Una noche llena de fuego.
El sonido de soldados acercándose.
Y una promesa.
“AlgĂşn dĂa encontrarĂ© a quien me salvĂł.”
Soo-Rin cerrĂł los ojos.
Entonces escuchĂł pasos.
Era Tae-Won.
—¿Estás bien?
—No lo sé.
—Es comprensible.
Ella lo mirĂł.
—Para usted es fácil decirlo. De repente me entero de que el hombre al que ayudé de niña es el rey. Después descubro que alguien lleva años buscando a mi familia.
Tae-Won bajĂł la mirada.
—Sé que todo esto es demasiado.
—Entonces dĂgame una cosa.
—Pregunta.
—¿Por qué se arrodilló ante m�
El rey guardĂł silencio.
—Porque durante quince años he recordado a una niña que creyĂł que mi vida valĂa la pena salvar.
Soo-Rin se quedĂł quieta.
—Yo no sabĂa quiĂ©n era usted.
—Precisamente por eso lo hiciste.
Sus miradas se encontraron.
Por unos segundos, ninguno hablĂł.
Pero aquella cercanĂa fue interrumpida por un soldado que llegĂł corriendo.
—¡Majestad!
Tae-Won se girĂł.
—¿Qué ocurre?
—Encontramos algo en la casa de la joven.
—¿Qué cosa?
El soldado sacó un pequeño fragmento de tela vieja.
En Ă©l estaba bordado el mismo sĂmbolo de la media luna que aparecĂa en el colgante.
Tae-Won tomĂł la tela.
Su expresiĂłn se volviĂł seria.
—¿Dónde la encontraron?
—Debajo de una tabla del suelo.
Soo-Rin se acercĂł.
—Ese sĂmbolo…
—Es el mismo —dijo Tae-Won.
Ella sintiĂł un escalofrĂo.
—Mi madre nunca me habló de esto.
El rey observĂł la tela durante unos segundos.
—Entonces alguien se aseguró de que no lo supieras.
De repente, un ruido fuerte llegĂł desde la entrada del palacio.
Los soldados corrieron hacia las puertas.
Se escucharon gritos en el exterior.
Tae-Won colocó inmediatamente a Soo-Rin detrás de él.
—QuĂ©date aquĂ.
—¿Qué está pasando?
—No lo sé.
Un guardia entrĂł corriendo.
—¡Majestad! Un grupo de hombres intentó entrar en el palacio.
—¿Quiénes son?
—No llevan insignias.
Tae-Won comprendiĂł algo inmediatamente.
—¿Preguntaron por alguien?
El guardia mirĂł a Soo-Rin.
—SĂ.
Ella sintiĂł que el corazĂłn se le detenĂa.
—Preguntaron por Han Soo-Rin.
El rey apretĂł la mandĂbula.
—Cierren todas las puertas.
Los guardias obedecieron.
Soo-Rin mirĂł al rey.
—¿Quién me está buscando?
Tae-Won tardĂł unos segundos en responder.
—No lo sĂ© todavĂa.
—Entonces quiero saberlo.
—Y lo sabrás.
—¿Me lo promete?
El rey la mirĂł directamente.
—Te prometo que nadie volverá a perseguirte mientras yo esté vivo.
Soo-Rin sintiĂł que aquellas palabras tenĂan un peso diferente.
No era simplemente una orden de un rey.
Era la promesa del hombre cuya vida ella habĂa salvado quince años atrás.
Sin embargo, ninguno de los dos sabĂa que la persona detrás de aquella bĂşsqueda estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.
En una habitaciĂłn oscura, un hombre observaba un antiguo retrato.
En el retrato aparecĂa una familia desaparecida durante la guerra.
El hombre pasĂł el dedo sobre el rostro de una mujer.
DespuĂ©s mirĂł un pequeño sĂmbolo de media luna dibujado sobre la mesa.
—Finalmente la encontramos.
Uno de sus hombres preguntĂł:
—¿Qué hacemos ahora?
El hombre levantĂł lentamente la mirada.
—No maten a la muchacha.
Hizo una pausa.
—Ella es la única persona que puede llevarnos hasta lo que buscamos.
Mientras tanto, dentro del palacio, Tae-Won permanecĂa junto a Soo-Rin.
Ella mirĂł nuevamente el viejo colgante.
—Majestad…
—¿S�
—¿Y si mi familia no era quien yo creĂa?
Tae-Won no respondiĂł.
Porque en el fondo comenzaba a temer exactamente lo mismo.
Quince años atrás, una niña habĂa salvado su vida.
Ahora esa misma niña habĂa regresado a su destino.
Y alguien estaba dispuesto a destruir el reino para encontrar el secreto que su familia habĂa ocultado durante todos esos años.
Pero lo más peligroso apenas estaba comenzando: el rey estaba empezando a sentir por Soo-Rin algo que iba mucho más allá de gratitud.
Y cuando descubriera quiĂ©n era realmente su padre, tendrĂa que decidir entre proteger a la mujer que habĂa salvado su vida… o enfrentarse a la verdad de su propio reino.
La historia apenas comenzaba.
