“EL NOVIO QUE EL PADRE DE ELLA DESPRECIÓ”,

“EL NOVIO QUE EL PADRE DE ELLA DESPRECIÓ”,

EL NOVIO QUE EL PADRE DE ELLA DESPRECIÓ — PARTE 2

Durante varios segundos, nadie se atrevió a decir una palabra.

Alejandro permanecía completamente inmóvil frente a Ricardo.

Su rostro había cambiado por completo.

La seguridad que había mostrado minutos antes había desaparecido.

Isabela miró a su padre y después al hombre que acababa de entrar.

—Papá… ¿tú conoces al padre de Mateo?

Alejandro no respondió.

Mateo observaba en silencio.

Ricardo dio unos pasos hacia el centro del salón.

—Han pasado muchos años, Alejandro.

Alejandro finalmente reaccionó.

—No esperaba verte aquí.

Ricardo lo miró fijamente.

—Yo tampoco esperaba encontrar a mi antiguo socio tratando a mi hijo como si fuera un hombre sin valor.

Isabela abrió los ojos.

—¿Antiguo socio?

Mateo permaneció serio.

—Sí, Isabela.

Ella se volvió hacia él.

—¿Tú sabías quién era mi padre?

Mateo negó con la cabeza.

—Sabía que nuestros padres habían trabajado juntos hace muchos años. Pero nunca imaginé que volverían a encontrarse de esta manera.

Alejandro apretó la mandíbula.

—Ricardo, este no es el momento para hablar del pasado.

Ricardo respondió con absoluta calma.

—Para ti quizá no.

Hizo una pausa.

—Para mí, ese pasado nunca terminó.

Los invitados comenzaron a mirarse entre sí.

Isabela se acercó a su padre.

—¿Qué pasó entre ustedes?

Alejandro evitó responder.

Ricardo sacó lentamente su teléfono del bolsillo.

—Creo que tu hija merece conocer la verdad.

Alejandro dio un paso adelante.

—No.

Ricardo lo miró.

—¿Por qué no?

—Porque esto no tiene nada que ver con ellos.

Ricardo negó lentamente con la cabeza.

—Tiene todo que ver con ellos.

Mateo miró a su padre.

—Papá, ¿qué ocurrió?

Ricardo guardó silencio unos segundos.

Después comenzó a contar la historia.

Veinte años atrás, Ricardo y Alejandro habían fundado juntos una empresa de tecnología y construcción.

Los dos comenzaron desde cero.

Trabajaban juntos, viajaban juntos y tomaban decisiones importantes como socios.

Ricardo aportaba el capital inicial.

Alejandro dirigía gran parte de las operaciones.

La empresa creció rápidamente.

En pocos años, comenzaron a manejar contratos millonarios.

Pero entonces ocurrió algo que cambió sus vidas.

Ricardo descubrió que varias transferencias importantes habían desaparecido de las cuentas de la empresa.

Millones de dólares habían sido enviados a compañías que aparentemente no tenían relación con ellos.

Cuando Ricardo comenzó a investigar, descubrió algo todavía peor.

Las empresas que recibían el dinero estaban vinculadas a personas cercanas a Alejandro.

Ricardo confrontó a su socio.

Según él, Alejandro aseguró que todo era una confusión.

Pero pocos días después, Ricardo perdió acceso a las cuentas principales.

Sus abogados recibieron documentos que lo acusaban de haber autorizado operaciones financieras fraudulentas.

—Yo no firmé esos documentos —dijo Ricardo.

Alejandro permanecía en silencio.

Ricardo continuó.

—Pero alguien falsificó mi firma.

Isabela miró lentamente a su padre.

—¿Papá?

Alejandro finalmente habló.

—Eso fue hace veinte años.

Ricardo respondió:

—Y perdí mi empresa.

Hizo una pausa.

—Perdí mi dinero.

—Y durante años, mi propio hijo creció viendo cómo todos pensaban que yo había sido el responsable.

Mateo bajó la mirada.

Isabela estaba completamente sorprendida.

—¿Estás diciendo que mi padre te robó?

Alejandro levantó la voz.

—¡No fue así!

Todos quedaron en silencio.

Ricardo no reaccionó.

Simplemente abrió un archivo en su teléfono.

—Entonces explícame esto.

Le mostró la pantalla.

Aparecía un documento financiero antiguo.

En él figuraban varias transferencias realizadas desde la antigua empresa.

Debajo de las operaciones aparecía una firma.

La firma de Alejandro.

Isabela miró el documento.

—Papá…

Alejandro permaneció inmóvil.

Ricardo añadió:

—No vine aquí para vengarme.

Miró a Mateo.

—Vine porque mi hijo estaba a punto de casarse con tu hija.

Después volvió a mirar a Alejandro.

—Y no permitiré que lo humilles por no llevar el dinero que tú crees que necesita para merecerla.

Isabela tomó la mano de Mateo.

—Yo nunca lo elegí por su dinero.

Alejandro miró a su hija.

Por primera vez, parecía no tener una respuesta.

Pero entonces Ricardo recibió una notificación en su teléfono.

La miró.

Su expresión cambió.

Mateo lo notó.

—¿Qué pasa?

Ricardo levantó lentamente la mirada.

—Encontraron algo.

Alejandro palideció.

—¿Qué encontraron?

Ricardo guardó el teléfono.

—El documento original.

Todos quedaron en silencio.

—¿Qué documento? —preguntó Isabela.

Ricardo miró directamente a Alejandro.

—El contrato que demuestra quién ordenó realmente sacar los millones de la empresa.

Alejandro dio un paso hacia atrás.

Y por primera vez en veinte años, parecía tener miedo.

CONTINUARÁ…