LA CHICA QUE LLAMÓ A SU MADRE — PARTE 3
La sala quedó completamente en silencio.
Nadie se atrevía a mirar directamente a Mariana. La mujer que minutos antes había sido tratada como una simple empleada ahora estaba de pie junto a la persona que realmente tenía el poder de tomar las decisiones más importantes de aquella empresa.
Verónica permanecía inmóvil.
Por primera vez en muchos años, no sabía qué decir.
Mariana tomó asiento en la cabecera de la mesa y dejó su bolso a un lado. Después miró a todos los presentes.
—Quiero que alguien me explique exactamente qué estaba ocurriendo antes de que yo llegara.
Nadie respondió.
Mariana volvió a preguntar:
—¿Nadie?
Rafael, el guardia de seguridad, dio un pequeño paso hacia adelante.
—Señora Mariana… yo solo recibí la orden de acompañar a la señorita Camila fuera de la sala. No sabía quién era ella.
Mariana lo miró y asintió.
—Lo sé, Rafael. Tú hiciste tu trabajo. No tienes nada que explicar.
Rafael respiró aliviado y permaneció en silencio.
Entonces Mariana miró a Verónica.
—Pero tú sí.
Verónica tragó saliva.
—Mariana, yo no quise faltarle el respeto a tu hija.
Camila levantó ligeramente la mirada.
—Sí quisiste.
La frase cayó sobre la sala como una piedra.
Verónica se quedó callada.
Camila respiró profundamente y continuó:
—No sabías quién era yo. No sabías mi apellido. No sabías quién era mi madre. Lo único que viste fue mi ropa.
Uno de los ejecutivos bajó la mirada.
Camila continuó:
—Y decidiste que yo valía menos que ustedes.
Mariana observó a su hija en silencio.
Había orgullo en sus ojos.
Pero también había algo más.
Preocupación.
Mariana se levantó lentamente de su silla.
—Camila, hay algo que todavía no sabes.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Mariana miró hacia los documentos que estaban sobre la mesa.
—Esta reunión no era solamente para hablar de nuevos contratos.
Todos los ejecutivos comenzaron a mirarse entre sí.
Camila se acercó un poco.
—Entonces, ¿para qué era?
Mariana tomó una carpeta negra que estaba sobre la mesa.
La abrió lentamente.
Dentro había varios documentos, fotografías y estados financieros.
—Durante los últimos seis meses han desaparecido millones de dólares de las cuentas de la empresa.
Camila abrió los ojos.
—¿Millones?
Mariana asintió.
—Y alguien dentro de esta sala sabe exactamente dónde terminaron.
La tensión cambió por completo.
Ya nadie estaba pensando en la humillación de minutos atrás.
Ahora todos tenían miedo.
Mariana colocó una fotografía sobre la mesa.
—He pasado semanas investigando esto en silencio.
Verónica miró la fotografía.
Su rostro cambió inmediatamente.
Camila lo notó.
—Mamá… ¿qué aparece ahí?
Mariana no respondió.
Simplemente giró la fotografía para que todos pudieran verla.
Era una imagen tomada fuera de un banco.
En ella aparecía uno de los ejecutivos de la empresa entrando a un automóvil junto a un hombre desconocido.
Pero había un detalle todavía más importante.
El hombre desconocido llevaba una carpeta con el mismo símbolo de la empresa.
Uno de los presentes se levantó rápidamente.
—Eso no demuestra nada.
Mariana lo miró fijamente.
—Siéntate.
El hombre obedeció.
Mariana sacó otro documento.
—Porque todavía no he mostrado la segunda parte.
Camila miró a su madre con preocupación.
—¿Qué segunda parte?
Mariana dejó el documento sobre la mesa.
—La persona que autorizó las transferencias no fue un empleado cualquiera.
Todos quedaron paralizados.
Mariana miró lentamente a cada uno de los presentes.
Finalmente, sus ojos se detuvieron en Verónica.
Verónica palideció.
Camila miró a su madre.
—Mamá… ¿estás diciendo que fue ella?
Mariana no contestó.
En cambio, cerró la carpeta.
—Eso lo vamos a descubrir ahora mismo.
Verónica comenzó a ponerse nerviosa.
—Mariana, te juro que yo no…
Mariana levantó una mano para detenerla.
—No digas nada todavía.
En ese momento, las puertas de la sala se abrieron.
Un hombre mayor entró acompañado por un abogado.
Mariana lo reconoció inmediatamente.
Camila miró al desconocido sin entender quién era.
El hombre caminó hasta la mesa y colocó una pequeña memoria USB frente a Mariana.
—Encontré lo que estabas buscando.
Mariana tomó la memoria.
—¿Estás seguro?
El hombre miró directamente a Verónica.
—Completamente.
Verónica dio un paso hacia atrás.
Camila sintió que algo mucho más grande estaba a punto de salir a la luz.
Mariana conectó la memoria a la computadora de la sala.
La pantalla comenzó a mostrar varios archivos.
Uno de ellos tenía una fecha de seis meses atrás.
Y debajo aparecía el nombre de la persona que había autorizado la primera transferencia.
Camila se acercó a la pantalla.
Sus ojos se abrieron completamente.
Porque el nombre que apareció allí no era el de Verónica.
Era el de alguien que Camila conocía desde niña.
CONTINUARÁ…
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