🗡️ El anciano al que todos golpearon — Parte 3
El silencio que quedó después de las palabras del general fue absoluto.
Lord Park Do-Hyun permanecĂa inmĂłvil frente a los soldados. Ya no tenĂa la misma arrogancia que unos minutos antes. Ahora comprendĂa que el anciano al que habĂa tratado como un mendigo no solo era un antiguo comandante del reino.
Era el hombre al que miles de soldados todavĂa estaban dispuestos a obedecer.
El general Kang Tae-Rin volviĂł a mirar al comandante Seo Jin-Ho.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que recibiste la orden de encontrarme?
El comandante bajĂł respetuosamente la cabeza.
—Casi tres años, General.
El anciano permaneciĂł pensativo.
—Entonces el rey finalmente decidió buscarme.
—No exactamente —respondió el comandante—. El rey murió hace dos meses.
Kang Tae-Rin levantĂł lentamente la mirada.
Por primera vez desde que habĂa llegado el ejĂ©rcito, su expresiĂłn cambiĂł.
—¿Murió?
—SĂ, General.
El comandante respirĂł profundamente antes de continuar.
—Antes de morir dejó una última orden.
El anciano dio un paso hacia él.
—¿Cuál?
Seo Jin-Ho sacó cuidadosamente un pequeño rollo sellado que llevaba guardado dentro de su uniforme.
—Encontrarlo a usted.
Kang Tae-Rin tomĂł el documento.
ObservĂł el sello real durante varios segundos.
Era auténtico.
RompiĂł lentamente el sello y comenzĂł a leer.
Su rostro permaneciĂł serio durante las primeras lĂneas.
Pero después de leer las últimas palabras, sus ojos cambiaron.
Han Ji-Won, que permanecĂa cerca de Ă©l, notĂł inmediatamente la reacciĂłn.
—General… ÂżquĂ© dice?
Kang Tae-Rin no respondiĂł.
MirĂł nuevamente el documento.
Después levantó la cabeza y observó las casas de la aldea.
—El rey sabĂa que alguien intentarĂa tomar el trono.
Los soldados comenzaron a murmurar.
Lord Park palideciĂł todavĂa más.
—Eso es imposible —dijo nerviosamente.
El general giró lentamente hacia él.
—¿Imposible?
Lord Park tragĂł saliva.
—El reino está en paz.
—No.
La voz del anciano fue tranquila, pero firme.
—El reino parece estar en paz.
El comandante entendiĂł inmediatamente lo que querĂa decir.
—General… Âżcree que alguien dentro del palacio está preparando un golpe?
Kang Tae-Rin doblĂł lentamente el documento.
—No lo creo.
Hizo una pausa.
—Lo sé.
El ambiente volviĂł a quedar en silencio.
Entonces el general mirĂł al joven que habĂa intentado defenderlo.
—Muchacho.
Han Ji-Won se acercĂł.
—SĂ, General.
—¿Cómo te llamas?
—Han Ji-Won.
Kang Tae-Rin lo observĂł durante unos segundos.
—Hoy fuiste el único hombre de esta aldea que intentó defender a un desconocido.
Ji-Won bajĂł la mirada con humildad.
—Solo hice lo correcto.
El general sonriĂł ligeramente.
—Precisamente por eso quiero que vengas conmigo.
El joven levantĂł la cabeza, sorprendido.
—¿Con usted?
—SĂ.
—Pero yo no soy un soldado.
—TodavĂa no.
Ji-Won quedĂł completamente sorprendido.
Mientras tanto, Lord Park comenzĂł a retroceder lentamente.
Uno de los soldados lo observĂł.
—¡Alto!
El noble se detuvo.
Kang Tae-Rin se acercĂł lentamente.
—Tú fuiste quien me golpeó.
Lord Park bajĂł la cabeza.
—General, le ruego que me perdone.
—No necesito tus disculpas.
El noble levantĂł la mirada.
—Entonces… ÂżquĂ© quiere?
El anciano respondiĂł con absoluta calma.
—Quiero saber por qué un noble que no teme golpear a un anciano también parece tener tanto miedo de que yo regrese al palacio.
Lord Park se quedĂł completamente paralizado.
El general se dio la vuelta.
—Llévenlo con nosotros.
Dos soldados se acercaron inmediatamente.
—¡General! —exclamó Lord Park—. ¡Yo no hice nada contra el reino!
Kang Tae-Rin se detuvo.
No se volviĂł.
—Entonces tendrás la oportunidad de demostrarlo.
Los soldados comenzaron a escoltar al noble.
El comandante montĂł nuevamente su caballo.
Los demás soldados comenzaron a formar filas.
Han Ji-Won observó la enorme formación militar y después miró al anciano.
El hombre que unas horas antes habĂa pedido un poco de comida ahora estaba a punto de regresar al palacio acompañado por miles de soldados.
Pero habĂa algo que ninguno de ellos sabĂa.
Mientras el ejército abandonaba la aldea, Kang Tae-Rin volvió a abrir en secreto el documento del rey.
Miró las últimas palabras una vez más.
Y su rostro se volviĂł completamente serio.
El mensaje no terminaba con una orden militar.
Terminaba con una advertencia.
“General, si está leyendo esto, significa que mi asesino ya está sentado en el trono.”
Kang Tae-Rin cerrĂł lentamente el documento.
Y por primera vez desde su regreso, comprendiĂł que no habĂa vuelto al reino para recuperar su antiguo cargo.
HabĂa vuelto para descubrir quiĂ©n habĂa matado al rey.
Y la persona que ocupaba ahora el trono podĂa estar esperándolo.
