“El samurái que fingía ser un vagabundo”,

“El samurái que fingía ser un vagabundo”,

El samurái que fingía ser un vagabundo

Diez años huyendo de su pasado. Una sola noche para descubrir quién destruyó su vida.

El regreso al castillo

Renji abandonó la taberna antes del amanecer. Bajo su kimono desgastado llevaba el emblema que había conservado durante años: la última prueba de que había servido al señor más respetado de la región.

El mensajero caminó a su lado hasta llegar al camino que conducía al castillo del gobernador.

Mensajero: «Si entras ahí, descubrirán que sigues vivo. No todos los que trabajan para el gobernador son sus enemigos».
Renji: «No he venido a recuperar mi título. He venido a descubrir la verdad».

Al llegar a las puertas, los guardias cruzaron sus lanzas. Renji no intentó luchar. Mostró el emblema antiguo y pronunció el nombre de su antiguo señor.

Los guardias intercambiaron una mirada. Uno de ellos abrió las puertas sin decir una palabra.

El traidor de la guerra

En el salón principal, un hombre vestido con ropas elegantes esperaba junto a una mesa. Era Masato, antiguo consejero militar del señor al que Renji había servido.

Masato había asegurado que Renji desertó durante una batalla y provocó la derrota de su ejército. Por esa acusación, Renji perdió su nombre, su hogar y a sus compañeros.

Masato: «Mira quién ha vuelto de entre los muertos. ¿Vienes a suplicar que te devuelvan tu honor?»
Renji: «No. He venido a preguntarte por qué ordenaste cerrar las puertas del castillo mientras nuestros soldados seguían fuera».

La sonrisa de Masato desapareció. Renji dejó el emblema sobre la mesa. En la parte trasera había una inscripción que solo los oficiales de confianza podían reconocer.

Renji: «Esta pieza estaba en el lugar donde se firmó la orden. Y tu sello aparece en el documento original».

Masato guardó silencio. Por primera vez, comprendió que Renji no había regresado sin pruebas.

La verdad que nadie debía conocer

El gobernador entró acompañado por dos consejeros. Renji esperaba que lo arrestaran, pero el anciano levantó una mano para detener a los guardias.

Gobernador: «He esperado diez años para escuchar tu versión de aquella noche».

Renji relató cómo recibió la orden de proteger la retirada de los soldados. Cuando regresó, encontró las puertas cerradas y a Masato negociando en secreto con el ejército rival.

Masato intentó defenderse, alegando que había actuado para evitar que el castillo fuese destruido. Pero el gobernador mostró un segundo documento: una carta en la que el consejero prometía entregar la región a cambio de poder y riquezas.

Gobernador: «No sacrificaste a aquellos hombres para salvar el castillo. Los sacrificaste para quedarte con él».

Los guardias se llevaron a Masato para que respondiera ante la justicia. Renji no celebró su caída. Se quedó mirando el emblema, pensando en todos los que nunca habían podido regresar a casa.

Un secreto aún mayor

El gobernador ofreció a Renji recuperar su antiguo puesto y sus tierras. Renji rechazó ambas cosas.

Renji: «Mi nombre no vale más que las vidas que perdimos. Quiero que las familias de aquellos soldados reciban lo que se les prometió».

El anciano aceptó. Cuando Renji se disponía a marcharse, el gobernador le entregó un sobre sellado con una marca desconocida.

Gobernador: «Hay algo que Masato nunca supo. La orden que provocó aquella traición no salió de este castillo».

Renji abrió el sobre. Dentro había un mapa con varios nombres marcados y una carta firmada por alguien que él creía muerto: su antiguo maestro.

La carta: «Renji, si has llegado hasta aquí, significa que el primer traidor ha caído. Pero el hombre que dio la orden sigue gobernando desde las sombras. No confíes en quien te ofrezca la corona».

Renji levantó la mirada hacia las montañas. Su pasado acababa de abrir una puerta que quizá nunca debió cruzar.

CONTINUARÁ…