🥹❤️ La campesina que curó al hombre más frío del reino
Parte 3 — El secreto que ella había estado ocultando
La puerta de la pequeña casa tembló bajo el golpe de alguien que estaba afuera.
Han Ye-Rin permaneció inmóvil frente a ella.
Detrás de la joven, Kang Ji-Hoon seguía sentado junto a la mesa de madera. Su herida todavía le provocaba un dolor intenso, pero había algo que le preocupaba mucho más que la herida.
Los hombres que estaban afuera no habían llegado por casualidad.
Y, por la manera en que habían hablado, tampoco parecían estar buscando a un simple guerrero perdido.
Otro golpe sacudió la puerta.
—¡Abran! —ordenó una voz desde el exterior.
Ye-Rin respiró profundamente.
Ji-Hoon se levantó lentamente.
—No te muevas —susurró ella.
—Tengo una espada.
—Y una herida que todavía no ha cerrado.
Ji-Hoon la miró con molestia.
—Puedo pelear.
Ye-Rin negó con la cabeza.
—No contra tantos.
El guerrero guardó silencio.
Era la primera vez que alguien le hablaba de esa manera sin miedo.
Y lo más extraño era que, en lugar de enfurecerlo, aquella mujer estaba empezando a preocuparle.
—¿Quién eres realmente? —preguntó él.
Ye-Rin no respondió.
—No eres una campesina común.
Ella bajó la mirada.
—Ahora no es momento para eso.
—Para mí sí.
Otro golpe.
—¡Última advertencia! ¡Abran la puerta!
Ye-Rin corrió hacia una pequeña estantería y retiró una vasija de barro.
Debajo había una pequeña llave.
Ji-Hoon la observó.
—¿Qué estás haciendo?
Ye-Rin abrió una pequeña puerta escondida en el suelo.
Detrás apareció una escalera estrecha que descendía hacia la oscuridad.
Ji-Hoon se quedó sorprendido.
—¿Tienes un pasadizo secreto?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de que nacieras.
Ji-Hoon frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Ye-Rin tomó una pequeña lámpara.
—Baja.
—Primero dime quién eres.
Ella lo miró fijamente.
—Si te quedas aquí para hacer preguntas, los hombres de afuera te van a encontrar.
Ji-Hoon escuchó otro golpe.
La madera comenzó a agrietarse.
Finalmente, decidió seguirla.
Descendieron lentamente por la escalera de piedra.
Ye-Rin iba delante, sosteniendo la lámpara. Ji-Hoon avanzaba detrás, apoyándose ocasionalmente contra la pared debido al dolor.
Cuando llegaron al fondo, encontraron un túnel antiguo.
—¿Adónde lleva? —preguntó Ji-Hoon.
—Fuera de la aldea.
Caminaron durante varios minutos.
Finalmente llegaron a una pequeña salida escondida detrás de unas rocas.
La noche ya había caído sobre el bosque.
Ji-Hoon salió primero.
Luego se volvió hacia ella.
—Ahora sí.
Ye-Rin lo miró.
—¿Ahora sí qué?
—Quiero saber la verdad.
Ella permaneció callada.
—¿Por qué tienes un pasadizo secreto?
Silencio.
—¿Por qué sabías que esos hombres no venían a ayudarme?
Ye-Rin apartó la mirada.
—Porque conozco a los hombres que sirven al palacio.
Ji-Hoon dio un paso hacia ella.
—¿Cómo?
—Porque mi familia trabajó para ellos durante muchos años.
Ji-Hoon observó su rostro.
Algo no encajaba.
—¿Tu familia?
Ye-Rin asintió.
—Mi padre era médico del ejército real.
Ji-Hoon quedó sorprendido.
—¿Médico del ejército?
—Sí.
—Entonces sabes tratar heridas porque…
—Porque él me enseñó.
Ji-Hoon bajó la mirada hacia el vendaje que ella había colocado.
De repente recordó algo.
Una técnica que había visto años atrás.
Una manera específica de vendar heridas que solo utilizaban algunos médicos militares.
—¿Tu padre conocía a mi familia?
Ye-Rin no respondió.
Ji-Hoon insistió.
—¿Conocía a mi padre?
—Sí.
El guerrero se quedó inmóvil.
—¿Y tú me reconociste?
Ye-Rin cerró los ojos durante un instante.
—Desde que te vi en el bosque.
Ji-Hoon sintió una mezcla de sorpresa y desconfianza.
—Entonces sabías quién era yo.
—Sí.
—¿Y aun así me llevaste a tu casa?
—Sí.
—¿Por qué?
Ye-Rin finalmente levantó la mirada.
—Porque hace muchos años tu padre hizo algo por mi familia.
Ji-Hoon frunció el ceño.
—¿Qué hizo?
Antes de que ella pudiera responder, escucharon un ruido detrás de ellos.
Caballos.
Los soldados habían encontrado otra ruta.
Ji-Hoon llevó inmediatamente la mano hacia su espada.
—Tenemos que movernos.
Ye-Rin asintió.
Ambos comenzaron a caminar entre los árboles.
Pero Ji-Hoon apenas había dado unos pasos cuando se detuvo.
—Espera.
Ye-Rin se volvió.
—¿Qué pasa?
—No podemos seguir huyendo.
—Estás herido.
—Ya lo sé.
Ji-Hoon miró hacia el bosque.
Las voces de los soldados se escuchaban cada vez más cerca.
—Si esos hombres me están buscando, tarde o temprano van a encontrarnos.
Ye-Rin intentó convencerlo.
—Ji-Hoon…
—No.
Él la miró.
—Esta vez no voy a huir.
Ye-Rin permaneció en silencio.
Ji-Hoon desenvainó su espada.
—Pero necesito saber una cosa.
—¿Qué?
—¿Por qué esos hombres quieren matarme?
Ye-Rin apretó los labios.
—Porque descubrieron que sobreviviste.
Ji-Hoon se quedó helado.
—¿Sobreviví a qué?
Ye-Rin dio un paso hacia él.
—A la emboscada.
—¿Qué emboscada?
Ella respiró profundamente.
—La que provocó tu herida.
Ji-Hoon miró hacia el suelo.
Su memoria de aquella noche era confusa.
Recordaba haber cabalgado con varios hombres.
Recordaba escuchar gritos.
Después, oscuridad.
—¿Quién nos atacó?
Ye-Rin lo miró directamente.
—Tus propios hombres.
Ji-Hoon abrió los ojos.
—Eso es imposible.
—No lo es.
—¿Por qué harían eso?
Ye-Rin sacó de su ropa un pequeño objeto envuelto en tela.
Lo abrió lentamente.
Era un sello militar.
Ji-Hoon lo reconoció.
—Ese sello…
—Lo encontré cerca de donde te hallé.
Ji-Hoon lo tomó.
Su expresión cambió completamente.
—Este sello pertenece a…
No terminó la frase.
Se escucharon pasos detrás de ellos.
Los soldados finalmente habían llegado.
Una voz masculina atravesó la oscuridad.
—¡Kang Ji-Hoon!
Ji-Hoon se colocó delante de Ye-Rin.
—Quédate detrás de mí.
Ella negó con la cabeza.
—Esta vez no.
Ji-Hoon la miró.
—¿Qué quieres decir?
Ye-Rin sacó lentamente una pequeña daga que llevaba escondida.
—Si vinieron hasta aquí…
Miró hacia los soldados que comenzaban a aparecer entre los árboles.
—Entonces ya no podemos seguir fingiendo.
Ji-Hoon se quedó mirándola.
—¿Fingiendo qué?
Ye-Rin levantó la mirada.
—Que soy solamente una campesina.
Los soldados se detuvieron.
Uno de ellos desmontó lentamente de su caballo.
—Así que finalmente lo descubriste, muchacha.
Ji-Hoon miró a Ye-Rin.
—¿Qué quiso decir?
Ella no respondió.
El soldado sonrió.
—Díselo tú.
Ye-Rin cerró los ojos por un instante.
Después miró a Ji-Hoon.
—Mi verdadero nombre no es Han Ye-Rin.
Ji-Hoon sintió que todo a su alrededor se detenía.
Ella dio un paso hacia él.
—Y tu padre me pidió que te protegiera si algún día algo así sucedía.
Ji-Hoon apretó la mandíbula.
—¿Quién eres?
Ye-Rin lo miró con lágrimas contenidas.
—La última persona que tu padre confió para mantenerte con vida.
Los soldados comenzaron a acercarse.
Ji-Hoon levantó su espada.
Pero esta vez ya no estaba protegiendo únicamente a una campesina.
Estaba protegiendo a la mujer que había estado ocultando la verdad durante años.
Y mientras ambos se preparaban para enfrentarse a los soldados, una pregunta quedó suspendida en el aire:
¿Quién era realmente Han Ye-Rin y qué secreto del pasado compartía con el padre de Ji-Hoon?
La respuesta podía cambiar para siempre la vida de ambos.
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