⚔️ LA CAMPESINA QUE DESARMÓ AL ARROGANTE DELANTE DE CIEN SOLDADOS
PARTE 3 — EL PROBLEMA QUE NADIE ESPERABA
El patio de entrenamiento quedó completamente en silencio.
Los cien soldados seguían mirando a Han So-Yeon. Nadie podía olvidar lo que acababa de ocurrir. Minutos antes, el comandante Kang Ji-Won estaba convencido de que aquella joven solamente sabía trabajar la tierra.
Ahora había sido desarmado delante de todos.
Pero antes de que pudiera decir algo más, el soldado que había llegado corriendo se detuvo frente a él.
—¡Comandante! ¡Tenemos un problema en la aldea!
Ji-Won frunció el ceño.
—Habla.
El soldado respiró profundamente.
—Alguien entró al almacén durante la noche.
Ji-Won guardó silencio.
—¿Qué se llevaron?
—El grano destinado a los soldados.
Los hombres comenzaron a murmurar.
Ji-Won miró hacia la aldea.
—¿Cuánto?
—Casi la mitad.
El comandante caminó rápidamente hacia el lugar.
So-Yeon lo observó durante unos segundos antes de seguirlo.
La puerta abierta
El almacén estaba rodeado por varios soldados. La puerta tenía una pequeña marca en la madera y uno de los cerrojos estaba roto.
Ji-Won entró primero.
Había sacos abiertos por todo el suelo.
—¿Quién estaba de guardia? —preguntó.
Tres soldados dieron un paso al frente.
—Nosotros, comandante.
Ji-Won los miró con seriedad.
—Entonces alguien pasó frente a ustedes.
Ninguno respondió.
So-Yeon entró lentamente.
Miró los sacos.
Miró el suelo.
Después observó la puerta.
Ji-Won la miró.
—¿Qué estás viendo?
Ella señaló el suelo.
—Eso.
Ji-Won bajó la mirada.
Había pequeñas marcas de barro cerca de la puerta.
—¿Huellas?
—Sí.
So-Yeon se agachó.
Tocó una de las marcas con los dedos.
—Pero hay algo raro.
Ji-Won se acercó.
—¿Qué?
Ella levantó la mano.
—El barro está fresco.
Todos se quedaron callados.
Una sospecha
Ji-Won miró hacia la puerta.
—Eso significa que quien entró pudo haber estado aquí hace poco.
So-Yeon negó lentamente con la cabeza.
—No.
Ji-Won la miró.
—¿No?
—Significa que alguien quiere que pensemos eso.
Los soldados comenzaron a mirarse entre ellos.
Ji-Won quedó pensativo.
—¿Por qué alguien dejaría una pista falsa?
So-Yeon levantó la mirada.
—Para que todos miren hacia afuera.
Ji-Won entendió inmediatamente.
—Mientras el verdadero culpable está dentro.
So-Yeon asintió.
El ambiente cambió por completo.
Ji-Won miró a sus propios soldados.
Nadie se movió.
Entonces So-Yeon caminó hasta uno de los sacos.
Lo levantó ligeramente.
—Este saco fue movido.
Ji-Won se acercó.
—¿Cómo lo sabes?
Ella señaló una línea de polvo en el suelo.
—Porque aquí estaba apoyado.
Luego miró hacia uno de los soldados.
El hombre comenzó a ponerse nervioso.
El hombre que sabía demasiado
So-Yeon caminó lentamente hacia él.
—Tú.
El soldado tragó saliva.
—¿Yo?
—Dijiste que estuvieron vigilando toda la noche.
—Sí.
—Entonces dime algo.
Ella señaló los sacos.
—¿Por qué sabes exactamente cuáles fueron los sacos que faltaron?
El soldado quedó completamente inmóvil.
Ji-Won lo miró con atención.
—Yo no te dije cuáles faltaban.
El soldado bajó la mirada.
Nadie dijo una palabra.
So-Yeon dio un paso atrás.
—Ahora entiende por qué no debe apresurarse a acusar a alguien.
Ji-Won la miró.
Recordó lo ocurrido en el patio.
Recordó cómo se había burlado de ella.
Y por primera vez, su expresión cambió.
Ya no estaba mirando a una campesina.
Estaba mirando a alguien mucho más inteligente de lo que había imaginado.
Una nueva mirada
Cuando los soldados se llevaron al sospechoso para interrogarlo, Ji-Won salió del almacén.
So-Yeon salió detrás de él.
Durante unos segundos caminaron en silencio.
Finalmente, Ji-Won habló.
—Quiero disculparme.
So-Yeon siguió caminando.
—¿Por qué?
—Por haber pensado que no sabías hacer nada más que trabajar la tierra.
Ella lo miró de reojo.
—No tiene que disculparse.
Ji-Won sonrió ligeramente.
—Eso suena a que todavía estás molesta.
So-Yeon se detuvo.
—No estoy molesta.
Ji-Won se acercó un poco.
—Entonces, ¿qué estás?
Ella lo miró directamente.
—Esperando que algún día aprenda a pensar antes de hablar.
Ji-Won soltó una pequeña risa.
—Eso va a ser difícil.
—Entonces tendrá mucho trabajo.
Por primera vez, ambos sonrieron.
Pero la tranquilidad duró muy poco.
La última sorpresa
Desde la entrada de la aldea apareció un caballo a toda velocidad.
Un mensajero bajó del caballo y corrió hacia Ji-Won.
—¡Comandante!
Ji-Won se giró.
—¿Qué sucede ahora?
El mensajero sacó un pequeño rollo de tela.
—Encontramos esto junto al camino.
Ji-Won lo abrió.
Dentro había un dibujo hecho con tinta.
So-Yeon lo miró desde atrás.
Su rostro cambió inmediatamente.
Ji-Won lo notó.
—¿Qué pasa?
Ella no respondió.
Ji-Won volvió a mirar el dibujo.
Era un símbolo que So-Yeon conocía desde que era niña.
El mismo símbolo que había visto una vez en las cosas de su padre.
Ella dio un paso hacia atrás.
Ji-Won la miró.
—So-Yeon…
Ella levantó los ojos.
—No debería haber aparecido aquí.
—¿Por qué?
So-Yeon miró hacia el bosque.
—Porque ese símbolo significa que alguien me encontró.
Ji-Won quedó serio.
—¿Quién?
So-Yeon guardó silencio.
Desde lo alto de una colina, entre los árboles, una figura desconocida observaba la aldea.
Ji-Won todavía no la había visto.
So-Yeon sí.
Y por primera vez desde que había tomado aquella espada, su expresión mostró verdadero miedo.
🔥 CONTINUARÁ…
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