LA CAMPESINA QUE ROBABA ORO A LOS NOBLES… Y EL COMANDANTE DESCUBRIÓ POR QUÉ — PARTE 2

LA CAMPESINA QUE ROBABA ORO A LOS NOBLES… Y EL COMANDANTE DESCUBRIÓ POR QUÉ — PARTE 2

LA CAMPESINA QUE ROBABA ORO A LOS NOBLES

Parte 3 — El comandante que eligió ponerse del lado de los pobres


Los soldados desaparecieron entre las calles oscuras sin imaginar que la mujer que buscaban
estaba a pocos metros de ellos.

Sobre el tejado, Han So-Yeon seguía mirando al comandante Kang Min-Jae. No podía entender
por qué un hombre encargado de perseguir ladrones acababa de arriesgar su propia posición
para salvarla.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó ella finalmente.

Min-Jae permaneció en silencio unos segundos. Luego dejó el saco de monedas en sus manos.

—Porque ya vi dónde termina el dinero que esos nobles llaman impuestos.

So-Yeon frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

El comandante sacó de su armadura un pequeño documento doblado. Lo había encontrado esa
misma semana en la residencia de uno de los hombres más poderosos de la ciudad.

—No eres la única que ha estado investigando.

So-Yeon abrió el documento. Sus ojos cambiaron inmediatamente.

En aquellas páginas aparecían los nombres de decenas de familias campesinas. Frente a cada
nombre había cantidades de dinero, terrenos y cosechas confiscadas.

Pero había algo todavía peor.

Al final de la lista aparecía una orden firmada por varios funcionarios del gobierno:
las familias que no pudieran pagar serían expulsadas de sus tierras antes del siguiente
amanecer.

—No puede ser… —susurró So-Yeon.

—Sí puede —respondió Min-Jae—. Y ocurrirá mañana.

Una decisión peligrosa

So-Yeon cerró los ojos por un instante. Durante meses había robado arroz, medicinas y monedas
para ayudar a aquellas familias. Pero ahora comprendía que estaba intentando apagar un
incendio mientras alguien seguía arrojando aceite sobre él.

—Entonces no necesito seguir robándoles —dijo ella—. Necesito detenerlos.

Min-Jae la miró con preocupación.

—Y por eso precisamente van a matarte.

—¿Y tú qué harás?

El comandante miró hacia la ciudad.

Las antorchas de los soldados iluminaban las calles mientras buscaban a la supuesta ladrona.

—Mañana debo entregar un informe sobre ti.

So-Yeon bajó la mirada.

—¿Y qué vas a escribir?

Min-Jae respiró profundamente.

—Que nunca te encontré.

Ella lo miró sorprendida.

—Eso podría costarte tu rango.

—Lo sé.

La emboscada

Antes de que So-Yeon pudiera responder, un silbido atravesó la noche.

Min-Jae levantó inmediatamente la cabeza.

No eran sus soldados.

Varias figuras aparecieron sobre los tejados vecinos. Llevaban ropas oscuras y armas cortas.
No habían venido a arrestar a So-Yeon.

Habían venido a eliminarla.

—¡Corre! —gritó Min-Jae.

Uno de los atacantes saltó hacia ellos. Min-Jae desenvainó su espada y bloqueó el golpe.
So-Yeon tomó una vara de madera abandonada y se defendió contra otro atacante.

La pelea se extendió por los tejados.

So-Yeon demostró que no era solamente una ladrona rápida. Sus movimientos eran precisos,
ágiles y entrenados.

Min-Jae logró derribar a uno de los hombres y le arrancó la capucha.

Debajo había un símbolo perteneciente a la guardia privada de una poderosa familia noble.

El comandante quedó helado.

—Así que ellos están detrás de todo…

El verdadero objetivo

So-Yeon escuchó sus palabras.

—¿Quiénes?

Min-Jae levantó lentamente la mirada hacia el enorme palacio de la ciudad.

—Los mismos hombres que ordenaron expulsar a esas familias.

So-Yeon apretó los puños.

Durante meses había creído que estaba luchando contra nobles corruptos separados.
Ahora comprendía que todos estaban conectados.

Y alguien dentro del gobierno estaba protegiéndolos.

Min-Jae tomó el documento y se lo entregó.

—Si queremos detenerlos, necesitamos una prueba que nadie pueda negar.

So-Yeon miró el documento y luego al comandante.

—Entonces entraremos juntos.

Min-Jae sonrió por primera vez.

—¿A dónde?

So-Yeon señaló el palacio.

—Al lugar donde guardan todo lo que han robado.

El viento agitó su trenza mientras ambos observaban las murallas iluminadas.

Pero ninguno de los dos sabía que, dentro del palacio, alguien ya había descubierto que el
comandante había ayudado a la campesina.

Y aquella persona acababa de dar una nueva orden:

“Capturen al comandante Kang Min-Jae junto con la ladrona.”


🔥 CONTINUARÁ…