La chica de la bicicleta — Parte 3
Durante varios segundos, nadie supo qué decir.
Daniel permanecía de pie frente a la entrada de la universidad, mirando el automóvil
que acababa de llegar. Era un vehículo que llamaba la atención incluso entre todos
los carros de lujo que normalmente se estacionaban allí.
Pero lo que realmente lo había dejado sorprendido no era el automóvil.
Era Sofía.
La misma chica que durante meses había llegado en bicicleta, con su mochila sencilla,
sus zapatillas limpias y su ropa sin ninguna marca llamativa.
La misma chica de la que él y Andrea se habían burlado tantas veces.
Daniel recordó todas las veces que había estacionado su automóvil deportivo junto a
la bicicleta de Sofía y había hecho comentarios sobre ella.
En aquel momento le parecía divertido.
Ahora ya no.
Andrea tampoco podía dejar de mirar a Sofía.
—¿Por qué nunca nos dijiste nada? —preguntó finalmente.
Sofía se quedó en silencio.
No parecía enojada. Tampoco parecía orgullosa de lo que acababan de descubrir.
Simplemente miró su bicicleta y después miró a los dos jóvenes.
—Porque nunca quise que mi dinero decidiera quién quería ser mi amigo —respondió.
Daniel bajó la mirada.
Por primera vez, no encontró una respuesta para burlarse de ella.
Sofía tomó nuevamente su bicicleta y comenzó a caminar hacia la entrada de la
universidad.
Andrea la siguió con la mirada.
—Pero si tienes un automóvil así… ¿por qué venías todos los días en bicicleta?
Sofía se detuvo.
Durante un momento parecía estar pensando si realmente debía responder.
Finalmente se giró.
—Porque quería conocer a las personas por lo que son, no por lo que tengo.
Las palabras dejaron a Andrea completamente callada.
Sofía continuó caminando.
Pero entonces Daniel notó algo que ninguno de los dos había visto antes.
Un segundo automóvil acababa de detenerse frente a la universidad.
No era tan llamativo como el automóvil de Sofía.
Era un vehículo oscuro, elegante y completamente discreto.
Un hombre bajó del asiento trasero.
Vestía un traje perfectamente arreglado y caminaba con una seguridad que hizo que
varias personas voltearan a mirarlo.
El hombre se acercó directamente a Sofía.
—Señorita Sofía, su padre quiere verla esta tarde.
Daniel y Andrea se miraron.
¿Su padre?
Sofía asintió tranquilamente.
—¿Pasó algo?
El hombre no respondió inmediatamente.
Miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estuviera escuchando.
—Su padre dijo que ya es hora de contarle toda la verdad.
Sofía cambió de expresión.
Por primera vez desde que había llegado a la universidad, parecía realmente
preocupada.
Daniel observaba desde lejos.
Había algo en aquella conversación que no tenía nada que ver con dinero.
Había algo mucho más grande detrás.
Andrea se acercó lentamente a Daniel.
—Creo que no conocemos absolutamente nada de ella.
Daniel no respondió.
Solo siguió mirando a Sofía.
Entonces el hombre abrió la puerta del automóvil para ella.
Antes de subir, Sofía miró una última vez hacia su bicicleta.
Sonrió.
Tal vez había llegado el momento de dejar atrás aquella vida sencilla que había
elegido mostrarle al mundo.
Sofía entró al automóvil.
La puerta se cerró.
El vehículo comenzó a alejarse lentamente.
Daniel y Andrea se quedaron completamente quietos.
Ninguno sabía todavía quién era realmente Sofía.
Pero unas horas después, cuando Daniel decidió buscar su apellido en internet,
encontró algo que hizo que su expresión cambiara por completo.
El apellido de Sofía pertenecía a una de las familias empresariales más poderosas
y adineradas de la región.
Y lo más sorprendente era que su padre no era simplemente un hombre rico.
Era alguien cuya identidad llevaba años siendo protegida cuidadosamente.
Daniel volvió a mirar la pantalla.
Y entonces entendió algo que nunca había imaginado.
La chica que ellos creían que no tenía nada… era precisamente la persona que
menos necesitaba presumir de lo que tenía.
Pero todavía faltaba descubrir quién era realmente su padre.
La historia continúa…
La verdad está en la siguiente parte.
