LA FUGITIVA QUE SALTÓ DEL BARCO… SIN SABER LO QUE LA ESPERABA BAJO EL AGUA
Parte 2 — El secreto que llevaba siglos oculto
Durante unos segundos, el mundo desapareció.
No escuchaba los gritos de los guardias.
No escuchaba las velas golpeadas por el viento.
No escuchaba las órdenes del capitán.
Solo escuchaba el sonido apagado del agua.
Su cuerpo descendía lentamente hacia las profundidades mientras pequeñas burbujas escapaban de sus labios.
Intentó nadar hacia arriba.
Pero entonces recordó aquello que había visto antes de caer.
La enorme sombra debajo de ella.
No era una roca.
No era un barco.
Era una construcción.
La estructura bajo el mar
Seo Ara giró lentamente el cuerpo.
A través del agua oscura pudo distinguir una pared enorme cubierta de algas.
Había columnas.
Escaleras.
Ventanas estrechas.
Y una enorme puerta de piedra parcialmente cubierta por el agua.
Lo más extraño era que aquella construcción no parecía haber caído allí por accidente.
Parecía haber sido construida debajo del mar.
Seo Ara abrió los ojos con incredulidad.
¿Quién construiría un lugar así?
Sus pulmones comenzaron a arder.
Ya no podía permanecer allí.
Nadó hacia arriba con todas sus fuerzas.
Los hombres todavía la buscaban
Mientras tanto, en la superficie, el barco había detenido parcialmente su marcha.
El capitán estaba furioso.
—¡Encuéntrenla!
Cuatro guardias miraban el mar desde la cubierta.
Uno de ellos señaló hacia las olas.
—¡No puede haber llegado muy lejos!
Otro guardia se quitó parte del equipo y se preparó para lanzarse.
El capitán lo detuvo.
—No.
—Pero señor…
—Nadie baja.
El guardia lo miró confundido.
—¿Por qué?
El capitán miró fijamente el agua.
Durante unos segundos no dijo nada.
Finalmente murmuró:
—Porque ese lugar no debe ser encontrado.
El secreto del capitán
El guardia quedó paralizado.
—¿Qué lugar?
El capitán se dio cuenta demasiado tarde de que había hablado de más.
—Olvídalo.
—Señor, ¿qué hay debajo de nosotros?
El capitán lo agarró del brazo.
—Si quieres regresar con vida a tierra firme, no vuelvas a preguntar.
Los demás guardias se miraron entre sí.
Por primera vez comenzaron a sospechar que aquella misión no consistía simplemente en transportar a una fugitiva.
Seo Ara encuentra una entrada
Bajo el agua, Seo Ara estaba a punto de quedarse sin aire.
Buscó desesperadamente una salida.
Entonces vio algo.
Una pequeña abertura en la pared.
La entrada estaba parcialmente cubierta por piedras y algas.
Seo Ara se acercó.
No sabía por qué lo hacía.
Tal vez era miedo.
Tal vez desesperación.
O tal vez algo dentro de ella le decía que debía entrar.
Se deslizó por la abertura.
Del otro lado encontró una pequeña cámara llena de aire.
Subió rápidamente hacia la superficie.
Sacó la cabeza del agua.
Respiró con desesperación.
Tosió varias veces.
Y luego miró a su alrededor.
Había entrado en una habitación antigua.
Una habitación que nadie debía conocer
Las paredes estaban cubiertas de símbolos antiguos.
Había antorchas apagadas.
Estatuas cubiertas de polvo.
Y en el centro de la habitación había una mesa de piedra.
Sobre ella descansaba una caja metálica completamente intacta.
Seo Ara se acercó lentamente.
La caja tenía un pequeño mecanismo en la parte superior.
Ella extendió la mano.
Pero antes de tocarla escuchó algo.
Un ruido.
Clac.
Seo Ara se quedó inmóvil.
Miró hacia la oscuridad.
—¿Hay alguien ahí?
No recibió respuesta.
Dio un paso atrás.
Entonces escuchó una voz.
—Pensé que nunca llegarías.
La persona que la estaba esperando
Seo Ara se giró rápidamente.
Una figura apareció lentamente desde un corredor oscuro.
Era una mujer mayor.
Vestía ropas antiguas y llevaba una pequeña lámpara en la mano.
Su rostro era serio.
Seo Ara retrocedió.
—¿Quién eres?
La mujer la observó durante varios segundos.
—¿Todavía no recuerdas?
Seo Ara frunció el ceño.
—Nunca te he visto.
La mujer negó lentamente con la cabeza.
—No a mí.
Señaló la caja de piedra.
—A eso.
Seo Ara miró nuevamente la caja.
—¿Qué hay dentro?
La mujer respondió:
—La razón por la que te persiguen.
La verdad empieza a aparecer
Seo Ara quedó en silencio.
—¿Me persiguen por esto?
—No exactamente.
—Entonces, ¿por qué?
La mujer se acercó lentamente.
—Porque alguien descubrió que tú sobreviviste.
Seo Ara sintió un escalofrío.
—¿Sobreviví a qué?
La mujer la miró directamente a los ojos.
—A la noche en que quemaron tu familia.
Seo Ara se quedó completamente quieta.
Durante años había pensado que aquella noche había sido un accidente.
Le habían dicho que su familia había muerto durante un incendio.
Le habían dicho que nadie había podido salvarlos.
Pero aquella mujer estaba diciendo algo diferente.
—¿Estás diciendo que fue provocado?
La mujer asintió.
—Fue una orden.
El nombre que Seo Ara nunca olvidó
Seo Ara sintió que las piernas comenzaban a temblarle.
—¿Quién dio la orden?
La mujer no respondió inmediatamente.
Caminó hasta la caja y colocó su mano sobre ella.
—Antes de decirte quién fue, debes saber qué contiene esto.
—Ábrela.
—No puedo.
Seo Ara frunció el ceño.
—¿Por qué?
La mujer señaló el mecanismo.
—Porque solo puede abrirla la persona para quien fue preparada.
Seo Ara miró la caja.
—¿Y quién es esa persona?
La mujer respondió:
—Tú.
La caja reconoce a Seo Ara
Seo Ara permaneció inmóvil.
Finalmente extendió la mano.
Sus dedos tocaron el mecanismo.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces se escuchó un pequeño clic.
La caja comenzó a abrirse.
La mujer mayor dio un paso atrás.
Dentro había un pequeño objeto envuelto en tela.
Seo Ara retiró la tela.
Era un medallón antiguo.
En el centro tenía exactamente la misma marca que llevaba Seo Ara desde niña.
Ella tocó la marca de su cuello.
Después miró el medallón.
Eran idénticas.
Mientras tanto, el barco regresa
En la superficie, el capitán había tomado una decisión.
—Cambia el rumbo.
Uno de los marineros lo miró sorprendido.
—¿Al puerto?
—No.
El capitán miró hacia el mar.
—Regresamos a la isla.
—Pero la orden era llevarla a la capital.
El capitán respondió:
—La orden cambió.
El marinero dudó.
—¿Quién la cambió?
El capitán sacó un pequeño documento.
El sello que llevaba no pertenecía al gobierno.
Pertenecía a una persona mucho más poderosa.
Una amenaza dentro de la fortaleza
Seo Ara escuchó un ruido proveniente del corredor.
La mujer mayor levantó inmediatamente la lámpara.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Porque ya saben que estás aquí.
Seo Ara apretó el medallón.
—¿Quiénes?
Antes de que la mujer pudiera responder, se escucharon pasos.
Uno.
Dos.
Tres.
Cada vez más cerca.
La mujer apagó la lámpara.
—No hagas ruido.
Ambas se escondieron detrás de una columna.
La puerta de la habitación comenzó a abrirse.
Una sombra apareció en la entrada.
Después otra.
Seo Ara contuvo la respiración.
Uno de los hombres habló:
—Registren todo.
—¿Y si ya escapó?
La primera voz respondió:
—No pudo salir del agua.
Seo Ara miró a la mujer.
La mujer negó lentamente con la cabeza.
No estaban buscando una fugitiva.
Estaban buscando el medallón.
El secreto que cambia todo
Cuando los hombres abandonaron la habitación, Seo Ara salió lentamente de su escondite.
Miró el medallón una vez más.
—¿Qué soy?
La mujer mayor tardó unos segundos en responder.
—La última heredera de una familia que el reino creyó destruida.
Seo Ara quedó paralizada.
—¿Heredera?
La mujer asintió.
—Y la persona que ordenó matar a tu familia…
Hizo una pausa.
—todavía gobierna.
Seo Ara cerró lentamente la mano sobre el medallón.
Su miedo comenzó a desaparecer.
En su lugar apareció una determinación que la mujer no había visto en años.
—Entonces no escapé para sobrevivir.
Miró hacia la salida de la fortaleza.
—Escapé para regresar.
Y esta vez…
voy a descubrir quién ordenó destruir a mi familia.
Afuera, sobre el mar oscuro, el barco comenzaba a regresar hacia la fortaleza.
Y en la cubierta, el hombre que llevaba la nueva orden observaba el agua.
En su mano llevaba un retrato antiguo.
Era el retrato de una niña desaparecida hacía veinte años.
El hombre miró el rostro del dibujo.
Después miró el mar.
—La encontramos.
La heredera sigue viva.
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