❤️‍🔥 LA CAMPESINA QUE EL PRÍNCIPE AMÓ… Y SU PROMETIDA ODIÓ — PARTE 2″,

❤️‍🔥 LA CAMPESINA QUE EL PRÍNCIPE AMÓ… Y SU PROMETIDA ODIÓ — PARTE 2″,

 

 

❤️‍🔥 LA CAMPESINA QUE EL PRÍNCIPE AMÓ… Y SU PROMETIDA ODIÓ — PARTE 2

La humillación terminó frente a toda la aldea, pero nadie esperaba que las palabras de un simple sirviente cambiaran para siempre el destino de Soo-Rin.

Durante unos segundos, nadie se atrevió a hablar.

La pequeña plaza de la aldea había quedado completamente en silencio.
Los vendedores habían dejado de atender sus puestos. Las mujeres que unos instantes antes conversaban junto a los canastos de verduras observaban inmóviles. Incluso los niños que jugaban cerca de las casas se habían quedado mirando al príncipe.

Kang Mu-Jin permanecía frente a Soo-Rin.

No había retrocedido.

Tampoco parecía arrepentido de haberla defendido.

Frente a él estaba Yoon Hae-Rin, su prometida, una de las mujeres nobles más respetadas del reino. Su rostro, normalmente tranquilo y perfectamente controlado, había cambiado por completo.

Ella había llegado a la aldea pensando que podría humillar a una campesina y obligarla a desaparecer de la vida del príncipe.

Pero ahora era ella quien había quedado expuesta delante de todos.

Hae-Rin respiró profundamente y levantó la mirada.

Yoon Hae-Rin:—¿Acabas de defenderla delante de todos?

Mu-Jin no respondió inmediatamente.

Miró de reojo a Soo-Rin.

La joven seguía sorprendida. Nunca había esperado que el príncipe se enfrentara públicamente a una mujer de la familia noble por ella.

Durante meses, Soo-Rin había pensado que las visitas de Mu-Jin a la aldea eran simplemente una forma de escapar del palacio.

Nunca imaginó que aquellos encuentros significaban algo mucho más profundo.

Finalmente, el príncipe volvió a mirar a Hae-Rin.

Kang Mu-Jin:—Porque no has hecho nada para respetarla.

Algunas personas de la aldea bajaron la mirada para ocultar su reacción.

Otros intercambiaron miradas sorprendidas.

Nadie había escuchado jamás a un príncipe hablarle así a una noble prometida.

Hae-Rin apretó los dedos dentro de sus mangas.

Había sido criada para mantener siempre la compostura. Desde pequeña le habían enseñado que una futura princesa debía hablar poco, sonreír en el momento adecuado y jamás permitir que sus emociones fueran visibles frente a los demás.

Pero aquella vez no pudo esconderlas.

Yoon Hae-Rin:—¡Soy tu prometida!

Su voz resonó por toda la plaza.

Soo-Rin dio un pequeño paso hacia atrás.

No quería ser el motivo de una disputa entre el príncipe y su futura esposa.

Ella sabía perfectamente que no pertenecía a aquel mundo.

Para Mu-Jin, quizá ella podía ser una persona especial.

Pero para el reino, seguía siendo una campesina.

Y esa diferencia podía destruirlos a los dos.

Soo-Rin bajó la mirada y habló con calma.

Han Soo-Rin:—Príncipe, no quiero problemas por mi culpa.

Mu-Jin la observó.

Por primera vez desde que había llegado a la aldea, su expresión cambió.

Ya no parecía el príncipe distante que todos conocían.

Parecía simplemente un hombre preocupado por la mujer que amaba.

Dio un paso hacia ella.

Soo-Rin levantó los ojos.

Sus miradas se encontraron.

Durante un instante, todo lo demás pareció desaparecer.

Mu-Jin sabía que tenía que elegir cuidadosamente sus palabras.

Pero también sabía que había llegado demasiado lejos para seguir escondiendo sus sentimientos.

Kang Mu-Jin:—El problema no eres tú. Soy yo.

Soo-Rin quedó completamente inmóvil.

Aquellas palabras no eran una simple defensa.

Era una declaración.

Mu-Jin estaba aceptando delante de todos que él era quien había elegido acercarse a ella.

Él era quien había abandonado el palacio una y otra vez para visitarla.

Él era quien había buscado excusas para caminar por los caminos de aquella aldea.

Él era quien se había enamorado.

La llegada inesperada

Antes de que Hae-Rin pudiera responder, se escuchó el sonido de unos caballos acercándose por el camino principal.

Todos giraron la cabeza.

Un joven vestido con los colores de la familia real apareció al final de la calle.

Bajó del caballo apresuradamente.

Su respiración estaba agitada, como si hubiera recorrido una gran distancia sin detenerse.

Al reconocer al príncipe, corrió hacia él.

Se arrodilló frente a Mu-Jin.

El príncipe frunció el ceño.

Aquello no era normal.

Un mensajero real no abandonaba el palacio para buscarlo personalmente a menos que se tratara de algo importante.

Hae-Rin también cambió de expresión.

El sirviente levantó lentamente la cabeza.

Sirviente:—Señora… el rey ya conoce a la campesina.

Soo-Rin sintió que el corazón se le detenía.

Miró al sirviente.

Después miró al príncipe.

Finalmente volvió a mirar a Hae-Rin.

Nadie entendía qué estaba sucediendo.

Excepto quizá Mu-Jin.

El príncipe conocía demasiado bien a su padre.

El rey jamás se interesaba personalmente por una campesina sin una razón.

Mu-Jin dio un paso hacia el mensajero.

Kang Mu-Jin:—¿Qué dijo exactamente mi padre?

El sirviente tragó saliva.

Antes de responder, miró alrededor.

Había demasiadas personas escuchando.

Mu-Jin comprendió inmediatamente.

No era una noticia que debiera discutirse en medio de la aldea.

Pero Hae-Rin no estaba dispuesta a esperar.

Yoon Hae-Rin:—¿Qué tiene que ver ella con el rey?

Soo-Rin bajó la mirada.

Ella tampoco tenía respuesta.

Su vida había sido sencilla.

Había nacido en aquella aldea, había trabajado desde niña y jamás había pisado los grandes salones del palacio.

Nunca había conocido personalmente al rey.

Entonces, ¿por qué el hombre más poderoso del reino sabía quién era ella?

Un secreto enterrado

Mu-Jin miró a Soo-Rin con preocupación.

De pronto, varios detalles que antes parecían insignificantes comenzaron a adquirir un significado diferente.

La forma en que algunos ancianos de la aldea evitaban hablar sobre la familia de Soo-Rin.

La ausencia de información sobre su padre.

El extraño silencio que aparecía cada vez que ella preguntaba por su nacimiento.

Incluso la razón por la que su madre había desaparecido años atrás.

Soo-Rin siempre había pensado que su familia simplemente había tenido mala suerte.

Ahora empezaba a sospechar que alguien había estado ocultándole la verdad.

El sirviente se puso de pie lentamente.

Antes de marcharse, observó a Soo-Rin durante unos segundos.

Su mirada no era de desprecio.

Era de reconocimiento.

Como si hubiera visto aquel rostro antes.

Soo-Rin lo notó.

Han Soo-Rin:—¿Por qué me mira así?

El hombre no respondió.

Simplemente inclinó la cabeza y volvió hacia su caballo.

Mu-Jin permaneció mirando al mensajero hasta que desapareció por el camino.

Hae-Rin, en cambio, ya no miraba al príncipe.

Miraba a Soo-Rin.

Algo había cambiado.

Al principio había pensado que Soo-Rin era solamente una campesina que había conseguido llamar la atención del príncipe.

Ahora comenzaba a preguntarse si aquella muchacha escondía un origen mucho más importante.

La decisión del príncipe

Mu-Jin se acercó a Soo-Rin.

La joven seguía intentando comprender lo ocurrido.

Él bajó la voz para que solamente ella pudiera escucharlo.

Kang Mu-Jin:—No regreses sola a casa.

Soo-Rin frunció el ceño.

Han Soo-Rin:—¿Por qué?

Mu-Jin miró hacia el camino por donde se había marchado el mensajero.

Kang Mu-Jin:—Porque desde este momento, alguien en el palacio quiere saber quién eres.

Soo-Rin sintió un escalofrío.

La vida tranquila que había conocido hasta ese día acababa de desaparecer.

Ya no era solamente la campesina que vendía productos en la aldea.

Ahora el rey conocía su nombre.

El príncipe estaba dispuesto a protegerla.

Y su prometida había comenzado a sospechar que había algo mucho más profundo detrás de aquella joven.

Pero nadie estaba preparado para descubrir por qué.

🔥 EL SECRETO DEL PALACIO

Esa misma noche, dentro del palacio, el rey recibió un antiguo documento que llevaba años escondido.

Lo abrió lentamente.

En la primera página aparecía un nombre.

El mismo nombre que Soo-Rin había escuchado toda su vida como un recuerdo prohibido de su madre.

El rey apretó el documento entre sus manos.

Entonces dijo en voz baja:

—Si esa muchacha realmente es quien creo que es… Mu-Jin no puede casarse con Hae-Rin.

En ese instante, alguien entró apresuradamente en la habitación.

El rey levantó la mirada.

—Majestad, hay algo más.

El rey dejó el documento sobre la mesa.

—¿Qué?

El hombre respondió:

—La madre de Soo-Rin podría seguir viva.

Y esa revelación estaba a punto de cambiarlo todo.