“EL TRAGO PERFECTO — PARTE 4

“EL TRAGO PERFECTO — PARTE 4

 

 

EL TRAGO PERFECTO: LA MUJER DEL REFLEJO

El silencio cayó sobre la bodega como si alguien hubiera apagado de golpe todos los sonidos del bar. Limón permanecía inmóvil frente a la botella antigua que acababa de utilizar para preparar nuevamente aquel extraño cóctel. La bebida seguía brillando débilmente sobre la barra improvisada, proyectando un reflejo que no correspondía con nada de lo que había en aquella habitación.

Fresa estaba detrás de él, todavía débil después de haber sido encontrada dentro del congelador. Sus ojos permanecían clavados en el vaso. No podía explicar por qué, pero cada vez que aquella bebida aparecía frente a ella sentía una presión extraña en el pecho.

Limón tomó lentamente la fotografía antigua que había encontrado dentro de una caja cubierta de polvo. En ella aparecía una mujer joven sosteniendo exactamente la misma botella que estaba sobre la mesa.

La mujer de la fotografía era idéntica a la figura que Limón acababa de ver reflejada en el cóctel.

Limón: —No puede ser…

Fresa dio un paso hacia él.

Fresa: —¿Qué viste?

Limón no respondió inmediatamente. Giró el vaso hacia ella.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces el líquido volvió a iluminarse.

La silueta de aquella mujer apareció otra vez en el reflejo.

Pero esta vez no estaba quieta.

La mujer levantó lentamente una mano y señaló directamente hacia Limón.

Fresa: —¡Limón, aléjate de ese vaso!

Limón retrocedió, pero ya era demasiado tarde.

La botella antigua comenzó a vibrar sobre la mesa.

El sonido fue pequeño al principio, casi imperceptible. Después aumentó rápidamente hasta hacer temblar todos los objetos de la bodega.

Las copas comenzaron a chocar entre sí. Las botellas se movieron. Una caja cayó al suelo y se abrió, dejando escapar varios papeles amarillentos por el tiempo.

Fresa miró hacia ellos.

Fresa: —Esos documentos…

Limón se agachó y comenzó a recogerlos.

Uno de los papeles tenía una fecha de muchos años atrás.

Otro tenía una lista de ingredientes.

Pero el tercero tenía algo que hizo que Limón dejara de respirar durante unos segundos.

Era una receta.

Y en la parte superior aparecía escrito un nombre.

“EL TRAGO PERFECTO”

Limón pasó lentamente el dedo por las letras.

Limón: —Esta es la receta…
Fresa: —¿La misma que preparaste hoy?
Limón: —No exactamente.

Fresa frunció el rostro.

Fresa: —¿Qué quieres decir?

Limón señaló la última línea de la receta.

Había una instrucción escrita con tinta roja.

“EL ÚLTIMO INGREDIENTE DEBE SER AÑADIDO POR AQUEL QUE RECUERDE EL PRIMER TRAGO.”

Fresa permaneció en silencio.

Limón levantó lentamente la mirada.

Limón: —Yo recuerdo el primer trago.

Fresa sintió un escalofrío.

Fresa: —¿Cómo podrías recordarlo si eras apenas un niño?

Limón cerró los ojos.

Y entonces comenzaron a regresar los recuerdos.

No eran recuerdos completos.

Eran fragmentos.

Una habitación.

Una mesa.

Una mujer.

Una botella.

Y una voz.

Una voz que llevaba años escondida en algún rincón de su memoria.

Voz de la mujer: —Limón, prométeme que nunca volverás a preparar esta bebida.

Limón abrió los ojos de golpe.

Limón: —Mi madre…

Fresa se acercó inmediatamente.

Fresa: —¿Recuerdas su voz?
Limón: —Sí.

Miró nuevamente la fotografía.

Limón: —Y recuerdo algo más.
Fresa: —¿Qué?

Limón señaló la botella.

Limón: —Ella desapareció después de preparar este trago.

Fresa quedó completamente inmóvil.

En ese instante se escuchó un fuerte golpe proveniente del pasillo.

Ambos se giraron.

La puerta de la bodega estaba entreabierta.

Nadie había estado allí segundos antes.

Fresa: —¿Escuchaste eso?
Limón: —Sí.

Limón tomó rápidamente una botella vacía y caminó hacia la puerta.

Fresa intentó detenerlo.

Fresa: —¡No vayas!
Limón: —Tengo que saber quién está ahí.

Abrió la puerta.

El pasillo estaba completamente vacío.

Las luces del bar parpadeaban.

Limón avanzó lentamente.

Un paso.

Otro.

Y otro.

De repente escuchó una voz detrás de él.

Voz misteriosa: —No debiste preparar el segundo vaso.

Limón se giró rápidamente.

No había nadie.

Fresa salió de la bodega.

Fresa: —¿Quién habló?

Limón miró alrededor.

Limón: —No lo sé.

Entonces Fresa miró hacia el suelo.

Había una pequeña llave metálica.

La recogió.

Fresa: —Esto estaba aquí antes?

Limón negó con la cabeza.

La llave tenía grabado el mismo símbolo que aparecía en la botella antigua.

Limón sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Limón: —Sé dónde encaja.
Fresa: —¿Dónde?

Limón miró hacia el fondo del bar.

Limón: —En la habitación que mi madre nunca me dejó abrir.

Fresa abrió los ojos.

Fresa: —¿Existe una habitación secreta aquí?
Limón: —No debería existir.

Caminaron rápidamente hacia una vieja pared cubierta de estantes.

Limón retiró varias cajas.

Detrás de ellas apareció una pequeña puerta de madera.

Durante años había permanecido oculta.

Limón introdujo la llave.

La cerradura hizo un sonido seco.

La puerta se abrió lentamente.

Un aire frío salió de la habitación.

Fresa tomó la mano de Limón.

Fresa: —No me gusta esto.
Limón: —A mí tampoco.

Encendieron una pequeña lámpara.

La habitación estaba llena de botellas.

Cientos de ellas.

Todas tenían el mismo símbolo.

Todas contenían líquidos de diferentes colores.

Pero había algo mucho más extraño.

En la pared había fotografías.

Fotografías de diferentes personas.

Personas que habían trabajado en aquel bar durante décadas.

Algunas fotografías eran extremadamente antiguas.

Y debajo de cada fotografía había una fecha.

Limón comenzó a observarlas.

Entonces se quedó completamente paralizado.

Había una fotografía de su madre.

Pero no estaba sola.

A su lado aparecía el dueño actual del bar.

Los dos eran mucho más jóvenes.

Limón: —Ellos se conocían.

Fresa tomó otra fotografía.

Su rostro cambió inmediatamente.

Fresa: —Limón…
Limón: —¿Qué pasa?

Fresa le entregó la fotografía.

En ella aparecía la madre de Fresa.

La misma mujer que Limón había visto reflejada en el cóctel.

Pero había algo imposible.

En la fotografía, ambas madres estaban juntas.

La madre de Limón.

Y la madre de Fresa.

Junto a la misma botella.

Fresa: —Entonces nuestras madres…
Limón: —Trabajaban juntas.

Un ruido detrás de ellos los hizo girarse.

La puerta secreta acababa de cerrarse.

Limón corrió hacia ella.

Intentó abrirla.

No pudo.

Limón: —¡Está cerrada!

Fresa comenzó a buscar desesperadamente otra salida.

Entonces vio una pequeña nota sobre una mesa.

La tomó.

Solo tenía una frase.

“SI ENTRARON JUNTOS, SOLO UNO PODRÁ SALIR.”

Fresa dejó caer el papel.

Fresa: —Limón…

Limón la miró.

Limón: —No te preocupes. Vamos a salir los dos.

De repente, todas las botellas comenzaron a vibrar.

Una después de otra.

El líquido dentro de ellas comenzó a iluminarse.

La habitación se llenó de reflejos.

Y en cada reflejo apareció la misma mujer.

La madre de Limón.

Fresa retrocedió.

Fresa: —¡Es ella!

Limón observó fijamente la imagen.

La mujer parecía intentar hablar.

Pero no salía ningún sonido.

Entonces señaló una botella específica.

La botella estaba escondida detrás de todas las demás.

Limón la tomó.

En la etiqueta aparecía una fecha.

Era el día en que su madre desapareció.

Limón sintió que sus manos comenzaban a temblar.

Limón: —Ella dejó esto para mí.

Fresa se acercó.

Fresa: —¿Cómo estás seguro?

Limón observó la etiqueta.

Debajo de la fecha había una pequeña frase escrita a mano.

“Cuando recuerdes el primer trago, abre esta botella.”

Limón respiró profundamente.

Quitó lentamente el corcho.

Pero antes de que pudiera probar el contenido, una voz real apareció detrás de ellos.

Dueño del bar: —¡NO LA ABRAS!

Limón y Fresa se giraron.

El dueño estaba parado frente a la puerta secreta.

Su rostro estaba completamente pálido.

Limón: —¿Qué sabes de mi madre?

El dueño permaneció en silencio.

Limón: —¡Dime la verdad!

El hombre miró la botella.

Dueño del bar: —Tu madre no desapareció.

Limón quedó inmóvil.

Fresa: —¿Entonces dónde está?

El dueño bajó la mirada.

Dueño del bar: —Está dentro del primer trago.

Limón abrió lentamente los ojos.

Y antes de que pudiera responder, la botella que sostenía comenzó a romperse desde dentro.

Una luz intensa llenó la habitación.

La figura de su madre apareció frente a él.

Esta vez no era un reflejo.

Estaba allí.

Mirándolo directamente.

Madre de Limón: —Hijo… no confíes en él.

El dueño del bar retrocedió.

Fresa miró a Limón.

Limón miró a su madre.

Y entonces ella señaló lentamente hacia Fresa.

Madre de Limón: —Ella tampoco te ha contado toda la verdad.

CONTINUARÁ…

Limón quedó completamente paralizado al escuchar aquellas palabras. Fresa comenzó a llorar y negó con la cabeza, asegurando que no sabía de qué estaba hablando. Pero la expresión de la madre de Limón dejaba claro que conocía un secreto que podía destruirlo todo.

Y lo peor estaba por descubrirse: la historia de aquel extraño cóctel no había comenzado con Limón, ni con su madre… había comenzado muchos años antes, con la familia de Fresa.