LA TRAICIÓN DE FRESA
Parte 2 — El secreto que Mango todavía no conoce
La puerta del apartamento se cerró con fuerza detrás de Mango.
Durante unos segundos, nadie se movió.
Fresa permaneció frente a la puerta, completamente paralizada, mirando el lugar por donde él acababa de salir. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su respiración era cada vez más rápida.
Había intentado detenerlo.
Había intentado explicarse.
Pero Mango ya no quería escucharla.
Para él, la imagen que había visto era suficiente.
Fresa junto a Banana.
En su propia casa.
En el lugar donde durante meses habían construido su relación.
Fresa se llevó las manos al rostro.
Banana se levantó lentamente del sofá.
Se acomodó la camisa y miró hacia la puerta.
Fresa se giró inmediatamente hacia él.
Banana levantó una ceja.
Banana soltó una pequeña risa.
Fresa lo miró confundida.
Fresa se quedó en silencio.
Banana se acercó.
Fresa negó con la cabeza.
Fresa miró nuevamente hacia la puerta.
Banana dejó de sonreír.
Fresa se acercó a Banana y bajó la voz.
Banana la observó durante varios segundos.
Fresa sintió un golpe emocional.
Banana negó lentamente con la cabeza.
Mientras tanto, varias calles más adelante, Mango caminaba solo.
No sabía hacia dónde iba.
Solo sabía que necesitaba alejarse.
La noche estaba tranquila, pero dentro de su cabeza todo era un caos.
Recordaba las palabras de Fresa.
Recordaba la sonrisa de Banana.
Recordaba el momento exacto en que abrió la puerta.
Y, sobre todo, recordaba una frase.
Mango apretó los puños.
Se detuvo frente a una pequeña cafetería.
Su teléfono comenzó a vibrar.
Era Fresa.
Mango miró la pantalla.
Una llamada.
Luego otra.
Después otra.
Mango no respondió.
Finalmente, recibió un mensaje.
Mango leyó el mensaje varias veces.
Su primera reacción fue borrar la conversación.
Pero algo lo detuvo.
Había algo extraño en esas palabras.
No decía “perdóname”.
No decía “te amo”.
Decía:
“Hay algo que no sabes.”
Mango levantó lentamente la mirada.
Volvió a mirar el teléfono.
Antes de que pudiera responder, apareció otro mensaje.
Mango quedó completamente inmóvil.
Algo no encajaba.
Si Fresa realmente lo había engañado, ¿por qué le estaba diciendo que investigara a Banana?
Mango comenzó a recordar detalles.
Banana parecía conocer demasiadas cosas.
La forma en que hablaba.
La seguridad con la que lo provocó.
Y aquella frase:
Mango sintió una extraña sospecha.
Decidió regresar.
Pero no directamente al apartamento.
Primero quería descubrir la verdad.
Mientras tanto, dentro del apartamento, Fresa había comenzado a buscar desesperadamente algo entre los cajones.
Banana la observaba.
Fresa lo miró.
Banana se quedó callado.
Fresa dejó de buscar.
Fresa se quedó mirando fijamente a Banana.
Fresa dio un paso atrás.
Banana sonrió.
Banana se acercó lentamente.
Fresa no respondió.
Su silencio fue suficiente.
Banana apretó la mandíbula.
En ese mismo momento, alguien llamó a la puerta.
Tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.
Fresa y Banana se miraron.
No hubo respuesta.
Volvieron a tocar.
Esta vez más fuerte.
Banana se acercó a la puerta.
Banana sonrió.
Abrió la puerta.
Pero no había nadie.
Solo había un pequeño sobre negro en el suelo.
Banana lo recogió.
En la parte frontal aparecía escrito un nombre.
MANGO
Banana abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
Su expresión cambió inmediatamente.
Fresa se acercó.
Banana no respondió.
Fresa le quitó la fotografía de las manos.
Al verla, se llevó una mano a la boca.
Era una fotografía antigua.
En ella aparecían Banana y Fresa.
Pero no estaban solos.
Había una tercera fruta.
Mango.
Los tres aparecían juntos muchos años atrás.
Y detrás de ellos había un lugar que Fresa reconoció inmediatamente.
Fresa miró la fotografía con desesperación.
De repente, el teléfono de Fresa comenzó a sonar.
Número desconocido.
Fresa respondió.
Al otro lado de la llamada se escuchó una voz distorsionada.
Fresa se quedó congelada.
La llamada terminó.
Fresa miró lentamente a Banana.
Banana negó con la cabeza.
Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Mango se encontraba frente a una antigua casa abandonada.
Había recibido una ubicación en un mensaje anónimo.
No sabía quién se la había enviado.
Pero la dirección le resultaba familiar.
Mango miró la vieja puerta.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Entró.
La casa estaba completamente vacía.
En el centro de la sala había una mesa.
Sobre la mesa había una caja.
Mango la abrió.
Dentro había fotografías.
Cartas.
Y una pequeña llave.
Mango tomó la primera fotografía.
Su rostro cambió.
Era él.
Mucho más joven.
Junto a Fresa.
Y Banana estaba detrás de ellos.
Pero había algo todavía más extraño.
En la parte posterior de la fotografía había una fecha.
Y una frase escrita a mano.
Mango sintió que sus manos comenzaban a temblar.
Entonces escuchó pasos detrás de él.
Se giró lentamente.
Una figura estaba parada en la entrada.
Mango retrocedió.
La figura avanzó lentamente hacia la luz.
Mango levantó la fotografía.
Sus ojos se abrieron completamente.
Reconocía a esa persona.
La había visto antes.
Pero no podía entender qué hacía allí.
La figura lo miró fijamente.
Mango dio un paso atrás.
La figura señaló la fotografía.
Mango quedó completamente inmóvil.
La figura continuó:
Mango miró nuevamente la fotografía.
Entonces la figura pronunció las palabras que cambiarían completamente la historia.
CONTINUARÁ…
Mango todavía cree que todo comenzó con la traición de Fresa, pero acaba de descubrir que existe una historia mucho más antigua entre él, Fresa y Banana. Una historia que él mismo olvidó por completo.
Mientras Fresa y Banana intentan encontrarlo antes de que descubra toda la verdad, una persona misteriosa acaba de revelar que el engaño que destruyó su relación solamente era una pequeña parte de algo mucho más grande.
Y ahora Mango tendrá que descubrir quién le hizo olvidar lo que realmente ocurrió aquella noche.
