LA SIRVIENTA QUE RECIBIÓ UNA BOFETADA POR SABER DEMASIADO
La fortuna era solo el comienzo. Detrás de la traición de Lady Baek se escondía un hombre al que todos daban por muerto.
1. El muerto que seguía dando órdenes
El salón de la mansión quedó en completo silencio. El administrador seguía arrodillado frente a Lord Kang Do-Yun, con las manos temblorosas y la mirada clavada en el suelo.
Lady Baek Hwa-Ran retrocedió al reconocer el sello de la bolsa. Era una insignia de jade negro que había pertenecido a Kang Seok-Jin, el hermano mayor de su esposo, desaparecido hacía cinco años después de un supuesto accidente en el río.
Durante años, la familia había celebrado ceremonias en su memoria. Habían colocado una tablilla con su nombre en el altar familiar. Incluso habían declarado oficialmente su muerte.
Pero Lady Baek sabía algo que los demás ignoraban: semanas antes de su desaparición, Seok-Jin había descubierto documentos que demostraban que alguien dentro de la familia estaba desviando la fortuna de los Kang.
—Mírame a los ojos y repite lo que acabas de decir. ¿Quién te ordenó sacar el dinero de mi casa?
—Mi señor… recibí las instrucciones de un mensajero. Nunca vi su rostro. Pero cada orden llevaba el sello del señor Kang Seok-Jin.
Los sirvientes comenzaron a murmurar. Algunos se persignaron instintivamente, mientras otros miraban hacia la puerta, como si esperaran ver entrar a un fantasma.
—¡Eso es imposible! ¡Seok-Jin está muerto! ¡Yo misma asistí al funeral!
Lord Kang no apartó la mirada de su esposa.
—Tú asististe a un funeral. Nunca viste el cuerpo.
Por primera vez aquella noche, Lady Baek no encontró una respuesta.
2. La verdadera razón de la bofetada
Han So-Yeon permanecía junto al cofre. Su mejilla todavía estaba enrojecida, pero ya no parecía la criada asustada que había intentado advertir a su amo unas horas antes.
Lord Kang se acercó a ella y puso sobre la mesa un segundo documento. Era el registro de los pagos secretos realizados durante los últimos tres meses. En la última página aparecía el nombre de So-Yeon.
—¿Por qué aparece mi nombre en esos registros, mi señor? Yo nunca he recibido dinero de nadie.
—Porque alguien estuvo pagando para que te despidieran, te acusaran de robo o te enviaran lejos de esta mansión. Cada vez que intentabas acercarte a mí con una advertencia, alguien intervenía.
So-Yeon sintió un nudo en la garganta. Recordó las veces que había encontrado su habitación revuelta, las monedas que aparecieron misteriosamente entre sus pertenencias y las amenazas que recibió después de preguntar por los libros contables.
Había creído que eran castigos por ser una sirvienta demasiado curiosa. Ahora comprendía que alguien llevaba meses intentando silenciarla.
—Entonces, ¿usted sabía que yo estaba en peligro?
—Lo sospechaba. Pero necesitaba una prueba que no pudieran destruir. Esta noche, cuando mi esposa te golpeó delante de todos, cometió un error: creyó que humillarte demostraría que eras insignificante. En realidad, confirmó que tenía miedo de lo que sabías.
So-Yeon bajó la mirada hacia el documento de la fortuna. La decisión del noble ya no parecía un acto de generosidad repentina. Era una forma de protegerla y, al mismo tiempo, de sacar a la luz una conspiración que había comenzado mucho antes de aquella noche.
—No necesito su fortuna para vengarme, mi señor. Solo quiero que nadie más sea castigado por decir la verdad.
Lord Kang guardó silencio unos segundos. Luego inclinó ligeramente la cabeza, como si acabara de escuchar algo que llevaba años esperando.
—Por eso te la entrego a ti. Porque eres la única persona de esta casa que no ha intentado comprar su silencio.
3. La confesión de Lady Baek
Lady Baek comprendió que estaba perdiendo el control. Si el administrador hablaba, saldrían a la luz los pagos secretos, los documentos falsificados y su plan para huir con la fortuna de su esposo.
Se acercó a Do-Yun y cambió repentinamente de actitud. Su voz se volvió suave, casi suplicante.
—Do-Yun, cariño… estás dejando que una criada destruya nuestro matrimonio. Todo lo hice por nosotros. Tu hermano iba a arruinar esta familia.
—¿Qué hiciste por nosotros? ¿Robaste mis tierras por amor? ¿Falsificaste mi firma por amor? ¿O planeabas dejarme sin nada porque creías que nunca descubriría la verdad?
La expresión de Lady Baek se endureció. La máscara de esposa preocupada desapareció por completo.
—¡Tú no sabes lo que tu hermano estaba preparando! ¡Seok-Jin quería entregarle la fortuna a los campesinos y dejar que la familia se hundiera! ¡Yo no iba a permitirlo!
El juez que había sido convocado desde el distrito dio un paso al frente.
—Acaba de admitir que conocía los planes de Kang Seok-Jin y que participó en el desvío de la fortuna. Sus palabras serán registradas.
Lady Baek se quedó inmóvil. Había confesado sin darse cuenta de que el juez estaba escribiendo cada palabra.
Dos guardias se acercaron para detenerla. Ella no opuso resistencia al principio. Solo miró a So-Yeon con un odio tan intenso que los demás sirvientes se apartaron.
—Disfruta de tu fortuna, criada. No sabes quién va a venir a buscarte cuando descubra que la tienes.
—Por primera vez en mi vida, señora, no tengo miedo de escuchar la verdad.
Los guardias se llevaron a Lady Baek mientras Lord Kang ordenaba asegurar los libros contables y proteger a todos los sirvientes que pudieran declarar.
4. La carta escondida en el cofre
Cuando el salón quedó casi vacío, Do-Yun le pidió a So-Yeon que se acercara. En el fondo del cofre había una pequeña caja de madera que no contenía monedas ni joyas. Dentro descansaba una carta amarillenta, atada con un hilo rojo.
El noble se la entregó con cuidado.
—La encontré entre las pertenencias de mi padre después de su muerte. Nunca pude entender por qué la escondió. Esta noche, el sello de tu administrador me ha dado la respuesta.
So-Yeon abrió la carta. La escritura era irregular, como si hubiera sido escrita por alguien herido o con muy poco tiempo. Solo necesitó leer la primera línea para sentir que las piernas le fallaban.
—Do-Yun, si estás leyendo esto, significa que no pude regresar. No confíes en Baek Hwa-Ran. Ella no trabaja sola. El hombre que me ayudó a escapar de la muerte lleva años viviendo bajo tu techo, usando otro nombre y esperando el momento de reclamar lo que le pertenece.
So-Yeon levantó la vista lentamente.
—¿Quién más vive aquí, mi señor?
Do-Yun abrió la boca para responder, pero un ruido procedente del corredor los interrumpió. Alguien había dejado caer una bandeja de metal. Cuando ambos miraron hacia la puerta, encontraron a un sirviente anciano, encargado de cuidar el pabellón familiar.
El hombre observaba la carta con el rostro completamente pálido.
—¿Qué haces ahí? ¿Cuánto tiempo llevas escuchando?
El anciano no contestó. Lentamente, se arremangó la túnica y mostró una cicatriz profunda que le cruzaba la muñeca. So-Yeon reconoció la misma marca dibujada en el reverso de la carta.
El hombre se arrodilló ante Lord Kang.
—Perdóname, joven señor. He guardado este secreto durante cinco años. Pero ya no puedo seguir ocultándolo.
