LA REINA ORDENÓ SILENCIAR AL HERMANO DE LA SIRVIENTA… ¡PERO ÉL HABÍA ESCONDIDO UNA PRUEBA QUE PODÍA DESTRUIRLA!\
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—¡Encontramos al hermano de la sirvienta… pero alguien ya le cortó la lengua!\
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Las palabras del guardia cayeron sobre el salón como una sentencia.\
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Han Seo-Yun dejó de respirar por un instante. La pequeña bolsa de seda que sostenía se le resbaló entre los dedos y cayó al suelo. Ni siquiera escuchó el ruido que hizo al tocar las baldosas. En su mente solo existía una imagen: su hermano menor, Han Min-Jae, el niño que había prometido proteger cuando ambos quedaron huérfanos.\
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—¿Dónde está? —preguntó, avanzando hacia el guardia—. ¡Dime dónde está mi hermano!\
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El rey Lee Gyeom levantó una mano para impedir que los soldados la sujetaran.\
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\Rey Lee Gyeom:\ Está en la enfermería real. Los médicos están intentando salvarle la vida.\
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\Seo-Yun:\ ¡Déjeme verlo! ¡Por favor, majestad, es mi única familia!\
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\Rey Lee Gyeom:\ Lo verás. Te doy mi palabra. Pero primero necesito saber por qué alguien está dispuesto a mutilar a tu hermano para impedir que hable.\
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Seo-Yun miró a la reina.\
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Yoon Hwa-Ran permanecía junto a los escalones del trono, con la espalda recta y el mentón levantado. Cualquiera que la observara desde lejos habría creído que estaba indignada por aquella acusación. Pero Seo-Yun conocía el detalle que la delataba: cuando la reina mentía, apretaba el pulgar contra el anillo de jade de su mano derecha.\
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Lo estaba haciendo en ese mismo instante.\
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—Fue ella —susurró Seo-Yun.\
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Los ministros comenzaron a murmurar. La reina abrió los ojos con fingida incredulidad.\
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\Reina Yoon Hwa-Ran:\ ¡Esta muchacha ha perdido la razón! Primero me golpea y ahora pretende acusar a la reina de un crimen.\
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\Seo-Yun:\ Usted amenazó con matar a mi hermano antes de que yo le diera la bofetada. Sabía que él podía revelar algo.\
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\Reina Yoon Hwa-Ran:\ ¡Guardias! ¡Que se la lleven antes de que contagie su locura a toda la corte!\
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\Rey Lee Gyeom:\ ¡El próximo guardia que obedezca una orden suya sin mi autorización será encadenado junto a ella!\
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Los soldados bajaron las armas. Por primera vez en muchos años, la reina comprendió que su palabra ya no bastaba para controlar el salón.\
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El secreto que el hermano no pudo pronunciar\
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El rey ordenó cerrar todas las puertas del palacio y prohibió que cualquier persona abandonara el recinto sin permiso. Después condujo a Seo-Yun por un corredor lateral hacia la enfermería real.\
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La joven caminaba deprisa, con las manos heladas y la respiración entrecortada. Al llegar, encontró a Min-Jae tendido sobre una cama baja. Tenía el rostro pálido y los ojos cerrados. Un médico le había vendado el cuello y dos asistentes cambiaban cuidadosamente las compresas que cubrían la herida.\
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Seo-Yun se arrodilló a su lado y tomó su mano.\
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—Min-Jae… soy yo. Ya estoy aquí. No tienes que tener miedo.\
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El joven abrió los ojos. Cuando la reconoció, una lágrima resbaló por su mejilla. Intentó hablar, pero solo consiguió emitir un sonido ahogado. Seo-Yun apretó sus dedos y se inclinó hacia él.\
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—No hables. No tienes que demostrarme nada. Solo quédate conmigo.\
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Pero Min-Jae comenzó a agitar la mano con desesperación. Señaló su pecho y luego hizo un gesto hacia la manga de su ropa.\
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El médico trató de tranquilizarlo.\
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\Médico real:\ Debe descansar. Si se esfuerza, la herida podría empeorar.\
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\Seo-Yun:\ Está intentando decirnos algo.\
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\Rey Lee Gyeom:\ Déjenlo. Que se exprese como pueda.\
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Con movimientos lentos, Min-Jae introdujo dos dedos en el forro de su manga y extrajo un pequeño cilindro de bambú. Estaba cubierto de suciedad y tenía una grieta cerca de la tapa. Lo colocó en la palma de su hermana.\
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Seo-Yun lo abrió. Dentro encontró un trozo de papel enrollado, protegido con una fina capa de cera. La tinta se había extendido en algunas partes, pero varias líneas todavía podían leerse.\
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El rey se acercó para observarlo.\
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En la parte superior aparecía el sello de la residencia del príncipe heredero, el hermano mayor del actual monarca, asesinado diecisiete años atrás.\
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Lee Gyeom perdió el color del rostro.\
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\Rey Lee Gyeom:\ ¿Dónde conseguiste esto?\
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\Seo-Yun:\ No lo sé, majestad. Mi hermano debió esconderlo antes de que lo atacaran.\
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\Rey Lee Gyeom:\ Este sello fue destruido después del funeral de mi hermano. Nadie debía conservar una copia.\
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El rey desenrolló el documento con cuidado. Había una lista de nombres, una fecha y una orden de traslado. En la última línea aparecía una frase escrita con tinta roja:\
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«El príncipe no murió por enfermedad. La orden fue ejecutada antes de que pudiera llegar el médico.»\
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El silencio se volvió insoportable.\
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El monarca leyó la frase una segunda vez. Su hermano había muerto después de una fiebre repentina. Así se lo habían explicado cuando todavía era demasiado joven para cuestionar a los consejeros de la corte. La reina viuda había ordenado el funeral de inmediato y prohibido que los médicos hablaran de los últimos momentos del príncipe.\
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—Me dijeron que sufrió hasta el amanecer —murmuró—. Me dijeron que nadie pudo salvarlo.\
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Seo-Yun miró el documento.\
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—Alguien quiso que usted creyera eso.\
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El rey cerró los ojos. Durante diecisiete años había vivido con la sospecha de que la muerte de su hermano no había sido natural. Ahora tenía frente a él la primera prueba concreta.\
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Pero el documento tenía algo más: al pie de la orden había una firma incompleta. El nombre estaba parcialmente borrado, aunque las dos primeras sílabas todavía podían distinguirse.\
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Lee Gyeom reconoció la caligrafía.\
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Era la de su propia madre.\
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La reina no había sido la única conspiradora\
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El rey se apartó de la cama. Durante un momento, pareció que iba a derrumbarse. Después su rostro se endureció y volvió a convertirse en el monarca que todos temían desafiar.\
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—Que nadie vea este documento —ordenó—. Ni siquiera los ministros. Si la noticia llega a los oídos equivocados, los responsables harán desaparecer todas las pruebas.\
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Seo-Yun guardó el papel dentro del cilindro.\
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—Mi hermano casi muere por conservarlo. Si lo escondemos, ¿cómo vamos a conseguir justicia?\
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—Si lo mostramos ahora, la corte se dividirá. Hay ministros que le deben sus cargos a mi madre. Otros obedecen a la reina. No sé cuántos siguen siendo leales a la verdad.\
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—Entonces no confíe en ninguno de ellos —respondió Seo-Yun—. Confíe en lo que usted mismo vea.\
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El rey la observó. No hablaba como una sirvienta que buscaba salvar su vida. Hablaba como alguien que había pasado años observando desde las sombras a personas poderosas ocultar sus crímenes.\
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—¿Por qué estabas en el palacio la noche en que murió mi hermano? —preguntó finalmente.\
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Seo-Yun bajó la mirada.\
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—Yo era una niña. Mi madre trabajaba en la cocina real. Aquella noche me llevó con ella porque no tenía con quién dejarme. Escuché una discusión detrás de una puerta. Un hombre suplicaba que dejaran salir al príncipe para llamar a los médicos.\
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—¿Y qué ocurrió?\
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—La puerta se abrió. Vi a un hombre salir con las manos cubiertas por las mangas. Tenía sangre en la muñeca. Cuando me vio, me ordenó olvidar lo que había escuchado.\
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—¿Quién era?\
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Seo-Yun tragó saliva. Recordaba aquel rostro con una claridad que la había perseguido durante toda su vida.\
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—No vi bien su cara. Pero reconocí su voz cuando la escuché años después. Era el hombre que vino a nuestra casa y acusó a mi hermano de robar documentos del palacio.\
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El rey se acercó un paso.\
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—Dime su nombre.\
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Seo-Yun abrió la boca, pero un golpe violento en la puerta la interrumpió.\
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Un guardia entró sin esperar permiso. Se arrodilló y bajó la cabeza.\
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\Guardia real:\ Majestad, la reina solicita una audiencia inmediata. Afirma que puede demostrar que la sirvienta falsificó el documento.\
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\Rey Lee Gyeom:\ ¿Y quién la acompaña?\
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\Guardia real:\ La reina madre.\
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El rey se quedó inmóvil.\
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La mujer que había firmado la orden de traslado estaba viva, dentro del palacio, y ahora exigía enfrentarse a la única testigo que podía destruir su versión de la historia.\
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Seo-Yun miró a Min-Jae. El joven le apretó la mano con las pocas fuerzas que le quedaban y movió los labios, intentando formar una palabra.\
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Su hermana se inclinó hasta casi tocarle el rostro.\
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Él logró emitir un susurro apenas audible:\
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—Madre…\
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Seo-Yun se quedó helada.\
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Su madre había muerto cuando ella era pequeña. Al menos, eso le habían dicho toda su vida.\
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La revelación final\
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El rey ordenó al guardia que no permitiera entrar a nadie. Sin embargo, antes de que pudiera dar otra instrucción, se escucharon pasos lentos al otro lado de la puerta.\
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Una voz anciana habló con una calma aterradora:\
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—Majestad, no pierda el tiempo interrogando a esa muchacha. Si quiere conocer la verdad sobre su hermano, pregúntele a la mujer que lleva diecisiete años enterrada bajo un nombre falso.\
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El rey se acercó a la puerta.\
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—¿Quién eres?\
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La respuesta llegó acompañada de una risa breve.\
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—La única persona que sabe dónde está la madre de esa sirvienta.\
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Seo-Yun sintió que las piernas le fallaban. La puerta comenzó a abrirse lentamente… y una mano femenina dejó caer al suelo una horquilla idéntica a la que su madre llevaba el día de su desaparición.\
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El rostro de Seo-Yun perdió todo color.\
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\La mujer que estaba al otro lado de la puerta conocía el secreto que podía destruir a la reina… y también el que podía destruir al rey.\\
