“SU ESPOSO LA VENDIÓ SIN SABER QUE ERA LA HIJA DE LA REINA… ¡Y AHORA TODOS DEBÍAN ARRODILLARSE ANTE ELLA! 😱👑 | PARTE 2”,

“SU ESPOSO LA VENDIÓ SIN SABER QUE ERA LA HIJA DE LA REINA… ¡Y AHORA TODOS DEBÍAN ARRODILLARSE ANTE ELLA! 😱👑 | PARTE 2”,

SU ESPOSO LA VENDIÓ SIN SABER QUE ERA UNA PRINCESA… ¡PERO LA NOTICIA DE SU MADRE CAMBIÓ TODO! 👑

La mujer que todos habían humillado estaba a punto de descubrir por qué desapareció de la familia real.

La princesa que nadie se atrevía a mirar

El salón aristocrático quedó completamente en silencio.

Lord Kang observaba con incredulidad cómo los guardias reales permanecían arrodillados frente a Yoon-Hwa. Minutos antes, aquella mujer había suplicado de rodillas para que su esposo no la abandonara. Ahora, los hombres más poderosos de la residencia ni siquiera se atrevían a levantar la mirada hacia ella.

Yoon-Hwa miró el pequeño adorno de jade que llevaba en el cabello. Su madre se lo había entregado cuando era niña, antes de desaparecer de su vida. Siempre creyó que se trataba de una joya familiar sin importancia.

Pero el comerciante Cho tenía los ojos llenos de lágrimas.

El comerciante se inclinó profundamente.

Yoon-Hwa sintió que las piernas le temblaban.

Diez años. Toda una década viviendo sin conocer su verdadero origen. Diez años creyendo que era una mujer corriente, soportando desprecios y aceptando que otros decidieran su destino.

Y ahora aquel desconocido le decía que era la hija de una reina.

El comerciante bajó la cabeza. Aquella pregunta era precisamente la que llevaba diez años intentando responder.

Entonces sacó de su túnica un pequeño estuche de madera oscura. Dentro había un documento antiguo, protegido por una tela de seda. El papel llevaba un sello real que coincidía con el grabado de su adorno de jade.

Yoon-Hwa extendió la mano, pero antes de tocarlo, escuchó una voz furiosa detrás de ella.

El capitán real se puso de pie y se interpuso entre el noble y la joven.

Lord Kang intentó recuperar su arrogancia, pero ya no encontraba una sola persona dispuesta a apoyarlo. Los mismos invitados que se habían reído cuando Yoon-Hwa cayó de rodillas ahora se apartaban de él, temerosos de quedar relacionados con su crueldad.

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El hombre que la vendió quiso reclamarla

Lord Kang se acercó a Yoon-Hwa con una expresión completamente diferente. La dureza de su rostro desapareció y fue sustituida por una sonrisa forzada.

Yoon-Hwa lo miró en silencio.

Recordó sus súplicas, la manera en que él la había apartado y las risas de los invitados. Recordó la firma estampada en aquel documento y aquellas palabras que le habían destrozado el corazón.

Nunca te amé. Solo eras una carga.

El recuerdo le dolió, pero esta vez no bajó la cabeza.

El comerciante Cho se interpuso con el rostro endurecido.

Hizo una señal a los guardias. Dos soldados se colocaron junto a Lord Kang, impidiéndole acercarse a la princesa.

Pero Yoon-Hwa levantó la mano para detenerlos.

El capitán inclinó la cabeza.

Lord Kang palideció. Había perdido su oportunidad de escapar mediante disculpas. La mujer a la que había tratado como una carga acababa de demostrar más dignidad que todos los nobles que lo habían acompañado en su humillación.

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La noticia que podía cambiar la historia

El capitán real se acercó nuevamente con un segundo documento. Esta vez, su expresión era sombría.

Yoon-Hwa dejó de respirar por un instante.

Yoon-Hwa se llevó una mano al pecho. Durante toda su vida había imaginado a su madre como una mujer que la abandonó. Nunca se permitió pensar que quizá también había estado buscándola.

El comerciante Cho sacó una pequeña bolsa de seda y colocó sobre la mesa un segundo objeto: una horquilla dorada con una flor grabada.

Yoon-Hwa tomó su joya y le dio la vuelta. Nunca había examinado la parte posterior con atención. Allí, casi oculto por los años, había un pequeño grabado en forma de flor.

Los dos símbolos eran idénticos.

Por primera vez, la posibilidad de reencontrarse con su madre dejó de ser un simple deseo y se convirtió en una esperanza real.

El capitán asintió y abrió el documento que había traído consigo.

Yoon-Hwa sintió que el corazón le latía con fuerza. Quizá aquel hombre conocía la verdad. Quizá podía conducirla hasta su madre.

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La carta escondida durante diez años

Antes de abandonar la residencia, el comerciante pidió unos minutos para revisar el registro de nacimiento. Al desplegar por completo el documento, descubrió una segunda hoja doblada entre las capas de seda.

La carta estaba escrita con una letra delicada. En la parte inferior aparecía el sello personal de la reina Hye-Rin.

Yoon-Hwa la tomó con manos temblorosas y comenzó a leer.

Yoon-Hwa levantó la mirada.

El comerciante se acercó para leer el resto de la carta. La última parte estaba manchada, como si alguien hubiera intentado borrar las palabras antes de esconderla.

El salón volvió a quedar en silencio.

El comerciante Cho miró la flor grabada en la joya. Después miró al capitán real. Ambos comprendieron que la carta no solo confirmaba la supervivencia de la reina: también revelaba que la desaparición de Yoon-Hwa había sido organizada desde dentro del palacio.

El capitán se acercó y bajó la voz.

Yoon-Hwa sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

El capitán no respondió inmediatamente. Sacó un pequeño fragmento de pergamino que llevaba oculto bajo su armadura.

El comerciante Cho cerró los ojos, recordando todos los años de búsqueda. Había perseguido pistas por distintas provincias, interrogado a antiguos servidores y arriesgado su fortuna para encontrar a la princesa. Nunca imaginó que la respuesta pudiera conducir hasta la persona más poderosa del reino.

Yoon-Hwa apretó la carta contra su pecho.

Su esposo la había vendido por unas tierras. Los nobles se habían reído de su desgracia. Pero la humillación que había sufrido era apenas una pequeña parte de una conspiración que comenzó cuando era una niña.

Ahora tenía una pista para encontrar a su madre y una pregunta que podía poner en peligro su vida.

El secreto que nadie debía descubrir

Mientras los guardias preparaban el carruaje real, un sirviente anciano se acercó discretamente al comerciante y le entregó una nota sin firmar.

Cho la abrió. Su rostro perdió todo el color.

La nota contenía una sola frase:

El comerciante levantó la mirada hacia Yoon-Hwa. Por primera vez en diez años, estaba cerca de encontrar a la reina. Pero el precio podía ser perder a la hija que había jurado proteger.

Y entonces descubrió un detalle que hizo que sus manos comenzaran a temblar: la nota estaba sellada con el mismo símbolo que aparecía en la carta de la reina.

¿Quién estaba enviando aquellos mensajes? ¿La reina realmente seguía viva o alguien estaba utilizando su nombre para atraer a la princesa hacia una trampa?

La verdad sobre la antigua reina está cada vez más cerca, pero la próxima decisión de Yoon-Hwa podría cambiar el destino de todo el reino.

CONTINUARÁ…