SU ESPOSO LA VENDIÓ SIN SABER QUE ERA UNA PRINCESA… ¡PERO LA NOTICIA DE SU MADRE CAMBIÓ TODO! 👑
La mujer que todos habían humillado estaba a punto de descubrir por qué desapareció de la familia real.
La princesa que nadie se atrevía a mirar
El salón aristocrático quedó completamente en silencio.
Lord Kang observaba con incredulidad cómo los guardias reales permanecían arrodillados frente a Yoon-Hwa. Minutos antes, aquella mujer había suplicado de rodillas para que su esposo no la abandonara. Ahora, los hombres más poderosos de la residencia ni siquiera se atrevían a levantar la mirada hacia ella.
Yoon-Hwa miró el pequeño adorno de jade que llevaba en el cabello. Su madre se lo había entregado cuando era niña, antes de desaparecer de su vida. Siempre creyó que se trataba de una joya familiar sin importancia.
Pero el comerciante Cho tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Necesito que alguien me explique qué está sucediendo. ¿Por qué me llaman princesa? ¿Quién era realmente mi madre?
El comerciante se inclinó profundamente.
—Su madre fue la reina Hye-Rin, la mujer más amada por el antiguo rey. Usted nació como heredera de sangre real. Hace diez años, desapareció durante una noche de disturbios en el palacio. Desde entonces, he dedicado mi vida a encontrarla.
Yoon-Hwa sintió que las piernas le temblaban.
Diez años. Toda una década viviendo sin conocer su verdadero origen. Diez años creyendo que era una mujer corriente, soportando desprecios y aceptando que otros decidieran su destino.
Y ahora aquel desconocido le decía que era la hija de una reina.
—Si mi madre era una reina, ¿por qué me abandonó? ¿Por qué nadie vino a buscarme antes?
El comerciante bajó la cabeza. Aquella pregunta era precisamente la que llevaba diez años intentando responder.
—Porque alguien hizo desaparecer todas las pruebas de su nacimiento. Cada persona que conocía su identidad fue amenazada, desterrada o asesinada. Yo solo pude conservar una cosa: el registro original de su nacimiento.
Entonces sacó de su túnica un pequeño estuche de madera oscura. Dentro había un documento antiguo, protegido por una tela de seda. El papel llevaba un sello real que coincidía con el grabado de su adorno de jade.
Yoon-Hwa extendió la mano, pero antes de tocarlo, escuchó una voz furiosa detrás de ella.
—¡Esto es absurdo! ¡Esa mujer es mi esposa! ¡No permitiré que me la arrebaten con una historia inventada!
El capitán real se puso de pie y se interpuso entre el noble y la joven.
—¡Mida sus palabras! Está hablando de la hija de la antigua reina.
Lord Kang intentó recuperar su arrogancia, pero ya no encontraba una sola persona dispuesta a apoyarlo. Los mismos invitados que se habían reído cuando Yoon-Hwa cayó de rodillas ahora se apartaban de él, temerosos de quedar relacionados con su crueldad.
El hombre que la vendió quiso reclamarla
Lord Kang se acercó a Yoon-Hwa con una expresión completamente diferente. La dureza de su rostro desapareció y fue sustituida por una sonrisa forzada.
—Mi querida esposa… todo esto ha sido un terrible malentendido. Estaba desesperado por las deudas. Tú sabes que nunca habría permitido que te ocurriera algo malo.
Yoon-Hwa lo miró en silencio.
Recordó sus súplicas, la manera en que él la había apartado y las risas de los invitados. Recordó la firma estampada en aquel documento y aquellas palabras que le habían destrozado el corazón.
Nunca te amé. Solo eras una carga.
El recuerdo le dolió, pero esta vez no bajó la cabeza.
—Cuando creías que yo no tenía nada, me vendiste para salvar tus tierras. Ahora que piensas que puedo darte poder, dices que soy tu querida esposa.
—¡Estaba bajo presión! ¡Podemos empezar de nuevo! ¡Soy tu esposo legítimo!
El comerciante Cho se interpuso con el rostro endurecido.
—No existe contrato que pueda convertir a una persona en propiedad de otra. Y mucho menos un documento firmado bajo la falsa pretensión de que una esposa puede ser vendida.
Hizo una señal a los guardias. Dos soldados se colocaron junto a Lord Kang, impidiéndole acercarse a la princesa.
Pero Yoon-Hwa levantó la mano para detenerlos.
—No quiero que lo castiguen simplemente porque ahora saben quién soy. Quiero que responda por lo que hizo cuando pensaba que yo no tenía poder para defenderme.
El capitán inclinó la cabeza.
—Así se hará, alteza. Sus actos serán investigados conforme a la ley del reino.
Lord Kang palideció. Había perdido su oportunidad de escapar mediante disculpas. La mujer a la que había tratado como una carga acababa de demostrar más dignidad que todos los nobles que lo habían acompañado en su humillación.
La noticia que podía cambiar la historia
El capitán real se acercó nuevamente con un segundo documento. Esta vez, su expresión era sombría.
—Alteza, hay algo más que debe saber. Hemos recibido información de un antiguo médico de la corte. Según sus registros, la reina Hye-Rin no murió durante los disturbios.
Yoon-Hwa dejó de respirar por un instante.
—¿Qué acaba de decir?
—El médico asegura que la reina sobrevivió y fue trasladada en secreto fuera de la capital. Desde entonces, nadie ha podido confirmar dónde se encuentra.
Yoon-Hwa se llevó una mano al pecho. Durante toda su vida había imaginado a su madre como una mujer que la abandonó. Nunca se permitió pensar que quizá también había estado buscándola.
El comerciante Cho sacó una pequeña bolsa de seda y colocó sobre la mesa un segundo objeto: una horquilla dorada con una flor grabada.
—Esta horquilla fue encontrada en la última residencia donde se vio a la reina. Tiene el mismo símbolo que aparece en el reverso de su adorno de jade.
Yoon-Hwa tomó su joya y le dio la vuelta. Nunca había examinado la parte posterior con atención. Allí, casi oculto por los años, había un pequeño grabado en forma de flor.
Los dos símbolos eran idénticos.
Por primera vez, la posibilidad de reencontrarse con su madre dejó de ser un simple deseo y se convirtió en una esperanza real.
—Quiero encontrarla. No me importa cuánto tiempo tome. Necesito escuchar de sus propios labios por qué desapareció y qué ocurrió aquella noche.
—Le juro que la encontraré, alteza. Pero debemos actuar con cuidado. Si la reina sigue viva, alguien ha tenido que ocultarla durante diez años. Esa persona no permitirá que la encontremos fácilmente.
El capitán asintió y abrió el documento que había traído consigo.
—Hay un nombre en el registro del médico. Un antiguo guardia de la reina fue visto hace tres días cerca de una fortaleza abandonada al norte. Se dice que nunca abandonó su puesto porque prometió proteger a alguien hasta su último aliento.
Yoon-Hwa sintió que el corazón le latía con fuerza. Quizá aquel hombre conocía la verdad. Quizá podía conducirla hasta su madre.
La carta escondida durante diez años
Antes de abandonar la residencia, el comerciante pidió unos minutos para revisar el registro de nacimiento. Al desplegar por completo el documento, descubrió una segunda hoja doblada entre las capas de seda.
La carta estaba escrita con una letra delicada. En la parte inferior aparecía el sello personal de la reina Hye-Rin.
Yoon-Hwa la tomó con manos temblorosas y comenzó a leer.
—A mi hija, si algún día estas palabras llegan a tus manos: perdóname por no haber podido permanecer a tu lado. Si estás leyendo esta carta, significa que alguien ha conseguido encontrarte. No confíes en quienes te digan que tu desaparición fue un accidente. La persona que ordenó separarnos sigue viva y ocupa un lugar que jamás debería haber ocupado.
Yoon-Hwa levantó la mirada.
El comerciante se acercó para leer el resto de la carta. La última parte estaba manchada, como si alguien hubiera intentado borrar las palabras antes de esconderla.
—El día que desapareciste, el hombre que abrió las puertas a tus secuestradores llevaba el emblema del palacio. Si algún día regresas, busca la flor grabada en el jade. Ella te conducirá hasta la única persona que conoce el nombre del verdadero traidor.
El salón volvió a quedar en silencio.
El comerciante Cho miró la flor grabada en la joya. Después miró al capitán real. Ambos comprendieron que la carta no solo confirmaba la supervivencia de la reina: también revelaba que la desaparición de Yoon-Hwa había sido organizada desde dentro del palacio.
El capitán se acercó y bajó la voz.
—Alteza… hay algo que no le hemos contado. El hombre que custodiaba las puertas la noche de su desaparición recibió una orden firmada por el propio rey.
Yoon-Hwa sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿El rey? ¿Mi propio padre?
El capitán no respondió inmediatamente. Sacó un pequeño fragmento de pergamino que llevaba oculto bajo su armadura.
—No sabemos si la orden era auténtica. Pero el sello pertenece a la cámara privada del rey y la firma coincide con la de los decretos oficiales de aquella época.
El comerciante Cho cerró los ojos, recordando todos los años de búsqueda. Había perseguido pistas por distintas provincias, interrogado a antiguos servidores y arriesgado su fortuna para encontrar a la princesa. Nunca imaginó que la respuesta pudiera conducir hasta la persona más poderosa del reino.
Yoon-Hwa apretó la carta contra su pecho.
Su esposo la había vendido por unas tierras. Los nobles se habían reído de su desgracia. Pero la humillación que había sufrido era apenas una pequeña parte de una conspiración que comenzó cuando era una niña.
Ahora tenía una pista para encontrar a su madre y una pregunta que podía poner en peligro su vida.
El secreto que nadie debía descubrir
Mientras los guardias preparaban el carruaje real, un sirviente anciano se acercó discretamente al comerciante y le entregó una nota sin firmar.
Cho la abrió. Su rostro perdió todo el color.
La nota contenía una sola frase:
—Si la princesa quiere encontrar a su madre, deberá llegar sola a la fortaleza del norte. Si lleva soldados, la reina morirá antes del amanecer.
El comerciante levantó la mirada hacia Yoon-Hwa. Por primera vez en diez años, estaba cerca de encontrar a la reina. Pero el precio podía ser perder a la hija que había jurado proteger.
Y entonces descubrió un detalle que hizo que sus manos comenzaran a temblar: la nota estaba sellada con el mismo símbolo que aparecía en la carta de la reina.
¿Quién estaba enviando aquellos mensajes? ¿La reina realmente seguía viva o alguien estaba utilizando su nombre para atraer a la princesa hacia una trampa?
