🎬 EL SECRETO QUE DESTROZÓ SU MATRIMONIO

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EL SECRETO QUE DESTROZÓ SU MATRIMONIO

Parte 3 — La verdad que ninguno de los dos estaba preparado para conocer

La lluvia continuaba golpeando lentamente el techo de la antigua residencia. El sonido de las gotas
llenaba el silencio que había quedado entre Seo-Rin y Tae-Hyun.

Ninguno de los dos hablaba.

Sobre la mesa permanecía el documento que había cambiado para siempre la forma en que Seo-Rin veía
a su esposo.

Ella seguía mirándolo.

Ya no con el cariño de antes.

Tampoco con la confianza con la que había entrado en aquella habitación.

Ahora lo miraba como si estuviera intentando reconocer al hombre con quien había compartido tantos
momentos.

—Dime toda la verdad —dijo finalmente.

Tae-Hyun permaneció inmóvil.

—No sé si estás preparada para escucharla.

Seo-Rin soltó una pequeña risa amarga.

—Después de todo lo que acabas de decirme, ¿todavía crees que existe algo peor?

Tae-Hyun bajó la mirada.

—Sí.

Seo-Rin sintió un escalofrío.

—Entonces habla.

Él respiró profundamente.

—La desgracia de tu familia no comenzó con mis padres.

Seo-Rin frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Mi padre heredó un conflicto que ya existía antes de que yo naciera.

—Eso no cambia nada.

—Lo sé.

—Entonces no intentes justificarlo.

Tae-Hyun levantó los ojos.

—No estoy intentando justificarlo.

Hizo una pausa.

—Estoy intentando explicarte por qué mi familia tuvo tanto miedo de que descubrieras la verdad.

El documento escondido

Tae-Hyun tomó el documento que Seo-Rin había dejado sobre la mesa.

Lo abrió por una página que estaba doblada.

—Hay una parte que nunca viste.

Seo-Rin se acercó.

—¿Qué dice?

Tae-Hyun señaló unas líneas antiguas.

—La orden original no estaba firmada por mi padre.

Seo-Rin lo miró sorprendida.

—¿Entonces quién la firmó?

Tae-Hyun guardó silencio.

—Tae-Hyun…

—El hombre que firmó esa orden todavía tiene poder.

—¿Quién?

Él levantó lentamente la mirada.

—El consejero que actualmente sirve al rey.

Seo-Rin retrocedió.

—¿El consejero?

—Sí.

—¿Y por qué tu familia cargó con la culpa?

—Porque él necesitaba un culpable.

Seo-Rin comenzó a comprender.

—Utilizó a tu familia.

—Exactamente.

—Y ustedes aceptaron.

Tae-Hyun cerró los ojos.

—Mi padre aceptó.

—¿Y tú?

—Yo era demasiado joven.

—Pero después lo descubriste.

—Sí.

Seo-Rin apretó los puños.

—¿Cuándo?

—Hace tres años.

—Tres años…

Ella comenzó a llorar.

—Tres años llevabas sabiendo que mi familia había sido destruida por una mentira.

—Sí.

—Y durante esos tres años dormiste a mi lado.

—Sí.

—Me mirabas todos los días.

—Sí.

—Y nunca me dijiste nada.

Tae-Hyun tragó saliva.

—Tenía miedo.

Seo-Rin lo miró con incredulidad.

—¿Tú?

—Sí.

—El hombre que siempre parecía tener respuesta para todo.

—No tenía una respuesta para ti.

—Debiste decirme la verdad.

—Lo sé.

—Debiste confiar en mí.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

Tae-Hyun se quedó callado durante varios segundos.

—Porque sabía que cuando descubrieras la verdad, dejarías de quererme.

Seo-Rin apartó la mirada.

—Ya no sé qué siento por ti.

El hombre que ella creía conocer

Durante años, Seo-Rin había pensado que Tae-Hyun era un hombre frío porque había sufrido.

Había pensado que su silencio era simplemente parte de su personalidad.

Había interpretado sus pequeños gestos como muestras de amor.

Cuando él llegaba tarde y dejaba comida para ella, pensaba que estaba preocupado.

Cuando permanecía despierto hasta que ella regresaba, pensaba que estaba esperando porque la amaba.

Cuando la acompañaba durante las noches difíciles, pensaba que finalmente había encontrado a alguien
que jamás la abandonaría.

Ahora no sabía cuáles de esos recuerdos habían sido verdaderos.

—¿Alguna vez me amaste de verdad? —preguntó.

Tae-Hyun no respondió inmediatamente.

—Sí.

Seo-Rin cerró los ojos.

—¿Desde cuándo?

—Desde que dejé de necesitarte para descubrir la verdad.

Ella lo miró.

—¿Qué significa eso?

—Al principio me acerqué a ti porque necesitaba información.

—Lo sé.

—Pero después dejé de buscar información.

—¿Por qué?

—Porque empecé a preocuparme por ti.

—Eso no borra lo que hiciste.

—Nunca dije que lo borrara.

—Entonces no me pidas que te perdone.

—No te lo pediré.

—¿Ni siquiera vas a intentar detenerme?

Tae-Hyun negó lentamente.

—No.

—¿Por qué?

—Porque después de todo lo que te hice, lo mínimo que puedo darte es la libertad de odiarme.

La habitación prohibida

Seo-Rin miró la pequeña llave que Tae-Hyun llevaba escondida.

—Llévame a esa habitación.

—No.

—Dijiste que allí están las pruebas.

—También hay cosas que pueden destruirnos.

—Ya estoy destruida.

Tae-Hyun se quedó en silencio.

Seo-Rin extendió la mano.

—Dame la llave.

—Seo-Rin…

—Dámela.

Tae-Hyun sacó lentamente la llave.

La sostuvo unos segundos.

Finalmente, la colocó en la mano de ella.

—Cuando abras esa puerta, no habrá forma de volver atrás.

Seo-Rin cerró los dedos alrededor de la llave.

—Hace años que no puedo volver atrás.

Ambos caminaron por un largo corredor.

La residencia estaba completamente silenciosa.

Al final del corredor había una puerta antigua que parecía no haber sido abierta en muchos años.

Tae-Hyun se detuvo.

Seo-Rin introdujo la llave.

La cerradura hizo un sonido seco.

La puerta se abrió.

Dentro había cajas antiguas, documentos, cartas y registros familiares.

Seo-Rin entró lentamente.

—¿Todo esto estaba aquí?

—Sí.

—¿Y nadie lo destruyó?

—Mi padre quería hacerlo.

—¿Por qué no lo hizo?

Tae-Hyun miró hacia una caja.

—Porque alguien se adelantó.

Seo-Rin abrió la caja.

Dentro encontró una carta.

La abrió.

Sus ojos comenzaron a moverse rápidamente por las líneas.

Entonces su rostro perdió completamente el color.

—Tae-Hyun…

Él se acercó.

—¿Qué encontraste?

Seo-Rin levantó lentamente la carta.

—Esta carta fue escrita por mi madre.

Tae-Hyun quedó sorprendido.

—¿Tu madre?

—Está fechada tres días antes de su muerte.

—¿Qué dice?

Seo-Rin comenzó a leer con lágrimas en los ojos.

—Dice que sabía quién estaba detrás de todo.

Tae-Hyun se acercó.

—¿Quién?

Seo-Rin dejó caer la carta.

—No era tu padre.

Tae-Hyun quedó inmóvil.

—¿Entonces quién?

Seo-Rin levantó lentamente la mirada.

—La persona que escribió esta carta dice que la verdadera amenaza estaba dentro del palacio.

—¿El consejero?

—No.

Seo-Rin respiró profundamente.

—Dice que alguien mucho más poderoso estaba detrás de él.

Una última traición

Tae-Hyun tomó la carta.

La leyó.

Su expresión cambió.

—Esto no puede ser.

Seo-Rin lo miró.

—¿Qué pasa?

Tae-Hyun dobló lentamente la carta.

—Tu madre sabía que alguien de nuestra propia casa estaba entregando información.

—¿Quién?

Tae-Hyun levantó la mirada.

—Mi madre.

Seo-Rin quedó completamente paralizada.

—¿Tu madre?

—Sí.

—Entonces tu familia…

—No todos.

Tae-Hyun respiró profundamente.

—Mi madre traicionó a mi padre.

—¿Para qué?

—Para proteger a alguien.

—¿A quién?

Tae-Hyun miró a Seo-Rin.

Su rostro se llenó de miedo.

—A ti.

Seo-Rin no pudo responder.

Tae-Hyun continuó:

—Tu madre no murió solamente porque descubrió la verdad.

—Entonces, ¿por qué?

—Porque intentó salvarte.

Seo-Rin comenzó a llorar.

—¿De qué?

Tae-Hyun la miró fijamente.

—De alguien que lleva años buscándote.

—¿Quién?

Antes de que pudiera responder, escucharon pasos al otro lado de la puerta.

Ambos se quedaron completamente quietos.

Los pasos se acercaron.

Seo-Rin miró a Tae-Hyun.

—¿Esperabas a alguien?

Tae-Hyun negó lentamente.

—No.

La puerta comenzó a abrirse.

Tae-Hyun se colocó delante de Seo-Rin.

Ella susurró:

—¿Quién es?

Tae-Hyun no respondió.

La puerta terminó de abrirse.

Una figura permaneció en la oscuridad del corredor.

Y una voz tranquila pronunció:

—Por fin encontraron la carta.

Seo-Rin miró a Tae-Hyun.

Él estaba completamente pálido.

—¿Quién es? —preguntó ella.

Tae-Hyun respondió en voz baja:

—El hombre que comenzó todo.

La figura dio un paso hacia la luz.

Seo-Rin comprendió entonces que la historia que había conocido durante toda su vida era una mentira.

Su familia había sido destruida.

Su matrimonio había comenzado con una mentira.

Y el hombre que había jurado protegerla había estado ocultándole la verdad.

Pero ahora había algo todavía peor.

El enemigo que había destruido su pasado…

…había regresado para reclamar su futuro.

CONTINUARÁ…