“🔥 EL GENERAL QUE BESÓ A OTRA MUJER FRENTE A SU AMADA”,

“🔥 EL GENERAL QUE BESÓ A OTRA MUJER FRENTE A SU AMADA”,

 

🔥 EL GENERAL QUE BESÓ A OTRA MUJER FRENTE A SU AMADA — PARTE 3

El beso que destruyó el corazón de Han Soo-Rin no fue una muestra de amor. Fue el precio de una alianza que podía decidir el futuro del reino. Pero mientras Soo-Rin intenta arrancar al general Kang Tae-Hyun de su corazón, él descubre que la mujer a la que besó frente a todos forma parte de una conspiración mucho más peligrosa de lo que imaginaba.

El hombre que no podía seguir fingiendo

La noche había caído completamente sobre el palacio.

Las últimas lámparas de la ceremonia todavía permanecían encendidas, iluminando los grandes corredores de madera. Los nobles seguían reunidos en diferentes salones, celebrando la alianza que acababan de sellar.

Para ellos, aquella noche había sido un triunfo.

Para Kang Tae-Hyun, había sido una de las noches más dolorosas de su vida.

El general permanecía solo en un corredor apartado.

Había pasado años enfrentándose a enemigos en el campo de batalla. Había visto ejércitos enteros avanzar contra sus hombres. Había aprendido a tomar decisiones difíciles sin permitir que sus emociones interfirieran.

Pero aquella noche no podía dejar de pensar en una sola persona.

Han Soo-Rin.

Podía recordar perfectamente el momento en que sus ojos se encontraron después del beso.

La ilusión que había en el rostro de ella había desaparecido en un instante.

Y lo peor era que él había sido quien la había destruido.

Tae-Hyun cerró los ojos.

—Perdóname, Soo-Rin…

Pero sabía que pedir perdón no cambiaría nada.

Ella había visto el beso.

Había visto a todo el palacio observándolo.

Y había escuchado las palabras que habían presentado aquel momento como el inicio de una unión entre él y Yoon Hae-Rin.

Para Soo-Rin, no había diferencia entre un beso por obligación y un beso por amor.

El dolor era el mismo.

La verdadera intención de Hae-Rin

Mientras Tae-Hyun permanecía en el corredor, escuchó pasos detrás de él.

No necesitó darse la vuelta para saber quién era.

Yoon Hae-Rin apareció con la misma elegancia que había mostrado durante toda la ceremonia.

Su hanbok rojo oscuro y dorado reflejaba la luz de los faroles.

Ella se detuvo a pocos pasos del general.

—Deberías estar celebrando.

Tae-Hyun finalmente se giró.

—¿Celebrando qué?

Hae-Rin sonrió.

—Nuestra alianza.

Tae-Hyun la observó durante varios segundos.

—No confundas una alianza política con un matrimonio por amor.

La sonrisa de Hae-Rin desapareció ligeramente.

—Nunca esperé que me amaras.

Tae-Hyun frunció el ceño.

—Entonces ¿qué quieres?

Hae-Rin dio un paso hacia él.

—Quiero lo que mi familia necesita.

El general permaneció en silencio.

—¿Y qué necesita tu familia?

Hae-Rin levantó ligeramente la barbilla.

—Poder.

Aquella respuesta confirmó las sospechas de Tae-Hyun.

Pero todavía faltaba una pieza.

—¿Y por qué necesitan mi ejército?

Hae-Rin lo miró fijamente.

—Porque eres el hombre más poderoso del reino después del rey.

Tae-Hyun sintió una profunda decepción.

No porque hubiera esperado amor de ella.

Sino porque comprendió que había permitido que utilizaran su posición para destruir a la mujer que realmente amaba.

La condición que nadie conocía

Tae-Hyun caminó lentamente hacia Hae-Rin.

—Quiero saber qué firmaron nuestros padres.

Hae-Rin no respondió.

Eso fue suficiente.

—¿Qué hay en ese acuerdo?

Ella intentó alejarse.

Tae-Hyun la detuvo únicamente con la mirada.

—No voy a permitir que mi ejército sea utilizado para una guerra que yo no he declarado.

Hae-Rin soltó una pequeña risa.

—Ya es demasiado tarde.

Tae-Hyun quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso?

Hae-Rin se acercó a su oído.

—Esta misma noche, tres de tus comandantes recibieron nuevas órdenes.

El rostro de Tae-Hyun cambió inmediatamente.

—¿Quién les dio esas órdenes?
—Mi padre.

El general apretó los puños.

—Mi ejército responde únicamente al rey.

Hae-Rin sonrió.

—Eso era antes del beso.

Tae-Hyun sintió una mezcla de rabia y culpa.

Había sido engañado.

Y había permitido que el engaño comenzara delante de Soo-Rin.

Mientras tanto, lejos del palacio

Han Soo-Rin había regresado a su casa.

Había caminado durante mucho tiempo sin saber exactamente hacia dónde iba.

No quería llorar.

No quería que nadie la viera derrotada.

Pero cuando finalmente cerró la puerta de su pequeña habitación, dejó caer lentamente la cabeza contra la madera.

Las lágrimas que había retenido durante toda la noche comenzaron a caer.

Su madre la encontró así.

—Soo-Rin…

Ella se limpió rápidamente el rostro.

—Estoy bien.

Su madre sabía que no era verdad.

Se acercó y se sentó a su lado.

—No tienes que fingir conmigo.

Soo-Rin permaneció en silencio.

Después de unos segundos, sacó de su ropa el pequeño adorno que Tae-Hyun le había regalado.

Lo sostuvo entre sus dedos.

—Yo pensé que él me amaba.

Su madre no respondió.

—Pensé que después de todo lo que vivimos… finalmente podría estar con él.

Soo-Rin respiró profundamente.

—Pero delante de todo el mundo besó a otra mujer.

Su madre acarició suavemente su cabello.

—Quizá tuvo una razón.

Soo-Rin negó con la cabeza.

—No quiero una razón.

Guardó el adorno en la caja.

—Quiero olvidarlo.

Su madre la miró con preocupación.

—¿De verdad?

Soo-Rin cerró la caja.

—Sí.

Pero una lágrima cayó sobre la tapa antes de que pudiera apartarse.

La decisión de Soo-Rin

Al amanecer, Soo-Rin tomó una decisión.

No iba a esperar por Tae-Hyun.

No iba a regresar al palacio.

No iba a preguntarle por qué.

Había pasado demasiado tiempo siendo la mujer que esperaba que un hombre poderoso decidiera su destino.

Ahora quería decidir por sí misma.

Preparó una pequeña bolsa con ropa, algunos alimentos y las pocas monedas que había conseguido ahorrar.

Su madre la observó desde la puerta.

—¿Adónde irás?

Soo-Rin miró hacia las montañas.

—A la aldea del norte.
—¿Por qué?

Soo-Rin recordó que una vieja amiga de su madre vivía allí.

—Quiero comenzar de nuevo.

Su madre suspiró.

—¿Y si él viene a buscarte?

Soo-Rin tardó varios segundos en responder.

—Entonces tendrá que encontrar a una mujer que ya no lo esté esperando.

El general descubre la traición

Mientras Soo-Rin preparaba su partida, Tae-Hyun se encontraba en el centro militar del palacio.

Había convocado a sus comandantes.

Tres de ellos habían recibido órdenes durante la madrugada.

Ninguna llevaba el sello del rey.

El general colocó los documentos sobre la mesa.

—¿Quién autorizó esto?

Los comandantes intercambiaron miradas.

Finalmente, uno respondió:

—La familia Yoon.

Tae-Hyun golpeó la mesa.

—¡Mi ejército no recibe órdenes de una familia noble!

El comandante bajó la cabeza.

—General, la situación es más grave de lo que parece.

Tae-Hyun levantó la mirada.

—Habla.
—Las tropas que recibieron esas órdenes ya abandonaron la capital.

Tae-Hyun sintió un escalofrío.

—¿Hacia dónde?

El comandante extendió un mapa.

Había una marca roja cerca de la frontera occidental.

—Hacia el territorio del clan Han.

Tae-Hyun se quedó inmóvil.

El clan Han era una de las familias más antiguas del reino.

Pero también era la familia de la que provenía la madre de Soo-Rin.

De repente, todo comenzó a conectarse.

El interés de la familia Yoon en su ejército.

La alianza.

El beso.

Las órdenes secretas.

Y ahora el territorio relacionado con Soo-Rin.

—No quieren mi ejército.

Los comandantes lo miraron.

—¿Entonces qué quieren?

Tae-Hyun respondió lentamente.

—Quieren encontrar a alguien.

El nombre que apareció en el mapa

Tae-Hyun tomó el mapa.

En una pequeña aldea cercana al territorio del clan Han había una marca casi invisible.

El general recordó algo.

Años atrás, un antiguo comandante había desaparecido después de una batalla.

Su nombre era Han Do-Yun.

El padre de Soo-Rin.

Tae-Hyun había escuchado ese nombre cuando era joven.

Era considerado uno de los guerreros más brillantes de su generación.

Pero había desaparecido sin dejar rastro.

Muchos creían que había muerto.

Otros decían que había traicionado al reino.

Tae-Hyun siempre había considerado aquellas historias simples rumores.

Ahora comenzaba a preguntarse si la desaparición de aquel hombre estaba relacionada con todo lo que estaba sucediendo.

—¿Qué sabemos sobre Han Do-Yun?

Uno de los comandantes respondió:

—Que desapareció veinte años atrás después de enfrentarse a una familia noble.
—¿Cuál?

El comandante tragó saliva.

—La familia Yoon.

Tae-Hyun sintió que todo el salón se volvía silencioso.

El hombre que había perdido a la mujer que amaba

Tae-Hyun salió inmediatamente del centro militar.

No podía esperar.

Necesitaba encontrar a Soo-Rin.

Pero cuando llegó a su casa, la encontró vacía.

La puerta estaba abierta.

No había nadie.

Tae-Hyun entró.

Sobre la mesa encontró la caja donde Soo-Rin había guardado su recuerdo.

Estaba vacía.

La madre de Soo-Rin apareció desde la habitación.

—Llegaste tarde.

Tae-Hyun la miró desesperadamente.

—¿Dónde está Soo-Rin?
—Se fue.

Tae-Hyun cerró los ojos.

—¿Adónde?

La madre de Soo-Rin lo observó durante unos segundos.

—A un lugar donde pueda olvidarte.

Aquellas palabras fueron más dolorosas que cualquier herida que Tae-Hyun hubiera recibido en batalla.

—Yo no quería besarla.

La madre de Soo-Rin permaneció seria.

—Pero lo hiciste.

Tae-Hyun bajó la mirada.

—Lo hice para proteger el reino.

Ella respondió:

—Y ahora tendrás que vivir con las consecuencias.

Tae-Hyun guardó silencio.

Después de unos segundos, preguntó:

—¿Sabía usted que su familia estaba relacionada con los Yoon?

La madre de Soo-Rin palideció.

Tae-Hyun comprendió que había acertado.

—¿Qué sabe?

Ella cerró la puerta.

—Demasiado.

La verdad que la madre había escondido

La madre de Soo-Rin finalmente le contó parte de la historia.

Años atrás, Han Do-Yun había descubierto que varios miembros de la nobleza estaban utilizando recursos militares para enriquecerse.

Había intentado denunciarlo.

Pero antes de poder presentar las pruebas ante el rey, fue acusado de traición.

La familia Yoon había estado involucrada.

Do-Yun huyó para proteger a su esposa y a su hija recién nacida.

Desde entonces, su familia había vivido escondida.

Soo-Rin había crecido creyendo que su padre había muerto.

Pero la realidad era diferente.

—Él estaba vivo cuando me separé de él —dijo su madre—. Me pidió que protegiera a Soo-Rin a cualquier precio.

Tae-Hyun respiró profundamente.

—¿Dónde está ahora?

Ella negó con la cabeza.

—No lo sé.
—¿Entonces quién dejó esa carta?

La madre de Soo-Rin se quedó callada.

Finalmente respondió:

—No estoy segura de que la carta viniera de él.

Tae-Hyun la miró sorprendido.

—¿Qué quiere decir?

Ella tomó aire.

—Alguien podría estar usando el nombre de mi esposo para atraer a Soo-Rin.

La carrera contra el tiempo

Tae-Hyun salió de la casa inmediatamente.

Ya no podía esperar.

Si la familia Yoon realmente estaba detrás de la conspiración, Soo-Rin podía estar en peligro.

Montó su caballo y ordenó a sus hombres preparar una pequeña escolta.

Pero antes de partir, recibió un mensaje del palacio.

El rey exigía verlo inmediatamente.

Tae-Hyun sabía que aquello podía ser una trampa.

Sin embargo, no podía ignorar una orden directa del rey.

Regresó al palacio.

Cuando entró a la sala del trono, encontró al rey acompañado por varios nobles.

Entre ellos estaba el padre de Hae-Rin.

Yoon Hae-Rin también estaba allí.

Tae-Hyun caminó hasta el centro del salón.

—Majestad.

El rey lo observó con seriedad.

—General Kang, he recibido informes de que has cuestionado las órdenes de mi consejo.

Tae-Hyun respondió:

—Porque esas órdenes no llevan su sello.

El padre de Hae-Rin intervino.

—La alianza nos permite actuar en nombre de la estabilidad del reino.

Tae-Hyun lo miró.

—No mientras yo sea el responsable del ejército.

Hae-Rin observaba en silencio.

El rey golpeó suavemente el brazo de su trono.

—¿Estás acusando a la familia Yoon de conspiración?

Tae-Hyun miró directamente al rey.

—Sí.

El salón entero quedó en silencio.

Hae-Rin dio un paso adelante.

—Majestad, el general está alterado por asuntos personales.

Tae-Hyun la miró.

—Esto no tiene nada que ver con Soo-Rin.

Hae-Rin sonrió ligeramente.

—Entonces ¿por qué sigues pensando en ella?

Tae-Hyun no respondió.

Pero su silencio fue suficiente.

La confesión que Hae-Rin no esperaba

Hae-Rin se acercó a él.

—Si quieres salvarla, abandona esta investigación.

Tae-Hyun la miró con incredulidad.

—¿Qué dijiste?
—Mi familia puede protegerla.

Tae-Hyun entendió la amenaza oculta.

—¿Y qué quieres a cambio?

Hae-Rin respondió sin dudar.

—Que cumplas tu promesa.

Tae-Hyun la miró fijamente.

—Nunca te prometí mi corazón.

Hae-Rin bajó la voz.

—No necesito tu corazón. Solo necesito que seas mi esposo.

Tae-Hyun dio un paso atrás.

—Entonces fui un idiota.

Hae-Rin frunció el ceño.

—¿Por qué?

Tae-Hyun respondió:

—Porque creí que podía proteger a todos sacrificando a la única persona que realmente amo.

Hae-Rin se quedó inmóvil.

Era la primera vez que Tae-Hyun pronunciaba aquellas palabras delante de ella.

Y en ese instante comprendió que había perdido la única batalla que realmente le importaba ganar.

Soo-Rin en el camino

Mientras tanto, Soo-Rin viajaba hacia el norte.

El camino estaba tranquilo.

El paisaje cambiaba poco a poco.

Las casas desaparecían y las montañas comenzaban a dominar el horizonte.

Soo-Rin quería creer que estaba dejando atrás el pasado.

Pero cada vez que cerraba los ojos recordaba a Tae-Hyun.

Recordaba su primera conversación.

Sus discusiones.

Las veces que él había aparecido para protegerla.

Y aquella noche en la que ambos habían prometido que algún día estarían juntos.

Entonces recordaba el beso.

Y volvía a sentirse herida.

—No voy a volver atrás —se dijo.

Pero no sabía que alguien la estaba siguiendo.

A varios metros detrás de ella, dos hombres viajaban vestidos como comerciantes.

Uno de ellos observaba constantemente su dirección.

—Es ella.

El otro respondió:

—¿Estás seguro?
—Tiene el mismo adorno que aparece en los registros.

El hombre señaló discretamente el pequeño adorno que Soo-Rin llevaba escondido entre sus pertenencias.

—Síguela.

El verdadero objetivo

Aquellos hombres no querían matar a Soo-Rin.

Querían llevarla con alguien.

Alguien que llevaba veinte años esperando su regreso.

Pero no era su padre.

Era el hombre que había provocado su desaparición.

El hombre que había traicionado a Han Do-Yun.

Y ahora sabía que la hija del antiguo guerrero finalmente había salido de su escondite.

La última decisión del general

Tae-Hyun salió del palacio esa misma noche.

Había desobedecido una orden directa.

Sabía que podía perder su rango.

Sabía que podía ser acusado de traición.

Pero ya no le importaba.

Montó su caballo y tomó el camino del norte.

Uno de sus soldados lo siguió.

—General, ¿está seguro?

Tae-Hyun miró hacia las montañas.

—No.

El soldado quedó sorprendido.

—Entonces ¿por qué seguimos?

Tae-Hyun respondió:

—Porque esta vez no voy a sacrificarla para salvarme a mí mismo.

El soldado asintió.

Ambos continuaron cabalgando.

Una trampa en medio de la montaña

Horas después, Soo-Rin llegó a un pequeño puente de madera.

El camino estaba completamente vacío.

Demasiado vacío.

Ella se detuvo.

Había aprendido a reconocer el peligro desde pequeña.

Miró a su alrededor.

No vio a nadie.

Pero escuchó una rama romperse.

Luego otra.

Soo-Rin llevó lentamente la mano hacia el pequeño cuchillo que llevaba oculto.

Tres hombres aparecieron entre los árboles.

Luego aparecieron otros dos.

Soo-Rin comprendió que había caído en una emboscada.

—¿Quiénes son ustedes?

Uno de ellos respondió:

—Personas que llevan mucho tiempo buscando a tu familia.

Soo-Rin retrocedió.

—No sé de qué están hablando.

El hombre sonrió.

—Claro que lo sabes.

En ese instante, Soo-Rin escuchó el sonido de caballos acercándose.

Los hombres también lo escucharon.

Todos miraron hacia el camino.

Entre los árboles apareció un caballo negro.

Sobre él estaba Kang Tae-Hyun.

Soo-Rin abrió los ojos.

—¿Tae-Hyun?

El general desmontó.

Sus ojos se encontraron.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Soo-Rin recordó inmediatamente el beso.

Dio un paso atrás.

—¿Por qué estás aquí?

Tae-Hyun respiró profundamente.

—Porque cometí un error.

Soo-Rin negó con la cabeza.

—No quiero escucharlo.

Tae-Hyun la miró con dolor.

—Entonces no lo escuches.

Desenvainó su espada.

—Solo déjame protegerte una última vez.

Los hombres comenzaron a rodearlos.

Soo-Rin levantó lentamente su propia arma.

Esta vez no se colocó detrás del general.

Se colocó a su lado.

Tae-Hyun la miró.

Por primera vez desde aquella ceremonia, ambos volvieron a luchar juntos.

🔥 CONTINUARÁ…

Pero justo cuando Tae-Hyun y Soo-Rin se preparan para enfrentarse a los hombres que los rodean, uno de los enemigos pronuncia un nombre que hace que Soo-Rin se quede completamente paralizada: Han Do-Yun.

El enemigo asegura que el padre de Soo-Rin no desapareció para proteger a su familia… sino porque descubrió quién estaba sentado realmente detrás de la conspiración.

Y entonces revela algo todavía peor: el hombre que traicionó al padre de Soo-Rin ocupa actualmente uno de los cargos más importantes del palacio.

Tae-Hyun comprende que si regresan al palacio sin descubrir la identidad del traidor, Soo-Rin podría ser capturada y el reino podría caer bajo el control de la familia Yoon.

Pero Soo-Rin todavía no sabe si puede volver a confiar en el hombre que la hizo llorar delante de todo el reino.

Y mientras ambos levantan sus espadas para enfrentarse a sus enemigos, una figura aparece en lo alto de la montaña.

Es un hombre mayor.

Lleva una vieja armadura de guerrero.

Su rostro está parcialmente oculto.

Soo-Rin lo observa desde abajo.

El hombre levanta lentamente la cabeza.

—Soo-Rin…

Ella reconoce inmediatamente aquella voz.

La voz que había escuchado en sus recuerdos desde que era niña.

La voz del hombre que su madre le dijo que había muerto.

—Papá…

Tae-Hyun mira hacia la montaña completamente sorprendido.

Pero el hombre no sonríe.

Solo mira a Tae-Hyun y pronuncia unas últimas palabras:

—Aléjate de mi hija… porque el beso que diste en ese palacio fue exactamente lo que ellos necesitaban para encontrarnos.

Soo-Rin queda completamente paralizada.

Tae-Hyun levanta la mirada.

Y por primera vez comprende que aquella ceremonia no había sido solamente una alianza política.

Había sido una trampa preparada durante años.

Y él mismo había ayudado a activarla.