🔥 LA CAMPESINA QUE PUSO CELOSA A LA PROMETIDA DEL GENERAL — PARTE 3
La campesina salvó al hombre que todos creían intocable. Pero cuando los soldados reconocieron su forma de luchar, una verdad enterrada durante años comenzó a salir a la luz.
El silencio después de la emboscada
El camino militar había quedado completamente cambiado después de la emboscada.
Las carretas estaban atravesadas en medio de la carretera, varios caballos permanecían inquietos y una nube de polvo todavía flotaba sobre el lugar.
Los soldados del general Kang Tae-Hyun revisaban los alrededores mientras otros ayudaban a los hombres heridos.
Pero nadie parecía estar prestando atención a los heridos.
Todos miraban a la misma persona.
Han Soo-Rin.
La campesina que hasta hacía unos minutos había sido tratada como una simple joven del pueblo ahora permanecía de pie sosteniendo una espada.
Su respiración era agitada, pero su mirada seguía firme.
Frente a ella estaba el general.
Kang Tae-Hyun no podía apartar los ojos de la espada que ella tenía en la mano.
No era únicamente que Soo-Rin hubiera reaccionado rápidamente.
Era la manera en que había esquivado el ataque.
La posición de sus pies.
La forma de sostener el arma.
Incluso la manera en que había girado el cuerpo antes de protegerlo.
Tae-Hyun había visto aquella técnica antes.
Pero no podía entender cómo una campesina podía conocerla.
Soo-Rin bajó lentamente la espada.
Durante unos segundos no respondió.
Ella sabía que aquella pregunta algún día llegaría.
Lo que no esperaba era que fuera precisamente él quien la hiciera.
Antes de que pudiera contestar, una voz llena de rabia interrumpió el momento.
Yoon Hae-Rin avanzó rápidamente hacia ellos.
Su hermoso hanbok rojo y dorado estaba cubierto de polvo.
Su rostro, normalmente elegante y controlado, estaba completamente transformado por los celos.
Hae-Rin había visto algo que no podía soportar.
Había visto a otra mujer arriesgar su vida por el hombre que debía convertirse en su esposo.
Y, peor aún, había visto la manera en que Tae-Hyun miraba a Soo-Rin.
No era la misma mirada que le había dado a ella.
Era curiosidad.
Respeto.
Y algo que Hae-Rin no quería reconocer.
La respuesta de Soo-Rin
Soo-Rin levantó lentamente la mirada hacia Hae-Rin.
Por primera vez desde que la había conocido, no parecía intimidada.
Tampoco tenía intención de disculparse.
Los soldados que estaban cerca se quedaron en silencio.
Hae-Rin abrió los ojos con indignación.
Soo-Rin no retrocedió.
Aquellas palabras golpearon a Hae-Rin más fuerte que cualquier insulto.
Tae-Hyun observó a Soo-Rin en silencio.
Nunca había conocido a una mujer que hablara de esa manera delante de tantos soldados.
Y eso hizo que su interés por ella creciera todavía más.
La técnica prohibida
De repente, uno de los soldados que había resultado herido durante la emboscada levantó la cabeza.
Su rostro había cambiado completamente.
Miraba la espada de Soo-Rin como si hubiera visto un fantasma.
Tae-Hyun giró hacia él.
El soldado tragó saliva.
Miró nuevamente a Soo-Rin.
El general frunció el ceño.
El soldado asintió.
Soo-Rin comenzó a sentirse incómoda.
No quería que siguieran hablando de aquello.
Durante toda su vida había intentado esconder lo que sabía.
Su madre le había enseñado desde pequeña que jamás debía mostrar sus habilidades delante de soldados.
Pero aquella regla acababa de romperse.
El secreto de su madre
Tae-Hyun se acercó un paso.
Ella lo miró.
Soo-Rin negó lentamente con la cabeza.
Tae-Hyun no apartó los ojos de ella.
Soo-Rin apretó los dedos alrededor de la espada.
Entonces recordó las palabras de su madre.
Aquella advertencia había permanecido en su mente durante años.
Pero ahora todo estaba cambiando.
La llegada del soldado
Antes de que Soo-Rin pudiera responder, un soldado apareció corriendo desde el camino.
Estaba completamente cubierto de polvo y respiraba con dificultad.
Tae-Hyun se giró inmediatamente.
El soldado se arrodilló.
Todos guardaron silencio.
Tae-Hyun dio un paso hacia él.
El soldado levantó la mirada.
Tae-Hyun frunció el ceño.
El soldado sacó un pequeño emblema de metal.
Lo colocó en la palma de su mano.
Era un símbolo antiguo.
Soo-Rin lo vio.
Y su rostro perdió inmediatamente el color.
El símbolo que ella conocía
Tae-Hyun notó su reacción.
Soo-Rin no respondió.
Sus ojos estaban completamente fijos en aquel emblema.
Lo había visto antes.
No en un campo de batalla.
No en el palacio.
Lo había visto en la casa donde creció.
En una vieja caja de madera que su madre mantenía escondida debajo del suelo.
Una caja que Soo-Rin nunca había podido abrir.
Una caja que su madre había protegido durante toda su vida.
De repente, Soo-Rin comprendió algo terrible.
Tae-Hyun la miró directamente.
Soo-Rin levantó lentamente la mirada.
El silencio fue inmediato.
Hae-Rin observó a Soo-Rin con incredulidad.
El general tomó el emblema.
Lo examinó durante unos segundos.
Su expresión cambió.
Soo-Rin sintió un escalofrío.
La verdad que nadie esperaba
Tae-Hyun miró nuevamente a la joven.
Soo-Rin permaneció inmóvil.
Su madre siempre había evitado responder esa pregunta.
Cuando era niña, Soo-Rin había preguntado muchas veces por él.
La respuesta siempre había sido la misma.
Pero ahora algo no encajaba.
Su madre nunca había permitido que nadie hablara de él.
Nunca había conservado una fotografía.
Nunca había visitado una tumba.
Y ahora aquel símbolo aparecía precisamente después de una emboscada contra el general.
Soo-Rin comenzó a sospechar que la historia que había escuchado toda su vida era mentira.
Tae-Hyun respondió con seriedad.
Soo-Rin sintió que el corazón se le detenía.
La reacción de Hae-Rin
Hae-Rin había permanecido callada.
Pero ahora comprendía que el problema era mucho más grande que sus celos.
Soo-Rin no era simplemente una campesina que había aparecido de repente en la vida del general.
Había algo detrás de ella.
Algo relacionado con soldados.
Con una antigua familia de guerreros.
Y posiblemente con una organización que había desaparecido años atrás.
Hae-Rin miró a Tae-Hyun.
Tae-Hyun no respondió inmediatamente.
Hae-Rin continuó.
Tae-Hyun la miró con firmeza.
Aquella respuesta destruyó por completo la poca calma que le quedaba a Hae-Rin.
El general toma una decisión
Tae-Hyun guardó el emblema.
Luego miró a sus soldados.
Uno de los soldados preguntó:
Tae-Hyun miró hacia los hombres capturados.
Después se volvió hacia Soo-Rin.
Soo-Rin abrió los ojos.
Tae-Hyun sostuvo su mirada.
Soo-Rin quedó completamente sorprendida.
Pero antes de que pudiera responder, Tae-Hyun añadió:
Una noche que cambiará todo
Horas después, el grupo regresó al pueblo.
El sol comenzaba a desaparecer detrás de las montañas.
Soo-Rin caminaba en silencio junto al general.
Hae-Rin observaba desde atrás.
Su expresión ya no era únicamente de celos.
Ahora también tenía miedo.
Miedo de perder a Tae-Hyun.
Pero también miedo de descubrir que la campesina que tanto había despreciado podía tener un origen mucho más importante que el suyo.
Cuando llegaron a la pequeña casa de Soo-Rin, la joven abrió la puerta.
Su madre estaba dentro.
Al ver al general detrás de su hija, se quedó completamente inmóvil.
Pero cuando vio el emblema militar en la mano de Tae-Hyun, su rostro cambió.
Por primera vez en muchos años, parecía verdaderamente aterrada.
Tae-Hyun respondió:
La madre de Soo-Rin comenzó a temblar.
Soo-Rin la miró confundida.
Su madre no respondió.
Simplemente cerró los ojos.
Después de unos segundos, dijo algo que Soo-Rin jamás había imaginado escuchar.
Soo-Rin quedó paralizada.
Tae-Hyun también.
Hae-Rin observó desde la entrada.
La madre continuó con lágrimas en los ojos.
Soo-Rin dio un paso atrás.
Su madre respondió con una voz temblorosa.
El secreto detrás de la emboscada
Tae-Hyun comprendió inmediatamente lo que estaba sucediendo.
La emboscada no había sido casualidad.
Los enemigos no estaban intentando simplemente matar al general.
Estaban buscando información.
Y posiblemente estaban buscando a Soo-Rin.
Tae-Hyun preguntó:
La madre de Soo-Rin miró hacia la ventana.
Afuera, la noche ya había cubierto completamente el pueblo.
Tae-Hyun frunció el ceño.
Ella negó lentamente con la cabeza.
Soo-Rin se acercó rápidamente.
Su madre la miró directamente.
Soo-Rin dejó de respirar por un instante.
Tae-Hyun dio un paso adelante.
La madre señaló una vieja caja de madera escondida debajo de una mesa.
Soo-Rin se arrodilló y sacó la caja.
Sus manos temblaban mientras la abría.
Dentro había documentos antiguos, una pequeña fotografía deteriorada y una carta doblada varias veces.
Soo-Rin tomó la carta.
La abrió lentamente.
Solo había unas pocas líneas.
Tae-Hyun levantó la mirada.
Su rostro cambió completamente.
Porque conocía ese símbolo.
Y lo había visto esa misma noche.
En uno de los hombres que habían intentado matarlo.
El descubrimiento final
Tae-Hyun tomó aire lentamente.
Ella levantó la mirada.
Tae-Hyun sacó el emblema que había encontrado.
En la parte posterior había una pequeña marca que ninguno de ellos había visto antes.
Era una serpiente negra.
Soo-Rin se quedó completamente inmóvil.
Pero entonces se escuchó un ruido afuera.
Todos miraron hacia la puerta.
Un caballo relinchó en la distancia.
Tae-Hyun llevó lentamente la mano hacia su espada.
Hae-Rin retrocedió.
Soo-Rin miró hacia la ventana.
Una sombra acababa de pasar frente a la casa.
Tae-Hyun hizo una señal para que nadie hablara.
Afuera se escucharon pasos.
Uno.
Dos.
Tres.
Después, una voz masculina habló desde la oscuridad.
La joven abrió los ojos.
Tae-Hyun desenvainó su espada.
La madre de Soo-Rin comenzó a llorar.
Hae-Rin comprendió que todos estaban en peligro.
Y entonces la voz volvió a escucharse desde afuera.
