Lady Min estaba frente a Seo-Hwa, con el rostro encendido de rabia.
Seo-Hwa permanecĂa de pie detrás de su pequeño puesto, sosteniendo la mirada de la esposa del general sin bajar la cabeza.
Entonces apareciĂł el General Baek.
HabĂa escuchado las Ăşltimas palabras de Seo-Hwa.
—Min… ÂżquĂ© estás haciendo?
Lady Min girĂł lentamente.
Durante un instante, su expresiĂłn cambiĂł. La rabia dio paso a una mezcla de sorpresa y vergĂĽenza.
Pero solo durĂł un segundo.
—Estoy haciendo lo que tú nunca haces —respondió ella—. Poniendo a esta mujer en su lugar.
Baek mirĂł a Seo-Hwa.
Ella no dijo nada.
Después volvió la mirada hacia su esposa.
—¿En su lugar?
—SĂ.
Lady Min señaló a Seo-Hwa.
—Desde hace dĂas te he visto venir aquĂ. Te rĂes con ella, hablas con ella y hasta pareces olvidar que tienes una esposa.
Algunos habitantes del mercado comenzaron a murmurar.
Baek mantuvo la calma.
—Estás hablando como si hubiera cometido algún delito.
—¡Para mà sà lo es!
Seo-Hwa intervino.
—General, no tiene que defenderme.
Baek la mirĂł.
—No estoy defendiendo a nadie. Estoy intentando entender por qué mi esposa está insultando a una mujer en medio del mercado.
Lady Min soltĂł una risa amarga.
—Claro. Ahora resulta que yo soy la culpable.
—No dije eso.
—Pero lo estás pensando.
Lady Min dio un paso hacia su esposo.
—¿Sabes qué es lo que más me molesta?
Baek guardĂł silencio.
—Que ella no te teme.
Seo-Hwa frunció ligeramente el ceño.
Lady Min continuĂł:
—Todas las mujeres de este pueblo bajan la cabeza cuando tú pasas. Ella no. Ella te habla como si fueras cualquier hombre.
Baek mirĂł a Seo-Hwa y luego a su esposa.
—Quizá porque ella no está intentando impresionarme.
Lady Min quedĂł en silencio.
Seo-Hwa abriĂł los ojos ligeramente.
La frase habĂa sido sencilla, pero habĂa golpeado exactamente donde más dolĂa.
Lady Min mirĂł al general con incredulidad.
—¿Eso es lo que piensas de m�
—Min…
—¡No! Respóndeme.
El general respirĂł profundamente.
—No quiero discutir esto aquĂ.
—Porque ella está escuchando.
Lady Min señaló nuevamente a Seo-Hwa.
—Siempre es ella.
Seo-Hwa finalmente hablĂł.
—Señora, si quiere discutir con su esposo, hágalo con él. No me meta en sus problemas.
Lady Min girĂł la cabeza hacia ella.
—¿Tú vas a decirme qué hacer?
—No.
Seo-Hwa mantuvo la calma.
—Pero tampoco voy a permitir que me humille.
Lady Min se acercĂł tanto que ambas quedaron frente a frente.
—¿Y qué vas a hacer si vuelvo a hacerlo?
Seo-Hwa no retrocediĂł.
—Responderle.
Un murmullo recorriĂł el mercado.
Lady Min sonriĂł con desprecio.
—Eres mucho más atrevida de lo que pareces.
—Y usted mucho más insegura de lo que intenta aparentar.
El rostro de Lady Min cambiĂł inmediatamente.
—¿Qué dijiste?
Seo-Hwa respirĂł profundamente.
—Que no deberĂa necesitar humillar a otra mujer para sentirse segura de su matrimonio.
Baek cerrĂł los ojos durante un instante.
SabĂa que aquella conversaciĂłn estaba a punto de convertirse en algo mucho más serio.
—Seo-Hwa…
Ella lo mirĂł.
—General, no quiero faltarle el respeto a nadie. Pero ella vino hasta mi puesto a insultarme.
—Lo sé.
Lady Min lo mirĂł sorprendida.
—¿Lo sabes?
—SĂ.
—¿Y aun asà vas a ponerte de su lado?
—No estoy de su lado, Min. Estoy intentando que esto termine.
Lady Min negĂł lentamente con la cabeza.
—No quieres que termine.
Baek frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Significa que te gusta esto.
—¿Esto?
—Que ella te mire asĂ.
Seo-Hwa intervino rápidamente.
—Eso es absurdo.
Lady Min la mirĂł con furia.
—¡Tú cállate!
Seo-Hwa dio un pequeño paso hacia adelante.
—No.
Lady Min se quedĂł sorprendida.
—¿No?
—No voy a callarme solo porque usted me lo ordene.
El general observĂł a Seo-Hwa en silencio.
HabĂa algo en ella que lo sorprendĂa cada vez más.
No era insolencia.
No era arrogancia.
Era simplemente la seguridad de una mujer que sabĂa cuánto valĂa y que no estaba dispuesta a permitir que alguien la pisoteara por su posiciĂłn social.
Lady Min apretó los puños.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo?
Seo-Hwa la mirĂł.
—No.
—Yo soy la esposa del general.
Seo-Hwa respondiĂł con tranquilidad:
—Y yo soy una campesina.
Lady Min sonriĂł.
—Exactamente.
Seo-Hwa continuĂł:
—Pero ninguna de esas dos cosas decide cuánto respeto merece una persona.
El mercado volviĂł a quedar en silencio.
Baek mirĂł a su esposa.
—Ya es suficiente.
Lady Min giró hacia él.
—¿Me estás dando una orden?
—Te estoy pidiendo que vuelvas a casa.
—¿Y ella?
—Ella se queda aquĂ.
Lady Min soltĂł una risa frĂa.
—Por supuesto.
Se acercĂł al general y bajĂł la voz.
—Pero esto no termina aquĂ.
Baek la mirĂł fijamente.
—No hagas algo de lo que puedas arrepentirte.
Lady Min sostuvo su mirada.
—El que deberĂa tener miedo de arrepentirse eres tĂş.
Después se dio la vuelta.
SubiĂł al carruaje que la esperaba y se marchĂł.
El mercado comenzĂł poco a poco a recuperar el movimiento.
Seo-Hwa soltĂł el aire que habĂa estado conteniendo.
—Eso salió peor de lo que esperaba.
Baek casi sonriĂł.
—¿Peor?
—SĂ.
—Yo dirĂa que sobreviviste.
Seo-Hwa lo mirĂł.
—¿Eso era un cumplido?
—Uno bastante bueno.
Ella negĂł con la cabeza.
—Usted tiene una forma extraña de hacer cumplidos.
—Y tú tienes una forma extraña de meterte en problemas.
—Yo no me metà en problemas. Su esposa vino a buscarme.
Baek se quedĂł callado.
Seo-Hwa lo observĂł.
—¿Qué ocurre?
—Estoy preocupado.
—¿Por ella?
—Por ti.
Seo-Hwa bajĂł la mirada durante un segundo.
—No tiene que preocuparse.
—Lady Min puede ser impulsiva cuando está celosa.
Seo-Hwa levantĂł una ceja.
—¿Celosa?
—SĂ.
—Entonces dĂgale que deje de estar celosa de una mujer que vende frutas.
Baek soltó una pequeña risa.
—No es tan sencillo.
—Pues deberĂa serlo.
Seo-Hwa comenzĂł a ordenar sus productos.
—Yo no quiero quitarle nada a nadie.
Baek la observĂł durante unos segundos.
—Lo sé.
Seo-Hwa levantĂł la mirada.
—Entonces, ¿por qué sigue viniendo aqu�
Baek quedĂł en silencio.
La pregunta lo tomĂł desprevenido.
Seo-Hwa esperĂł una respuesta.
—Porque…
El general no terminĂł la frase.
—Porque aquà puedo hablar contigo sin tener que ser el general.
Seo-Hwa sonriĂł ligeramente.
—Entonces quizá ese sea el verdadero problema.
—¿Cuál?
—Que usted se siente demasiado cĂłmodo aquĂ.
Baek sonriĂł.
—Quizá.
Pero ninguno de los dos vio a la sirvienta de Lady Min observándolos desde el otro lado del mercado.
La mujer habĂa escuchado parte de la conversaciĂłn.
Y regresĂł inmediatamente al palacio.
Cuando llegĂł, Lady Min estaba sentada frente a un espejo mientras una doncella acomodaba su cabello.
—Señora.
—Habla.
—Los vi.
Lady Min levantĂł la mirada.
—¿A quiénes?
—Al general y a la campesina.
Lady Min apretĂł lentamente los labios.
—¿Qué estaban haciendo?
—Hablando.
—Eso ya lo sé.
La sirvienta dudĂł.
—ParecĂan… cĂłmodos.
Lady Min dejĂł el peine sobre la mesa.
—¿Cómodos?
—SĂ, señora.
La expresiĂłn de Lady Min se endureciĂł.
—Entonces no era imaginaciĂłn mĂa.
La sirvienta guardĂł silencio.
Lady Min se levantĂł lentamente.
—Quiero que averigües dónde vive.
—SĂ, señora.
—Con quién vive.
—SĂ.
—Quiénes son sus padres.
—Entendido.
Lady Min se acercĂł a la ventana.
—Y quiero saber por qué el general la conoce tanto.
La sirvienta inclinĂł la cabeza.
—Haré lo que pueda.
Lady Min la mirĂł.
—No quiero que hagas lo que puedas.
Hizo una pausa.
—Quiero respuestas.
Mientras tanto, en el mercado, Seo-Hwa continuaba trabajando sin saber que acababa de convertirse en el objetivo de una investigaciĂłn.
Pero algo habĂa cambiado.
Ahora sabĂa que Lady Min no pensaba detenerse.
Y aunque Seo-Hwa no le tenĂa miedo, tampoco era ingenua.
SabĂa que una mujer con el poder y la influencia de Lady Min podĂa hacerle la vida imposible.
Al caer la tarde, Seo-Hwa cerrĂł su puesto.
Antes de marcharse, encontró un pequeño papel debajo de una de las cajas.
Lo recogiĂł.
HabĂa una sola frase escrita.
“Si quieres descubrir por qué el general te protege, pregunta por tu padre.”
Seo-Hwa sintiĂł un escalofrĂo.
MirĂł hacia ambos lados.
No habĂa nadie.
GuardĂł el papel dentro de su ropa.
Entonces recordĂł algo que su madre siempre se habĂa negado a contarle.
Su padre habĂa muerto cuando ella era muy pequeña.
Y cada vez que Seo-Hwa preguntaba quiĂ©n habĂa sido realmente, su madre cambiaba de tema.
Hasta ese momento habĂa pensado que simplemente era un hombre humilde que habĂa trabajado toda su vida para mantener a su familia.
Pero ahora alguien estaba insinuando que su padre podĂa tener una conexiĂłn con el General Baek.
Seo-Hwa mirĂł hacia el camino por donde habĂa desaparecido el carruaje de Lady Min.
De repente, la pelea del mercado parecĂa solamente el principio.
Porque quizá Lady Min no estaba celosa solamente de la cercanĂa entre Seo-Hwa y su esposo.
Quizá habĂa algo mucho más profundo detrás de su odio.
Y si aquel mensaje era verdadero, la campesina estaba a punto de descubrir un secreto que podĂa cambiar por completo la relaciĂłn entre ella, el general y su esposa.
🔥 Continuará…
