🩸⚔️ LA HIJA DEL HERRERO

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PARTE 3 — LA ESPADA QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR


El patio quedó completamente en silencio.

La espada del comandante seguía en el suelo después del golpe que acababa de recibir.
Nadie entre los soldados se atrevía a reírse. Nadie quería mirar directamente a Kang Do-Hyun.

Él permaneció inmóvil durante unos segundos, mirando a Han Chae-Rin.

Una campesina acababa de desarmarlo delante de todos sus hombres.

Do-Hyun respiró profundamente y recogió su espada.

—¿Dónde aprendiste realmente a luchar?

Chae-Rin bajó lentamente la espada de entrenamiento.

—Ya se lo dije. Mi padre me enseñó.

—No me mientas.

—Entonces no me haga la misma pregunta.

El comandante entrecerró los ojos.

Desde la entrada de la herrería, Han Dae-Su observaba en silencio. Había escuchado cada palabra.

Finalmente caminó hacia ellos.

—Ya fue suficiente.

Do-Hyun giró hacia él.

—Quiero ver la espada.

Dae-Su se quedó quieto.

—No está a la venta.

—No vine a comprarla.

—Entonces vino por la razón equivocada.

Do-Hyun dio un paso hacia la puerta de la herrería.

Chae-Rin se interpuso inmediatamente.

—No puede entrar.

—Apártate.

—No.

El comandante la miró fijamente.

—Hace apenas un minuto me desarmaste. No confundas eso con autoridad.

Chae-Rin sostuvo su mirada.

—Y usted no confunda su uniforme con derecho a entrar en mi casa.

Detrás de él, uno de los soldados se acercó nerviosamente.

—Comandante…

Do-Hyun levantó una mano para hacerlo callar.

Pero el soldado insistió.

—La orden decía que debíamos encontrarla aquí.

Chae-Rin frunció el ceño.

—¿Encontrarme a mí?

El soldado palideció.

Do-Hyun lo miró lentamente.

—¿Qué acabas de decir?

El hombre tragó saliva.

—La orden… decía que recuperáramos la espada y que no permitiéramos que la hija del herrero saliera del pueblo.

Chae-Rin dejó de respirar durante un instante.

Miró a su padre.

—Papá…

Dae-Su bajó la mirada.

—Ya lo saben.

—¿Qué saben?

El silencio de su padre fue suficiente para asustarla.

—Papá, ¿qué significa eso?

Dae-Su entró lentamente en la herrería.

Después de unos segundos regresó sosteniendo un paño viejo.

Lo colocó sobre una mesa y lo abrió.

Dentro estaba la espada especial.

Era mucho más elegante que cualquier espada fabricada en aquella pequeña herrería. La hoja tenía un acabado oscuro y brillante, mientras que cerca de la empuñadura había un pequeño símbolo grabado que Chae-Rin nunca había entendido.

Do-Hyun se acercó.

Al ver el símbolo, su expresión cambió completamente.

—¿De dónde sacaste esto?

Dae-Su respondió:

—Me la entregaron hace veinticinco años.

—¿Quién?

Dae-Su miró a Chae-Rin.

—Tu madre.

Chae-Rin se quedó paralizada.

—¿Mi madre?

Su padre asintió.

—Antes de morir, me pidió que jamás permitiera que esta espada llegara a manos de la familia real.

Do-Hyun dio un paso atrás.

—Eso es imposible.

Chae-Rin lo miró.

—¿Por qué?

El comandante observó nuevamente el símbolo.

—Porque esa marca pertenece a una guardia que fue eliminada del reino hace veinticinco años.

Chae-Rin sintió un escalofrío.

—¿Qué guardia?

Do-Hyun no respondió inmediatamente.

Miró a los soldados.

—Todos afuera.

Los soldados se sorprendieron.

—¡Pero, comandante…!

—He dicho que todos afuera.

Uno por uno, los hombres abandonaron la herrería.

Cuando quedaron solamente Do-Hyun, Chae-Rin y su padre, el comandante cerró la puerta.

—Esa espada no fue creada para un soldado.

Chae-Rin se acercó.

—Entonces, ¿para quién fue creada?

Do-Hyun la miró directamente a los ojos.

—Para proteger al heredero legítimo del trono.

Chae-Rin quedó en silencio.

—¿Y por qué la buscan ahora?

Do-Hyun observó la espada.

—Porque alguien cree que el heredero todavía está vivo.

El rostro de Chae-Rin cambió.

—Eso no tiene sentido. El heredero murió hace muchos años.

Do-Hyun negó lentamente con la cabeza.

—Eso es lo que todo el reino cree.

Dae-Su cerró los ojos.

—Entonces finalmente llegó el momento que tanto temía.

Chae-Rin miró a su padre.

—¿Qué momento?

Dae-Su tomó aire.

—El momento de decirte quién era realmente tu madre.

Chae-Rin se quedó completamente inmóvil.

Afuera, se escucharon pasos acercándose rápidamente a la herrería.

Do-Hyun desenvainó su espada.

—¿Cuántos hombres hay afuera?

Dae-Su miró hacia la puerta.

—No son mis hombres.

De repente, alguien golpeó la puerta con fuerza.

¡PUM!

Chae-Rin tomó la espada especial.

Do-Hyun se colocó frente a ella.

Desde el otro lado de la puerta, una voz masculina habló:

—Han Dae-Su… entrega la espada.

Nadie respondió.

La voz volvió a escucharse.

—Y entrega también a la muchacha.

Chae-Rin miró a su padre, completamente confundida.

—¿Por qué me quieren a mí?

Dae-Su la miró con lágrimas contenidas.

—Porque tú eres la razón por la que esa espada sobrevivió todos estos años.

Chae-Rin apretó la empuñadura.

Entonces la puerta comenzó a romperse bajo los golpes del exterior.

Do-Hyun levantó su espada.

—Cuando esa puerta caiga, quédate detrás de mí.

Chae-Rin lo miró con firmeza.

—Después de lo que pasó en el patio, ¿todavía cree que necesito que me proteja?

Do-Hyun soltó una pequeña sonrisa.

—No.

Miró la puerta.

—Pero esta vez no vienen por tu orgullo.

Volvió a mirar la espada.

—Vienen por algo mucho más peligroso.

Otro golpe hizo temblar toda la puerta.

Y justo antes de que cediera…

Dae-Su pronunció unas palabras que dejaron a Chae-Rin completamente paralizada:

—Tu madre no era una campesina, hija.

Era la última persona que protegía al verdadero heredero del reino.

La puerta comenzó a abrirse.

Y detrás de ella había decenas de hombres armados.

🔥 CONTINUARÁ…

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