⚔️❤️ El guerrero que subestimó a una campesina
El bosque quedó en silencio después de aquellas palabras.
Kang Mu-Jin permanecía inmóvil frente a Han Soo-Rin. Su espada seguía en su mano, pero ya no estaba pensando en los hombres que acababan de atacarlos.
Solo podía pensar en una cosa.
¿Quién era realmente aquella campesina?
Soo-Rin respiraba con dificultad. Miraba hacia los árboles, buscando desesperadamente al hombre cuya voz había escuchado segundos antes.
Pero ya no había nadie.
El secreto detrás de Soo-Rin
Mu-Jin envainó lentamente su espada.
—No voy a preguntártelo otra vez —dijo con voz firme—. ¿Quién te enseñó a luchar?
Soo-Rin evitó su mirada.
—No importa.
—Para mí sí importa.
Ella levantó la mirada.
—¿Por qué?
Mu-Jin guardó silencio durante unos segundos.
—Porque conozco esa técnica.
Soo-Rin se quedó completamente quieta.
Mu-Jin continuó:
—No es una técnica de campesinos. Tampoco pertenece a los soldados comunes. La utilizan guerreros entrenados dentro del ejército real.
Los ojos de Soo-Rin cambiaron.
—Entonces deberías olvidarlo.
—No puedo.
—¿Por qué?
Mu-Jin dio un paso hacia ella.
—Porque hace cinco años vi esa misma técnica en manos de un hombre que todos creían muerto.
Soo-Rin palideció.
—Estás equivocado.
—¿Lo estoy?
Ella no respondió.
El hombre del bosque
Antes de que Mu-Jin pudiera continuar, un caballo apareció entre los árboles.
Un hombre herido cabalgaba lentamente hacia ellos.
Soo-Rin dio un paso adelante.
—¡No!
El hombre cayó del caballo.
Soo-Rin corrió hacia él y se arrodilló.
Mu-Jin se acercó con cautela.
El hombre llevaba ropa sencilla, pero debajo de ella se veía parte de una antigua armadura militar.
Mu-Jin reconoció inmediatamente el emblema.
Su expresión cambió.
—Ese símbolo…
Soo-Rin intentó cubrirlo.
Pero ya era demasiado tarde.
Mu-Jin miró al hombre.
—¿Quién eres?
El hombre abrió lentamente los ojos.
Miró a Mu-Jin.
Después miró a Soo-Rin.
—No debiste dejar que te encontraran.
Soo-Rin apretó los labios.
—No tuve elección.
Mu-Jin dio otro paso.
—Respóndeme. ¿Quién eres?
El hombre sonrió débilmente.
—Pregúntale a tu padre.
Mu-Jin se quedó congelado.
—¿Qué tiene que ver mi padre con esto?
El hombre cerró los ojos.
—Él fue quien ordenó que la mataran.
La verdad que Mu-Jin desconocía
Mu-Jin sintió que el mundo se detenía.
—¿A quién?
El hombre señaló débilmente a Soo-Rin.
—A ella.
Soo-Rin cerró los ojos.
Durante años había intentado ocultar aquel pasado.
Ahora todo comenzaba a salir a la luz.
Mu-Jin la miró.
—¿Mi padre intentó matarte?
—Sí.
—¿Por qué?
Soo-Rin respiró profundamente.
—Porque descubrí algo que nunca debía descubrir.
—¿Qué?
Ella lo miró directamente.
—Que tu familia estuvo detrás de la muerte de cientos de personas.
Mu-Jin negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
—Eso mismo pensé yo.
—Mi padre es un comandante respetado.
Soo-Rin respondió con tristeza:
—También lo era el hombre que me enseñó a luchar.
La decisión del guerrero
Mu-Jin quedó dividido.
Toda su vida había admirado a su padre.
Había seguido sus órdenes.
Había construido su reputación bajo su nombre.
Pero ahora una campesina a la que había humillado estaba diciéndole que su propia familia había cometido una masacre.
—Dame pruebas —dijo finalmente.
Soo-Rin lo observó.
—Si te las doy, ya no podrás volver atrás.
—No necesito volver atrás.
—Podrías perderlo todo.
Mu-Jin sostuvo su mirada.
—Prefiero perderlo todo antes que vivir defendiendo una mentira.
Soo-Rin quedó sorprendida.
Por primera vez, vio algo diferente en él.
Ya no estaba frente al guerrero arrogante que había llegado a la aldea.
Estaba frente a un hombre que acababa de descubrir que toda su vida podía haber sido construida sobre una mentira.
Una nueva amenaza
De repente, se escucharon caballos acercándose.
Soo-Rin levantó la cabeza.
—Tenemos que irnos.
Mu-Jin desenvainó su espada.
—¿Quién viene?
Ella respondió:
—Los hombres que no quieren que descubras la verdad.
Varios soldados aparecieron al fondo del camino.
Mu-Jin reconoció sus uniformes.
Su expresión cambió.
—Son soldados de mi padre.
Soo-Rin lo miró.
—Ahora entiendes por qué nunca quise que descubrieras quién era.
Mu-Jin se colocó delante de ella.
—Entonces tendrán que pasar primero por mí.
Soo-Rin lo miró sorprendida.
—¿Por qué me proteges?
Mu-Jin no apartó la mirada de los soldados.
—Porque la primera vez que te vi pensé que eras una campesina indefensa.
Giró ligeramente la cabeza hacia ella.
—Ahora sé que eres la única persona que puede descubrir la verdad sobre mi familia.
Los soldados comenzaron a acercarse.
Mu-Jin levantó su espada.
Soo-Rin tomó la suya.
Por primera vez, ambos estaban del mismo lado.
Pero entonces el hombre herido que estaba en el suelo abrió los ojos y susurró algo que hizo que Soo-Rin palideciera.
—Soo-Rin…
Ella se arrodilló junto a él.
—¿Qué?
El hombre tomó su mano.
—Hay algo que nunca te conté.
Soo-Rin se quedó inmóvil.
—¿Qué cosa?
El hombre miró a Mu-Jin.
—El padre de Mu-Jin no fue quien dio la orden.
Mu-Jin abrió los ojos.
—¿Entonces quién fue?
El hombre respiró con dificultad.
—La persona que ordenó tu muerte…
Hizo una pausa.
—Está mucho más cerca de ti de lo que imaginas.
Soo-Rin miró lentamente hacia Mu-Jin.
Y detrás de ellos, uno de los soldados comenzó a sonreír.
La verdadera traición apenas estaba comenzando.
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