⚔️🏹 LA ARQUERA DEL BOSQUE — PARTE 2

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⚔️🏹 LA ARQUERA DEL BOSQUE

PARTE 3 — LA MUJER DETRÁS DE LA MÁSCARA


El bosque quedó en silencio después de que la rama cayó frente al general Kang Tae-Hyun.

Tae-Hyun apartó lentamente las ramas con una mano y miró hacia el sendero.

Nada.

Ni la arquera.

Ni sus huellas.

Ni siquiera el sonido de sus pasos.

Uno de los soldados llegó corriendo.

—General, encontramos el saco.

Tae-Hyun miró hacia abajo.

El saco de arroz estaba abierto. Parte del grano había caído sobre la tierra.

Pero el resto ya no estaba.

El general frunció el ceño.

—¿Dónde está?

El soldado señaló hacia una pequeña pendiente.

—Había campesinos esperando abajo. Se llevaron el arroz.

Tae-Hyun apretó la mandíbula.

—Entonces no está robando para enriquecerse.

El soldado lo miró confundido.

—¿Señor?

Tae-Hyun levantó la mirada hacia el bosque.

—Está devolviendo lo que otros les quitaron.

🌾 UNA SOSPECHA

A la mañana siguiente, el pueblo volvió a llenarse de actividad.

Los campesinos cargaban verduras, arreglaban carros y llevaban canastas al mercado.

Tae-Hyun llegó acompañado de sus soldados.

Todos se quedaron en silencio.

El general bajó del caballo.

Entonces vio a Han So-Rin.

Ella estaba junto a su madre, acomodando sacos de grano.

Tae-Hyun se quedó mirándola.

So-Rin levantó la vista.

Sus ojos se encontraron.

—General.

—So-Rin.

Él se acercó.

—¿Dónde estuviste anoche?

Ella continuó acomodando el grano.

—En mi casa.

—¿Toda la noche?

So-Rin lo miró con una pequeña sonrisa.

—¿Ahora también controla dónde duermen los campesinos?

Uno de los soldados soltó una pequeña risa.

Tae-Hyun lo miró de reojo y el hombre inmediatamente guardó silencio.

—La arquera apareció en el bosque anoche.

—Qué interesante.

—La estoy buscando.

So-Rin levantó una canasta.

—Entonces espero que tenga suerte.

Tae-Hyun la observó.

Había algo en su forma de hablar.

Algo en la manera en que sostenía la mirada.

Algo que no podía explicar.

🏹 LA PRUEBA

Esa misma tarde, Tae-Hyun decidió quedarse en el pueblo.

Mientras sus soldados vigilaban los caminos, él observó discretamente a So-Rin.

Ella trabajaba con su madre, cargaba sacos y atendía a los campesinos como cualquier otra muchacha.

De repente, un niño dejó caer una pequeña cesta.

So-Rin se agachó para recogerla.

Tae-Hyun observó sus manos.

Tenía pequeñas marcas en los dedos.

Marcas propias de alguien que utilizaba herramientas constantemente.

Él recordó las manos de la arquera.

Exactamente las mismas.

Tae-Hyun se acercó.

—Déjame ver tu mano.

So-Rin levantó una ceja.

—¿Perdón?

—Solo quiero comprobar algo.

Ella escondió la mano detrás de su espalda.

—Pues tendrá que seguir con la duda.

Tae-Hyun sonrió ligeramente.

—Eso pensé.

So-Rin lo miró con cautela.

—¿Qué pensó?

—Que eres mucho más interesante de lo que aparentas.

So-Rin se quedó seria.

—Y usted es mucho más curioso de lo que debería.

Tae-Hyun sonrió.

—Tal vez.

🌙 LA NOCHE

Esa noche, So-Rin salió silenciosamente de su casa.

Miró hacia ambos lados.

Su madre dormía.

So-Rin entró en una pequeña habitación detrás de la casa.

Abrió un baúl escondido debajo de unas telas.

Allí estaba su arco.

También estaba la máscara.

Y junto a ella, una vieja carta doblada varias veces.

So-Rin tomó la carta.

La abrió.

Solo había una frase escrita:

“No permitas que el general descubra quién eres.”

So-Rin cerró los ojos.

Entonces escuchó un ruido detrás de ella.

Se giró rápidamente.

Su madre estaba en la puerta.

—Sabía que algún día volverías a usar ese arco.

So-Rin guardó la carta.

—Mamá…

Su madre entró lentamente.

—Tu padre murió intentando proteger ese secreto.

So-Rin bajó la mirada.

—Yo no voy a dejar que su muerte haya sido en vano.

Su madre la tomó de la mano.

—No entiendes lo peligroso que es esto.

—Sí lo entiendo.

—Entonces sabes que no solo estás enfrentándote a los soldados.

So-Rin levantó la mirada.

—¿A quién más?

Su madre guardó silencio.

Antes de responder, tres golpes sonaron en la puerta.

TOC. TOC. TOC.

Ambas mujeres se quedaron inmóviles.

So-Rin tomó lentamente el arco.

Se acercó a la ventana.

Afuera no había nadie.

Entonces una flecha atravesó la ventana y cayó sobre la mesa.

Atada a la flecha había otra carta.

So-Rin la tomó.

La abrió con cuidado.

Su rostro cambió completamente.

Su madre se acercó.

—¿Qué dice?

So-Rin no respondió.

Solo le entregó la carta.

“Si sigues atacando los carruajes, el general descubrirá la verdad.”

La madre levantó la mirada.

—Tenemos que irnos.

So-Rin negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

So-Rin miró hacia la oscuridad del bosque.

—Porque alguien quiere que huya.

Tomó su arco.

—Y yo quiero saber quién está detrás de todo esto.

Mientras tanto, al otro lado del pueblo, Tae-Hyun permanecía despierto.

Miraba la pequeña marca que había encontrado en el suelo durante la persecución.

Era exactamente el mismo símbolo que había visto grabado en una flecha encontrada meses atrás.

Entonces recordó la voz de la arquera.

Recordó sus ojos.

Y recordó a So-Rin diciéndole aquella mañana:

“Quizá los hombres deberían aprender a trabajar antes de quitarle la comida a otros.”

Tae-Hyun se levantó lentamente.

—No puede ser…

Tomó su espada y salió de la habitación.

En ese mismo instante, So-Rin se colocó la máscara frente al espejo.

La joven campesina desapareció detrás de la tela.

Y la arquera volvió a aparecer.

Pero esta vez no iba a robar comida.

Esta vez iba a descubrir quién estaba manipulando al general.

So-Rin abrió la puerta.

En el suelo había una última flecha.

La tomó.

En la punta había un pequeño sello real.

So-Rin palideció.

🔥 CONTINUARÁ…

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