⚔️ BAJO LA LLUVIA DE SANGRE — PARTE 2

⚔️ BAJO LA LLUVIA DE SANGRE — PARTE 2

 

🌧️ Bajo la lluvia de sangre — Parte 3

Seo-Yeon no podía apartar los ojos de los hombres que acababan de aparecer
sobre los tejados.

Durante años había imaginado aquel momento.

Había pensado que cuando encontrara a los responsables de la destrucción
de su aldea sentiría satisfacción.

Pero ahora solamente sentía confusión.

El hombre que tenía delante era el hijo del rey.

Y acababa de decirle que aquellos soldados eran los verdaderos responsables
de la tragedia que había destruido su vida.

LOS HOMBRES DEL TEJADO

Una flecha volvió a atravesar el aire.

Mu-Jin tomó a Seo-Yeon del brazo y la llevó detrás de una pared de piedra.

Kang Mu-Jin: No salgas de aquí.
Seo-Yeon: No vuelvas a darme órdenes.

Mu-Jin la miró durante un segundo.

Kang Mu-Jin: Tienes razón.

Seo-Yeon quedó sorprendida.

Seo-Yeon: ¿Qué?
Kang Mu-Jin: Haz lo que consideres correcto.

Mu-Jin desenvainó su espada.

Seo-Yeon observó cómo avanzaba hacia los soldados.

Ella apretó los dientes.

Después tomó su propio arco.

Seo-Yeon: No pienso dejar que pelees solo.

Mu-Jin sonrió ligeramente.

Kang Mu-Jin: Sabía que dirías eso.

UNA BATALLA EN LAS CALLES

Los soldados enemigos descendieron de los tejados.

Mu-Jin bloqueó el primer ataque y obligó al enemigo a retroceder.

Seo-Yeon disparó una flecha que hizo caer el arma de otro soldado.

Ambos comenzaron a luchar espalda contra espalda.

Kang Mu-Jin: ¡A tu izquierda!

Seo-Yeon se giró rápidamente y bloqueó el ataque.

Seo-Yeon: No necesito que me vigiles.
Kang Mu-Jin: ¡Lo sé!
Seo-Yeon: ¡Entonces deja de hacerlo!
Kang Mu-Jin: ¡Estoy intentando protegerte sin controlarte!

Seo-Yeon se quedó un instante en silencio.

Incluso en medio de una pelea, aquellas palabras lograron sorprenderla.

Pero no había tiempo para pensar.

Otro grupo de soldados apareció desde el otro extremo de la calle.

Seo-Yeon: Son demasiados.
Kang Mu-Jin: Entonces tendremos que hacer que parezcan
menos.

Seo-Yeon sonrió.

Seo-Yeon: Por fin dijiste algo inteligente.

Mu-Jin soltó una pequeña risa.

Kang Mu-Jin: Empiezo a entender por qué todos te tienen
miedo.
Seo-Yeon: Tú deberías tenerme más miedo que todos.

EL MISTERIOSO COMANDANTE

Después de una larga lucha, los soldados comenzaron a retirarse.

Seo-Yeon corrió detrás de uno de ellos.

Consiguió derribarlo y arrancarle una pequeña insignia que llevaba oculta
debajo de la ropa.

La observó detenidamente.

Era un símbolo que había visto muchos años atrás.

Seo-Yeon: Esta insignia…

Mu-Jin se acercó.

Kang Mu-Jin: ¿La reconoces?
Seo-Yeon: Estaba en la aldea.

Mu-Jin tomó la insignia.

Su rostro se volvió serio.

Kang Mu-Jin: Esto no pertenece al ejército de mi padre.
Seo-Yeon: Entonces ¿a quién pertenece?

Mu-Jin tardó en responder.

Kang Mu-Jin: A una organización que fue eliminada hace
quince años.
Seo-Yeon: ¿Eliminada?
Kang Mu-Jin: Eso creíamos.

EL REGRESO DE PARK DO-JIN

En ese momento apareció Park Do-Jin.

Había seguido el rastro de Seo-Yeon hasta la frontera.

Park Do-Jin: ¡Seo-Yeon!

Ella corrió hacia él.

Seo-Yeon: Do-Jin, encontré a los responsables.

Do-Jin miró la insignia que llevaba en la mano.

Su rostro perdió todo el color.

Park Do-Jin: ¿Dónde encontraste eso?
Seo-Yeon: Uno de los soldados la llevaba.

Do-Jin miró inmediatamente a Mu-Jin.

Park Do-Jin: Tenemos que irnos.
Seo-Yeon: No.
Park Do-Jin: Seo-Yeon, ahora mismo.
Seo-Yeon: ¡Dime la verdad!

Do-Jin permaneció callado.

Seo-Yeon: Tú conoces ese símbolo.

Do-Jin bajó la mirada.

Seo-Yeon: ¿Verdad?
Park Do-Jin: Sí.

Seo-Yeon sintió un nudo en el pecho.

Seo-Yeon: Entonces dime quiénes son.

Do-Jin respiró profundamente.

Park Do-Jin: Los hombres que destruyeron tu aldea
no obedecían al rey.
Seo-Yeon: ¿Entonces por qué llevaban el estandarte real?

Do-Jin miró a Mu-Jin.

Park Do-Jin: Porque alguien dentro del palacio quería
que todos creyeran que la orden venía del rey.

UNA VERDAD MUCHO MÁS PELIGROSA

Seo-Yeon se quedó inmóvil.

Durante años había construido su vida alrededor de una sola idea:
encontrar al rey y hacerlo pagar.

Pero ahora todo comenzaba a cambiar.

Seo-Yeon: ¿Quién dio la orden?

Do-Jin no respondió.

Seo-Yeon: ¡¿Quién?!

Do-Jin cerró los ojos.

Park Do-Jin: Nunca pude demostrarlo.
Seo-Yeon: Pero lo sabes.

Do-Jin miró hacia el palacio.

Park Do-Jin: Creo que la orden vino de alguien que
estaba muy cerca del rey.

Mu-Jin frunció el ceño.

Kang Mu-Jin: ¿Uno de los consejeros?

Do-Jin negó lentamente con la cabeza.

Park Do-Jin: Mucho más cerca.

Mu-Jin comprendió inmediatamente.

Kang Mu-Jin: ¿Mi familia?

Do-Jin no respondió.

Pero su silencio fue suficiente.

SEO-YEON REGRESA AL PALACIO

Esa misma noche, Seo-Yeon tomó una decisión.

No iba a huir.

No iba a esconderse.

Iba a entrar al palacio.

Y esta vez no entraría como una campesina buscando justicia.

Entraría como una guerrera que conocía parte de la verdad.

Kang Mu-Jin: Si entras conmigo, todos sabrán quién eres.
Seo-Yeon: Que lo sepan.
Kang Mu-Jin: Mi padre podría intentar detenerte.
Seo-Yeon: Entonces tendrá que mirarme a los ojos.

Mu-Jin la observó en silencio.

Kang Mu-Jin: ¿Todavía me odias?

Seo-Yeon tardó en contestar.

Seo-Yeon: No sé qué siento por ti.

Mu-Jin bajó la mirada.

Seo-Yeon: Y eso me asusta más que odiarte.

LA ENTRADA AL PALACIO

Al amanecer, las enormes puertas del palacio comenzaron a abrirse.

Mu-Jin entró acompañado de Seo-Yeon y Do-Jin.

Todos los soldados se inclinaron ante el príncipe.

Pero cuando vieron a Seo-Yeon, comenzaron los murmullos.

Algunos reconocieron su origen.

Otros observaron las armas que llevaba.

Seo-Yeon no bajó la cabeza.

Caminó directamente hacia el salón del trono.

Las puertas se abrieron.

El rey Kang Hyeon estaba sentado en su trono.

Cuando vio a Seo-Yeon, su expresión cambió.

No parecía sorprendido.

Parecía asustado.

Rey Kang Hyeon: ¿Quién la dejó entrar?

Mu-Jin dio un paso adelante.

Kang Mu-Jin: Yo.

El rey miró a su hijo.

Rey Kang Hyeon: Tú no sabes quién es esa mujer.

Seo-Yeon dio un paso al frente.

Seo-Yeon: Entonces dígamelo usted.

El salón quedó en silencio.

Seo-Yeon: Porque yo sé quién era mi padre.
Seo-Yeon: Y sé lo que ocurrió en mi aldea.

El rey apretó los dedos sobre el brazo del trono.

Rey Kang Hyeon: Sal de aquí.
Seo-Yeon: No.

Mu-Jin miró a su padre.

Kang Mu-Jin: Padre…

El rey levantó la mirada.

Rey Kang Hyeon: ¡Silencio!

Por primera vez, Mu-Jin vio miedo en los ojos de su padre.

LA REVELACIÓN

Seo-Yeon sacó lentamente la insignia que había encontrado en la frontera.

La levantó frente al rey.

Seo-Yeon: ¿Reconoce esto?

El rey quedó completamente inmóvil.

Pero antes de que pudiera responder, una voz apareció desde detrás del
trono.

Voz desconocida: Yo puedo responder esa pregunta.

Todos se giraron.

Un hombre vestido con las ropas de un alto funcionario salió de las
sombras.

Seo-Yeon lo reconoció.

Lo había visto aquella noche.

Era uno de los hombres que estaban junto al comandante cuando su aldea
fue destruida.

Pero había algo que no tenía sentido.

El hombre llevaba quince años desaparecido.

Y ahora estaba dentro del palacio.

Seo-Yeon: Tú…

El hombre sonrió.

Hombre: Finalmente regresaste, pequeña sobreviviente.

Mu-Jin desenvainó su espada.

Kang Mu-Jin: ¿Qué hiciste con aquella aldea?

El hombre miró al príncipe.

Hombre: Lo que tu padre me ordenó.

El rey se levantó bruscamente.

Rey Kang Hyeon: ¡Mientes!

El hombre sonrió todavía más.

Hombre: Entonces pregúntele a su hijo quién era
realmente su madre.

Mu-Jin quedó completamente paralizado.

Seo-Yeon miró al príncipe.

Y comprendió que la historia de su familia escondía un secreto todavía
más grande.

Un secreto relacionado con el nacimiento de Mu-Jin.

¿QUÉ OCULTA REALMENTE LA FAMILIA REAL?

Seo-Yeon había entrado al palacio buscando al responsable de la tragedia
que destruyó su vida.

Pero ahora había descubierto algo mucho más peligroso.

La masacre de su aldea podría estar relacionada con un secreto que llevaba
toda una generación escondido dentro del palacio.

Y la próxima persona que tendrá que enfrentarse a la verdad será
precisamente Mu-Jin.


Porque quizá el príncipe no sea quien siempre creyó ser.