“⚔️ ESE MENDIGO NO PUEDE ENTRAR AL PALACIO”,

“⚔️ ESE MENDIGO NO PUEDE ENTRAR AL PALACIO”,

⚔️ Ese mendigo no puede entrar al palacio — Parte 2

El patio del palacio quedó completamente en silencio.

Hacía apenas unas horas, aquel joven había sido empujado, insultado y tratado como un simple mendigo. Los nobles se habían reído de sus ropas viejas. Los guardias habían impedido que cruzara las puertas. Y la princesa Seo Hwa-Yeon había ordenado personalmente que lo expulsaran.

Ahora, decenas de soldados permanecían arrodillados frente a él.

El general Baek Tae-Rin mantenía la cabeza inclinada.

—Su Alteza, el ejército está esperando sus órdenes.

La princesa no podía reaccionar.

Miró al joven. Después miró al general. Luego volvió a mirar a los soldados arrodillados.

—Esto… no puede ser —murmuró.

Uno de los nobles que se había burlado de Ji-Hoon unas horas antes retrocedió lentamente.

—¿Su Alteza…? —preguntó con voz temblorosa.

Ji-Hoon levantó lentamente la mirada.

Ya no parecía el joven humilde que había llegado vestido con ropa gastada.

Su espalda estaba recta.

Su mirada era firme.

Y aunque seguía llevando las mismas prendas viejas, había algo en su presencia que hacía que nadie se atreviera a mirarlo directamente a los ojos.

El general levantó ligeramente la cabeza.

—Mi príncipe, recibimos su mensaje hace tres días. El ejército completo se movilizó en cuanto supimos que usted había regresado.

La princesa dio un paso hacia ellos.

—¡Esperen!

Todos se quedaron inmóviles.

Seo Hwa-Yeon miró a Ji-Hoon con incredulidad.

—¿Tú eres el príncipe heredero?

Ji-Hoon no respondió inmediatamente.

La observó durante unos segundos.

Después miró hacia los dos guardias que todavía permanecían junto a las puertas.

Los mismos hombres que lo habían empujado.

Los mismos que habían impedido que entrara.

Los dos comenzaron a temblar.

Uno de ellos cayó inmediatamente de rodillas.

—Su Alteza, nosotros no sabíamos quién era usted…

Ji-Hoon caminó lentamente hacia ellos.

El sonido de sus sandalias sobre las piedras resonó por todo el patio.

Se detuvo frente a los guardias.

—No saber quién era yo no les daba derecho a humillarme.

Los guardias bajaron todavía más la cabeza.

—Perdón, Su Alteza.

Ji-Hoon no levantó la voz.

—Si hubieran tratado así a un verdadero mendigo, también habría sido una injusticia.

El general Baek Tae-Rin observó a su príncipe con una expresión de orgullo.

La princesa permaneció inmóvil.

Por primera vez, comenzó a comprender que no había humillado a un desconocido.

Había humillado al hombre que algún día podría gobernar todo el reino.

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Un soldado llegó corriendo desde el interior del palacio.

Se arrodilló frente al general.

—General, tenemos un problema.

Baek Tae-Rin se levantó inmediatamente.

—Habla.

El soldado respiró con dificultad.

—El rey ha desaparecido.

El patio quedó nuevamente en silencio.

Ji-Hoon cambió de expresión.

—¿Qué has dicho?

—Su Majestad salió de sus aposentos hace una hora. Sus guardias fueron encontrados inconscientes. Nadie sabe dónde está.

La princesa palideció.

—Eso es imposible. Mi padre estaba dentro del palacio.

El general miró a Ji-Hoon.

—Su Alteza, parece que alguien estaba esperando su regreso.

Ji-Hoon apretó lentamente los puños.

Su llegada al palacio ya no parecía una simple sorpresa.

Alguien había organizado la desaparición del rey.

Y quizá su falsa apariencia de mendigo había sido la única razón por la que había conseguido acercarse al palacio sin ser reconocido.

Ji-Hoon miró hacia las enormes puertas.

—Cierren todas las salidas.

El general se arrodilló nuevamente.

—Sí, Su Alteza.

Los soldados comenzaron a moverse.

Pero antes de que Ji-Hoon pudiera entrar al palacio, escuchó una voz detrás de él.

—Príncipe Ji-Hoon.

Se detuvo.

Era la princesa.

Seo Hwa-Yeon lo miraba con una mezcla de miedo, vergüenza y sospecha.

—¿Por qué regresaste vestido como un mendigo?

Ji-Hoon giró lentamente la cabeza.

Durante unos segundos, nadie habló.

Finalmente, respondió:

—Porque necesitaba descubrir quién dentro de este palacio seguía siendo leal a mi familia.

La princesa quedó paralizada.

Ji-Hoon dio un paso hacia las puertas.

Pero entonces vio algo en el suelo.

Una pequeña pieza de jade.

La recogió.

Su rostro cambió inmediatamente.

El general se acercó.

—¿Qué ocurre?

Ji-Hoon cerró la mano alrededor del jade.

—Este símbolo pertenece a alguien que murió hace diez años.

El general palideció.

—¿Está seguro?

Ji-Hoon miró hacia los corredores oscuros del palacio.

—Sí.

Y entonces añadió en voz baja:

—Porque yo vi morir a ese hombre.

La cámara se acerca lentamente al jade que permanece cerrado en su mano.

Dentro del palacio, una puerta se abre lentamente.

Una sombra desconocida observa desde la oscuridad.

Y antes de que Ji-Hoon pueda descubrir quién es, la sombra desaparece.

Continuará…