🌹 La flor que él llevaba a una tumba — Parte 3
El secreto que su madre se llevó a la tumba
Seo-Rin permaneció inmóvil frente a la lápida. Sus ojos no podían apartarse
del pequeño collar que Ji-Hwan sostenía entre sus manos.
Era imposible confundirlo. Lo había visto cientos de veces cuando era niña,
antes de que su madre desapareciera de su vida.
—Ese collar era de mi madre… —murmuró Seo-Rin.
Ji-Hwan bajó lentamente la mirada.
—Tu madre me lo entregó la última vez que la vi.
Seo-Rin sintió que le faltaba el aire.
—Pero yo creía que había muerto muchos años antes.
El noble guardó silencio durante unos segundos. Después dejó el collar
sobre la palma de Seo-Rin.
—Eso es lo que todos creen.
Seo-Rin lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Entonces… ¿qué pasó realmente?
Ji-Hwan se acercó a la tumba y colocó una mano sobre la lápida.
—Tu madre no murió aquí.
Seo-Rin quedó completamente sorprendida.
—¿Qué?
—La mujer enterrada aquí era una amiga de tu madre. Murió tratando de
protegerla.
Durante años, Ji-Hwan había llevado una flor a aquella tumba para cumplir
una promesa.
Antes de desaparecer, la madre de Seo-Rin le había pedido algo que él nunca
pudo olvidar.
“Si algún día mi hija vuelve a buscarme, dile que nunca la abandoné.”
Seo-Rin se llevó una mano al pecho.
—Entonces… ¿por qué nunca me buscaste?
Ji-Hwan respiró profundamente.
—Porque me ordenó mantenerte lejos de quienes la perseguían.
Seo-Rin recordó todas las veces que aquel extraño noble había comprado una
flor sin decir casi una palabra.
Ahora todo tenía sentido.
No compraba aquellas flores para él.
Cada flor era una promesa.
Una promesa hecha a una mujer que había desaparecido para salvar a su hija.
Seo-Rin comenzó a llorar.
—Yo pensé que eras un hombre extraño…
Ji-Hwan dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Y yo pensé que jamás descubrirías por qué venía aquí.
Por primera vez, Seo-Rin sonrió entre lágrimas.
Pero entonces escucharon el sonido de varios caballos acercándose por el
camino.
Ji-Hwan levantó la cabeza inmediatamente.
Su expresión cambió.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
El noble miró hacia el bosque.
—Porque quienes perseguían a tu madre acaban de encontrarnos.
Seo-Rin apretó el collar contra su pecho.
—¿Y mi madre?
Ji-Hwan la miró fijamente.
—Si seguimos vivos esta noche, te llevaré hasta ella.
Los caballos se detuvieron al otro lado del bosque.
Varias sombras comenzaron a avanzar entre los árboles.
Seo-Rin tomó la mano de Ji-Hwan.
Por primera vez, ya no era la joven que vendía flores en la entrada de un
pequeño templo.
Ahora sabía que toda su vida había estado construida alrededor de un secreto.
Y que su madre podía seguir viva.
El secreto continúa…
Mientras ambos se alejaban por el sendero, una figura femenina observaba
desde lo alto de una colina.
Llevaba un manto oscuro y sostenía una flor idéntica a la que Seo-Rin
vendía cada día.
La mujer observó a su hija desaparecer entre los árboles.
Susurró:
—Perdóname, Seo-Rin… todavía no puedo volver.
Y mientras el viento movía su manto, la mujer desapareció entre la
oscuridad.
La madre de Seo-Rin estaba viva.
