“👑 EL HIJO ILEGÍTIMO QUE REGRESÓ POR EL TRONO — PARTE 2”,

“👑 EL HIJO ILEGÍTIMO QUE REGRESÓ POR EL TRONO — PARTE 2”,

👑 El hijo ilegítimo que regresó por el trono — Parte 3

El salón real quedó completamente en silencio cuando Kang Tae-Rin cruzó las enormes puertas de madera escoltado por los soldados.

Han Seo-Hwa permaneció detrás de ellos, incapaz de apartar la mirada del joven.

Durante años había pensado que aquel niño había desaparecido para siempre.

Pero ahora estaba allí.

Más alto. Más fuerte. Con el mismo gesto serio que recordaba de aquella época.

Y aquella pequeña cicatriz junto a su ceja era imposible de olvidar.

Seo-Hwa recordó vagamente una tarde de su infancia, cuando ambos habían escapado de sus tutores para jugar cerca de un estanque del palacio.

El niño había caído al agua.

Ella había intentado ayudarlo y, cuando finalmente lograron salir, él se había reído mientras tenía aquella pequeña herida junto a la ceja.

Pero aquel recuerdo era demasiado lejano y confuso.

Además, había una pregunta que no podía ignorar.

¿Cómo podía aquel muchacho ser el mismo hombre que todos habían dado por muerto?

El rey Han Do-Hyun tomó asiento lentamente.

—Quítenle las cadenas.

Los soldados intercambiaron miradas.

Baek Ji-Won dudó.

—Majestad, todavía no sabemos quién es.

El rey levantó la mirada.

—Precisamente por eso quiero hablar con él como un hombre y no como un criminal.

Las cadenas fueron retiradas.

Tae-Rin frotó sus muñecas y después observó al rey.

—¿Por qué me trajeron aquí?

El rey no respondió inmediatamente.

Miró el brazo del joven.

La marca real todavía estaba visible.

—¿Dónde obtuviste esa marca?

Tae-Rin frunció el ceño.

—Nací con ella.

Un murmullo recorrió el salón.

Lord Kang Min-Jae permanecía detrás de los demás nobles.

Intentaba ocultar su preocupación, pero sus manos estaban apretadas dentro de las mangas de su hanbok.

El rey continuó.

—¿Quién es tu madre?

Tae-Rin bajó la mirada.

—No lo sé.

Seo-Hwa dio un pequeño paso hacia adelante.

—¿No recuerdas nada de ella?

Tae-Rin la miró.

—Recuerdo su voz.

—¿Qué te decía?

El joven permaneció en silencio durante unos segundos.

—Que nunca regresara al palacio.

El rostro del rey cambió.

Seo-Hwa también lo notó.

—¿Por qué?

Tae-Rin negó lentamente.

—Nunca me lo explicó.

—¿Cuándo desapareció tu madre?

—Cuando yo tenía ocho años.

Seo-Hwa sintió un escalofrío.

Ocho años.

Era exactamente la edad que tenía el niño que había desaparecido de su vida.

El rey se levantó.

—Todos salgan.

Los nobles comenzaron a retirarse.

Pero Tae-Rin permaneció en el centro del salón.

Seo-Hwa también se quedó.

El rey la miró.

—Tú también.

Ella dudó.

—Majestad…

—Seo-Hwa.

La princesa heredera inclinó la cabeza y abandonó lentamente el salón.

Sin embargo, antes de cruzar la puerta, miró una última vez a Tae-Rin.

Él también la estaba mirando.

Durante un instante, ambos permanecieron en silencio.

Entonces la puerta se cerró.

Dentro del salón quedaron únicamente el rey y Tae-Rin.

El monarca se acercó lentamente.

—¿Sabes por qué esa marca pertenece a nuestra familia?

Tae-Rin negó.

—No.

El rey observó su rostro.

—Porque mi padre tenía exactamente la misma.

Tae-Rin quedó inmóvil.

—¿Su padre?

—El antiguo rey.

El joven dio un paso atrás.

—Entonces…

El rey no terminó la frase.

—Todavía no puedo decirte quién eres.

—¿Por qué?

El rey miró hacia las puertas.

—Porque si eres quien creo que eres, tu existencia puede provocar una guerra.

Tae-Rin apretó los puños.

—No vine a buscar una guerra.

—Tal vez tú no.

El rey lo miró directamente.

—Pero habrá personas que la utilicen para quedarse con el trono.

Mientras tanto, en otro corredor del palacio, Lord Kang Min-Jae caminaba rápidamente.

Entró en una habitación privada y cerró la puerta.

Allí lo esperaba un hombre cubierto con una capa oscura.

—Lo encontraron —dijo Min-Jae.

El hombre permaneció en silencio.

—El hijo está vivo.

Finalmente, la figura levantó la cabeza.

—¿Está seguro?

Min-Jae respondió:

—Tiene la marca.

El hombre apretó los dientes.

—Entonces debemos actuar antes de que el rey confirme su identidad.

Min-Jae asintió.

—¿Y la princesa?

El hombre permaneció callado.

—Ella ya lo reconoció.

Min-Jae abrió los ojos.

—Entonces tenemos otro problema.

En ese mismo momento, Seo-Hwa caminaba sola por un jardín interior.

Se detuvo frente a un pequeño árbol.

Con una mano tocó la corteza.

Allí había una pequeña marca tallada.

Dos iniciales.

Las mismas que ella y aquel niño habían grabado muchos años atrás.

Seo-Hwa cerró los ojos.

Y entonces recordó algo más.

Antes de desaparecer, el niño le había dicho:

—Si algún día regreso, prométeme que no me olvidarás.

Seo-Hwa abrió los ojos lentamente.

—Tae-Rin…

Pero su alivio duró apenas unos segundos.

Porque detrás de aquel recuerdo apareció otra pregunta.

Si Tae-Rin realmente era hijo del antiguo rey…

Entonces ella no había recuperado solamente a su amigo de infancia.

Podía haber recuperado a un hermano.

Y si eso era cierto, todos aquellos sentimientos que había guardado durante años tendrían que enfrentarse a una verdad mucho más dolorosa.

Antes de poder procesarlo, escuchó pasos detrás de ella.

Seo-Hwa se giró.

Era Baek Ji-Won.

—Princesa.

—¿Qué sucede?

El capitán se acercó y bajó la voz.

—El rey ordenó aumentar la seguridad alrededor de Tae-Rin.

Seo-Hwa frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque alguien dentro del palacio está intentando matarlo.

Seo-Hwa quedó completamente inmóvil.

—¿Quién?

Baek Ji-Won negó con la cabeza.

—Todavía no lo sabemos.

Seo-Hwa miró hacia las habitaciones donde habían llevado a Tae-Rin.

Entonces comprendió que el peligro ya no estaba solamente en descubrir quién era él.

El verdadero peligro era que alguien estaba dispuesto a matarlo antes de que la verdad saliera a la luz.

Y esa misma noche, mientras el palacio dormía, una sombra entró silenciosamente en los aposentos donde Tae-Rin permanecía bajo vigilancia.

El joven abrió los ojos.

Alguien estaba detrás de él.

Una voz susurró:

—Debiste quedarte lejos de este reino.

Tae-Rin se giró rápidamente.

Pero antes de poder ver el rostro del intruso, una lámpara cayó al suelo.

La habitación quedó a oscuras.

Continuará…