“👘 LA ESPOSA QUE FUE REEMPLAZADA DURANTE SU PROPIA BODA — PARTE 2”,

“👘 LA ESPOSA QUE FUE REEMPLAZADA DURANTE SU PROPIA BODA — PARTE 2”,

👘 LA ESPOSA QUE FUE REEMPLAZADA DURANTE SU PROPIA BODA — PARTE 3

Seo-Rin descubre que la conspiración comenzó mucho antes de su propia boda.

La puerta terminó de abrirse lentamente.

Seo-Rin permaneció inmóvil junto a la mesa, con la carta de su madre escondida entre las capas de su hanbok. El viejo sirviente estaba detrás de ella, mirando fijamente hacia la entrada.

Kang Tae-Rin apareció bajo la luz tenue de la lámpara.

Su expresión era seria.

Demasiado seria.

Seo-Rin no apartó la mirada.

—Seo-Rin… tenemos que hablar.

Ella cerró lentamente la mano sobre la carta.

—¿Sobre qué?

Tae-Rin entró y cerró la puerta detrás de él.

—Sobre lo que acabas de descubrir.

El viejo sirviente dio un paso hacia adelante.

—¿Cómo sabe usted lo que la señorita descubrió?

Tae-Rin guardó silencio.

Seo-Rin lo observó detenidamente.

—Esa es precisamente mi pregunta.

Tae-Rin bajó la mirada.

—Porque llevo varios días sospechando que alguien estaba manipulando nuestra boda.

Seo-Rin sintió un escalofrío.

—¿Nuestra boda?

—Sí.

—Entonces sabías que algo estaba mal.

—Sabía que algo no encajaba. No sabía qué.

Seo-Rin se acercó lentamente.

—Y aun así decidiste casarte con mi hermana.

Tae-Rin no pudo responder.

La acusación quedó suspendida entre los dos.

Seo-Rin continuó:

—Cuando mi padre canceló la boda, tú ni siquiera preguntaste por qué. Simplemente aceptaste reemplazarme.

—No fue así.

—Yo estaba frente a ti.

—Lo sé.

—Todos me estaban humillando.

—Lo sé.

—Y tú dijiste que te casarías con mi hermana.

Tae-Rin apretó los puños.

—Porque me obligaron.

Seo-Rin frunció el ceño.

—¿Quién?

Tae-Rin levantó la mirada.

—Mi padre.

La orden detrás de la boda

El viejo sirviente observó a Tae-Rin con desconfianza.

—¿Su padre?

Tae-Rin asintió.

—La noche anterior a la ceremonia me entregó una orden.

Seo-Rin cruzó los brazos.

—¿Qué decía?

—Que debía casarme contigo.

Seo-Rin quedó sorprendida.

—Entonces, ¿por qué aceptaste a Hye-Rin?

Tae-Rin respiró profundamente.

—Porque aquella misma mañana recibí otra orden.

—¿De quién?

—De alguien que tiene autoridad sobre mi familia.

Seo-Rin sintió que la situación era todavía más extraña.

—¿Y qué decía?

Tae-Rin respondió lentamente:

—Que si la boda contigo continuaba, tu familia entera sería destruida.

El rostro de Seo-Rin cambió.

—¿Destruida?

—Sí.

—¿Y qué tenía que ver Hye-Rin?

—Me dijeron que tu hermana debía ocupar tu lugar.

Seo-Rin dio un paso atrás.

—Entonces no querían cancelar la boda.

Tae-Rin negó lentamente con la cabeza.

—Querían cambiar a la novia.

El viejo sirviente cerró los ojos.

—Eso significa que alguien necesitaba sacar a la señorita Seo-Rin del camino.

—Exactamente —respondió Tae-Rin.

Seo-Rin llevó una mano hacia la carta escondida.

Ahora entendía por qué su madre había dejado aquella advertencia.

La boda nunca había sido un simple matrimonio.

Era una pieza dentro de algo mucho más grande.

La carta de su madre

Seo-Rin sacó lentamente la carta.

Tae-Rin la miró.

—¿Eso te lo dejó tu madre?

—Sí.

—¿Qué dice?

Seo-Rin dudó.

Durante unos segundos no supo si confiar en él.

Finalmente abrió el documento.

Había una frase escrita con la letra de su madre.

“Si algún día esta boda cambia de novia, no confíes en la familia Kang.”

Tae-Rin palideció.

—Eso no puede ser.

Seo-Rin lo miró.

—¿Por qué?

—Porque mi madre murió hace ocho años.

Seo-Rin permaneció callada.

—¿Y?

Tae-Rin respondió:

—Mi madre también recibió una carta de tu madre.

El silencio volvió a llenar la habitación.

—¿Qué carta?

—Nunca la vi. Pero recuerdo que mi padre discutió con ella después de recibirla.

Seo-Rin acercó el documento a la lámpara.

En una esquina había un pequeño sello.

El mismo símbolo que había visto antes.

—Este sello…

Tae-Rin se acercó.

—¿Qué pasa?

—Es el mismo que encontré dentro de la carta.

El viejo sirviente intervino:

—Entonces ambas mujeres conocían este secreto.

Seo-Rin asintió.

—Y alguien hizo todo lo posible para que ninguna de las dos pudiera hablar.

Una visita inesperada

Antes de que pudieran continuar, escucharon pasos en el corredor.

Seo-Rin guardó la carta.

Tae-Rin se volvió hacia la puerta.

Una voz femenina se escuchó desde afuera.

—Seo-Rin.

Era Han Hye-Rin.

Seo-Rin abrió la puerta.

Su hermana menor estaba allí, todavía vestida con el elegante hanbok de la ceremonia.

Pero ya no parecía feliz.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Necesito hablar contigo.

Seo-Rin la dejó entrar.

Hye-Rin miró a Tae-Rin.

—¿Él te contó lo que ocurrió?

Seo-Rin respondió:

—Me contó una parte.

Hye-Rin bajó la mirada.

—Entonces yo también debo contarte algo.

Seo-Rin esperó.

—Antes de la ceremonia, padre vino a mi habitación.

—¿Qué te dijo?

—Me dijo que si la boda se cancelaba, yo debía aceptar inmediatamente ocupar tu lugar.

Seo-Rin sintió una mezcla de rabia y tristeza.

—¿Ya lo sabías?

Hye-Rin comenzó a llorar.

—No sabía por qué.

—Pero aceptaste.

Hye-Rin no pudo negarlo.

—Sí.

Seo-Rin la observó durante varios segundos.

—¿Por qué?

Hye-Rin respondió con la voz quebrada:

—Porque durante toda mi vida sentí que tú eras la hija que padre quería y yo solo era tu sombra.

Seo-Rin guardó silencio.

—Cuando me ofrecieron tu lugar… pensé que finalmente alguien me había elegido.

Las lágrimas de Hye-Rin cayeron sobre su hanbok.

—Pero cuando te vi salir de la ceremonia sola… comprendí que había aceptado algo que no entendía.

Seo-Rin no la abrazó.

Pero tampoco la rechazó.

—Entonces ayúdame.

Hye-Rin levantó la mirada.

—¿Cómo?

—Dime qué te entregó padre antes de la boda.

El objeto escondido

Hye-Rin abrió lentamente la manga de su hanbok.

Sacó una pequeña caja de madera.

Seo-Rin la miró con atención.

—¿Qué es eso?

—Padre me dijo que nunca debía abrirla.

Seo-Rin tomó la caja.

Estaba cerrada con un pequeño broche metálico.

Tae-Rin se acercó.

—Ese símbolo…

Era el mismo sello que aparecía en la carta de la madre de Seo-Rin.

Seo-Rin abrió la caja.

Dentro había un pequeño medallón y un papel doblado.

Seo-Rin tomó el papel.

Al abrirlo, encontró una lista de nombres.

El primero pertenecía a su padre.

El segundo pertenecía al padre de Tae-Rin.

El tercero pertenecía a un funcionario del palacio.

Y el cuarto…

Seo-Rin dejó de respirar durante unos segundos.

Hye-Rin preguntó:

—¿Qué pasa?

Seo-Rin no respondió.

Tae-Rin tomó el documento.

Al leer el cuarto nombre, también quedó paralizado.

Era el nombre de una persona que todos creían muerta.

La madre de Seo-Rin.

Hye-Rin abrió los ojos.

—Eso es imposible.

Seo-Rin negó lentamente.

—Mi madre murió ocho años atrás.

Tae-Rin miró nuevamente la lista.

—Entonces, ¿por qué su nombre está aquí?

Seo-Rin observó el medallón.

En la parte posterior había una fecha.

Era tres años posterior a la supuesta muerte de su madre.

Seo-Rin sintió que el mundo se detenía.

—Esto significa…

No terminó la frase.

Un golpe seco resonó en la ventana.

Todos se giraron.

La ventana estaba abierta.

El medallón había desaparecido de la mesa.

El mensaje

El viejo sirviente corrió hacia la ventana.

—¡Alguien estuvo aquí!

Seo-Rin miró hacia el exterior.

Una sombra desaparecía entre los árboles.

—¡Deténganlo!

Los guardias salieron corriendo.

Pero la figura ya había desaparecido.

Seo-Rin volvió hacia la mesa.

La lista seguía allí.

Solo faltaba el medallón.

Hye-Rin preguntó:

—¿Qué hacemos ahora?

Seo-Rin sostuvo el documento entre sus manos.

Su expresión había cambiado.

Ya no buscaba solamente descubrir quién había destruido su boda.

Ahora quería saber qué había ocurrido realmente con su madre.

—Mañana no juzgaré solamente a mi familia.

Miró a Tae-Rin.

—Voy a investigar a todos los nombres de esta lista.

Tae-Rin asintió.

—Y yo te ayudaré.

Seo-Rin lo miró con desconfianza.

—Todavía no confío en ti.

—Lo sé.

—Entonces demuéstrame que no estás involucrado.

Tae-Rin permaneció en silencio.

Finalmente respondió:

—Hay algo que nunca te conté.

Seo-Rin levantó la mirada.

—¿Qué?

Tae-Rin respiró profundamente.

—La noche antes de tu boda, encontré a mi padre reunido con tu padre.

Seo-Rin quedó inmóvil.

—¿De qué hablaban?

Tae-Rin la miró directamente.

—Hablaban de tu madre.

La habitación quedó en silencio.

Seo-Rin apretó el documento.

—¿Y qué dijeron?

Tae-Rin bajó la voz.

—Dijeron que, si tú descubrías la verdad sobre su muerte…

Hizo una pausa.

—…la boda debía cancelarse antes de que pudieras entrar en nuestra familia.

Seo-Rin sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

La boda no había sido destruida por una simple disputa familiar.

Había sido cancelada porque alguien temía que Seo-Rin descubriera un secreto relacionado con su propia madre.

Y ahora había una lista con cuatro nombres.

Uno de ellos pertenecía a una mujer que supuestamente llevaba ocho años muerta.

Seo-Rin miró hacia la ventana.

La figura que había robado el medallón ya estaba lejos.

Pero antes de desaparecer había dejado algo sobre el alféizar.

Un pequeño trozo de tela.

Seo-Rin lo recogió.

Reconoció inmediatamente el bordado.

Era el mismo patrón que su madre utilizaba en sus vestidos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No…

Hye-Rin se acercó.

—¿Qué pasa?

Seo-Rin levantó lentamente el trozo de tela.

—Este bordado pertenecía a mi madre.

Tae-Rin la miró con preocupación.

Seo-Rin cerró los ojos.

Y entonces comprendió que quizá había pasado cinco años huyendo de una mentira.

Porque tal vez la mujer que había llorado en el funeral de su madre…

…no estaba llorando por una mujer muerta.

Estaba llorando porque sabía que ella seguía viva.

Continuará…