💔⚔️ EL HOMBRE QUE LA ODIABA Y TERMINÓ PROTEGIÉNDOLA

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💔⚔️ El hombre que la odiaba y terminó protegiéndola

Parte 3: La verdad detrás de la muerte de su hermano

Los tres soldados permanecieron inmóviles.

Por primera vez desde que habían llegado a la aldea, ninguno se atrevía a mirar directamente a Kang Do-Hyun.

El guerrero sostenía su espada con firmeza mientras observaba aquella pequeña marca grabada en la empuñadura del arma enemiga.

La había visto antes.

Diez años atrás.

La misma noche en que su hermano había muerto.

—Les pregunté algo —dijo Do-Hyun con voz fría—. ¿Quién les dio esa espada?

Uno de los soldados tragó saliva.

—No sabemos de qué estás hablando.

Do-Hyun dio un paso hacia él.

—No me vengas con eso.

El soldado levantó su arma.

—¡No tenemos por qué responderte!

Do-Hyun sonrió sin humor.

—Entonces supongo que tampoco tendrán problema si les quito la espada y la llevo al comandante.

Los otros dos soldados se miraron entre sí.

Han Mi-Ra permanecía unos pasos detrás de Do-Hyun.

Ella seguía sin entender por qué el hombre que durante años la había despreciado ahora estaba dispuesto a enfrentarse a sus propios compañeros para protegerla.

—Do-Hyun…

Él no volteó.

—¿Qué?

—Tú todavía crees que maté a tu hermano, ¿verdad?

El guerrero guardó silencio.

Mi-Ra respiró profundamente.

—Entonces dime algo.

—¿Qué?

—¿Por qué arriesgas tu vida por mí?

Do-Hyun finalmente la miró.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

—Porque nadie tiene derecho a matarte —respondió él.

Mi-Ra frunció el ceño.

—¿Ni siquiera tú?

Do-Hyun bajó lentamente la espada.

—Yo quería que pagaras por lo que le pasó a mi hermano.

—¿Y ahora?

—Ahora quiero saber la verdad.

Uno de los soldados aprovechó el momento para atacar.

Do-Hyun reaccionó inmediatamente.

Desvió el golpe, giró sobre sí mismo y derribó al hombre contra el suelo.

El segundo soldado corrió hacia Mi-Ra.

Ella retrocedió, pero Do-Hyun se interpuso nuevamente.

—¡Ya estuvo!

El soldado se detuvo.

—¡Ella es una asesina!

Do-Hyun lo miró con furia.

—Entonces demuéstralo.

—¿Qué?

—Dime cómo murió mi hermano.

El soldado quedó callado.

Do-Hyun avanzó lentamente.

—Tú estabas allí.

El rostro del soldado cambió.

Mi-Ra abrió los ojos.

—¿Tú lo conocías?

El soldado retrocedió.

—Yo…

—¡Habla! —gritó Do-Hyun.

El hombre finalmente bajó la cabeza.

—Tu hermano no murió por culpa de ella.

El mundo pareció detenerse.

Do-Hyun dejó de respirar por un instante.

—Repite eso.

—Tu hermano no murió por culpa de Mi-Ra.

Mi-Ra cerró los ojos.

Era la frase que había esperado escuchar durante diez años.

Pero Do-Hyun no parecía aliviado.

Estaba furioso.

—Entonces… ¿por qué todos me dijeron que ella lo había matado?

El soldado levantó la mirada.

—Porque recibimos órdenes.

—¿De quién?

El soldado dudó.

Do-Hyun levantó su espada.

—Te lo voy a preguntar una sola vez.

El soldado cerró los ojos.

—Del comandante de la guardia real.

Do-Hyun quedó completamente inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

—Mi hermano servía bajo sus órdenes.

—Precisamente.

El soldado respiró profundamente.

—Tu hermano descubrió que algunos oficiales estaban vendiendo información del reino.

Do-Hyun apretó los dientes.

—¿Y qué tenía que ver Mi-Ra?

El soldado miró hacia ella.

—Ella fue la última persona que habló con tu hermano.

Mi-Ra bajó la mirada.

—Eso es cierto.

Do-Hyun la observó.

—¿Qué te dijo?

Mi-Ra tardó en responder.

—Me pidió que escondiera algo.

—¿Qué cosa?

Mi-Ra metió la mano dentro de su ropa y sacó un pequeño medallón de metal.

Do-Hyun lo reconoció inmediatamente.

Era de su hermano.

—¿Por qué lo tienes?

—Porque él me lo dio esa noche.

—¿Y nunca me lo entregaste?

—Intenté hacerlo.

—¿Cuándo?

Mi-Ra lo miró directamente.

—Al día siguiente.

—Yo nunca recibí nada.

—Lo sé.

—Entonces, ¿qué pasó?

Mi-Ra apretó el medallón.

—Alguien me lo quitó antes de que pudiera llegar hasta ti.

Do-Hyun miró al soldado.

—¿Quién?

El soldado no respondió.

—¡¿Quién?!

El hombre finalmente susurró:

—El mismo hombre que ordenó que todos creyeran que ella era la asesina.

Do-Hyun sintió un escalofrío.

—¿El comandante?

El soldado negó con la cabeza.

—El comandante solo obedecía.

Do-Hyun dio un paso atrás.

—Entonces, ¿quién daba las órdenes?

Antes de que el soldado pudiera responder, una flecha atravesó el aire.

La flecha impactó directamente en su pecho.

El hombre cayó al suelo.

—¡Agáchate! —gritó Do-Hyun.

Tomó a Mi-Ra y la llevó detrás de una pared de piedra.

Los otros soldados huyeron hacia el bosque.

Do-Hyun miró hacia los árboles.

—¡Salgan!

Nadie respondió.

Mi-Ra observó el cuerpo del soldado desde lejos.

—Lo mataron para que no hablara.

Do-Hyun asintió.

—Sí.

—Entonces ya saben que descubriste la verdad.

—Sí.

Mi-Ra lo miró preocupada.

—Tenemos que irnos.

Do-Hyun se volvió hacia ella.

—¿Adónde?

—A un lugar donde nadie pueda encontrarnos.

—¿Conoces uno?

Mi-Ra asintió.

—Sí.

—¿Dónde?

Ella miró hacia las montañas.

—La casa donde vivía tu hermano.

Do-Hyun se quedó sorprendido.

—Esa casa fue destruida hace diez años.

—No toda.

—¿Qué estás diciendo?

Mi-Ra sacó el medallón y lo abrió.

Dentro había una pequeña pieza de papel cuidadosamente doblada.

Do-Hyun la tomó.

Era un mapa.

En él aparecía marcada una habitación secreta.

—Tu hermano dejó esto para ti —dijo Mi-Ra.

Do-Hyun la miró con incredulidad.

—¿Por qué nunca me lo enseñaste?

Mi-Ra bajó la mirada.

—Porque me pidió que esperara.

—¿Hasta cuándo?

Ella levantó los ojos.

—Hasta que apareciera el hombre que todavía pudiera distinguir entre venganza y justicia.

Do-Hyun quedó en silencio.

Por primera vez comprendió algo que durante diez años se había negado a aceptar.

Había pasado una década odiando a una mujer que quizás nunca había sido su enemiga.

Y mientras él buscaba venganza, alguien había estado ocultando la verdad.

Pero todavía quedaba una pregunta.

¿Por qué su hermano había confiado precisamente en Mi-Ra?

Ambos emprendieron el camino hacia las montañas antes de que cayera la noche.

Después de varias horas llegaron a las ruinas de la antigua casa.

Do-Hyun entró lentamente.

Todo estaba cubierto de polvo.

Pero Mi-Ra caminó directamente hasta una pared.

—Aquí.

Do-Hyun golpeó la madera.

Sonó hueca.

Ambos se miraron.

Do-Hyun retiró una tabla.

Detrás había una pequeña caja de madera.

Dentro encontraron documentos, monedas, sellos oficiales y varias cartas.

Do-Hyun tomó la primera carta.

La firma pertenecía a su hermano.

—Lee esto —dijo Mi-Ra.

Do-Hyun comenzó a leer.

Su rostro cambió.

—No puede ser…

—¿Qué dice?

Do-Hyun levantó lentamente la carta.

—Dice que mi hermano descubrió quién estaba detrás de todo.

Mi-Ra se acercó.

—¿Quién?

Do-Hyun miró la última línea.

Había un nombre.

El nombre de una persona que ambos conocían.

Do-Hyun dejó caer la carta.

Mi-Ra palideció.

—No…

—¿Lo conoces?

Ella asintió lentamente.

—Sí.

—¿Quién es?

Mi-Ra levantó la mirada.

—El hombre que te envió a buscarme.

Do-Hyun sintió que el corazón se le detenía.

De repente, desde afuera de la casa, se escuchó una voz.

—Qué lástima.

Do-Hyun tomó su espada.

—¿Quién anda ahí?

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Mi-Ra se colocó detrás de él.

Una silueta apareció bajo la luz de la luna.

Y entonces una voz conocida dijo:

—Después de diez años, por fin encontraste la verdad.

Do-Hyun abrió los ojos.

Porque conocía perfectamente aquella voz.

Era la voz del hombre en quien más había confiado.

El hombre que había acompañado a su familia durante toda su vida.

Y antes de que Do-Hyun pudiera levantar la espada, Mi-Ra susurró:

—No lo mates…

Do-Hyun la miró confundido.

—¿Por qué?

Mi-Ra comenzó a llorar.

—Porque él no fue quien mató a tu hermano.

Silencio.

—Él fue quien intentó salvarlo.

Do-Hyun miró nuevamente al hombre que estaba en la puerta.

Entonces comprendió que la historia que había creído durante diez años era completamente diferente.

Pero todavía faltaba descubrir una cosa.

Si aquel hombre había intentado salvar a su hermano… ¿quién había dado la orden de matarlo realmente?

Y, sobre todo, ¿por qué Mi-Ra parecía tener tanto miedo de pronunciar su nombre?