💔 LA FAMILIA NOBLE QUISO DESTRUIR A SU NUERA… ¡PERO ELLA DESCUBRIÓ QUIÉN ESTABA ENVENENANDO AL HEREDERO!
—¡El veneno solo pudo prepararlo alguien con acceso a la despensa real!
La voz del médico resonó en el comedor.
Kang Tae-Jun permaneció inmóvil. Sus ojos pasaron lentamente del doctor a su madre, Lady Kang Mi-Hwa. La mujer que durante toda su vida le había enseñado a desconfiar de los débiles, a proteger el honor de su apellido y a no permitir que nadie cuestionara a la familia, ahora parecía incapaz de pronunciar una sola palabra.
Seo-Yun seguía junto a la mesa. Su hanbok rosa estaba manchado de sopa y su anillo matrimonial descansaba sobre la madera, como una declaración silenciosa de que algo se había roto para siempre.
La suegra apretó el cuenco vacío entre sus manos.
El médico no retrocedió.
Mi-Hwa dejó el cuenco sobre la mesa con tanta fuerza que uno de los platos vibró.
Tae-Jun bajó la mirada. Hasta aquella noche, habría defendido a su madre sin escuchar una sola acusación. Pero el recuerdo de su esposa arrodillada, cubierta de sopa, pidiéndole con los ojos que confiara en ella, empezaba a perseguirlo.
Había visto el dolor de Seo-Yun. Había escuchado la seguridad del médico. Y, por primera vez, se preguntó si había condenado a una mujer inocente para satisfacer el orgullo de su familia.
La expresión de Mi-Hwa cambió.
Fue apenas un instante, una contracción alrededor de los ojos y un movimiento nervioso de sus dedos. Sin embargo, su hijo lo vio.
—No he dicho que lo sea —respondió Tae-Jun—. Te estoy preguntando si sabías que estaba empeorando.
La mujer no contestó.
El médico cerró cuidadosamente el paño que contenía las hojas secas. Luego miró a Seo-Yun, quien observaba el pequeño paquete con una concentración inesperada.
Seo-Yun respiró hondo.
—¿Reconocería a esa criada? —preguntó el médico.
—Sí. Era una mujer que trabaja en esta casa desde antes de mi llegada.
La suegra soltó una risa seca.
Seo-Yun la miró sin bajar la cabeza.
El comedor quedó en silencio.
Tae-Jun observó el anillo sobre la mesa. Recordó la manera en que Seo-Yun se lo había quitado, sin gritar, sin suplicar y sin intentar convencerlo una vez más. Aquella serenidad le dolió más que cualquier insulto.
Por primera vez comprendió que ella no estaba intentando salvar su matrimonio.
Estaba intentando salvar su dignidad.
El heredero comienza a empeorar
Un golpe repentino sonó en la puerta.
Un joven sirviente entró apresuradamente y se arrodilló ante Tae-Jun. Tenía el rostro pálido y respiraba con dificultad.
Tae-Jun se volvió hacia el doctor.
El médico guardó el paño en su bolso y se dirigió hacia la puerta. Pero antes de salir, miró a Seo-Yun.
Mi-Hwa se interpuso.
El médico la miró con severidad.
Tae-Jun se apartó para dejar pasar al doctor. Después miró a Seo-Yun. Durante unos segundos pareció querer ofrecerle la mano, como había hecho tantas veces antes de que su madre empezara a despreciarla.
Pero Seo-Yun no se acercó.
Fue ella quien caminó primero hacia la puerta.
Al pasar junto a su esposo, se detuvo apenas un instante.
Tae-Jun se quedó sin respuesta.
La mujer que había sido acusada de intentar envenenarlo estaba dispuesta a salvar a su hijo. Y él, que había prometido protegerla el día de su boda, había sido el primero en condenarla.
Seo-Yun salió del comedor detrás del médico.
El anillo permaneció sobre la mesa.
Mi-Hwa lo miró y sintió un temor que no había experimentado ni siquiera cuando el médico pronunció la palabra veneno.
Porque si Seo-Yun conseguía salvar al heredero, nadie podría volver a presentarla como una mujer que deseaba destruir a la familia.
Y si el niño hablaba después de recuperarse, quizá revelaría algo que la suegra llevaba años intentando ocultar.
La prueba escondida en la habitación del niño
La habitación del heredero estaba iluminada por dos lámparas de aceite. El pequeño Kang Do-Hyun, de apenas seis años, yacía sobre un colchón bajo, pálido y cubierto por una manta. Su respiración era irregular. Una criada le sostenía la mano mientras otro sirviente permanecía junto a la puerta, aterrorizado.
Seo-Yun se acercó lentamente.
Conocía al niño mejor de lo que su esposo imaginaba. Durante los meses en que la familia la había tratado como una intrusa, ella había sido quien le contaba historias por las noches, quien le enseñaba a reconocer las flores del jardín y quien se quedaba junto a su cama cuando despertaba asustado.
Do-Hyun la había llamado madre en secreto muchas veces, aunque Mi-Hwa siempre lo corregía y le recordaba que una mujer de origen humilde no debía ocupar un lugar que no le correspondía.
Seo-Yun se arrodilló junto al colchón.
El niño abrió ligeramente los ojos, pero no consiguió hablar.
El médico examinó su respiración, observó el color de su piel y revisó cuidadosamente los restos de una infusión que había quedado sobre una pequeña mesa.
Su rostro se endureció.
Tae-Jun se acercó de inmediato.
—Voy a hacer todo lo posible. Pero necesito saber qué recibió y cuándo.
La criada que cuidaba al niño comenzó a llorar.
Tae-Jun giró lentamente la cabeza.
—¿Mi madre ordenó que bebiera esto?
La criada se cubrió el rostro.
—Yo solo obedecía, señor. La bebida llegaba preparada desde la cocina. Nunca me permitieron preguntar qué contenía.
Seo-Yun miró el recipiente.
Entonces recordó el paquete de tela negra que había visto en la despensa, las hojas secas y el miedo de la criada que había salido por la puerta lateral.
Todo comenzaba a encajar, pero todavía faltaba algo fundamental: descubrir quién preparaba realmente la bebida y por qué alguien quería enfermar al heredero.
El médico comenzó a preparar un tratamiento de emergencia con los materiales disponibles. Pidió agua limpia, ordenó que retiraran la infusión y exigió que nadie administrara otra bebida sin su autorización.
Seo-Yun permaneció junto al niño, sosteniendo suavemente su mano.
Pasaron varios minutos que parecieron horas.
Finalmente, la respiración de Do-Hyun comenzó a estabilizarse.
El médico revisó nuevamente al pequeño y asintió con cautela.
Tae-Jun cerró los ojos, aliviado.
Seo-Yun acarició el cabello del niño. Por primera vez desde la cena, las lágrimas comenzaron a caerle sin que intentara ocultarlas.
No lloraba por su matrimonio.
Lloraba porque aquel pequeño había estado sufriendo mientras los adultos discutían sobre el honor, el apellido y el poder.
Cuando el niño consiguió abrir los ojos por completo, miró a Seo-Yun.
Tae-Jun sintió que el corazón se le detenía.
El médico levantó la mirada.
Seo-Yun apretó suavemente la mano del niño.
El niño tragó saliva y miró hacia la puerta.
El rey de aquella casa, su padre y el médico se quedaron inmóviles.
Seo-Yun se inclinó hacia él.
El niño intentó responder. Sus ojos se movieron hacia Tae-Jun, luego hacia el médico. Finalmente, señaló una pequeña caja de madera que estaba debajo de la mesa.
—El hombre que me daba la bebida… llevaba el anillo de papá.
Tae-Jun miró instintivamente su mano.
Su anillo familiar seguía allí.
Pero el heredero continuó hablando con una voz tan débil que todos tuvieron que acercarse para escucharlo.
El médico palideció.
Conocía ese símbolo.
No pertenecía a la familia Kang.
Pertenecía a una sociedad secreta que, según los registros de la corte, había sido desmantelada muchos años atrás.
Y el último hombre acusado de dirigirla había sido el padre de Seo-Yun.
La mujer levantó lentamente la cabeza, sin comprender por qué el médico la miraba de aquella manera.
⚔️ CONTINUARÁ…
La nuera despreciada podría ser la única persona capaz de salvar al heredero. Pero la marca que el niño reconoció está relacionada con el pasado de su propia familia. ¿Fue realmente casualidad que Seo-Yun terminara casándose con el heredero Kang?
