“🔥 EL COMANDANTE QUISO RECUPERAR SU AUTORIDAD… PERO LA JOVEN DESCUBRIÓ SU VERDADERO PROBLEMA”,

“🔥 EL COMANDANTE QUISO RECUPERAR SU AUTORIDAD… PERO LA JOVEN DESCUBRIÓ SU VERDADERO PROBLEMA”,

 

🔥 El comandante y la joven que descubrió la verdad — Parte 3

El almacén escondía algo más que comida

El silencio que cayó sobre la plaza después de abrir las puertas del almacén fue completamente distinto al que había existido unos minutos antes. Los habitantes habían llegado esperando encontrar unas pocas provisiones. Sin embargo, cuando vieron el interior, todos quedaron inmóviles.

Había sacos de arroz apilados hasta casi tocar el techo. También había cajas con verduras secas, recipientes con harina y grandes cantidades de alimentos conservados. Era suficiente para alimentar a las familias de la aldea durante varias semanas.

La anciana que había pedido ayuda llevó una mano a su pecho.

—No puede ser…

Una mujer que estaba detrás de ella comenzó a llorar.

—Nuestros hijos llevan dos días comiendo solamente agua con unas pocas verduras.

Baek Ji-Won no respondió inmediatamente.

Miró los alimentos. Después miró a los habitantes. Finalmente bajó la vista hacia el documento que sostenía entre las manos.

El registro indicaba que aquellas provisiones habían sido entregadas oficialmente para alimentar al pueblo. Sin embargo, también mostraba algo extraño: cada semana aparecía una cantidad considerable de alimentos marcada como “perdida durante el transporte”.

El comandante frunció el ceño.

—Esto no tiene sentido.

Yun Ha-Eun permanecía unos pasos detrás de él. No parecía sorprendida.

—¿Qué dice el registro?

Baek levantó la mirada.

—Dice que una parte de estos alimentos nunca llegó al pueblo.

Ha-Eun miró los enormes sacos que llenaban el almacén.

—Entonces alguien está mintiendo.

La primera sospecha

Los soldados comenzaron a revisar los documentos almacenados en una pequeña mesa. Uno de ellos encontró varios registros con fechas diferentes, pero todos tenían la misma firma.

—Comandante, mire esto.

Baek se acercó.

El nombre que aparecía en los documentos pertenecía al administrador encargado de las provisiones del pueblo.

El comandante apretó la mandíbula.

—¿Dónde está?

Nadie respondió.

Un comerciante señaló hacia el edificio administrativo.

—No lo hemos visto desde esta mañana.

Baek se volvió hacia sus soldados.

—Encuéntrenlo.

Los soldados salieron inmediatamente.

Ha-Eun observó al comandante durante unos segundos.

—¿Ahora entiende por qué no estaba preocupada cuando llegó?

Baek la miró con cierta molestia.

—No confundas las cosas. Todavía no he olvidado lo que ocurrió antes.

Ha-Eun sonrió ligeramente.

—Yo tampoco.

El comandante permaneció en silencio.

Por primera vez, parecía no saber qué responderle.

Una decisión inesperada

Los habitantes comenzaron a acercarse al almacén. Algunos miraban los sacos de comida con lágrimas en los ojos. Otros hablaban entre ellos intentando entender cómo habían podido permanecer tantas provisiones escondidas mientras sus familias pasaban hambre.

Baek observó aquella escena.

Hasta ese momento había considerado la aldea como un lugar que simplemente debía obedecer sus órdenes.

Ahora estaba viendo algo diferente.

Estaba viendo personas que dependían de las decisiones tomadas por hombres que ni siquiera conocían sus nombres.

Una niña pequeña apareció entre la multitud y miró hacia los sacos de arroz.

Ha-Eun se agachó junto a ella.

—¿Tienes hambre?

La niña asintió tímidamente.

Ha-Eun tomó una pequeña bolsa de alimentos y se la entregó.

—Llévasela a tu madre.

La niña sonrió y salió corriendo.

Baek observó la escena en silencio.

Uno de sus soldados se acercó.

—Comandante, deberíamos repartir las provisiones inmediatamente.

Baek miró nuevamente los documentos.

—Sí. Pero primero quiero saber quién hizo esto.

Ha-Eun se levantó.

—Entonces deje de buscar a alguien que pueda culpar y busque a la persona que está intentando ocultarlo.

Baek la miró fijamente.

—¿Qué quieres decir?

Ha-Eun señaló el registro.

—Alguien sabía que usted llegaría.

El comandante frunció el ceño.

—¿Por qué dices eso?

Ella señaló una de las páginas.

—Porque estos documentos fueron preparados demasiado recientemente.

Baek tomó el papel y lo examinó.

Tenía razón.

Alguien los estaba observando

Mientras Baek y Ha-Eun examinaban los documentos, ninguno de los dos notó que alguien los observaba desde el otro lado de la plaza.

Una figura cubierta con una capa sencilla permanecía detrás de un puesto vacío.

Había escuchado toda la conversación.

Cuando vio que uno de los soldados regresaba corriendo hacia el almacén, la figura retrocedió lentamente.

Después giró y comenzó a caminar entre la multitud.

Pero antes de desaparecer, volvió la cabeza.

Miró directamente hacia Ha-Eun.

Ella sintió que alguien la observaba.

Se giró.

No había nadie.

Ha-Eun permaneció inmóvil durante unos segundos.

Baek lo notó.

—¿Qué ocurre?

—Alguien estaba mirándome.

El comandante inmediatamente llevó una mano hacia su espada.

—¿Quién?

—No lo sé.

Baek miró alrededor de la plaza.

—Soldados, cierren las salidas.

Los hombres comenzaron a moverse.

Los habitantes se apartaron mientras los soldados revisaban los alrededores.

Pero la persona que los observaba ya había desaparecido.

El comandante empieza a cambiar

Cuando regresaron al almacén sin encontrar a nadie, Baek permaneció pensativo.

Ha-Eun se acercó.

—No encontrará a esa persona buscando solamente con soldados.

—¿Y qué sugieres?

—Preguntar a la gente.

Baek la miró.

—¿A los habitantes?

—Sí.

—Son civiles. No tienen entrenamiento.

Ha-Eun negó con la cabeza.

—Pero conocen cada rincón de este pueblo mejor que usted.

El comandante guardó silencio.

Luego miró a los habitantes.

Por primera vez desde que había llegado a la aldea, no levantó la voz para dar una orden.

Simplemente preguntó:

—¿Alguien vio salir a una persona sospechosa del almacén?

Los habitantes comenzaron a hablar entre ellos.

Una mujer levantó lentamente la mano.

—Yo vi a alguien esta mañana.

Baek se acercó.

—¿Quién era?

La mujer señaló hacia una pequeña calle que conducía fuera de la aldea.

—No pude ver su rostro. Pero llevaba un anillo con una piedra negra.

Ha-Eun intercambió una mirada con Baek.

El comandante comprendió que aquello podía ser importante.

—¿Viste hacia dónde fue?

La mujer señaló nuevamente la carretera.

—Hacia las montañas.

Una alianza inesperada

Baek tomó su espada y llamó a sus soldados.

—Prepararemos una búsqueda.

Ha-Eun dio un paso adelante.

—Voy con ustedes.

Baek la miró sorprendido.

—No.

—Conozco las montañas.

—Es peligroso.

—Y usted no conoce el camino.

Los soldados se miraron entre ellos.

Baek respiró profundamente.

—No estoy acostumbrado a que alguien discuta cada orden que doy.

Ha-Eun respondió tranquilamente:

—Tal vez porque nunca escucha las respuestas.

Por primera vez, uno de los soldados tuvo que ocultar una sonrisa.

Baek lo vio.

—¿Algo gracioso?

El soldado inmediatamente volvió a ponerse serio.

—No, comandante.

Baek miró a Ha-Eun y finalmente asintió.

—Está bien. Vienes con nosotros.

Ha-Eun tomó una pequeña bolsa y se preparó para salir.

Antes de abandonar la plaza, miró a los habitantes.

—Repartan los alimentos entre las familias. Nadie debe quedarse sin comer.

Baek escuchó sus palabras.

—Yo daré la orden.

Ha-Eun sonrió.

—Esta vez no hizo falta que gritara.

El comandante la miró durante un instante.

Y, para sorpresa de todos, sonrió ligeramente.

El camino hacia las montañas

Cuando el sol comenzó a esconderse detrás de las montañas, Baek, Ha-Eun y sus tres soldados abandonaron la aldea.

La plaza quedó atrás mientras los habitantes repartían las provisiones.

Durante el camino, Baek permaneció pensativo.

—Ha-Eun.

—¿Sí?

—¿Por qué me ayudaste?

Ella continuó caminando.

—Porque aunque usted sea orgulloso, sigue siendo responsable de estas personas.

Baek bajó la mirada.

—Nunca nadie me había hablado así.

—Quizá por eso nadie le había dicho la verdad.

El comandante soltó una pequeña risa.

—Eres realmente difícil.

—Y usted realmente necesita aprender a escuchar.

Los dos continuaron caminando.

Pero ninguno de ellos sabía que, en lo alto de la montaña, la figura del anillo negro ya los estaba esperando.

El secreto que los esperaba

Al llegar a un pequeño sendero entre los árboles, Ha-Eun se detuvo.

—Espere.

Baek levantó una mano para detener a los soldados.

—¿Qué pasa?

Ha-Eun observó el suelo.

Había huellas recientes.

Varias personas habían pasado por allí.

Pero había algo más.

Junto a una roca había un pequeño objeto metálico.

Ha-Eun se agachó y lo recogió.

Era un anillo oscuro con una piedra negra.

Baek lo observó.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Ese símbolo…

Ha-Eun lo miró.

—¿Lo reconoce?

Baek tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Levantó la mirada hacia las montañas.

—Ese símbolo pertenece a un grupo que desapareció hace muchos años.

Ha-Eun quedó seria.

—Entonces esto es mucho más grande que un almacén de comida.

En ese momento, se escuchó un ruido entre los árboles.

Los soldados desenvainaron sus espadas.

Baek se colocó delante de Ha-Eun.

La cámara se acerca lentamente al bosque.

Una sombra aparece entre los árboles.

Y una voz desconocida dice:

—Comandante Baek… debió quedarse en el pueblo.

Baek mira fijamente hacia la oscuridad.

Ha-Eun aprieta el anillo entre sus dedos.

La historia queda en suspenso.

Continuará…

El comandante ya no está buscando solamente al responsable de esconder los alimentos. Ahora ha descubierto una conspiración que podría poner en peligro a todo el reino.