“🔥 LA CAMPESINA QUE DESPERTÓ LA FURIA DE LA ESPOSA DEL GENERAL”,

“🔥 LA CAMPESINA QUE DESPERTÓ LA FURIA DE LA ESPOSA DEL GENERAL”,

🔥 La campesina que despertó la furia de la esposa del general — Parte 3

Seo-Hwa caminó rápidamente por las calles del mercado, intentando alejarse de la tensión que acababa de provocar. No entendía por qué Lady Min estaba tan furiosa con ella. Después de todo, solo había hablado con el general.

Pero mientras avanzaba, no podía evitar pensar en las palabras de aquella mujer.

“Aléjate de mi esposo.”

Seo-Hwa soltó un pequeño suspiro.

—Como si yo tuviera tiempo para enamorarme de un general —murmuró mientras cargaba su cesta.

Sin embargo, unos pasos detrás de ella, alguien la observaba.

Era una de las sirvientas de Lady Min.

La mujer había recibido una orden muy clara: descubrir quién era Seo-Hwa, dónde vivía, quiénes eran sus padres y qué relación tenía realmente con el General Baek.

La sirvienta siguió a Seo-Hwa hasta una pequeña casa ubicada en las afueras del pueblo.

Seo-Hwa entró sin notar que alguien la había seguido.

Dentro de la casa, una mujer mayor la esperaba.

—Llegaste tarde —dijo la anciana.

—Tuve un pequeño problema.

—¿Qué clase de problema?

Seo-Hwa dejó la cesta sobre una mesa.

—La esposa del general.

La anciana levantó inmediatamente la mirada.

—¿Lady Min?

—Sí. Parece que cree que quiero quitarle a su esposo.

La anciana permaneció en silencio.

Seo-Hwa frunció el ceño.

—¿Por qué me miras así?

La mujer se acercó lentamente y tomó su mano.

—Porque quizá ella tenga una razón para desconfiar de ti.

Seo-Hwa quedó confundida.

—¿Qué quieres decir?

Antes de que la anciana pudiera responder, alguien golpeó la puerta.

TOC. TOC. TOC.

Las dos mujeres se miraron.

—¿Esperabas a alguien? —preguntó Seo-Hwa.

—No.

Seo-Hwa caminó lentamente hacia la puerta.

—¿Quién es?

Una voz masculina respondió desde afuera.

—Abre. Soy yo.

Seo-Hwa abrió apenas la puerta.

Era el General Baek.

—¡General! ¿Qué hace aquí?

Baek miró hacia ambos lados antes de entrar.

—Vine a advertirte.

Seo-Hwa cruzó los brazos.

—¿Sobre su esposa?

—No solamente sobre ella.

El rostro de Seo-Hwa cambió.

—Entonces, ¿sobre quién?

El general miró a la anciana.

Ella bajó la mirada.

Baek respiró profundamente.

—Lady Min descubrió algo sobre tu familia.

Seo-Hwa se quedó inmóvil.

—¿Mi familia?

—Sí.

—¿Qué descubrió?

El general tardó unos segundos en responder.

—Que tu padre no era simplemente un campesino.

Seo-Hwa miró a la anciana.

—¿Qué está diciendo?

La anciana cerró los ojos.

—Ya no podemos seguir ocultándolo.

Seo-Hwa retrocedió lentamente.

—¿Ocultarme qué?

La anciana caminó hasta un viejo baúl de madera y sacó un pequeño paquete envuelto en tela.

Lo colocó sobre la mesa.

—Esto perteneció a tu padre.

Seo-Hwa abrió la tela.

Dentro había un medallón antiguo con el símbolo de la familia real.

El General Baek lo reconoció inmediatamente.

—Ese símbolo…

Seo-Hwa lo miró confundida.

—¿Qué significa?

Baek dio un paso hacia ella.

—Significa que tu padre estuvo relacionado con el palacio.

Seo-Hwa negó con la cabeza.

—Eso es imposible.

La anciana finalmente confesó:

—Tu padre protegió un secreto que podía destruir a una de las familias más poderosas del reino.

El silencio llenó la habitación.

Entonces, afuera, se escucharon pasos.

Muchos pasos.

El General Baek se acercó a la ventana.

Su expresión cambió por completo.

—Nos encontraron.

Seo-Hwa se levantó rápidamente.

—¿Quiénes?

Baek miró hacia la calle.

Varias personas vestidas de negro rodeaban la casa.

La anciana palideció.

—Ellos…

Seo-Hwa la miró.

—¿Los conoces?

La mujer respondió con miedo:

—Son los mismos hombres que buscaron a tu padre hace veinte años.

Seo-Hwa quedó completamente paralizada.

El General Baek tomó el medallón y se lo entregó.

—Guárdalo.

—¿Por qué?

Baek miró hacia la puerta.

—Porque ahora entiendo por qué Lady Min estaba tan interesada en ti.

Seo-Hwa apretó el medallón entre sus manos.

—¿Qué tiene que ver ella con todo esto?

El general no respondió.

Solo miró hacia la puerta mientras los golpes comenzaban a sacudir la casa.

¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!

Seo-Hwa entendió entonces que su problema ya no era simplemente la esposa celosa de un general.

Había descubierto un secreto que llevaba veinte años enterrado.

Y alguien estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerlo oculto.

🔥 Continuará…