La campesina que hizo arrepentirse al general — Parte 2
El regreso de una mujer del pasado puso en duda todo lo que el general comenzaba a sentir.
El secreto que cayó sobre la plaza
Durante unos segundos, nadie se movió.
La plaza del pequeño pueblo había quedado completamente en silencio después de aquellas palabras. Incluso los caballos de los soldados parecían haberse tranquilizado, como si también ellos hubieran sentido el peso de la noticia.
Yoon Hye-Ra permanecía frente al general Kwon Tae-Jin con una mano apoyada sobre su vientre.
Su vestido de color marfil y vino contrastaba con la ropa sencilla de los campesinos que observaban desde los puestos del mercado. Había llegado montada a caballo, acompañada por un sirviente, y había elegido aquel lugar para revelar su secreto delante de todos.
Tae-Jin no podía apartar la mirada de ella.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó finalmente.
Hye-Ra sostuvo su mirada.
—Estoy embarazada.
El general tragó saliva.
—¿Y qué tengo yo que ver con eso?
Ella respiró profundamente antes de responder.
—El niño es tuyo.
Los murmullos comenzaron inmediatamente entre los habitantes de la plaza.
Algunos miraron al general. Otros buscaron con la mirada a la campesina que minutos antes había enfrentado al hombre más poderoso del lugar.
Seo-Hwa estaba a unos metros de distancia.
Había escuchado cada palabra.
Su rostro permanecía sereno, pero por dentro sentía una mezcla de sorpresa y decepción.
No porque estuviera enamorada del general. Al menos, eso era lo que intentaba repetirse.
Lo que realmente le dolía era que, por primera vez, había comenzado a creer que aquel hombre podía ser diferente.
Y ahora aparecía una mujer de su pasado asegurando que esperaba un hijo suyo.
La mujer del pasado
Tae-Jin bajó la voz.
—Hye-Ra, no puedes venir aquí después de tantos años y decir algo así delante de todo el pueblo.
—¿Por qué no? —respondió ella—. Tú fuiste quien me pidió que esperara.
El general frunció el ceño.
—Eso ocurrió hace mucho tiempo.
—Pero ocurrió.
Hye-Ra sacó entonces una pequeña bolsa de tela de entre sus ropas.
La abrió lentamente y sacó una carta doblada.
—¿Reconoces esto?
Tae-Jin observó el papel.
Su expresión cambió.
Reconocía la caligrafía.
Era suya.
—¿Dónde encontraste esa carta?
—Me la entregaste tú.
—Eso no demuestra que el niño sea mío.
Hye-Ra sonrió ligeramente.
—No. Pero demuestra que estuvimos juntos después de que regresaste de la frontera.
El general guardó silencio.
Seo-Hwa bajó la mirada.
No quería escuchar más.
Se dio media vuelta y comenzó a alejarse.
—Seo-Hwa.
La voz del general la detuvo.
Ella no se giró inmediatamente.
—No tienes que explicarme nada, general —dijo.
—No es lo que parece.
Seo-Hwa finalmente se volvió.
—¿Y qué parece?
Tae-Jin no respondió.
Ella continuó:
—Parece que una mujer de su pasado acaba de regresar diciendo que lleva a su hijo en el vientre. No necesito saber más.
—Seo-Hwa, escucha…
—No.
La respuesta fue firme.
—Usted me dijo que no soportaba que las personas utilizaran su rango para hacer daño. Yo tampoco quiero que nadie utilice mis sentimientos para convertirme en parte de un problema que no me pertenece.
El general se quedó inmóvil.
Era la primera vez que alguien hablaba con él de esa manera sin temor.
Y, precisamente por eso, sus palabras le dolieron más de lo que esperaba.
Una decisión inesperada
Seo-Hwa recogió la pequeña cesta que había dejado junto a su puesto.
—Me voy.
—¿A dónde?
—A mi casa.
—No puedes irte así.
Ella lo miró fijamente.
—Puedo.
Y comenzó a caminar.
Tae-Jin dio un paso hacia ella, pero uno de sus soldados se acercó.
—General, ¿qué hacemos con la señora Hye-Ra?
Tae-Jin miró a la mujer que afirmaba estar embarazada de él.
Después miró el camino por donde Seo-Hwa acababa de desaparecer.
Por primera vez en mucho tiempo, el general no sabía qué decisión tomar.
—Llévenla a la residencia.
Hye-Ra sonrió.
—¿Y tú?
—Tengo asuntos que resolver.
—Pensé que querrías saber más sobre nuestro hijo.
—Lo sabré.
Su tono fue frío.
—Pero primero necesito saber si todo lo que dices es verdad.
La sonrisa de Hye-Ra desapareció por un instante.
—¿Dudas de mí?
—Dudo de todo lo que aparece de repente después de tantos años.
Hye-Ra apretó la carta entre sus dedos.
—Entonces tendrás que descubrir la verdad.
—Eso haré.
La noche en la residencia
Esa misma noche, el general permaneció despierto durante horas.
Sobre su escritorio había documentos militares, mapas y cartas de antiguos viajes.
Pero ninguno lograba concentrar su atención.
Su mente regresaba una y otra vez a la plaza.
A la expresión de Seo-Hwa.
A la forma en que había dicho que no necesitaba su dinero.
A la manera en que lo había enfrentado sin miedo.
Y, finalmente, a la frase de Hye-Ra.
“Nuestro hijo.”
Tae-Jin abrió un cajón antiguo.
Dentro encontró varios documentos de la época en que había servido en la frontera.
Buscó las fechas.
Hye-Ra afirmaba que estaba embarazada de varios meses.
Pero había algo que no encajaba.
Durante el período en que ella decía haberlo visto, Tae-Jin había estado fuera del reino.
El general tomó otro documento.
Era un registro militar oficial.
La fecha coincidía exactamente.
Había estado a cientos de kilómetros de la capital.
—Eso es imposible…
Alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Entró el capitán de su guardia.
—General, encontramos algo.
Tae-Jin levantó la mirada.
—¿Qué?
El capitán colocó un pequeño documento sobre la mesa.
—El registro de los movimientos de la señora Hye-Ra durante los últimos meses.
Tae-Jin lo abrió.
Su expresión cambió.
—¿De dónde salió esto?
—Un funcionario del distrito lo conservó en secreto.
—¿Y por qué?
El capitán dudó.
—Porque hay algo extraño.
El general comenzó a leer.
Hye-Ra había desaparecido del registro durante varias semanas.
Y había reaparecido exactamente cuando se anunció que Tae-Jin regresaría a la región.
El general cerró los ojos.
—¿Quién sabía que yo regresaría?
—Muy pocas personas.
—Entonces alguien le avisó.
El capitán asintió.
—Eso parece.
Mientras tanto, en la casa de Seo-Hwa
Seo-Hwa tampoco podía dormir.
Su madre la encontró sentada junto a la ventana.
—¿Qué ocurrió?
—Nada.
—No me mientas.
Seo-Hwa suspiró.
—El general tiene una mujer en su pasado.
Su madre se sentó a su lado.
—Eso no debería sorprenderte.
—No me sorprende.
—Entonces, ¿por qué estás triste?
Seo-Hwa guardó silencio.
Porque sabía perfectamente la respuesta.
—Porque pensé que él estaba cambiando.
Su madre la observó con ternura.
—¿Y si realmente está cambiando?
—Entonces tendrá que demostrarlo.
—¿Y si la mujer está diciendo la verdad?
Seo-Hwa bajó la mirada.
—Entonces él tiene una responsabilidad que yo no voy a impedir.
Su madre tomó su mano.
—Eso suena muy sensato.
—Pero no significa que no duela.
La joven finalmente dejó escapar unas lágrimas.
No lloraba por un hombre que hubiera perdido.
Lloraba por la ilusión de haber encontrado a alguien que podía verla como una igual.
El encuentro secreto
Al amanecer, Tae-Jin salió de la residencia sin escolta.
Fue directamente a la casa de Seo-Hwa.
Ella estaba recogiendo agua cuando lo vio.
—¿Qué hace aquí?
—Necesito hablar contigo.
—No creo que sea necesario.
—Para mí sí.
Seo-Hwa dejó el recipiente en el suelo.
—Entonces hable.
Tae-Jin respiró profundamente.
—Todavía no sé si el hijo de Hye-Ra es mío.
Seo-Hwa permaneció en silencio.
—Pero hay algo más.
—¿Qué?
—Las fechas no coinciden.
Seo-Hwa levantó lentamente la mirada.
—¿Está diciendo que ella miente?
—No lo sé.
—Entonces no me corresponde decidirlo.
—Quiero que sepas que no fui yo quien la llamó.
Seo-Hwa suspiró.
—General, no tiene que explicarme su pasado.
—Quiero explicártelo.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Por qué?
Tae-Jin tardó unos segundos en responder.
—Porque me importa lo que piensas de mí.
Seo-Hwa se quedó inmóvil.
El hombre arrogante que había conocido días atrás parecía haber desaparecido.
Pero ella no quería dejarse convencer tan fácilmente.
—Entonces demuéstrelo con hechos.
—¿Qué quieres que haga?
—Descubra la verdad.
—Lo haré.
—Y cuando la descubra, no venga a buscarme si la respuesta no le gusta.
El general frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no quiero ser la mujer que usted elige solamente después de descubrir que otra mujer le mintió.
Las palabras golpearon a Tae-Jin con fuerza.
Seo-Hwa recogió nuevamente el recipiente.
—Si algún día me elige, quiero que sea porque realmente me eligió a mí. No porque otra persona haya desaparecido de su vida.
El general no encontró ninguna respuesta.
Y por primera vez entendió que aquella campesina no quería su riqueza, ni su posición, ni su protección.
Quería algo que él nunca había tenido que ofrecerle a nadie.
Una elección sincera.
La mentira comienza a descubrirse
Horas después, el médico de la residencia examinó a Hye-Ra.
El general esperaba afuera.
Cuando el médico salió, Tae-Jin se puso de pie.
—¿Está embarazada?
—Sí.
El general cerró los ojos.
—¿De cuánto tiempo?
El médico mencionó una cantidad aproximada de semanas.
Tae-Jin hizo rápidamente el cálculo.
Su rostro se endureció.
Las fechas seguían sin coincidir.
—¿Puede determinar quién es el padre?
—No.
El general asintió lentamente.
—Entonces todavía no tenemos la verdad.
Cuando entró en la habitación, Hye-Ra estaba junto a la ventana.
—El médico confirmó el embarazo.
—Lo sabía.
—Pero no confirmó que el niño sea mío.
Hye-Ra permaneció en silencio.
Tae-Jin se acercó.
—Quiero saber dónde estuviste durante las semanas en las que yo estaba fuera del reino.
—¿Me estás interrogando?
—Te estoy haciendo una pregunta.
—No tengo por qué responder.
—Entonces tendré que descubrirlo por mi cuenta.
Hye-Ra lo miró con una expresión diferente.
Por primera vez, parecía verdaderamente preocupada.
La carta escondida
Esa noche, mientras Tae-Jin revisaba nuevamente los documentos, encontró una segunda carta dentro de un antiguo libro militar.
No era suya.
La abrió.
Solo contenía unas pocas líneas.
“Si el general regresa, dile que el niño no debe saber quién es su verdadero padre. Hay demasiado en juego.”
Tae-Jin se quedó paralizado.
La carta no tenía firma.
Pero debajo de las palabras había un pequeño símbolo.
Un círculo atravesado por una línea.
El general reconocía aquel símbolo.
Lo había visto años atrás durante una investigación militar que nunca llegó a completarse.
Una red secreta de funcionarios había estado manipulando registros y documentos dentro de varios distritos.
La investigación había sido cerrada antes de que pudiera descubrir a los responsables.
Tae-Jin apretó la carta entre sus manos.
Tal vez el embarazo no era solamente un asunto personal.
Tal vez alguien estaba utilizando a Hye-Ra para acercarse a él.
Y si era así, Seo-Hwa también podía estar en peligro.
El general se levantó inmediatamente.
—Preparen a los hombres.
El capitán entró.
—¿A dónde vamos?
Tae-Jin miró hacia la oscuridad que cubría el pueblo.
—A descubrir quién está detrás de todo esto.
Pero antes de salir, recibió una noticia que lo dejó completamente inmóvil.
Uno de los soldados había encontrado a un hombre herido en el camino que conducía a la aldea.
El hombre llevaba consigo un mensaje.
Y el mensaje estaba dirigido directamente a Seo-Hwa.
El mensaje para la campesina
Tae-Jin tomó el papel.
Solo había una frase escrita:
“Si el general descubre quién es el verdadero padre, la campesina será la primera en morir.”
El general sintió un escalofrío.
Ahora comprendía que la llegada de Hye-Ra, el embarazo, las cartas y las fechas imposibles podían formar parte de algo mucho más grande.
Y había una persona que quizá podía convertirse en el objetivo principal de quienes estaban detrás de aquella conspiración.
Seo-Hwa.
Tae-Jin salió de la residencia a toda velocidad.
Por primera vez, no corría para proteger su reputación.
No corría por una orden del reino.
Corría por una mujer que, hasta hacía poco, ni siquiera sabía que había comenzado a ocupar un lugar demasiado importante en su corazón.
Mientras tanto, muy lejos de allí, alguien observaba la casa de Seo-Hwa desde la oscuridad.
Y esa persona llevaba el mismo símbolo que aparecía en la carta.
El general todavía no sabía quién era.
Pero estaba a punto de descubrir que el regreso de Hye-Ra no había sido casualidad.
Y que el secreto sobre aquel niño podía cambiar para siempre el destino de los tres.
Continuará…
