🔥 LA CAMPESINA QUE TODOS CREÍAN COBARDE — PARTE 2
Todos pensaban que Han Soo-Rin era una joven incapaz de defenderse.
Durante años había bajado la cabeza cada vez que alguien se burlaba de ella.
Pero aquella tarde, delante de todo el pueblo, mostró una habilidad que nadie
imaginaba que poseía.
El silencio después de la pelea
El mercado quedó completamente en silencio.
Los cuatro caballeros estaban desarmados y tirados en el suelo, incapaces de
comprender qué acababa de suceder.
Los campesinos que unos segundos antes se habían estado riendo de Soo-Rin
ahora la miraban con los ojos completamente abiertos.
Nadie se atrevía a decir una palabra.
Soo-Rin sostenía la espada con una mano.
Su respiración era tranquila.
No parecía orgullosa.
Tampoco parecía sorprendida por lo que acababa de hacer.
Era como si aquella habilidad hubiera formado parte de ella durante toda su vida.
El noble Park Ji-Hwan avanzó lentamente entre los campesinos.
Sus ojos no se apartaban de ella.
—¿Dónde aprendiste a luchar así?
Soo-Rin bajó lentamente la espada.
—No sé de qué estás hablando.
Ji-Hwan negó con la cabeza.
—No intentes engañarme.
—Solo tuve suerte.
El noble miró a los cuatro caballeros derrotados.
—Eso no fue suerte.
El movimiento que la delató
Ji-Hwan se acercó un poco más.
Observó la forma en que Soo-Rin sostenía la espada.
Después miró sus pies.
La posición de su cuerpo era demasiado precisa para alguien que jamás hubiera
recibido entrenamiento.
—Ese movimiento que hiciste antes de desarmar al primer caballero…
Soo-Rin permaneció en silencio.
—Lo conozco.
Ella levantó lentamente la mirada.
—Entonces debe estar confundido.
Ji-Hwan respondió:
—No estoy confundido.
El noble recordó las historias que había escuchado cuando era niño.
Había existido un guerrero legendario llamado Han Do-Yun.
Un hombre conocido por proteger las aldeas fronterizas y derrotar a grupos
enteros de soldados sin necesidad de un ejército.
Pero veinte años atrás había desaparecido.
Nadie había vuelto a verlo.
Y lo más extraño era que su única hija también había desaparecido.
Ji-Hwan miró nuevamente a Soo-Rin.
—¿Tu padre se llamaba Han Do-Yun?
La expresión de Soo-Rin cambió.
Fue apenas un segundo.
Pero Ji-Hwan lo notó.
El nombre que ella había ocultado
Soo-Rin bajó la espada.
—¿Por qué conoce ese nombre?
Ji-Hwan respondió:
—Porque mi padre sirvió junto a él.
Los campesinos comenzaron a murmurar.
Algunos recordaban las historias del famoso guerrero.
Uno de los ancianos del pueblo se acercó lentamente.
—Entonces… ¿esa muchacha es su hija?
Soo-Rin no respondió.
El anciano insistió:
—Todos creíamos que la hija del guerrero había muerto.
Soo-Rin apretó la mandíbula.
—Eso es lo que quería que todos creyeran.
Ji-Hwan quedó sorprendido.
—¿Por qué?
Soo-Rin miró alrededor.
Todos estaban escuchando.
Por primera vez, la joven que siempre había bajado la cabeza habló con una
seguridad que dejó a todos en silencio.
—Porque mi padre no desapareció por voluntad propia.
La verdadera razón de su desaparición
Ji-Hwan dio un paso hacia ella.
—¿Qué estás diciendo?
Soo-Rin miró hacia las montañas.
—Cuando era niña, unos hombres llegaron a nuestra casa.
—Mi padre me escondió antes de enfrentarlos.
—Me dijo que jamás debía revelar quién era.
—Después de aquella noche, desapareció.
Ji-Hwan preguntó:
—¿Y tu madre?
Soo-Rin bajó la mirada.
—También desapareció.
El silencio volvió a caer sobre el pueblo.
Ahora todos comprendían por qué Soo-Rin había vivido como una campesina
cualquiera.
No había sido cobardía.
Había sido una forma de sobrevivir.
Los caballeros no habían llegado por casualidad
Ji-Hwan volvió la mirada hacia los caballeros derrotados.
Algo no encajaba.
—¿Por qué vinieron exactamente hoy?
Soo-Rin permaneció pensativa.
—No lo sé.
Ji-Hwan se acercó a uno de los caballeros y encontró un pequeño sello de metal
oculto dentro de su ropa.
Al verlo, su expresión cambió.
Soo-Rin se acercó.
—¿Qué es?
Ji-Hwan sostuvo el sello frente a ella.
—Este símbolo pertenece a una antigua organización militar.
Soo-Rin palideció.
—Ese símbolo…
—¿Lo reconoces?
Ella asintió lentamente.
—Lo vi en la noche en que desapareció mi padre.
Una decisión inesperada
Ji-Hwan comprendió entonces que aquellos hombres no habían llegado al pueblo
para intimidar a los campesinos.
Habían estado buscando a Soo-Rin.
—Tenemos que irnos.
Soo-Rin negó con la cabeza.
—No voy a huir otra vez.
Ji-Hwan la miró seriamente.
—No estoy diciendo que huyamos.
—Entonces, ¿qué quieres hacer?
El noble guardó el sello dentro de su ropa.
—Quiero descubrir quién ordenó buscarte.
Soo-Rin lo observó en silencio.
—¿Y por qué me ayudarías?
Ji-Hwan respondió:
—Porque conocí a tu padre.
—Y porque alguien está intentando terminar lo que comenzó hace veinte años.
El mensaje escondido
Antes de abandonar el mercado, Soo-Rin regresó a su pequeña casa.
Abrió un viejo baúl que había pertenecido a su madre.
Durante años nunca se había atrevido a revisar completamente su contenido.
Dentro encontró ropa vieja, algunas cartas y una pequeña caja de madera.
La abrió.
Dentro había un fragmento de una espada.
Soo-Rin lo tomó entre sus manos.
Debajo del fragmento encontró una carta doblada.
La abrió lentamente.
Reconoció inmediatamente la letra de su padre.
Solo había una frase:
«Si algún día descubres quién eres, no busques al hombre que me derrotó. Busca al hombre que me traicionó.»
Soo-Rin quedó completamente inmóvil.
Ji-Hwan leyó la carta por encima de su hombro.
Entonces escucharon un ruido afuera.
Ambos se giraron hacia la puerta.
Ji-Hwan llevó lentamente la mano hacia su espada.
Soo-Rin hizo lo mismo.
Desde el exterior, una voz desconocida dijo:
—Han Soo-Rin… tu padre sigue vivo.
Soo-Rin abrió los ojos.
Y antes de que pudiera responder, la voz añadió:
—Pero si quieres encontrarlo, tendrás que regresar al lugar donde desapareció.
El secreto que todavía permanece oculto
Soo-Rin miró a Ji-Hwan.
Después volvió a mirar la puerta.
Durante años había pensado que su padre estaba muerto.
Ahora acababa de descubrir que quizá seguía con vida.
Pero también había descubierto algo mucho más peligroso:
la persona responsable de su desaparición seguía libre.
Y probablemente sabía exactamente dónde encontrarla.
Soo-Rin tomó nuevamente el fragmento de espada de su padre.
Esta vez no bajó la cabeza.
Miró directamente hacia la puerta.
¿Quién traicionó al famoso guerrero hace veinte años… y por qué está buscando
ahora a su hija?
