🔥 LA JOVEN QUE FUE ARROJADA AL RÍO — PARTE 3
Durante unos segundos, nadie se atrevió a respirar.
Lady Yoon permanecía inmóvil frente a la autoridad judicial. Sus ojos recorrían el rostro de aquella mujer intentando encontrar una explicación a aquella sensación que acababa de recorrerle el cuerpo.
Había algo familiar en ella.
Algo que no podía explicar.
La forma de mirar.
La manera de mantener la cabeza en alto.
Incluso aquella pequeña cicatriz junto a la ceja.
Pero era imposible.
La mujer que tenía delante no podía ser Han Seo-Rin.
Seo-Rin había muerto.
Eso era lo que todos habían creído durante años.
Kang Min-Jae miró a su madre.
—Madre… ¿por qué estás tan pálida?
Lady Yoon no respondió.
Sus ojos continuaban clavados en Seo-Rin.
La joven que una vez había suplicado por su vida ahora estaba frente a ella, vestida como una mujer de autoridad.
Pero Lady Yoon todavía no podía reconocerla.
Seo-Rin tomó nuevamente asiento.
Su expresión era completamente tranquila.
—Continuemos con el juicio.
Un funcionario abrió el registro y comenzó a leer los documentos encontrados durante la investigación.
—La familia Kang afirma que la joya desapareció hace veintisiete años.
Seo-Rin levantó lentamente la mirada.
—¿Veintisiete años?
—Sí, señora.
—¿Y quién fue acusado de haberla robado?
El funcionario bajó la voz.
—Una joven sirvienta llamada Han Seo-Rin.
Lady Yoon apretó las manos.
Min-Jae frunció el ceño.
—Esa muchacha era una ladrona.
Seo-Rin lo observó.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—¿La vio robar la joya?
Min-Jae guardó silencio.
—No.
Seo-Rin inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces, ¿cómo sabe que era culpable?
Min-Jae miró a su madre.
Lady Yoon respondió rápidamente.
—La joya apareció en sus pertenencias.
Seo-Rin apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Eso no demuestra que ella la robara.
—¡La encontramos en su habitación!
—Y después la arrojaron al río.
El silencio cayó sobre la sala.
Min-Jae miró a Seo-Rin con sorpresa.
—¿Cómo sabe eso?
Seo-Rin no respondió inmediatamente.
En su mente apareció aquel recuerdo.
El puente.
El viento.
Los rostros de los aldeanos.
Las manos de Min-Jae sujetándola.
La voz de Lady Yoon ordenando que la arrojaran.
Y después…
El agua helada.
La oscuridad.
La corriente arrastrándola lejos del pueblo.
Seo-Rin cerró los ojos durante un instante.
Había pasado años intentando olvidar aquella noche.
Pero ahora había regresado para descubrir la verdad.
—Porque el expediente está incompleto —respondió finalmente.
El funcionario levantó la cabeza.
—¿Incompleto?
Seo-Rin señaló el documento.
—Aquí dice que la joven murió después de caer al río.
—Así es.
—¿Dónde está el cuerpo?
Nadie respondió.
Seo-Rin volvió a preguntar.
—¿Dónde está el cuerpo de Han Seo-Rin?
Lady Yoon comenzó a ponerse nerviosa.
—El río se llevó el cuerpo.
Seo-Rin la miró fijamente.
—Entonces nadie confirmó su muerte.
Lady Yoon tragó saliva.
—Todos sabíamos que había muerto.
Seo-Rin sonrió ligeramente.
—Saber algo no es lo mismo que demostrarlo.
El funcionario comenzó a revisar rápidamente los documentos.
Después de unos segundos encontró algo.
—Señora…
—¿Qué ocurre?
—Aquí hay otro registro.
Seo-Rin extendió la mano.
El funcionario le entregó un documento antiguo, amarillento por el paso del tiempo.
Ella lo abrió.
Sus ojos se detuvieron en una pequeña marca.
Era el sello de la familia Kang.
Pero debajo del sello había una anotación que nunca había visto.
“La muchacha no debe ser encontrada.”
Seo-Rin sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Durante todos aquellos años había pensado que su caída al río había sido simplemente el resultado de una familia cruel que quiso castigarla.
Ahora entendía que había algo mucho peor.
Alguien había querido asegurarse de que nunca regresara.
Seo-Rin levantó lentamente la mirada.
—¿Quién escribió esto?
El funcionario negó con la cabeza.
—No lo sé. El nombre fue eliminado.
Seo-Rin miró hacia Lady Yoon.
La mujer estaba cada vez más inquieta.
—Yo no sé nada de ese documento —dijo Lady Yoon.
—No le pregunté nada.
Lady Yoon se quedó callada.
Seo-Rin dejó el documento sobre la mesa.
—Precisamente por eso me preocupa.
Min-Jae dio un paso adelante.
—Señora, esto ocurrió hace décadas. No puede juzgarnos por algo que ya pasó.
Seo-Rin levantó la mirada.
—No estoy juzgando lo que pasó.
Hizo una pausa.
—Estoy investigando por qué alguien quiso ocultarlo.
Min-Jae palideció.
En ese momento, uno de los guardias entró apresuradamente en la sala.
—Señora, encontramos algo.
Seo-Rin se levantó.
—¿Qué encontraron?
El guardia colocó sobre la mesa una pequeña caja de madera.
—Estaba escondida detrás de una pared en la antigua residencia de la familia Kang.
Lady Yoon se levantó de golpe.
—¡No pueden abrir eso!
Todos la miraron.
Seo-Rin caminó lentamente hacia la caja.
—¿Por qué no?
Lady Yoon no respondió.
Seo-Rin observó la cerradura.
Era vieja.
Pero alguien la había cerrado recientemente.
—Traigan una llave.
El guardia intentó abrirla, pero no pudo.
Entonces Seo-Rin vio algo en la parte inferior.
Un pequeño símbolo tallado en la madera.
Era exactamente el mismo símbolo que había aparecido en la carta de su madre.
Seo-Rin quedó paralizada.
El viejo sirviente que había permanecido cerca de la puerta también reconoció el símbolo.
—Señora…
Seo-Rin lo miró.
El anciano bajó la voz.
—Ese símbolo pertenecía a su madre.
Seo-Rin sintió un escalofrío.
Lady Yoon retrocedió un paso.
Por primera vez, el miedo apareció claramente en su rostro.
Seo-Rin se volvió hacia ella.
—Parece que alguien de esta familia conocía a mi madre.
Lady Yoon respondió rápidamente.
—Eso es imposible.
Seo-Rin se acercó un poco.
—¿Está segura?
Lady Yoon no pudo responder.
Entonces Seo-Rin tomó la caja entre sus manos.
—Ábranla.
El guardia golpeó la cerradura.
Una vez.
Dos veces.
La madera comenzó a romperse.
Finalmente, la cerradura cedió.
La tapa se levantó lentamente.
Dentro había documentos antiguos, una pequeña bolsa de tela y un retrato cuidadosamente protegido.
Seo-Rin tomó el retrato.
Cuando lo volteó, dejó de respirar.
Era una imagen de su madre.
Pero su madre no estaba sola.
A su lado aparecía un hombre perteneciente a la familia Kang.
Lady Yoon vio la imagen y perdió completamente el color del rostro.
Seo-Rin la observó.
—Ahora sí quiero que me diga la verdad.
Lady Yoon permaneció en silencio.
Seo-Rin acercó el retrato.
—¿Quién era este hombre?
Lady Yoon finalmente levantó la mirada.
Sus labios temblaron.
—Era…
Pero antes de terminar la frase, una voz apareció desde la entrada.
—No se lo preguntes a ella.
Todos se giraron.
Un anciano desconocido permanecía de pie junto a la puerta.
Seo-Rin lo miró con atención.
El hombre avanzó lentamente.
—Si quieres saber por qué te arrojaron al río…
Hizo una pausa.
—Tendrás que preguntarle primero a tu propia madre.
Seo-Rin quedó completamente paralizada.
Su madre llevaba años muerta.
Y aquel hombre acababa de insinuar que ella también había ocultado algo.
El anciano sacó una carta doblada de su túnica.
—Tu madre me pidió que te entregara esto únicamente cuando estuvieras frente a la familia Kang.
Seo-Rin extendió lentamente la mano.
Pero antes de tomar la carta, el anciano añadió:
—Después de leerla, quizá ya no quieras vengarte de esta familia.
Seo-Rin frunció el ceño.
—¿Por qué?
El anciano la miró directamente a los ojos.
—Porque descubrirás que el hombre que realmente intentó matarte… no pertenece a la familia Kang.
Seo-Rin abrió los ojos con sorpresa.
La carta quedó suspendida entre las manos de ambos.
Y justo cuando estaba a punto de abrirla…
La puerta del tribunal se cerró violentamente.
Todos los guardias se giraron.
Alguien acababa de cerrar las puertas desde afuera.
Seo-Rin miró la carta.
Después miró a la familia Kang.
Y comprendió que quizá había regresado al pueblo equivocado para buscar justicia.
🔥 CONTINUARÁ…
