🩸 ¡Arrodíllate delante de todos! — Parte 3
Las grandes puertas del salón permanecieron abiertas.
Durante unos segundos, nadie dijo una palabra.
Todos miraban hacia el corredor.
Los pasos se acercaban lentamente.
Han Seo-Rin continuaba arrodillada en el suelo. Sus ojos todavía estaban llenos de lágrimas, pero ahora había algo diferente en su expresión.
Ya no parecía una sirvienta asustada.
Parecía estar esperando que alguien finalmente dijera la verdad.
La princesa Hye-Rin levantó ligeramente la barbilla.
—¿Quién viene?
El mensajero no respondió.
Solo bajó la cabeza.
Entonces una mujer apareció en la entrada.
Era una dama de aproximadamente cuarenta años, vestida con un elegante hanbok azul oscuro y dorado. Su cabello estaba recogido en un elaborado peinado y llevaba un pequeño adorno de jade en la frente.
Detrás de ella caminaban dos sirvientes.
La mujer entró lentamente al salón.
Los nobles comenzaron a murmurar.
La princesa la observó con desconcierto.
—¿Quién eres?
La mujer no respondió inmediatamente.
Su mirada recorrió el salón.
Después observó la reliquia rota en el suelo.
Finalmente miró a Seo-Rin.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Seo-Rin también la reconoció.
Era la primera vez que veía a aquella mujer en muchos años.
La verdadera propietaria
La mujer caminó hasta el centro del salón.
El mensajero se hizo a un lado.
La princesa volvió a preguntar:
—Te pregunté quién eres.
La mujer la miró directamente.
—La propietaria de esa reliquia.
El salón quedó completamente en silencio.
Kang Min-Jae dejó de sonreír.
La princesa miró la reliquia rota.
—Eso es imposible.
La mujer negó lentamente con la cabeza.
—No lo es.
Se agachó y observó la pieza de jade.
—Esta reliquia perteneció a mi familia durante generaciones.
La princesa dio un paso hacia ella.
—Entonces, ¿por qué estaba en mis aposentos?
La mujer levantó la mirada.
—Porque yo te la entregué hace tres años.
La princesa quedó confundida.
—¿Tú?
—Sí.
La mujer señaló la parte rota de la reliquia.
—Pero jamás te dije que fuera tuya.
Un murmullo recorrió nuevamente la corte.
El detalle que lo cambió todo
La mujer tomó cuidadosamente una de las partes de la reliquia.
La giró y mostró la parte posterior.
Había un pequeño símbolo grabado en el jade.
Seo-Rin lo reconoció inmediatamente.
Era el mismo símbolo que había visto en una antigua caja perteneciente a su madre.
Seo-Rin se levantó lentamente.
La princesa la miró.
—¿Por qué te levantas?
Seo-Rin no respondió.
Sus ojos estaban fijos en el símbolo.
La mujer también la observó.
—¿Tú conoces esa marca?
Seo-Rin asintió lentamente.
—Mi madre tenía una igual.
La mujer quedó inmóvil.
—¿Cómo se llamaba tu madre?
Seo-Rin tragó saliva.
—Han Soo-Jin.
La expresión de la mujer cambió por completo.
Los nobles dejaron de murmurar.
La mujer dio un paso hacia Seo-Rin.
—Entonces eres tú…
Seo-Rin frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?
La mujer miró a la princesa.
Luego volvió a mirar a Seo-Rin.
—Tu madre me pidió que te encontrara si algún día regresabas al palacio.
El secreto de la reliquia
La princesa retrocedió.
—¿Tu madre?
Seo-Rin miró a la mujer con incredulidad.
—Mi madre murió cuando yo era niña.
La mujer negó con la cabeza.
—Eso fue lo que te hicieron creer.
Seo-Rin quedó paralizada.
Por primera vez, las lágrimas volvieron a llenar sus ojos.
—¿Qué está diciendo?
La mujer se acercó aún más.
—Tu madre no murió.
El salón quedó en absoluto silencio.
Seo-Rin respiró profundamente.
—Entonces… ¿dónde está?
La mujer miró hacia las puertas del salón.
—Eso es precisamente lo que he venido a decirte.
La persona que todos querían ocultar
Kang Min-Jae dio un paso hacia adelante.
—Esto es absurdo.
La mujer lo miró.
—No.
Después señaló la reliquia.
—Lo absurdo fue pensar que nadie descubriría lo que hicieron.
Kang Min-Jae palideció.
Seo-Rin lo observó.
—¿Qué hicieron?
La mujer sostuvo la reliquia frente a ella.
—Esta pieza tiene un compartimento oculto.
La princesa se quedó inmóvil.
La mujer presionó cuidadosamente un pequeño punto en el jade.
Se escuchó un pequeño clic.
Una diminuta pieza interior se abrió.
Dentro había un fragmento de papel enrollado.
La mujer lo sacó lentamente.
Seo-Rin dio un paso hacia adelante.
—¿Qué es eso?
La mujer desenrolló el papel.
Sus ojos recorrieron las primeras líneas.
Después miró directamente a Seo-Rin.
—Es una carta de tu madre.
Seo-Rin quedó completamente inmóvil.
—¿Qué dice?
La mujer apretó la carta entre sus dedos.
—Dice que alguien dentro de este palacio intentó hacerte desaparecer.
La princesa miró inmediatamente a Kang Min-Jae.
Él retrocedió un paso.
Seo-Rin observó a todos los presentes.
La mujer se acercó a su oído y habló en voz baja.
—Y tu madre escribió un nombre.
Seo-Rin levantó la mirada.
—¿Cuál?
La mujer miró hacia el fondo del salón.
—El nombre de la persona que ordenó tu muerte.
Seo-Rin se quedó sin palabras.
