La dama que fingía ser indefensa
El hombre que regresó de la muerte escondía el secreto más peligroso del reino.
La sombra tras la puerta
Hae-Rin permaneció inmóvil. La daga seguía en su mano y el ninja estaba arrodillado frente a ella. Al otro lado de la puerta, los pasos se detuvieron.
La puerta se abrió lentamente. Un hombre de rostro marcado por una vieja cicatriz entró bajo la luz de las lámparas. Hae-Rin sintió que el mundo desaparecía a su alrededor.
El hombre, Kang Do-Seok, había sido el comandante que la entrenó en secreto cuando era niña. Diez años atrás, el palacio anunció que había muerto durante una rebelión. Hae-Rin nunca volvió a pronunciar su nombre.
La verdadera misión
Hae-Rin bajó la daga, pero no la guardó. Había aprendido a no confiar ciegamente en nadie, ni siquiera en el hombre que le había enseñado a defenderse.
La joven palideció. El sello llevaba años escondido dentro de un pequeño relicario. Su madre había muerto acusada de traición, y aquel objeto era lo único que quedaba de ella.
Do-Seok extendió la mano.
Hae-Rin retrocedió. Por primera vez, comprendió que el ataque no había sido un simple intento de asesinato. Alguien quería obligarla a revelar el secreto de su familia.
La traición inesperada
Un ruido resonó en el corredor. El ninja aprovechó la distracción para levantarse, pero Hae-Rin le bloqueó el paso con la daga.
El hombre se quitó lentamente la máscara. Era joven, tenía una cicatriz sobre la ceja y parecía luchar contra el miedo.
Do-Seok se quedó inmóvil. Su rostro reveló algo que Hae-Rin no había visto en años: auténtico terror.
Antes de que alguien respondiera, sonaron campanas en todo el recinto. Soldados rodearon la residencia. Desde el exterior llegó una orden que hizo temblar a los sirvientes.
El secreto de la reina
Hae-Rin miró a Do-Seok, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar. La reina había muerto quince años atrás, cuando ella todavía era una niña.
El comandante sacó de su túnica una carta sellada con el emblema real. Hae-Rin reconoció la caligrafía de su madre.
Al abrirla, encontró una sola frase:
Hae-Rin levantó lentamente la mirada hacia Do-Seok. Él no intentó defenderse. Solo retrocedió un paso, mientras los soldados derribaban la puerta.
Entonces el ninja susurró algo que nadie esperaba.
