“La dama que fingía ser indefensa – Parte 2”,

“La dama que fingía ser indefensa – Parte 2”,

La dama que fingía ser indefensa

El hombre que regresó de la muerte escondía el secreto más peligroso del reino.

La sombra tras la puerta

Hae-Rin permaneció inmóvil. La daga seguía en su mano y el ninja estaba arrodillado frente a ella. Al otro lado de la puerta, los pasos se detuvieron.

La puerta se abrió lentamente. Un hombre de rostro marcado por una vieja cicatriz entró bajo la luz de las lámparas. Hae-Rin sintió que el mundo desaparecía a su alrededor.

Hae-Rin: «Maestro… te vi morir con mis propios ojos».

El hombre, Kang Do-Seok, había sido el comandante que la entrenó en secreto cuando era niña. Diez años atrás, el palacio anunció que había muerto durante una rebelión. Hae-Rin nunca volvió a pronunciar su nombre.

Do-Seok: «Lo que viste fue una mentira. Y la persona que ordenó mi desaparición también quiere verte muerta».

La verdadera misión

Hae-Rin bajó la daga, pero no la guardó. Había aprendido a no confiar ciegamente en nadie, ni siquiera en el hombre que le había enseñado a defenderse.

Hae-Rin: «¿Por qué enviaron a este hombre a mi habitación?»
Do-Seok: «Porque alguien descubrió que conservas el sello de tu madre».

La joven palideció. El sello llevaba años escondido dentro de un pequeño relicario. Su madre había muerto acusada de traición, y aquel objeto era lo único que quedaba de ella.

Do-Seok extendió la mano.

Do-Seok: «Dámelo. Si cae en manos del ministro, miles de personas morirán».

Hae-Rin retrocedió. Por primera vez, comprendió que el ataque no había sido un simple intento de asesinato. Alguien quería obligarla a revelar el secreto de su familia.

La traición inesperada

Un ruido resonó en el corredor. El ninja aprovechó la distracción para levantarse, pero Hae-Rin le bloqueó el paso con la daga.

Hae-Rin: «No te irás hasta que me digas quién te contrató».

El hombre se quitó lentamente la máscara. Era joven, tenía una cicatriz sobre la ceja y parecía luchar contra el miedo.

Ninja: «No me contrataron para matarte. Me ordenaron comprobar si eras la heredera legítima».

Do-Seok se quedó inmóvil. Su rostro reveló algo que Hae-Rin no había visto en años: auténtico terror.

Hae-Rin: «¿Heredera de qué?»

Antes de que alguien respondiera, sonaron campanas en todo el recinto. Soldados rodearon la residencia. Desde el exterior llegó una orden que hizo temblar a los sirvientes.

Voz del guardia: «¡Por mandato real, arrestad a Yoon Hae-Rin! ¡Se la acusa de asesinar a la reina!»

El secreto de la reina

Hae-Rin miró a Do-Seok, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar. La reina había muerto quince años atrás, cuando ella todavía era una niña.

Do-Seok: «Ahora sabes por qué te escondí. No eres la hija de una traidora, Hae-Rin. Eres la única persona que puede demostrar quién asesinó a la reina».

El comandante sacó de su túnica una carta sellada con el emblema real. Hae-Rin reconoció la caligrafía de su madre.

Al abrirla, encontró una sola frase:

La carta: «Si estás leyendo esto, no confíes en el hombre que te salvó».

Hae-Rin levantó lentamente la mirada hacia Do-Seok. Él no intentó defenderse. Solo retrocedió un paso, mientras los soldados derribaban la puerta.

Entonces el ninja susurró algo que nadie esperaba.

Ninja: «La carta está incompleta. La segunda mitad la tiene el rey».
CONTINUARÁ…