EL GENERAL QUE DESPRECIABA A LAS MUJERES… Y AHORA QUIERE SABER QUIÉN ES ELLA — PARTE 2

EL GENERAL QUE DESPRECIABA A LAS MUJERES… Y AHORA QUIERE SABER QUIÉN ES ELLA — PARTE 2

 

EL GENERAL QUE DESPRECIABA A LAS MUJERES

La joven que derrotó a su mejor soldado conocía una técnica que pertenecía a la mujer que él llevaba veinte años buscando


El patio de entrenamiento quedó completamente en silencio.

Nadie se atrevía a hablar después de lo que acababa de ocurrir.
El mejor soldado del general Kang Min-Jae había sido derrotado en cuestión de segundos por una joven campesina que,
hasta unos minutos antes, había sido objeto de burlas.

Pero para Min-Jae aquello ya no era una simple derrota.

Él había visto aquella técnica antes.

Hacía veinte años.

En las manos de la única mujer a la que había admirado de verdad.

La técnica de su madre

Min-Jae observó a Han So-Yeon sin decir una palabra.

Ella todavía sostenía la espada de entrenamiento, pero ya no tenía expresión de desafío.
Había notado que algo había cambiado en el rostro del general.

El hombre que hacía unos minutos se burlaba de ella ahora parecía haber visto un fantasma.

—Esa postura… —murmuró él.

So-Yeon frunció el ceño.

—¿Qué tiene mi postura?

Min-Jae se acercó lentamente.

—Hace veinte años vi a alguien utilizar exactamente ese movimiento.

—¿Quién?

El general tardó unos segundos en responder.

—Mi madre.

So-Yeon quedó desconcertada.

Ella había esperado una reprimenda.
Quizás incluso un castigo por haber humillado al mejor soldado de la fortaleza.
Pero nunca había imaginado que aquella pelea terminaría hablando de una mujer desaparecida.

—¿Tu madre era guerrera?

Min-Jae asintió lentamente.

—La mejor que conocí.

Una mujer que desapareció

La expresión del general se volvió más seria.

Durante años había evitado hablar de su madre.
Para él, aquella historia pertenecía a un pasado que no podía cambiar.

Su madre había sido una guerrera extraordinaria.
Entrenaba soldados, dominaba la espada y era conocida por una técnica particular que no enseñaba a cualquiera.

Pero veinte años atrás desapareció.

No hubo cuerpo.
No hubo funeral.
No hubo una explicación convincente.

Solo quedó una versión oficial:
había muerto durante una misión.

Min-Jae nunca creyó completamente aquella historia.

Sin embargo, después de tantos años, había aprendido a vivir con la incertidumbre.

Hasta que vio luchar a So-Yeon.

La medalla

De repente, un soldado llegó corriendo al patio.

Estaba agitado y llevaba algo pequeño entre las manos.

—¡General!

Min-Jae se giró.

—¿Qué ocurre?

El soldado extendió la mano.

Sobre su palma había una antigua medalla militar.

El general la tomó.

Y en cuanto vio el símbolo grabado en ella, su rostro cambió.

—¿Dónde encontraste esto?

—En la aldea de donde viene la joven.

Min-Jae miró inmediatamente a So-Yeon.

—¿De dónde salió esta medalla?

So-Yeon la observó.

Por alguna razón, el símbolo le resultaba familiar.

—La he visto antes.

—¿Dónde?

So-Yeon guardó silencio.

Entonces recordó una pequeña caja de madera que su padre había escondido durante años.

Una caja que nunca le había permitido abrir.

—Mi padre tenía una igual.

El general se quedó inmóvil.

El secreto de su padre

So-Yeon siempre había creído que su padre era un simple campesino.

Había trabajado la tierra durante toda su vida y jamás hablaba de su pasado.

Cuando ella era niña, algunas veces lo veía practicar movimientos de espada en secreto.
Pero cuando le preguntaba quién le había enseñado, él simplemente respondía:

“Hay cosas del pasado que es mejor no despertar.”

Ahora aquellas palabras tenían un significado completamente diferente.

Min-Jae apretó la medalla entre sus dedos.

—¿Dónde está tu padre?

So-Yeon bajó la mirada.

—Murió hace seis años.

El general respiró profundamente.

—¿Y nunca te habló de una mujer guerrera?

So-Yeon negó con la cabeza.

—Nunca.

Min-Jae se alejó unos pasos.

Había demasiadas coincidencias.

La técnica.
La medalla.
La aldea.
El padre que ocultaba su pasado.

Todo parecía conducir hacia la misma persona.

El recuerdo que nunca desapareció

Esa noche, Min-Jae regresó a sus aposentos.

Abrió un viejo baúl que llevaba años sin tocar.

Dentro había una fotografía antigua y una espada envuelta en tela.

Min-Jae tomó la espada.

La empuñadura tenía exactamente el mismo símbolo que la medalla encontrada en la aldea.

Entonces recordó una escena de su infancia.

Tenía apenas quince años cuando vio a su madre entrenar por última vez.

Ella sostenía una espada frente a él.

—Nunca luches para demostrar que eres más fuerte que alguien —le había dicho.

—Entonces, ¿para qué debo luchar?

Su madre había sonreído.

—Para proteger a quien no puede protegerse solo.

Min-Jae cerró los ojos.

Durante veinte años había recordado aquellas palabras.

Y ahora una campesina desconocida había utilizado la misma técnica que su madre.

La verdad escondida en la aldea

A la mañana siguiente, Min-Jae ordenó preparar caballos.

No quería esperar.

Necesitaba regresar a la aldea de So-Yeon.

Quería encontrar la casa donde ella había crecido.
Quería encontrar la caja de madera.
Y quería descubrir qué relación había tenido su familia con su madre.

Pero antes de salir, So-Yeon apareció frente a él.

—Voy contigo.

—No.

—Es mi familia.

Min-Jae la observó durante unos segundos.

—Precisamente por eso puede ser peligroso.

So-Yeon no retrocedió.

—Toda mi vida he vivido con preguntas sobre mi padre.
Ahora tengo la oportunidad de conocer las respuestas.

El general finalmente aceptó.

Los dos partieron hacia la aldea.

La caja de madera

Cuando llegaron, So-Yeon entró en la antigua casa de su padre.

Todo estaba cubierto de polvo.

Recorrió lentamente la habitación hasta detenerse frente a una vieja pared de madera.

Recordó que su padre siempre le había prohibido tocar una de las tablas.

So-Yeon la retiró.

Detrás había un pequeño compartimento.

Dentro estaba la caja.

Min-Jae se acercó.

So-Yeon abrió lentamente la tapa.

Dentro había cartas antiguas.

Una fotografía.

Y un pequeño pañuelo azul.

So-Yeon tomó la fotografía.

Era una imagen antigua de una mujer joven.

Una mujer vestida como guerrera.

Min-Jae se quedó sin respiración.

Conocía aquel rostro.

Era su madre.

Pero había algo todavía peor

Min-Jae tomó una de las cartas.

El papel estaba envejecido, pero la escritura todavía podía leerse.

La primera línea decía:

“Si alguna vez mi hijo encuentra esta carta, significa que ya es demasiado tarde.”

Min-Jae sintió un escalofrío.

Siguió leyendo.

La carta revelaba que su madre no había muerto.

Había desaparecido voluntariamente para proteger a alguien.

Pero no había desaparecido sola.

Había huido junto a un hombre.

El mismo hombre que había ayudado a ocultar su identidad durante veinte años.

El padre de So-Yeon.

La pregunta que lo cambió todo

So-Yeon miró al general.

—Entonces… ¿mi padre conocía a tu madre?

Min-Jae no respondió inmediatamente.

Volvió a mirar la carta.

En la última parte aparecía una frase que ninguno de los dos esperaba.

“Protejan a mi hija. Cuando llegue el momento, ella deberá conocer la verdad.”

So-Yeon palideció.

—¿Mi madre…?

Min-Jae levantó lentamente la mirada.

Por primera vez, ambos comprendieron que la historia que conocían sobre sus familias había sido una mentira.

So-Yeon no era simplemente una campesina que había aprendido a luchar.

Alguien había pasado veinte años ocultando su verdadera identidad.

Y la mujer que Min-Jae creía muerta podía seguir viva.

La amenaza aparece

Antes de que pudieran continuar leyendo, escucharon caballos acercándose desde el exterior.

Min-Jae se levantó inmediatamente y tomó su espada.

—Quédate detrás de mí.

So-Yeon negó con la cabeza y tomó su propia espada.

—Ya sabes que eso no va a funcionar.

El general casi sonrió.

Pero entonces escucharon una voz desde fuera de la casa.

—¡Entréguennos a la hija de Han Dae-Hyun!

So-Yeon se quedó congelada.

—¿Quién es Han Dae-Hyun?

Min-Jae miró la carta.

Ese era el nombre que aparecía en ella.

El nombre de su padre.

Afuera, decenas de soldados rodeaban la casa.

Y entre ellos había un hombre vestido con la insignia de una antigua unidad militar.

Una unidad que, según los registros oficiales, había sido disuelta veinte años atrás.

El hombre gritó nuevamente:

—¡La mujer que están buscando nunca murió!

Min-Jae apretó la espada.

So-Yeon lo miró con los ojos llenos de sorpresa.

Afuera, los soldados comenzaron a acercarse a la puerta.

Y entonces llegó la revelación que ninguno de los dos estaba preparado para escuchar:

“La madre del general está viva… y sabe exactamente quién es Han So-Yeon.”

🔥 CONTINUARÁ…

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