EL HOMBRE DE LA MÁSCARA SABÍA EL SECRETO DE SU HERMANO
PARTE 3: LA VERDAD QUE ESTUVO ESCONDIDA DURANTE TRES AÑOS
Valeria llevaba tres años buscando a su hermano desaparecido. Cuando finalmente escuchó su voz, recibió una advertencia que lo cambió todo: no debía confiar en el hombre que tenía delante.
«NO CONFÍES EN ÉL»
Valeria permanecía junto al teléfono público, con el auricular apretado contra el oído y las lágrimas acumulándose en sus ojos.
Había reconocido aquella voz desde la primera palabra.
Era Daniel.
Su hermano mayor, el mismo que había desaparecido tres años atrás sin dejar una explicación, estaba vivo. O al menos alguien estaba utilizando una voz idéntica a la suya.
VALERIA: ¡Daniel, por favor! ¡Dime dónde estás! ¡Te he buscado por todas partes!
Al otro lado de la línea se escuchaba una respiración agitada. Después, una voz masculina respondió en un susurro.
DANIEL: Escúchame bien. No tengo mucho tiempo. Si el hombre de la máscara está contigo, aléjate de él.
Valeria miró por encima del hombro.
El hombre enmascarado seguía a pocos metros, inmóvil bajo la luz amarillenta del poste. Su máscara de porcelana reflejaba una pequeña franja de luz. No parecía sorprendido por la llamada.
Al contrario, parecía haber estado esperándola.
VALERIA: ¿Por qué tengo que alejarme de él? ¡Me entregó tu collar! ¡Dijo que tú le pediste que me encontrara!
Se produjo un silencio.
DANIEL: Porque ese collar no debía estar en sus manos.
Valeria sintió un escalofrío.
Miró el pequeño colgante metálico que el desconocido todavía sostenía entre sus dedos enguantados. Era el mismo que Daniel llevaba el día de su desaparición. Ella misma se lo había regalado cuando ambos eran adolescentes.
VALERIA: Daniel, necesito que me digas la verdad. ¿Quién es ese hombre?
La voz de su hermano se quebró.
DANIEL: Es el hombre que estuvo conmigo la noche que desaparecí.
Valeria dejó de respirar durante un instante.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, la llamada comenzó a llenarse de interferencias.
DANIEL: Valeria, busca la fotografía que guardamos de papá. Mira lo que aparece detrás de nosotros. Ahí está la respuesta.
VALERIA: ¡Daniel! ¡No cuelgues! ¡Dime dónde estás!
La comunicación se cortó.
Valeria golpeó suavemente el teléfono, desesperada, intentando recuperar la llamada. Pero solo escuchó el tono vacío de la línea.
Cuando se volvió, el hombre de la máscara ya no estaba donde lo había visto por última vez.
Ahora estaba mucho más cerca.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Te dije que no debías contestar.
Valeria retrocedió y sostuvo el auricular como si fuera lo único que podía protegerla.
VALERIA: ¿Quién eres? ¡Quítate esa máscara!
El hombre inclinó lentamente la cabeza.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Si te enseño mi rostro, tal vez dejes de buscar la verdad.
Valeria lo miró con rabia.
VALERIA: ¡Llevo tres años buscando a mi hermano! ¡No voy a detenerme porque un desconocido me lo ordene!
El hombre permaneció callado unos segundos.
Después sacó del bolsillo una fotografía doblada y se la entregó.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Entonces empieza por esto.
LA FOTOGRAFÍA QUE NADIE DEBÍA ENCONTRAR
Valeria tomó la fotografía con las manos temblorosas.
Era una imagen antigua de su familia. En ella aparecían su padre, Daniel y ella misma cuando todavía era una niña. Los tres estaban delante de una casa de campo que había pertenecido a su familia antes de que todo cambiara.
Valeria conocía aquella fotografía. Había una copia en el álbum que su madre guardaba en casa.
Sin embargo, aquella versión tenía algo diferente.
Detrás de su padre, junto a la puerta de la casa, aparecía un cuarto hombre.
Su rostro estaba parcialmente oculto por una sombra, pero podía distinguirse que llevaba un anillo metálico con una marca triangular grabada.
La misma marca que aparecía en el collar de Daniel.
Valeria acercó la fotografía a la luz.
VALERIA: ¿Quién es este hombre?
HOMBRE DE LA MÁSCARA: El hombre que tu familia creyó muerto.
Valeria levantó la cabeza lentamente.
VALERIA: ¿De qué estás hablando?
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Tu padre te contó que su hermano murió antes de que tú nacieras. Pero nunca te dijo lo que ocurrió realmente.
Valeria sintió que el suelo parecía desaparecer bajo sus pies.
Su padre había fallecido cuando ella tenía diecinueve años. Durante toda su infancia, le había hablado de su familia, de sus sacrificios y de los errores que no quería que sus hijos repitieran. Pero jamás había mencionado que tuviera un hermano desaparecido.
VALERIA: Mi padre no tenía ningún hermano vivo.
El hombre enmascarado se acercó un paso.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Eso fue lo que te hicieron creer.
Valeria negó con la cabeza.
VALERIA: ¡Basta de juegos! ¡Si sabes algo sobre mi familia, dímelo de una vez!
El desconocido miró hacia el final de la calle. A lo lejos, unos faros se encendieron detrás de un vehículo estacionado.
Su postura cambió inmediatamente.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Nos encontraron.
Valeria se volvió hacia la calle.
Un automóvil oscuro comenzó a avanzar lentamente hacia ellos.
VALERIA: ¿Quiénes?
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Las personas que hicieron desaparecer a tu hermano.
El hombre la tomó suavemente del brazo y señaló el callejón lateral.
Valeria retiró el brazo con desconfianza.
VALERIA: ¿Y por qué debería seguirte si mi propio hermano me advirtió que no confiara en ti?
El enmascarado se quedó quieto.
Por primera vez, su voz perdió parte de aquella frialdad que había mantenido desde el principio.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Porque Daniel no te dijo toda la verdad.
Valeria lo miró con incredulidad.
Antes de que pudiera responder, el automóvil frenó bruscamente al comienzo de la calle.
Dos hombres descendieron del vehículo.
Uno llevaba una chaqueta oscura. El otro sostenía algo pequeño en la mano, aunque desde la distancia Valeria no podía distinguir qué era.
Ambos comenzaron a caminar hacia el teléfono público.
El hombre de la máscara agarró a Valeria por el hombro y la condujo hacia el callejón.
Esta vez, ella no se resistió.
Algo en su instinto le decía que quedarse allí podía ser un error.
EL HOMBRE QUE CONOCÍA A SU PADRE
El callejón era estrecho y estaba iluminado por una pequeña lámpara situada sobre una puerta metálica. Había cajas apiladas contra una pared y una escalera de emergencia que conducía a un edificio antiguo.
El hombre enmascarado soltó a Valeria y cerró una pequeña puerta lateral detrás de ellos.
Los pasos de los desconocidos se escucharon al otro lado.
Valeria se llevó una mano a la boca para controlar su respiración.
VALERIA: Necesito que me expliques qué está pasando.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Tu padre descubrió algo que podía destruir a varias personas poderosas. Antes de morir, dejó pruebas escondidas.
VALERIA: ¿Pruebas de qué?
HOMBRE DE LA MÁSCARA: De una traición que comenzó dentro de tu propia familia.
Valeria sintió que las piernas le temblaban.
VALERIA: ¿Estás diciendo que alguien de mi familia tuvo algo que ver con la desaparición de Daniel?
El hombre no respondió inmediatamente.
Se quitó un guante y sacó de su bolsillo una pequeña llave de metal. La sostuvo delante de ella.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Tu padre me entregó esto poco antes de morir.
Valeria observó la llave.
VALERIA: ¿Tú conociste a mi padre?
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Mejor de lo que imaginas.
El desconocido introdujo la llave en una cerradura oculta detrás de una caja metálica. Una pequeña puerta se abrió, revelando un compartimento estrecho.
Dentro había un sobre amarillo, una fotografía y una grabadora antigua.
El hombre tomó la fotografía y se la entregó a Valeria.
Ella la observó con cuidado.
En la imagen aparecía su padre junto a un hombre mucho más joven. Ambos estaban frente a una construcción abandonada. El hombre joven tenía el rostro descubierto y una cicatriz que le cruzaba la ceja izquierda.
Valeria sintió un escalofrío.
Había visto aquella cicatriz antes.
En un sueño que se repetía desde la desaparición de Daniel, un hombre con esa misma marca aparecía detrás de una puerta y pronunciaba su nombre.
VALERIA: ¿Quién es él?
El enmascarado guardó silencio.
VALERIA: ¡Te estoy preguntando quién es!
El hombre levantó lentamente la mano y señaló la fotografía.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Mira la fecha que aparece detrás.
Valeria volteó la imagen.
La fecha era de una semana después del día en que su padre había sido enterrado.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Si la fotografía había sido tomada después del entierro, entonces su padre no había estado allí… o alguien había falsificado la fecha.
Pero había otro detalle.
En la parte posterior, escrito a mano, aparecía un mensaje breve:
«SI DANIEL DESAPARECE, BUSCA AL HOMBRE QUE NUNCA MUESTRA SU ROSTRO».
Valeria levantó los ojos hacia el desconocido.
VALERIA: ¿Mi padre escribió esto?
El hombre asintió lentamente.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Sí.
VALERIA: Entonces… ¿tú eres el hombre del que hablaba?
El desconocido bajó la cabeza.
Durante unos segundos, el único sonido fue la respiración de ambos y los pasos lejanos de los hombres que continuaban buscándolos.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Yo soy el hombre que prometió proteger a Daniel.
Valeria retrocedió.
VALERIA: ¿Y cumpliste tu promesa?
El hombre no contestó.
Su silencio fue suficiente para que Valeria comprendiera que aquella historia era mucho más oscura de lo que había imaginado.
LA GRABACIÓN DE SU PADRE
El hombre introdujo una pequeña cinta en la grabadora antigua.
Presionó el botón de reproducción.
Al principio se escuchó estática. Después apareció la voz de un hombre adulto, cansado y profundamente preocupado.
Valeria reconoció aquella voz inmediatamente.
Era la voz de su padre.
VOZ DEL PADRE: Si estás escuchando esto, significa que algo salió mal. Valeria, hija mía, necesito que recuerdes una cosa: las personas que más miedo te dan no siempre son tus enemigos.
Valeria comenzó a llorar.
VOZ DEL PADRE: Daniel tomó una decisión que yo no pude impedir. Lo hizo para protegerte. Pero hay alguien que conoce nuestro secreto y hará cualquier cosa para impedir que descubras la verdad.
La grabación se interrumpió brevemente.
Después, la voz volvió a escucharse.
VOZ DEL PADRE: Si el hombre de la máscara te encuentra, escúchalo antes de juzgarlo. Él sabe lo que ocurrió aquella noche. Pero no le entregues la llave hasta que te diga quién dio la orden.
La grabación terminó.
Valeria permaneció inmóvil.
Miró la pequeña llave que el desconocido sostenía entre los dedos.
Después miró su máscara.
VALERIA: ¿Qué orden? ¿Quién dio la orden?
El hombre guardó la llave en su bolsillo.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: La orden de hacer desaparecer a Daniel.
Valeria sintió que el corazón se le hundía.
VALERIA: ¡Dime el nombre!
El hombre se acercó lentamente.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: Si te lo digo ahora, no volverás a mirar a tu familia de la misma manera.
VALERIA: ¡No me importa! ¡Quiero saber quién destruyó nuestras vidas!
El hombre levantó una mano y señaló la fotografía que Valeria todavía sostenía.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: La persona que buscas no está escondida en un callejón. Ha estado viviendo cerca de ti todo este tiempo.
Valeria sintió un frío profundo.
Su madre había muerto años atrás. Sus familiares más cercanos apenas mantenían contacto con ella. Y desde la desaparición de Daniel, una persona había sido la única que nunca dejó de ayudarla a buscarlo.
Una persona que conocía todos sus movimientos.
Una persona que sabía dónde vivía, con quién hablaba y qué pistas había encontrado.
Valeria levantó lentamente la cabeza.
VALERIA: No… No puede ser.
El hombre de la máscara no dijo nada.
Entonces, desde el otro lado de la puerta metálica, se escuchó una voz familiar.
VOZ DESCONOCIDA: Valeria, sé que estás ahí. Abre la puerta, cariño.
Valeria palideció.
Conocía esa voz.
Era la última persona que habría imaginado encontrar en aquel lugar.
El hombre enmascarado se colocó inmediatamente delante de ella.
HOMBRE DE LA MÁSCARA: No respondas.
La voz volvió a escucharse.
VOZ DESCONOCIDA: Valeria, sé que estás con él. Si quieres volver a ver a tu hermano, aléjate de ese hombre y entrégame la llave.
Valeria miró al enmascarado.
Después miró la puerta.
La persona que estaba afuera conocía la llave, conocía al hombre de la máscara y sabía que Daniel seguía vivo.
Pero había algo todavía más inquietante.
La voz había pronunciado una frase que nadie, salvo su familia, utilizaba para llamarla.
VOZ DESCONOCIDA: Tienes diez segundos, Valeria.
El hombre enmascarado cerró lentamente el puño alrededor de la llave.
Valeria retrocedió hasta quedar junto a la grabadora.
Y entonces comprendió que la persona que estaba detrás de la puerta no había llegado para rescatarla.
Había llegado para impedir que descubriera la verdad.
CONTINUARÁ…
Valeria ya sabe que Daniel está vivo, que su padre dejó un mensaje y que alguien de su círculo más cercano conoce el secreto. Pero todavía no sabe quién dio la orden de hacerlo desaparecer.
La próxima puerta que abra podría revelar al culpable… o convertirla en la siguiente persona desaparecida.
