EL JOVEN SEÑOR SIGUIÓ EL CONSEJO DE LA CAMPESINA… Y DESCUBRIÓ QUE ELLA SABÍA MUCHO MÁS — PARTE 2

EL JOVEN SEÑOR SIGUIÓ EL CONSEJO DE LA CAMPESINA… Y DESCUBRIÓ QUE ELLA SABÍA MUCHO MÁS — PARTE 2

LA CAMPESINA CORRIGIÓ AL JOVEN SEÑOR DEL VALLE… Y ÉL TERMINÓ QUERIENDO ESCUCHARLA MÁS

Tercera parte — Cuando el orgullo empezó a cambiar


Young-Jae había pasado toda su vida rodeado de personas que obedecían sus órdenes.
Cuando hablaba, los trabajadores bajaban la cabeza. Cuando daba una instrucción,
nadie se atrevía a preguntarle si estaba equivocado.

Pero aquella joven campesina no parecía impresionada por su apellido, sus tierras
ni por la posición que ocupaba dentro del valle.

Seo-Yeon simplemente lo miraba como miraría a cualquier otro hombre que todavía
tenía mucho que aprender.

El primer día de aprendizaje

—Entonces enséñame —había dicho Young-Jae.

Seo-Yeon levantó ligeramente las cejas.

—¿Está seguro?

—Sí.

—Porque si voy a enseñarle, tendrá que dejar de comportarse como si supiera todo.

Algunos trabajadores que se encontraban cerca intentaron esconder sus sonrisas.

Young-Jae los miró de reojo.

—¿Qué les parece tan gracioso?

Los trabajadores inmediatamente volvieron a sus labores.

Seo-Yeon soltó una pequeña risa.

—No los mire a ellos. El problema es usted.

Young-Jae volvió la mirada hacia ella.

—¿Yo?

—Sí. Lleva diez minutos mirando ese terreno y todavía no se ha dado cuenta de
que el agua está buscando otro camino.

Él observó el suelo.

—¿Y qué debería hacer?

—Primero, escuchar.

El hombre que sabía mandar, pero no observar

Seo-Yeon caminó lentamente hacia una pequeña zona de cultivo.
Se agachó y apartó un poco de tierra húmeda con los dedos.

—Mire esto.

Young-Jae se acercó.

—La tierra está mojada.

Seo-Yeon lo miró en silencio.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más debería ver?

Ella señaló una pequeña grieta.

—Que el agua se está acumulando debajo.

Young-Jae se quedó observando durante unos segundos.

—No lo había notado.

—Exactamente.

—¿Y por eso no podemos plantar?

—Si planta ahora, algunas semillas se pudrirán antes de tener oportunidad de crecer.

Young-Jae respiró profundamente.

Por primera vez, no intentó discutir.

—Entonces esperaremos.

Seo-Yeon lo miró sorprendida.

—¿Así de fácil?

—Me dijiste que escuchara.

Ella sonrió.

—Quizás no sea tan idiota después de todo.

Young-Jae soltó una carcajada.

—Hace un rato dijiste que era un idiota con suerte.

—Todavía lo pienso.

—Entonces tengo mucho trabajo por delante.

Seo-Yeon bajó la mirada para ocultar una sonrisa.

Algo comenzó a cambiar

Durante los días siguientes, Young-Jae empezó a aparecer en los campos con más
frecuencia.

Al principio, los trabajadores pensaron que solamente quería vigilar que todo
funcionara correctamente.

Pero pronto se dieron cuenta de algo extraño.

Cada vez que Seo-Yeon estaba trabajando, él terminaba cerca de ella.

—¿Por qué está aquí otra vez? —preguntó ella una mañana.

—Estoy aprendiendo.

—Ya aprendió cómo funciona el campo.

—Todavía no.

—¿Qué le falta?

Young-Jae la miró directamente.

—Todavía no entiendo cómo sabes tantas cosas.

Seo-Yeon dejó de trabajar.

—Porque presto atención.

—¿Quién te enseñó?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Mi padre.

—¿Todavía vive?

La expresión de Seo-Yeon cambió ligeramente.

—No.

Young-Jae comprendió inmediatamente que había tocado un tema delicado.

—Lo siento.

—No tiene que disculparse.

Ella volvió a trabajar.

Pero Young-Jae permaneció a su lado.

El secreto de su conocimiento

Esa tarde, mientras revisaban unos sacos de semillas, Young-Jae encontró algo
extraño entre las pertenencias de Seo-Yeon.

Era un pequeño cuaderno viejo, protegido con una tela gastada.

—¿Qué es esto?

Seo-Yeon se giró rápidamente.

—Nada.

—¿Nada?

—Déjelo.

Young-Jae no insistió, pero alcanzó a ver algunas páginas.

Había dibujos de canales de agua, anotaciones sobre semillas, fechas de cosecha
y observaciones sobre el clima.

Pero había algo más.

En una de las páginas aparecía un mapa detallado de todo el valle.

Young-Jae la miró sorprendido.

—¿Tú hiciste esto?

Seo-Yeon permaneció en silencio.

—Seo-Yeon…

Ella finalmente tomó el cuaderno.

—No debería haberlo visto.

—¿Por qué?

—Porque mi padre me pidió que nunca se lo mostrara a nadie.

Young-Jae frunció el ceño.

—¿Por qué alguien escondería algo así?

Seo-Yeon levantó la mirada.

—Porque este mapa demuestra que el valle está en peligro.

La verdad que nadie esperaba

Young-Jae dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir?

Seo-Yeon abrió el cuaderno y señaló una zona marcada cerca de las montañas.

—Si las lluvias continúan durante los próximos días, este canal se desbordará.

—¿Y qué ocurrirá?

—El agua bajará directamente hacia las tierras de tu familia.

Young-Jae se quedó inmóvil.

—¿Cuándo?

—Pronto.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

Seo-Yeon cerró lentamente el cuaderno.

—Muy poco.

Young-Jae la miró fijamente.

—Entonces tenemos que avisar a todos.

Seo-Yeon negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué no?

Ella miró hacia las montañas.

—Porque alguien ya sabía que esto iba a ocurrir.

Young-Jae se quedó en silencio.

—¿Cómo lo sabes?

Seo-Yeon abrió una última página del cuaderno.

Allí había una anotación mucho más reciente que todas las demás.

Young-Jae la leyó y su expresión cambió por completo.

La advertencia había sido escrita hacía apenas tres días.

Y debajo de ella aparecía el nombre de una persona que Young-Jae conocía
demasiado bien.

🔥 CONTINUARÁ…

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