EL TRAGO PERFECTO”,

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🍸 EL TRAGO PERFECTO

Parte 2 — El ingrediente que jamás debió existir

Continuación directa: Limón acaba de probar el misterioso cóctel que preparó después de encontrar a Fresa congelada. Está convencido de haber creado la bebida perfecta. Sin embargo, todavía no comprende qué acaba de despertar.

El sabor que no podía existir

Limón permaneció inmóvil frente a la copa.

Durante varios segundos no hizo absolutamente nada.

Ni siquiera respiró con normalidad.

Simplemente observó el líquido que había preparado.

La bebida tenía un color extraño. No era completamente rojo, ni completamente dorado. Bajo las luces de la bodega parecía cambiar ligeramente de tonalidad cada vez que Limón movía la copa.

Una pequeña capa de hielo se deslizaba lentamente por el cristal.

Limón levantó nuevamente la copa.

La acercó a su rostro.

Cerró los ojos.

Volvió a percibir el aroma.

Su expresión cambió.

No era solamente un buen aroma.

Era algo completamente diferente a todo lo que había preparado durante años.

Limón:
“Esto… no puede ser real.”

Miró nuevamente hacia el congelador.

Fresa continuaba inmóvil dentro de aquella extraña capa de hielo.

Limón bajó lentamente la copa.

Por primera vez desde que había comenzado aquella obsesión por crear un nuevo cóctel, sintió algo diferente.

Miedo.

La obsesión regresó

Pero el miedo duró muy poco.

Su obsesión volvió a dominarlo.

Limón tomó una libreta que siempre llevaba consigo y comenzó a escribir.

Escribió la temperatura del congelador.

La cantidad de hielo.

La proporción de fruta.

El tiempo exacto de mezcla.

Incluso anotó la cantidad exacta de segundos que había agitado la coctelera.

Todo debía quedar registrado.

Todo.

Limón:
“Temperatura… veintidós grados bajo cero.”

Se detuvo.

Miró el congelador.

Después miró nuevamente su libreta.

Limón:
“No… eso no tiene sentido.”

El congelador no había estado funcionando correctamente aquella noche.

De hecho, llevaba varios días presentando problemas.

Limón había estado posponiendo la reparación porque necesitaba terminar sus nuevos experimentos.

Pero si el congelador estaba fallando…

¿Cómo había conseguido alcanzar aquella temperatura?

Se acercó lentamente al panel.

Lo tocó.

Estaba completamente congelado.

Limón retiró la mano rápidamente.

Limón:
“Esto no estaba así antes.”

La copa volvió a cambiar

Entonces ocurrió algo todavía más extraño.

La bebida dentro de la copa comenzó a producir pequeñas burbujas.

Una.

Dos.

Tres.

Después muchas más.

Limón se acercó.

Las burbujas subían desde el fondo como si el líquido estuviera reaccionando con algo invisible.

Limón tomó una cucharilla y mezcló suavemente.

La bebida volvió a quedarse completamente quieta.

Entonces escuchó algo.

Toc.

Limón levantó la cabeza.

No había nadie detrás de él.

Volvió a escuchar.

Toc.

Esta vez el sonido parecía venir del congelador.

Limón se quedó completamente inmóvil.

Caminó lentamente hacia la puerta.

Puso una mano sobre la manija.

Dudó.

Finalmente abrió.

Fresa seguía allí

La nube de aire frío volvió a salir.

Limón protegió sus ojos.

Cuando el aire se disipó, volvió a mirar.

Fresa seguía congelada.

Pero algo había cambiado.

Una de sus manos estaba ligeramente levantada.

Limón retrocedió.

Limón:
“No…”

Se acercó otra vez.

Observó cuidadosamente.

Tal vez había sido producto del hielo.

Tal vez simplemente había cambiado de posición al congelarse.

Limón quiso convencerse de eso.

Pero entonces vio algo en el suelo.

Una pequeña gota de líquido.

Cayó desde el borde del hielo.

Limón la observó.

La gota tocó el suelo metálico.

Y comenzó a brillar.

La verdadera receta

Limón corrió hacia la mesa.

Tomó la libreta.

Comenzó a revisar cada anotación.

De pronto encontró algo que no había notado antes.

En la última página había una mancha de humedad.

La mancha tenía una forma extraña.

Limón pasó un dedo sobre ella.

La textura era cristalina.

La misma textura que tenía el hielo del congelador.

Limón:
“La temperatura…”

Miró la copa.

Limón:
“El hielo…”

Miró hacia Fresa.

Limón:
“Y ella…”

Las tres cosas parecían estar conectadas.

Limón sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Había pasado tanto tiempo buscando una receta perfecta que había dejado de preguntarse algo mucho más importante:

¿Qué estaba creando realmente?

El primer cliente

En ese momento, desde el otro lado de la puerta de la bodega, se escuchó una voz.

Voz:
“¿Limón?”

Limón se sobresaltó.

Era el dueño del bar.

Limón miró rápidamente la copa.

Después miró hacia el congelador.

Tenía que esconder todo.

Rápidamente colocó la copa detrás de varias botellas.

Cerró la puerta del congelador.

Respiró profundamente.

Intentó aparentar normalidad.

La puerta de la bodega se abrió.

El dueño entró.

Miró a Limón.

Dueño:
“¿Todavía estás aquí?”
Limón:
“Sí. Estaba terminando un experimento.”

El dueño miró la mesa.

Había botellas abiertas.

Frutas cortadas.

Hielo por todas partes.

Y una sola copa escondida detrás de una botella.

El dueño la señaló.

Dueño:
“¿Y eso?”

Limón tragó saliva.

Limón:
“Una prueba.”

El dueño tomó la copa.

Limón intentó detenerlo.

Limón:
“¡Espera!”

Pero ya era demasiado tarde.

El dueño probó un pequeño sorbo.

Su expresión cambió inmediatamente.

Sus ojos se abrieron.

Permaneció en silencio.

Limón esperaba una reacción.

Finalmente, el hombre sonrió.

Dueño:
“¿Qué acabas de preparar?”

Limón no respondió.

El dueño volvió a probar.

Esta vez su expresión fue todavía más intensa.

Dueño:
“Esto es increíble.”

Limón sintió orgullo.

Por primera vez, alguien había reaccionado exactamente como él había imaginado.

Había creado algo extraordinario.

Pero entonces el dueño hizo una pregunta que borró la sonrisa de Limón.

Dueño:
“¿De dónde sacaste este sabor?”

Una mentira imposible

Limón miró hacia la puerta del congelador.

No podía decir la verdad.

Limón:
“Es una combinación nueva.”
Dueño:
“Entonces prepárame otra.”

Limón se quedó callado.

Limón:
“¿Otra?”
Dueño:
“Sí. Mañana tenemos una degustación privada. Quiero que este sea el trago principal.”

Limón sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

El dueño salió de la bodega.

La puerta se cerró.

Limón quedó completamente solo.

Miró la copa.

Después miró el congelador.

Y comprendió el problema.

No podía preparar otra copa.

Porque no conocía realmente la receta.

Había ocurrido por accidente.

La decisión

Limón abrió nuevamente el congelador.

La temperatura era todavía más baja.

Se acercó a Fresa.

La miró durante varios segundos.

Su expresión ya no era la del bartender obsesionado.

Era la expresión de alguien que estaba luchando contra sí mismo.

Limón:
“Fresa…”

Cerró los ojos.

Bajó la cabeza.

Después miró la copa.

Había conseguido aquello que llevaba años buscando.

El trago perfecto.

Pero el precio de repetirlo podía ser demasiado alto.

Limón cerró lentamente la puerta.

Dio unos pasos hacia atrás.

Se sentó en una silla.

Se cubrió el rostro con las manos.

Y entonces escuchó algo.

Una voz.

Muy débil.

Casi imposible de escuchar.

Fresa:
“Limón…”

Limón levantó la cabeza de golpe.

Sus ojos se abrieron completamente.

Miró hacia el congelador.

No podía creerlo.

Limón:
“¿Fresa?”

Se acercó rápidamente.

Abrió la puerta.

Fresa seguía completamente cubierta de hielo.

Pero sus ojos estaban abiertos.

Y lo estaban mirando directamente.

La advertencia

Limón retrocedió de la impresión.

Limón:
“¡Estás viva!”

Fresa intentó mover los labios.

Su voz salió débil.

Fresa:
“No vuelvas a preparar ese trago.”

Limón quedó completamente paralizado.

Miró la copa.

Después volvió a mirarla a ella.

Limón:
“¿Por qué?”

Fresa cerró los ojos durante un instante.

Cuando volvió a abrirlos, su expresión era de verdadero miedo.

Fresa:
“Porque ese no es el trago que tú crees que preparaste.”

Limón sintió un escalofrío.

Se acercó más.

Limón:
“Entonces… ¿qué preparé?”

Fresa miró hacia la copa.

Una lágrima congelada descendió lentamente por su rostro.

Fresa:
“Ese trago… ya existía.”

Limón frunció el rostro.

Limón:
“¿Cómo que ya existía?”

Fresa respiró con dificultad.

Fresa:
“Mi madre lo preparaba hace muchos años.”

Limón se quedó inmóvil.

Entonces Fresa agregó algo que lo dejó sin palabras.

Fresa:
“Y ella desapareció la noche que preparó la última copa.”

El secreto detrás del bar

Limón no sabía qué decir.

Todo lo que había ocurrido durante aquella noche comenzó a adquirir un significado completamente diferente.

El congelador.

La temperatura imposible.

La bebida.

El sabor.

La reacción del dueño.

Y ahora la historia de la madre de Fresa.

Limón miró hacia la botella que había utilizado para preparar la bebida.

La tomó.

En la etiqueta había una pequeña marca que jamás había visto.

Una marca antigua.

Limón pasó el dedo sobre ella.

Debajo de la etiqueta apareció un símbolo.

Fresa lo vio.

Su expresión cambió inmediatamente.

Fresa:
“Ese símbolo…”

Limón la miró.

Limón:
“¿Lo conoces?”

Fresa permaneció en silencio.

Finalmente respondió.

Fresa:
“Sí.”

Sus ojos se llenaron de miedo.

Fresa:
“Ese símbolo estaba en todas las botellas de mi madre.”

Limón miró nuevamente la botella.

Luego miró la copa.

Y comprendió que su obsesión por crear un trago nuevo lo había llevado directamente hacia un secreto que llevaba años escondido.

Pero todavía faltaba descubrir la parte más peligrosa.

Porque si la madre de Fresa había desaparecido después de preparar aquella bebida…

¿Por qué el dueño del bar parecía reconocer inmediatamente su sabor?

Limón tomó la copa.

La miró fijamente.

Y justo cuando estaba a punto de preguntárselo…

escucharon que alguien estaba entrando nuevamente a la bodega.

Limón y Fresa se quedaron completamente quietos.

La manija de la puerta comenzó a moverse.

Una sombra apareció debajo de la puerta.

Limón apagó rápidamente la luz.

La bodega quedó completamente oscura.

Fresa susurró:

Fresa:
“No dejes que entre.”

Limón miró hacia la puerta.

La manija comenzó a bajar lentamente.

Y entonces escucharon una voz al otro lado.

Dueño:
“Limón… sé exactamente qué encontraste.”

Limón abrió los ojos.

Fresa también.

La puerta comenzó a abrirse.

Y la persona que estaba detrás de ella parecía saber mucho más sobre aquel trago de lo que Limón jamás habría imaginado.

Continuará…