LA CAMPESINA QUE FUE RECHAZADA POR SER POBRE — PARTE 3
Él la rechazó para salvarle la vida… y ella finalmente descubrió la verdad
Habían pasado años desde que Ji-Hoon se había alejado de ella montado en su caballo, dejando atrás una frase que todavía podía escuchar en su memoria.
“Nunca podría unir mi nombre al de una campesina.”
Esas palabras habían sido suficientes para romperle el corazón.
Después de aquella tarde, Seo-Yeon dejó de esperar su regreso. Continuó trabajando en la pequeña aldea, ayudando a su familia y tratando de convencerse de que todo lo que había vivido con Ji-Hoon solamente había sido una ilusión.
Pero había algo que nunca consiguió explicar.
El colgante.
Aquel pequeño adorno de jade que ella le había regalado años atrás había permanecido con él hasta el último día que lo vio.
Si realmente había sentido vergüenza de ella… ¿por qué había conservado aquel regalo?
Durante años, esa pregunta permaneció sin respuesta.
El regreso del pasado
Una mañana, mientras Seo-Yeon llevaba agua desde el pozo hasta su casa, escuchó el sonido de varios caballos acercándose por el camino principal.
La aldea entera comenzó a detener sus actividades.
Los campesinos dejaron las herramientas.
Las mujeres salieron de sus casas.
Incluso los niños dejaron de correr por el camino.
Un grupo de soldados había llegado.
Al frente de ellos viajaba un hombre vestido con una armadura oscura.
Seo-Yeon lo observó desde lejos sin reconocerlo.
El hombre desmontó y preguntó por ella.
—¿Seo-Yeon?
Ella dio un paso adelante.
—Soy yo.
El hombre la observó durante unos segundos antes de sacar un pequeño documento sellado.
—Tienes que venir conmigo.
Seo-Yeon sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
El soldado no respondió inmediatamente.
Finalmente dijo:
—Porque alguien lleva años intentando encontrarte.
El corazón de Seo-Yeon comenzó a latir con fuerza.
La verdad que nadie quiso contarle
Seo-Yeon fue llevada hasta una antigua residencia situada al otro lado de las montañas.
Allí encontró a una mujer anciana que había servido durante décadas a la familia de Ji-Hoon.
La mujer la miró durante largo rato.
Después, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Finalmente te encontré.
Seo-Yeon frunció el ceño.
—¿Quién es usted?
La anciana tomó aire.
—Alguien que lleva demasiado tiempo cargando con un secreto.
Seo-Yeon permaneció en silencio.
Entonces la anciana colocó sobre la mesa una pequeña caja de madera.
—Esto pertenecía a Ji-Hoon.
Seo-Yeon sintió que el corazón se le detenía.
—¿A él?
La anciana asintió.
—Me pidió que te la entregara solamente si algún día estabas a salvo.
Seo-Yeon se acercó lentamente.
—¿Dónde está él?
La anciana bajó la mirada.
—Eso es lo que debes descubrir.
Una carta escondida durante años
Con manos temblorosas, Seo-Yeon abrió la caja.
Dentro había varios objetos.
Una cinta de tela vieja.
Una pequeña flor seca.
Y una carta cuidadosamente doblada.
Seo-Yeon reconoció inmediatamente la caligrafía.
Era de Ji-Hoon.
Durante unos segundos no pudo abrirla.
Había esperado tanto tiempo para conocer la verdad que ahora tenía miedo de descubrirla.
Finalmente desplegó el papel.
La primera frase hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.
“Si estás leyendo esto, significa que finalmente estás lejos de mi familia.”
Seo-Yeon siguió leyendo.
“Nunca creas las palabras que te dije aquel día.”
La respiración de Seo-Yeon se volvió irregular.
Volvió a leer aquella línea.
Una vez.
Y otra.
Y otra más.
Entonces recordó aquella tarde.
Recordó cómo Ji-Hoon había evitado mirarla.
Recordó cómo había apretado los puños.
Recordó aquella lágrima que había intentado esconder.
Por primera vez, todo comenzó a tener sentido.
La amenaza de su madre
La anciana finalmente decidió contarle lo que había sucedido.
—La madre de Ji-Hoon descubrió vuestra relación mucho antes de aquel día.
Seo-Yeon levantó lentamente la mirada.
—¿Entonces por qué no me lo dijo?
—Porque sabía que si tú descubrías la amenaza, intentarías enfrentarte a ella.
Seo-Yeon guardó silencio.
La anciana continuó:
—Lady Hwa-Rin no quería que su hijo se casara con una campesina. Pero eso no era lo peor.
—¿Qué podía ser peor?
La anciana apretó las manos.
—Ella amenazó con hacerte desaparecer.
Seo-Yeon quedó inmóvil.
—¿Desaparecer?
—Ji-Hoon sabía que tenía poder suficiente para hacerlo. Por eso decidió romper contigo delante de todos.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Seo-Yeon.
—Pero pudo haberme explicado la verdad.
—Y entonces tú habrías esperado por él.
Seo-Yeon no respondió.
La anciana continuó:
—Ji-Hoon sabía que mientras tú lo odiaras, su familia tendría menos razones para perseguirte.
—¿Así que dejó que yo lo odiara?
—Sí.
La respuesta fue devastadora.
El sacrificio que ella nunca vio
Seo-Yeon cerró los ojos.
Durante años había pensado que había sido demasiado pobre para ser amada por un noble.
Había pensado que no había sido suficiente.
Que sus manos llenas de callos, su ropa sencilla y su vida humilde habían sido las razones por las que Ji-Hoon decidió abandonarla.
Ahora comprendía que todo aquello había sido una mentira.
No la había abandonado porque fuera pobre.
La había abandonado porque quería mantenerla viva.
Seo-Yeon apretó la carta contra su pecho.
—¿Por qué tuvo que sufrir solo?
La anciana respondió:
—Porque esa era la única forma que encontró para protegerte.
Entonces le entregó otro objeto.
Era el mismo colgante de jade.
Seo-Yeon lo reconoció inmediatamente.
—Pero… yo se lo vi llevar aquella tarde.
—Nunca se lo quitó.
Seo-Yeon lo sostuvo entre sus dedos.
—¿Ni siquiera después de abandonarme?
La anciana negó con la cabeza.
—Especialmente después de abandonarte.
Lo que Ji-Hoon hizo después
Pero la historia no terminaba allí.
La anciana le explicó que Ji-Hoon había pagado un precio enorme por mantenerla protegida.
Renunció a casarse con otra mujer.
Rechazó varias alianzas familiares.
Incluso enfrentó durante años a su propia madre.
Todo mientras mantenía la misma mentira.
Que Seo-Yeon nunca había significado nada para él.
La razón era sencilla.
Mientras todos creyeran que la había olvidado, nadie tendría motivos para buscarla.
Pero con el paso del tiempo, la situación dentro de la familia cambió.
Lady Hwa-Rin perdió parte de su poder.
Ji-Hoon finalmente pudo comenzar a investigar las órdenes secretas que habían sido emitidas contra Seo-Yeon.
Y entonces descubrió algo todavía más peligroso.
La amenaza contra Seo-Yeon no había comenzado solamente por su romance.
Había alguien más detrás de todo aquello.
El secreto de la familia
La anciana abrió un segundo compartimento de la caja.
Dentro había un documento antiguo.
Seo-Yeon lo tomó.
Al leerlo, su rostro cambió.
—Este nombre…
La anciana asintió.
—Ese hombre fue quien ordenó que te buscaran.
—¿Por qué?
La anciana respiró profundamente.
—Porque tu familia conocía un secreto que podía destruir a varias casas poderosas.
Seo-Yeon sintió un escalofrío.
Durante toda su vida había pensado que solamente era una campesina.
Pero ahora comenzaba a comprender que su pasado era mucho más complicado de lo que imaginaba.
La anciana señaló la carta.
—Ji-Hoon descubrió la verdad.
—¿Y dónde está ahora?
La anciana tardó en responder.
—Fue a buscar las pruebas.
—¿A dónde?
La mujer la miró directamente a los ojos.
—A la residencia de tu propia familia.
Seo-Yeon se quedó sin palabras.
La última carta
Antes de que pudiera preguntar algo más, la anciana sacó una última hoja.
—Esta carta debía entregártela después de conocer toda la verdad.
Seo-Yeon la tomó.
Esta vez no dudó.
La abrió.
“Seo-Yeon, si algún día descubres por qué te dejé, probablemente me odiarás menos. Pero no quiero que me perdones por haber sufrido. Quiero que entiendas que cada día lejos de ti fue el precio que elegí pagar para que pudieras vivir.”
Seo-Yeon ya no podía contener las lágrimas.
“Nunca fuiste demasiado pobre para mí. Fuiste la única persona por la que estuve dispuesto a perderlo todo.”
Seo-Yeon llevó la carta contra su pecho.
Durante años había llorado porque creía que no había sido suficiente.
Ahora lloraba porque finalmente comprendía cuánto había sacrificado aquel hombre por ella.
Una decisión
Seo-Yeon se levantó.
Se secó las lágrimas y miró hacia las montañas.
—¿Dónde está la residencia de mi familia?
La anciana la observó con preocupación.
—No puedes ir allí sola.
—No voy sola.
Seo-Yeon guardó la carta dentro de su ropa y cerró la mano alrededor del colgante.
—Voy a buscarlo.
La anciana intentó detenerla.
—Si Ji-Hoon arriesgó todo para mantenerte lejos de ese lugar, seguramente tenía una razón.
Seo-Yeon negó lentamente con la cabeza.
—Durante años él cargó solo con mi dolor.
Hizo una pausa.
—Ahora me toca a mí encontrarlo.
La anciana comprendió que ya no podía detenerla.
Prepararon un caballo.
Seo-Yeon subió y miró una última vez hacia la aldea donde había pasado tantos años creyendo que su historia de amor había terminado.
Pero ahora sabía que nunca había terminado.
Solamente había estado esperando que alguien descubriera la verdad.
El encuentro que nadie esperaba
Al caer la noche, Seo-Yeon llegó a las cercanías de una enorme residencia escondida entre las montañas.
Había guardias alrededor.
Antorchas encendidas.
Caballos preparados.
Y varias personas entrando y saliendo apresuradamente.
Seo-Yeon bajó del caballo.
Miró hacia la entrada.
Entonces escuchó una voz conocida.
Una voz que no había escuchado durante años.
—¡No permitan que nadie salga!
Seo-Yeon dejó de respirar.
La voz pertenecía a Ji-Hoon.
Él apareció al otro lado del patio.
Había cambiado.
Ya no era el joven que había visto marcharse aquella tarde.
Pero sus ojos seguían siendo los mismos.
Ji-Hoon levantó la mirada.
La vio.
Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.
Seo-Yeon sostuvo el colgante de jade.
Ji-Hoon comprendió inmediatamente que ella había descubierto la verdad.
Su rostro perdió el color.
—Seo-Yeon…
Ella caminó hacia él.
Tenía lágrimas en los ojos.
Pero esta vez no eran lágrimas de tristeza.
—¿Por qué no me dijiste la verdad?
Ji-Hoon bajó la mirada.
—Porque si te la decía… nunca te habrías alejado de mí.
Seo-Yeon dio otro paso.
—Y aun así dejaste que creyera que no me amabas.
Ji-Hoon respiró profundamente.
—Era mejor que me odiaras viva a que me amaras muerta.
Seo-Yeon rompió a llorar.
Por primera vez en años, ambos quedaron frente a frente sin ninguna mentira entre ellos.
Pero justo cuando parecía que finalmente podrían recuperar el tiempo perdido…
Un hombre salió corriendo desde el interior de la residencia.
—¡Mi señor!
Ji-Hoon se giró.
El hombre estaba pálido.
—Encontramos los documentos.
Ji-Hoon preguntó:
—¿Qué dicen?
El hombre miró a Seo-Yeon.
Después respondió:
—Dicen que la familia de Seo-Yeon no fue destruida por accidente.
Seo-Yeon quedó inmóvil.
Ji-Hoon apretó los puños.
El hombre continuó:
—Y la persona que ordenó aquella tragedia…
Hizo una pausa.
—Todavía tiene poder dentro del reino.
Seo-Yeon miró a Ji-Hoon.
Él la tomó de la mano.
Esta vez no la soltó.
Y ambos comprendieron que recuperar su amor sería solamente el comienzo.
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