“LA EMPLEADA QUE TODOS MANDABAN”,

“LA EMPLEADA QUE TODOS MANDABAN”,

LA EMPLEADA QUE TODOS MANDABAN

Parte 3

Durante unos segundos, nadie se movió.

La sala de juntas, que hasta hacía unos instantes estaba llena de conversaciones y órdenes, quedó completamente en silencio.

Elena permanecía de pie junto a la mesa, sosteniendo todavía la pequeña libreta negra que había llevado consigo desde que entró al edificio.

Frente a ella estaba Alejandro, el verdadero presidente de la compañía.

Y lo más extraño no era que hubiera llegado acompañado por dos ejecutivos.

Lo verdaderamente impactante era la forma en que la había tratado.

No como una empleada.

No como una secretaria.

Ni siquiera como una simple visitante.

La había llamado “señora Elena”.

Y había inclinado ligeramente la cabeza ante ella.

Ricardo, el gerente que minutos antes le había ordenado llevar documentos de un lado a otro, sintió que el rostro comenzaba a ponerse pálido.

Miró a Alejandro.

Luego miró a Elena.

Después volvió a mirar a Alejandro.

Algo no encajaba.

Ricardo: —¿Señora Elena?

Elena no respondió inmediatamente.

Simplemente cerró la libreta.

Su expresión seguía siendo tranquila.

La misma expresión que había tenido cuando le pidieron café.

La misma expresión que había mantenido cuando otro empleado le entregó documentos.

La misma expresión que conservó cuando Ricardo le habló con un tono que ningún jefe debería utilizar con una persona que acaba de conocer.

Alejandro se dirigió hacia la cabecera de la mesa.

Alejandro: —Pueden sentarse.

Todos obedecieron inmediatamente.

Incluso Ricardo.

Elena tomó asiento frente a ellos.

Alejandro se sentó a su lado.

Los dos ejecutivos que lo acompañaban colocaron varias carpetas sobre la mesa.

Entonces Alejandro miró a todos los presentes.

Alejandro: —Antes de comenzar, quiero dejar algo perfectamente claro.

Nadie dijo una palabra.

Alejandro: —La señora Elena no es una secretaria nueva.

Ricardo tragó saliva.

Alejandro: —Tampoco es una empleada temporal.

Una de las empleadas que había pedido café a Elena bajó lentamente la mirada.

Alejandro: —Y mucho menos está aquí para recibir órdenes de ustedes.

El silencio se volvió todavía más incómodo.

Elena permanecía completamente seria.

Ricardo intentó hablar.

Ricardo: —Alejandro, creo que hubo un malentendido. Nosotros pensamos que…
Alejandro: —¿Que era una secretaria?

Ricardo se quedó callado.

Alejandro: —Sí. Ya me informaron.

Alejandro abrió una de las carpetas.

Dentro había fotografías, informes, registros de acceso y documentos financieros.

Los colocó sobre la mesa.

Alejandro: —Pero esa no es la razón por la que estamos aquí.

Elena tomó el primer documento.

Lo revisó durante unos segundos.

Luego levantó la mirada.

Elena: —Empecemos.

Alejandro asintió.

Uno de los ejecutivos conectó una computadora a la pantalla de la sala.

Apareció un informe financiero.

En la primera página se observaban los gastos generales de la empresa correspondientes a los últimos doce meses.

Elena tomó un bolígrafo.

Elena: —Quiero que revisemos primero los contratos de proveedores.
Ricardo: —Eso corresponde al departamento financiero.
Elena: —Lo sé.

Ricardo frunció el ceño.

Elena: —Por eso quiero saber por qué aparecen autorizados bajo su firma.

Ricardo se quedó inmóvil.

Alejandro levantó lentamente la mirada.

Alejandro: —¿Qué encontró?

Elena deslizó una hoja hacia él.

Elena: —Tres empresas aparecen como proveedores principales desde hace casi un año.

Alejandro observó los nombres.

Elena: —Las tres tienen direcciones distintas.

Pasó otra página.

Elena: —Pero comparten el mismo número telefónico.

Uno de los ejecutivos se inclinó hacia adelante.

Ejecutivo: —Eso no debería ser posible.
Elena: —Exactamente.

Elena continuó revisando los documentos.

Ricardo comenzó a sentirse cada vez más incómodo.

Intentó mantener una expresión tranquila, pero sus manos empezaron a moverse nerviosamente debajo de la mesa.

Elena lo notó.

Sin embargo, no dijo nada.

Sacó otro documento.

Elena: —Aquí hay algo todavía más interesante.

Alejandro la miró.

Elena: —Durante los últimos ocho meses, la empresa pagó cantidades extraordinarias por servicios que no aparecen registrados en ningún departamento operativo.
Alejandro: —¿Cuánto?

Elena mencionó la cifra.

Alejandro quedó serio.

Los demás intercambiaron miradas.

Era una cantidad demasiado grande para ser un simple error administrativo.

Ricardo: —Eso seguramente tiene una explicación.
Elena: —Por supuesto.

Elena lo miró directamente.

Elena: —Por eso estamos haciendo la auditoría.

Ricardo bajó la mirada.

Por primera vez desde que Elena había entrado al edificio, él no sabía qué decir.

Pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

La puerta de la sala se abrió.

Era Martín, el director financiero.

Entró apresuradamente con una carpeta en la mano.

Martín: —Perdón por la demora.

Alejandro lo miró.

Alejandro: —Llegas justo a tiempo.

Martín dejó la carpeta sobre la mesa.

Entonces vio a Elena.

Su expresión cambió inmediatamente.

Fue un cambio pequeño.

Casi imperceptible.

Pero Elena lo vio.

Martín conocía su identidad.

O al menos parecía saber que ella no era una simple empleada.

Martín: —Señora…

Se detuvo.

Elena lo observó en silencio.

Martín: —Elena.

Alejandro frunció el ceño.

Alejandro: —¿Ya la conocías?

Martín tardó unos segundos en responder.

Martín: —No personalmente.

Elena cerró lentamente la carpeta que tenía delante.

Elena: —Eso no es exactamente cierto.

Martín quedó paralizado.

Ricardo miró a Elena con sorpresa.

Elena: —Nos vimos hace tres semanas.
Martín: —Eso fue…
Elena: —En un restaurante.

Martín guardó silencio.

Elena: —Usted estaba reunido con uno de los proveedores que aparecen en estos documentos.

Ricardo levantó la cabeza.

Alejandro se quedó mirando a Martín.

Alejandro: —¿Qué proveedor?

Elena sacó una fotografía de su carpeta.

La colocó sobre la mesa.

En la fotografía aparecía Martín entrando a un restaurante junto a otro hombre.

Ricardo reconoció inmediatamente al hombre.

Ricardo: —Es el dueño de una de las empresas.

Elena asintió.

Elena: —Exactamente.

Martín respiró profundamente.

Martín: —Puedo explicarlo.
Alejandro: —Entonces explica.

Martín miró a Ricardo.

Fue apenas un segundo.

Pero Elena lo notó.

Ricardo también.

Alejandro también.

Martín finalmente comenzó a hablar.

Martín: —La reunión fue para negociar mejores precios.
Elena: —¿Y por qué se realizó fuera de la empresa?
Martín: —Fue una reunión informal.
Elena: —¿Y por qué el proveedor realizó posteriormente tres transferencias a una cuenta que no pertenece a la compañía?

Martín no respondió.

Ricardo cerró los ojos durante un instante.

Alejandro se levantó lentamente de su silla.

Alejandro: —Quiero ver esa cuenta.

Elena asintió.

Uno de los ejecutivos comenzó a revisar la computadora.

Pasaron varios segundos.

Finalmente apareció un registro bancario.

Elena lo observó con atención.

Entonces su expresión cambió por primera vez.

No fue miedo.

Fue sorpresa.

Alejandro lo notó.

Alejandro: —¿Qué pasa?

Elena no contestó inmediatamente.

Amplió el documento.

Revisó una de las transferencias.

Luego revisó otra.

Y otra.

Finalmente levantó la mirada.

Elena: —Estas transferencias no comenzaron hace ocho meses.
Alejandro: —¿Entonces?
Elena: —Comenzaron hace cuatro años.

La sala quedó completamente silenciosa.

Cuatro años.

Alejandro volvió a sentarse lentamente.

Alejandro: —Hace cuatro años yo todavía no había regresado a la presidencia.

Elena asintió.

Elena: —Exactamente.

Ricardo comenzó a mirar hacia la puerta.

Elena lo vio.

Elena: —¿Por qué está mirando la puerta, señor Ricardo?

Ricardo volvió la mirada hacia ella.

Ricardo: —No estoy mirando nada.
Elena: —Sí lo está haciendo.

Elena tomó otra hoja.

Elena: —Y creo que sé por qué.

Ricardo palideció.

Elena colocó la hoja sobre la mesa.

Era un registro de acceso.

Mostraba las entradas y salidas de diferentes empleados durante los últimos meses.

Elena: —Anoche alguien entró al archivo financiero después de las once de la noche.
Alejandro: —¿Quién?

Elena miró directamente a Ricardo.

Pero no dijo su nombre.

En lugar de eso, señaló el documento.

Elena: —La tarjeta utilizada estaba registrada a nombre de un empleado que llevaba seis meses sin trabajar aquí.

Alejandro se quedó completamente serio.

Alejandro: —Eso significa que alguien está utilizando tarjetas antiguas.
Elena: —O que alguien tiene acceso al sistema que controla esas tarjetas.

Martín comenzó a sudar.

Elena volvió a revisar la pantalla.

Entonces encontró algo todavía más extraño.

Elena: —Alejandro…

Él la miró.

Elena: —Hay una transferencia programada para esta noche.

Alejandro se levantó inmediatamente.

Alejandro: —¿De cuánto?

Elena observó la pantalla.

Durante unos segundos no dijo nada.

Luego respondió.

Elena: —Una cantidad suficiente para poner a la empresa en peligro.

Ricardo se quedó completamente inmóvil.

Martín cerró lentamente la puerta de la sala.

Elena levantó la mirada hacia él.

Algo en su expresión había cambiado.

Ya no parecía estar investigando solamente un fraude financiero.

Ahora parecía haber descubierto algo mucho más grande.

CONTINUARÁ…