La hija que vio caer a su madre por el precipicio
Una caída imposible, un padre desaparecido y una verdad que llevaba quince años oculta.
El hombre que conocía el secreto
Yu-Ri miró a Do-Jun mientras sostenía la mano de su madre. Él no parecía sorprendido por la revelación. Al contrario, tenía la expresión de alguien que llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento.
Do-Jun se arrodilló a una distancia prudente y sacó una carta doblada de su túnica. El sello pertenecía a un antiguo comandante del ejército real.
Yu-Ri sintió que la rabia le subía al pecho. Durante años había llorado a un hombre al que le dijeron que jamás regresaría. Y ahora descubría que dos personas habían conocido la verdad mientras ella vivía entre mentiras.
Do-Jun bajó la cabeza. No intentó justificarse.
La carta de la guerra
Mi-Yeon pidió a su hija que sacara el colgante. Dentro había una pequeña lámina con un símbolo grabado: el emblema de una unidad militar que había desaparecido durante la última guerra.
La madre explicó que el padre de Yu-Ri había descubierto que algunos oficiales vendían información al ejército enemigo. Cuando intentó denunciarlo, fue acusado de traición y obligado a desaparecer para salvar a su familia.
Yu-Ri apretó el colgante entre los dedos. La caída del carruaje ya no parecía un accidente. Alguien había querido silenciar a su madre antes de que pudiera revelar lo que sabía.
Do-Jun abrió la carta y mostró un nombre escrito al final: el del gobernador que ahora controlaba la región.
El regreso a la capital
Al caer la tarde, los tres abandonaron la montaña por un camino secundario. Do-Jun conocía una antigua ruta utilizada por los mensajeros reales y prometió llevarlas a un lugar seguro.
Yu-Ri caminaba junto a su madre, sin soltarle la mano. Seguía dolida por las mentiras, pero había decidido que ya no permitiría que otros eligieran su destino.
Mi-Yeon se detuvo de repente. Había reconocido el sello de la carta que Do-Jun llevaba consigo.
Do-Jun guardó silencio. Yu-Ri se volvió hacia él, esperando una explicación que no llegaba.
La última revelación
Cuando llegaron a una pequeña posada, Do-Jun cerró la puerta y dejó su espada sobre la mesa. Después se quitó el cordón que sujetaba su túnica y mostró una insignia dorada escondida bajo la ropa.
Yu-Ri reconoció el símbolo por los retratos que había visto en los libros del templo: era la insignia de un príncipe real.
Antes de que Yu-Ri pudiera responder, alguien deslizó un sobre por debajo de la puerta. Do-Jun lo recogió. Dentro había una sola frase, escrita con tinta roja:
Yu-Ri levantó lentamente la mirada. Por primera vez, comprendió que su madre no había sido la única persona a la que intentaban hacer desaparecer.
