“La hija que vio caer a su madre por el precipicio”

“La hija que vio caer a su madre por el precipicio”

La hija que vio caer a su madre por el precipicio

Una caída imposible, un padre desaparecido y una verdad que llevaba quince años oculta.

El hombre que conocía el secreto

Yu-Ri miró a Do-Jun mientras sostenía la mano de su madre. Él no parecía sorprendido por la revelación. Al contrario, tenía la expresión de alguien que llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento.

Yu-Ri: «¿Cómo sabes lo de mi padre? ¿Quién eres realmente?»

Do-Jun se arrodilló a una distancia prudente y sacó una carta doblada de su túnica. El sello pertenecía a un antiguo comandante del ejército real.

Do-Jun: «Tu padre me salvó la vida. Antes de desaparecer, me pidió que protegiera a tu familia».

Yu-Ri sintió que la rabia le subía al pecho. Durante años había llorado a un hombre al que le dijeron que jamás regresaría. Y ahora descubría que dos personas habían conocido la verdad mientras ella vivía entre mentiras.

Yu-Ri: «¿Y habéis decidido ocultármelo todo este tiempo?»

Do-Jun bajó la cabeza. No intentó justificarse.

Do-Jun: «Si te lo hubiera contado, te habrían buscado antes de que estuvieras preparada».

La carta de la guerra

Mi-Yeon pidió a su hija que sacara el colgante. Dentro había una pequeña lámina con un símbolo grabado: el emblema de una unidad militar que había desaparecido durante la última guerra.

La madre explicó que el padre de Yu-Ri había descubierto que algunos oficiales vendían información al ejército enemigo. Cuando intentó denunciarlo, fue acusado de traición y obligado a desaparecer para salvar a su familia.

Mi-Yeon: «Me dijeron que, si hablaba, tú pagarías por sus secretos. Por eso te hice creer que había muerto».

Yu-Ri apretó el colgante entre los dedos. La caída del carruaje ya no parecía un accidente. Alguien había querido silenciar a su madre antes de que pudiera revelar lo que sabía.

Yu-Ri: «¿Quién ha ordenado que nos persigan?»

Do-Jun abrió la carta y mostró un nombre escrito al final: el del gobernador que ahora controlaba la región.

Do-Jun: «El mismo hombre que firmó la sentencia de tu padre».

El regreso a la capital

Al caer la tarde, los tres abandonaron la montaña por un camino secundario. Do-Jun conocía una antigua ruta utilizada por los mensajeros reales y prometió llevarlas a un lugar seguro.

Yu-Ri caminaba junto a su madre, sin soltarle la mano. Seguía dolida por las mentiras, pero había decidido que ya no permitiría que otros eligieran su destino.

Yu-Ri: «Encontraré a mi padre. Y demostraré que nunca traicionó a su reino».
Do-Jun: «Entonces tendrás que entrar en la capital. Allí se guardan los documentos originales».

Mi-Yeon se detuvo de repente. Había reconocido el sello de la carta que Do-Jun llevaba consigo.

Mi-Yeon: «Ese sello no pertenece al ejército… pertenece a la familia real».

Do-Jun guardó silencio. Yu-Ri se volvió hacia él, esperando una explicación que no llegaba.

La última revelación

Cuando llegaron a una pequeña posada, Do-Jun cerró la puerta y dejó su espada sobre la mesa. Después se quitó el cordón que sujetaba su túnica y mostró una insignia dorada escondida bajo la ropa.

Yu-Ri reconoció el símbolo por los retratos que había visto en los libros del templo: era la insignia de un príncipe real.

Yu-Ri: «Tú no eres un soldado corriente…»
Do-Jun: «Soy Kang Do-Jun, hijo del rey. Y tu padre fue el último hombre que intentó salvar a mi familia de una conspiración».

Antes de que Yu-Ri pudiera responder, alguien deslizó un sobre por debajo de la puerta. Do-Jun lo recogió. Dentro había una sola frase, escrita con tinta roja:

El mensaje: «Tu padre está vivo. Si quieres volver a verlo, entrega a la hija del traidor antes de la próxima luna».

Yu-Ri levantó lentamente la mirada. Por primera vez, comprendió que su madre no había sido la única persona a la que intentaban hacer desaparecer.

CONTINUARÁ…