LA HUMILDE MUJER QUE ENTRÓ AL BAR
La noche que parecía un simple accidente
Elena permaneció inmóvil junto a Gabriel mientras intentaba comprender sus últimas palabras.
“Alguien la mandó”.
La frase seguía repitiéndose en su cabeza.
Hasta unos minutos antes, Elena pensaba que todo había comenzado simplemente porque dos mujeres habían decidido burlarse de su ropa y de su apariencia. Había creído que Patricia era solamente una mujer arrogante que quiso hacerla sentir inferior delante de todos.
Pero ahora la situación era completamente diferente.
Gabriel había recibido un mensaje que parecía confirmar que aquella humillación no había ocurrido por casualidad.
Elena miró hacia Patricia.
La mujer que minutos antes había estado riéndose de ella ahora permanecía completamente callada.
Su rostro ya no mostraba aquella seguridad arrogante.
Por primera vez parecía tener miedo.
Laura también había dejado de sonreír.
Miraba constantemente a Patricia, como si estuviera esperando que ella explicara algo.
Gabriel guardó el teléfono en el bolsillo.
Después tomó suavemente la mano de Elena.
—Vámonos —dijo.
Elena asintió, pero antes de salir volvió a mirar hacia Patricia.
Había algo que necesitaba saber.
—¿Quién te mandó? —preguntó Elena.
Patricia levantó la mirada.
No respondió.
El silencio fue suficiente para aumentar todavía más la tensión.
Gabriel volvió a mirar a Patricia.
—Te hice una pregunta.
Patricia respiró profundamente.
—Yo no sabía quién era ella.
Gabriel respondió inmediatamente:
—Eso no responde mi pregunta.
Patricia bajó la mirada.
Laura comenzó a ponerse nerviosa.
—Patricia, diles la verdad —dijo finalmente.
Patricia la miró sorprendida.
—¡Cállate!
Laura negó con la cabeza.
—No pienso cargar yo sola con esto.
Elena observaba a las dos mujeres sin comprender.
—¿Con qué están cargando?
Ninguna respondió.
La verdad comienza a salir
Gabriel dio un paso hacia Patricia.
No necesitaba levantar la voz.
Su manera de hablar era suficiente para dejar claro que quería respuestas.
—Tienes una última oportunidad para decirme quién te envió.
Patricia apretó los labios.
Durante varios segundos permaneció en silencio.
Finalmente dijo:
—Fue una mujer.
Elena frunció el ceño.
—¿Qué mujer?
Patricia miró hacia otro lado.
—No sé cómo se llama.
Gabriel respondió:
—Pero sabes cómo encontrarla.
Patricia no contestó.
Laura intervino nuevamente.
—Se llama Victoria.
Patricia giró rápidamente la cabeza.
—¡Laura!
Pero ya era demasiado tarde.
Gabriel había escuchado el nombre.
Elena miró a su esposo.
—¿Quién es Victoria?
Gabriel se quedó pensativo durante unos segundos.
Su expresión cambió.
Elena lo conocía demasiado bien.
Sabía que aquella reacción significaba que él reconocía el nombre.
—Gabriel…
Él respiró profundamente.
—Es alguien que conocí hace muchos años.
Elena esperaba que continuara.
Pero Gabriel guardó silencio.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Gabriel la miró.
—Todavía no lo sé.
Patricia soltó una pequeña risa nerviosa.
—Claro que lo sabes.
Gabriel volvió la mirada hacia ella.
—¿Qué quieres decir?
Patricia se cruzó de brazos.
—Victoria dijo que si yo hacía exactamente lo que ella me pidió, nadie saldría lastimado.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Qué te pidió exactamente?
Patricia tardó unos segundos en responder.
—Que te hiciera sentir incómoda.
Elena la miró incrédula.
—¿Solamente eso?
Patricia negó lentamente con la cabeza.
—No.
El ambiente quedó completamente en silencio.
Gabriel preguntó:
—¿Qué más?
Patricia tragó saliva.
—Tenía que conseguir que salieras del bar antes de que él llegara.
Elena miró a Gabriel.
—¿Antes de que tú llegaras?
Gabriel permaneció pensativo.
Algo no tenía sentido.
El verdadero objetivo
Gabriel miró lentamente alrededor del establecimiento.
Observó la puerta principal.
Después miró las cámaras de seguridad colocadas en las esquinas del techo.
Finalmente miró al encargado.
—Roberto.
El encargado se acercó.
—Sí, señor.
—Quiero ver las cámaras de los últimos treinta minutos.
Roberto asintió inmediatamente.
—Claro.
Pero antes de que pudiera alejarse, Gabriel lo detuvo.
—Y quiero que nadie salga del establecimiento.
Roberto miró alrededor.
—¿Nadie?
—Nadie.
Elena comenzó a preocuparse.
—Gabriel, ¿qué está pasando?
Él tomó su mano.
—Todavía no lo sé.
—Pero parece que alguien sabía que yo iba a venir.
Gabriel asintió.
—Exactamente.
Elena recordó algo.
—Yo nunca le dije a nadie que iba a venir aquí.
Gabriel la miró inmediatamente.
—¿Estás segura?
—Sí.
Elena pensó durante unos segundos.
—Solamente tú sabías que yo venía.
Gabriel quedó en silencio.
Después preguntó:
—¿Le dijiste a alguien que estarías aquí conmigo?
Elena negó con la cabeza.
—No.
La situación comenzaba a volverse mucho más extraña.
Si nadie sabía que Elena estaría allí, ¿cómo podía alguien haber preparado todo?
Una imagen inesperada
Roberto regresó unos minutos después con una tableta en la mano.
—Señor Gabriel, encontré algo.
Gabriel tomó la tableta.
Elena se acercó para mirar.
En la pantalla aparecía la grabación de una cámara ubicada en la entrada del bar.
La imagen mostraba a Elena llegando.
Pero unos minutos antes de que ella apareciera, una mujer había entrado al establecimiento.
La mujer llevaba una chaqueta oscura y gafas de sol.
Se había acercado a Patricia.
Había hablado con ella durante menos de un minuto.
Después había salido.
Gabriel pausó la imagen.
—Acércala.
Roberto amplió la grabación.
El rostro de la mujer no se veía completamente.
Sin embargo, había algo que llamó la atención de Gabriel.
La mujer llevaba un pequeño colgante alrededor del cuello.
Gabriel se quedó completamente quieto.
Elena lo notó.
—¿Qué pasa?
Gabriel no respondió.
Volvió a mirar la pantalla.
Después preguntó:
—¿Dónde está esa mujer ahora?
Roberto negó con la cabeza.
—No lo sé. Salió antes de que llegara Elena.
Gabriel tomó aire.
—Entonces tenemos que encontrarla.
El secreto que Gabriel nunca contó
Elena observó el rostro de su esposo.
Había algo que él no estaba diciendo.
Algo relacionado con aquella mujer.
—Gabriel, ¿tú conoces a Victoria?
Él tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—¿De dónde?
Gabriel miró hacia el suelo.
—De antes de conocerte.
Elena sintió una pequeña presión en el pecho.
—¿Y por qué nunca me hablaste de ella?
Gabriel levantó la mirada.
—Porque pensé que esa parte de mi vida había terminado.
Elena permaneció callada.
—¿Qué pasó entre ustedes?
Gabriel no respondió inmediatamente.
En lugar de eso, tomó el teléfono y volvió a revisar el mensaje que había recibido.
Había un segundo mensaje.
Uno que Elena todavía no había visto.
Gabriel abrió la conversación.
Elena alcanzó a leer solamente una frase.
“Ella ya sabe que estás con tu esposa.”
Elena levantó la mirada.
—¿Ella sabe que estoy contigo?
Gabriel guardó el teléfono.
—Sí.
—¿Y quién es ella?
Gabriel miró hacia la puerta del bar.
Durante unos segundos no dijo nada.
Finalmente respondió:
—Mi pasado.
Elena esperaba una explicación.
Pero antes de que Gabriel pudiera continuar, su teléfono volvió a sonar.
Esta vez no era un mensaje.
Era una llamada.
Gabriel miró la pantalla.
Su rostro cambió inmediatamente.
Elena preguntó:
—¿Quién es?
Gabriel no contestó.
Simplemente observó el nombre que aparecía en la pantalla.
Era Victoria.
Gabriel levantó lentamente la mirada hacia Elena.
Ella entendió que aquella llamada podía cambiarlo todo.
Gabriel finalmente contestó.
—¿Qué quieres?
Una voz femenina respondió al otro lado.
Gabriel escuchó durante varios segundos.
Después su expresión se volvió completamente seria.
—No vuelvas a acercarte a mi esposa.
Hubo una pausa.
Gabriel escuchó nuevamente.
Esta vez, su rostro mostró sorpresa.
—¿Qué acabas de decir?
Elena observó a su esposo.
Gabriel permaneció en silencio.
La llamada terminó.
Elena preguntó:
—¿Qué te dijo?
Gabriel la miró.
Y entonces pronunció unas palabras que hicieron que Elena quedara completamente paralizada.
—Dijo que tú ya la conocías.
Elena abrió los ojos.
—¿Qué?
Gabriel no apartó la mirada.
—Dijo que antes de que yo te conociera, tú ya habías tenido contacto con ella.
Elena negó lentamente con la cabeza.
—Eso es imposible.
Pero Gabriel seguía mirándola.
Y en ese momento, Elena recordó algo que había olvidado durante muchos años.
Un nombre.
Un rostro.
Y una promesa que alguien le había hecho cuando todavía era una niña.
Elena se quedó completamente inmóvil.
—Gabriel…
—¿Qué?
Ella respiró profundamente.
—Creo que sé quién es Victoria.
Gabriel la miró sorprendido.
—¿Quién?
Elena levantó lentamente la mirada.
—Mi hermana.
